Opinion · Dominio público

El voto a los 16 años, una decisión responsable

José Antonio Marina

Filósofo, pedagogo y presidente de la Fundación Universidad de Padres  

José Antonio Marina
Filósofo, pedagogo y presidente de la Fundación Universidad de Padres  

Se vuelve a hablar del voto a los 16 años. El tema, como el Guadiana, aparece y desaparece. La última vez fue en el 2014, porque se admitió en el referéndum escocés sobre la independencia. En 2005, el alcalde de Sevilla me pidió un dictamen sobre la conveniencia de admitir el derecho a voto en las municipales a los 16 años. Es un asunto que despierta inquietud, y se suele resolver por vía emocional. Oscila entre el ¡qué disparate!  y el ¿y por qué no? Lo que resulta más raro es encontrar un estudio minucioso y reflexivo sobre el tema. Se piensa que detrás de las diferentes posturas hay inconfesables intereses electorales. Y es posible que sea así.

Los principales argumentos en contra son los siguientes:

1.- A los 16 años se es demasiado joven para ser emocionalmente objetivo, y por lo tanto se es psicológicamente vulnerable.

2.- Los jóvenes son incapaces de tomar decisiones políticas responsables, porque carecen del conocimiento político necesario.?

3.- Los jóvenes son muy vulnerables a las influencias.

4.- El voto de un joven puede comprarse fácilmente.

5.- Los adolescentes tienden a tener una perspectiva temporal corta, interesándose más por las consecuencias a corto término que por las consecuencias a largo plazo, lo que políticamente es peligroso.

6.- Los adolescentes tienen menos conciencia del riesgo que los adultos, y parecen calcular los beneficios y los riesgos de forma distinta.

7.- La investigación existente sugiere que los adolescentes son más impulsivos que los adultos, y están sometidos a cambios bruscos de humor.

8.- Los jóvenes no están interesados en tomar decisiones políticas. Si pocos jóvenes de 18 años votan, con más razón dejarán de votar los de menor edad.

9.- El voto joven podría proponer iniciativas peligrosas.

10.- Mantener el voto a los 18 años no supone ningún perjuicio a los menores de esa edad ni a la sociedad, por lo que no es sensato cambiarlo.

11.- Algunos autores temen que reducir la edad de los votantes colabore a la tendencia a reducir la edad penal y a disminuir la autoridad de los padres.

Argumentos a favor

1.- A partir de los 16 años, los jóvenes tienen algunas responsabilidades y algunos derechos de adultos. El derecho a votar debería ser uno de ellos.

2.- Los jóvenes pueden trabajar, pagan impuestos, mantener relaciones sexuales consentidas, casarse con la autorización debida, luego deberían también poder votar. Serviría, pues, para armonizar la legislación sobre la adolescencia.

3.- Al hacerlos sentir que pueden decidir sobre cosas que afectan a su vida, los jóvenes sentirían más interés por la política.

4.- Al tener que contar con su voto, los políticos cuidarían más los intereses de los jóvenes.

5.- Los 16 años son mejor edad para introducir el voto que los 18, porque a esa edad los jóvenes están todavía enraizados en su comunidad y más concernidos por el voto que dos años después.

6.- Los jóvenes tienen una perspectiva propia y única sobre aspectos sociales, que conviene tener en cuenta.

7.- Reducir la edad del voto a los 16 es una gran oportunidad para que los nuevos votantes puedan recibir una formación política, ya que todavía están dentro del sistema educativo.

No he cambiado mi opinión desde el dictamen de 2005. Sigo pensando que preguntarse si a los 16 años se está en condiciones de votar es un planteamiento equivocado. La pregunta verdaderamente importante es ¿puesto que los adolescentes pueden legalmente tomar decisiones muy importantes, cómo debemos orientar la educación para que puedan tomarlas responsablemente? En El talento de los adolescentes, defendí que estábamos infantilizando la adolescencia,  y en la Fundación Universidad de Padres acabamos de abrir la convocatoria para un curso sobre este tema.  El objetivo principal de la educación no es que los alumnos aprendan matemáticas o inglés, sino que sean capaces de tomar buenas decisiones, que sean responsables de su aprendizaje, de sus comportamientos, de sus proyectos. Es irritante que la ciudadanía se alarme ante la posibilidad deque los adolescentes puedan votar, pero no de que tomen otras decisiones sin duda más decisivas para su vida. Además, ¿podemos estar seguros de que todas las personas adultas son más responsables que los adolescentes? El profesor Robert Epstein ha elaborado un Test de madurez para personas adultas, que puede también aplicarse a adolescentes.Muchos de ellos lo superan brillantemente. 

En educación nos interesan mucho las profecías que se cumplen por el hecho de enunciarlas. Si decimos que los adolescentes  son irresponsables, sin duda acabarán siéndolo. Creo que el voto a los dieciséis años no debe admitirse precipitadamente, debe ser el final de un proyecto educativo: hacerles capaces de votar responsablemente. Introducir el voto de repente, sin que vaya acompañado de una previa formación, me parece una insensatez. En cambio, bien orientado podría ser un gran recurso pedagógico. Vuelvo a decir que los adultos no saben cómo educar a los adolescentes, y que, en general, lo estamos haciendo mal. La adolescencia es una edad inventada para ampliar el período educativo antes de que los jóvenes entrasen en el mundo laboral. Y, sin embargo, una vez abierto ese espacio de aprendizaje, no sabemos cómo llenarlo.

En el dictamen de Sevilla añadí una condición cautelar: los adolescentes, de 16 a 18 años, deberían inscribirse en un registro de votantes un mes antes de la celebración de elecciones. Con eso demostrarían la seriedad de su compromiso. ¿Cuántos adultos lo harían?