Opinion · Dominio público

La islamofobia y el antieuropeismo ganan las elecciones checas

Ana González-Páramo

y Diana MorenoFundación porCausa

Ana González-Páramo y Diana Moreno
Fundación porCausa

En unos meses, la República Checa ha renovado su Parlamento, Gobierno y Presidencia.  Las elecciones parlamentarias del 20 y 21 de octubre de 2017 dieron una mayoría suficiente al Partido Ciudadanos Disgustados en Acción (ANO), del magnate Andris Babiš, como para liderar la coalición de Gobierno, pasando así de socio minoritario con los socialdemócratas en la legislatura anterior a ser el partido fuerte de la coalición. No hubo sorpresas a este respecto, aunque sí las hubo en cuanto al ascenso de dos partidos euroescépticos, los conservadores del ODS y los ultraderechistas xenófobos del SPD de Tomio Okamura. El nuevo escenario parlamentario sepulta a los partidos europeístas y progresistas y abre una nueva brecha entre Bruselas y el Grupo de Visegrado (al que pertenece la República Checa junto a Polonia, Hungría y Eslovenia).

El 27 de enero, en una reñida segunda vuelta de las presidenciales, el presidente Miloš Zeman se ha impuesto al europeista moderado Ji?í Drahoš, con un 51,4 por ciento de los votos, lo que avala y fortalece la deriva extremista del país hacia posiciones nacionalistas y antieuropeas. La retórica populista se impone así tras una campaña sucia de golpes bajos y manipulaciones que presentaba dos visiones polarizadas y antagónicas del país y de Europa. Con 73 años, mala salud y fama de alcohólico, el llamado “trol del Kremlin” podrá seguir alentando a los partidos antinmigración y reforzar la triple alianza Islam-terrorismo-delincuencia que le ha confirmado en el cargo. Para Zeman, el Islam es “una cultura de asesinos y odio religioso” y la hemeroteca rezuma de ejemplos de su verborrea islamófoba.

La conjunción Babiš–Zeman al frente del país no mejorará las relaciones con una Unión Europea cada vez más acostumbrada a comulgar con las ruedas de molino que le ofrece regularmente el grupo de Visegrado. Babiš ya dijo no creer en el multiculturalismo, ni en la integración y abogó por la construcción de un muro en sus fronteras y el rechazo a las cuotas de inmigrantes fijadas por Bruselas. El neopopulismo checo abarca todo el espectro ideológico y a la propia sociedad ?tres de cada cuatro checos rechazan admitir refugiados musulmanes?, en un ambiente de corrupción desbocada que arrastra a gran parte de las élites políticas y burocráticas, incluido el propio Babiš. Todos han jugado la baza antinmigratoria para esconder sus vergüenzas y les ha ido muy bien, más aún en un país en el que tan solo 10 de los 1.475 solicitantes de asilo recibieron protección en 2016. En realidad, nos encontramos con un país con muy baja inmigración: un 0,28 por ciento (29.602 a 1 de enero de 2016) de sus 10,5 millones de población.

Babiš perdió un voto de confianza el pasado 16 de enero, allanando el camino para su procesamiento por el fraude de cerca de 2 millones de euros en subsidios europeos. Días después, el Parlamento levantó su inmunidad y el apoyo al multimillonario se convirtió en arma arrojadiza durante las presidenciales, con Zeman presentándose como valedor incondicional. Babiš es un pragmático y no un ideólogo. Su política exterior es impredecible aunque no prioritaria en su programa. Tan solo su postura restrictiva hacia la inmigración se presenta como decisiva: apoyó el envío de buques de la OTAN a operaciones contra el tráfico de migrantes en el Egeo en 2016 y podría apoyar la idea francesa de establecer centros de recepción y registro (hotspots) en los países del norte de África. Es partidario de que Chequia no entre en la zona euro, en consonancia con la mayoría de la población, pero queda la interrogante de su orientación geopolítica respecto a Rusia o hacia la dimensión euroatlántica. De los socios que elija para formar Gobierno dependerá su rumbo en uno u otro sentido. Si elige a la ultraderecha xenófoba del SPD de Tonio Okamura en tándem con el presidente Zeman, la República Checa se inclinará por reforzar los lazos con Putin. Si hay un gobierno con demócrata-cristianos habrá quizás un posible deshielo con Bruselas.

Tras los resultados de octubre y enero, la intolerancia hacia el migrante, el musulmán o el gitano ha calado profundamente en un sustrato social ya fértil y predispuesto hacia ello, con plena disposición a dejarse manipular por un discurso populista y carente de madurez democrática. Así, la sociedad checa, instigada por la incitación al odio contra gitanos y musulmanes desde los medios de comunicación, las redes y sus propios representantes políticos, avanza con insoportable levedad hacia un estado de intolerancia ultranacionalista, como analiza el informe 2016/2017 de Amnistía Internacional. Para Ji?í Pehe, académico y analista amenazado por la extrema derecha checa, las nuevas democracias postcomunistas, a pesar de su rápida modernización institucional, muestran grandes déficits democráticos debido a la brecha entre las instituciones y la cultura democrática, afirma en Checoslovaquia 25 años después: democracia sin demócratas (PDF). Una ciudadanía activa, el compromiso, la tolerancia y el respeto por las minorías no pueden ser instituidos desde arriba, como el marco institucional, sino que necesita una sociedad capaz de hacer suyos esos valores.

Por ello, los movimientos de resistencia hacia la corriente principal del discurso populista, antinmigrante e islamófobo son casi heroicos. La sociedad mantiene un pulso contra esta creciente y dominante tendencia mediante iniciativas que parten de ambientes estudiantiles, antifascistas, periodísticos, académicos y artísticos. Y lo mantiene también en las calles, donde se hacen fuertes grupos xenófobos como el Bloque contra el Islam, el movimiento Pegida o el ya mencionado partido SPD para exigir que el país cierre la puerta a refugiados e inmigrantes. Estos grupos atacan a colectivos de gitanos, personas sin techo, musulmanes, inmigrantes, miembros del movimiento okupa y defensores de derechos, creando una atmósfera irrespirable agitada por las redes, algunos medios de comunicación y los propios políticos.

En este clima de violencia, iniciativas como In Iustitia ?red de abogados que ofrece asesoramiento gratuito a las víctimas de racismo, antisemitismo y homofobia?, el colectivo Ne Rasismu! ?estudiantes antifascistas muy activos en las calles y las redes sociales que combaten los bulos y la contrainformación en las redes?, la plataforma Hate Free Culture ?plataforma digital contra los estereotipos negativos hacia migrantes o personas LGBTI? y las concentraciones ciudadanas para protestar contra el discurso xenófobo dominante son acciones titánicas. Como ejemplo, la que tuvo lugar en Brno en 2017, donde la scout de 16 años Lucie Myslíková se convirtió en un símbolo internacional de la lucha contra el odio al ser fotografiada enfrentándose con una sonrisa a un neonazi.

Esta lucha no se queda en las calles, sino que también se libra en el ámbito académico. La ciencia puede ser una poderosa arma contra el prejuicio, como recuerdan los Científicos contra el miedo y la indiferencia (V?dci proti strachu a lhostejnosti), un grupo de académicos, investigadores y expertos en cultura islámica “preocupados por el fuerte aumento de la xenofobia e islamofobia en la sociedad” que trata de influenciar a políticos y medios de comunicación. También es importante el activismo en redes sociales: “Facebook se ha convertido en un refugio para las personas que extienden el racismo y la xenofobia”, alertan desde la plataforma Contra el discurso del odio (Proti projev?m nenávisti), que patrulla esta red social pidiendo el cierre de cuentas, sitios, eventos o grupos difusores de este tipo de mensajes.

En la guerra contra la información intolerante se involucran medios como la revista centrada en la comunidad romaní Romea.cz y periodistas como Fatima Rahimi, que escribe sobre los derechos de los refugiados y la situación en Afganistán, o Fabiano Golgo, periodista checo de origen brasileño especializado en denunciar el racismo en el país. De que el arte es una estupenda herramienta contra el fascismo encontramos también ejemplos: entre ellos, el cineasta Tomáš Kratochvíl, autor de documentales sobre la situación de los campos de refugiados y del colectivo rumano en los barrios marginales, o Radek Banga, un cantante de hip-hop de origen gitano que ha recibido miles de insultos y amenazas por denunciar el fascismo y racismo dentro del panorama musical checo.

El carácter inspirador de estas iniciativas ciudadanas de activismo social en un ambiente político y mediático hostil, y probablemente huérfanas de apoyo público en el futuro, es el verdadero germen de cultura democrática que faltaba para hacer de la República Checa una democracia con verdaderos demócratas.