Madrid, 24 de marzo: contra la política de la miseria

Javier Mestre

Profesor de Secundaria y escritor, miembro del grupo de comunicación de la Marcha Básica

La Marcha Básica ha entrado en la Comunidad de Madrid y camina sin tregua para llegar el sábado a la plaza de España de la capital y encabezar una gran manifestación contra la política de la miseria. Los parados y precarios están hartos del pisoteo y toman el relevo de las mujeres y los pensionistas. Ellos condensan en sus biografías los latigazos de las políticas que vienen dañando a la gente humilde desde que España entró en shock en 2008 y las elites aprovecharon para convertir el colapso financiero en una oportunidad para estrechar aún más el dogal de las clases trabajadoras.

Los parados y precarios han hecho un llamamiento a todo el país, a todas las gentes que ven que la llamada “recuperación” consolida el sufrimiento y no se quieren resignar; a todas las personas dignas hartas de la corrupción, del robo sistemático que se encarna siempre en la pobreza y la exclusión social de los más débiles. Quieren utilizar los pies cansados, bregados en su ruta a pie de catorce días por las carreteras de Castilla, como altavoz irrebatible por la generosidad del esfuerzo. Pasan las noches en polideportivos, a veces sin calefacción, como en San Rafael (Segovia). Han seguido adelante a pesar del viento en contra, la nieve, el frío y hasta la Guardia Civil, que trató de detener la marcha entre Sanchidrián y Villacastín. Caminan en un susurro que esperan que se extienda como la pólvora de boca en boca, sin apenas contar con la atención de los grandes medios. Y se juegan la mayor parte del sentido de ese esfuerzo enorme de sesenta personas, casi todas previamente encallecidas en la lucha por la vida, en la solidaridad que la ciudadanía exhiba en la manifestación del sábado, cinco de la tarde, plaza de España a plaza de las Cortes.

“La dignidad es cosa de todos”, dice el Manifiesto de las gentes de las letras, las artes y las ciencias, en apoyo de la Marcha Básica, firmado por gente tan diversa como Carlos F. Liria, Olga Rodríguez, Santiago Alba, Juan Andrade, Isabel Pérez Montalbán, Pascual Serrano, Luis Alegre, Antonio Orihuela o la Asociación de Mujeres de las Artes Escénicas en Madrid (AMAEM) “Marías Guerreras”, entre muchos otros. El llamado de parados y precarios afecta a todo el mundo, porque, como dice uno de los activistas en ruta, Toni Carrión, del colectivo Sillas del Hambre, de Valencia, “lo que no puede ser es que nuestro futuro y el de nuestros hijos e hijas dependa de la suerte”. La conciencia que impulsa el movimiento parte de saber que en España se produce mucho más que de sobra para garantizar una vida digna a todos, y, por tanto, para que este país sea de verdad un “Estado social de derecho”, como reza la Constitución y claramente se cumple un poquito menos cada día. En las calles de Madrid, el sábado, tiene que prender la chispa de los zapatos que frotan el asfalto.

La Coordinadora de Pensionistas y los Yayoflautas apoyan con toda la intención la movilización de la Marcha Básica. Las pensiones dignas son uno de los cinco puntos reivindicativos de los caminantes. Pero también lo son la renta básica y el cumplimiento integral de la Carta Social Europea para que ninguna prestación esté por debajo del umbral de la pobreza (684 euros por adulto y mes, a día de hoy en España), y el trabajo digno, con la consiguiente derogación de las reformas laborales. Los jubilados han comprendido que el futuro de la dignidad de las pensiones depende, y mucho, de las exigencias que plantean los parados y precarios.

Y ni que decir tiene que el paro y la precariedad afectan sobre todo a las mujeres. Conscientes de ello, las mujeres de la marcha empezaron a andar un día antes que el grueso de la columna, y atravesaron a pie el puerto de Pajares el nueve de marzo, antes de llegar a León para salir hacia Madrid el 10. Lo tienen claro, no se cansan de decir que “las mujeres tenemos un poquito más que andar”. El machismo sacude el doble en condiciones de precariedad, que sirven siempre para generar dependencias del más fuerte. Es hora de demostrar que el desborde maravilloso del ocho de marzo no fue un gesto de un día, porque la lucha sigue.

En fin, los parados y precarios, las paradas y precarias, están “en marcha por lo básico”, como dice la etiqueta de redes sociales de la Marcha Básica (#EnMarchaXloBasico), y lo básico son las condiciones mínimas para que podamos hablar de dignidad ciudadana en este país y, por tanto, de democracia y Estado de derecho, de libertad. Es mucho lo que nos jugamos porque, en palabras de Manolo Cañada, veterano caminante de mil luchas sociales, “es urgente derrotar la política de la miseria, el pisoteo de los humildes”. Que no se olvide, que no se falte: sábado, 24 de marzo, 17:00 horas, plaza de España, manifestación por los derechos básicos, que prenda la llama de la Marcha Básica.