Islam y laicidad

Waleed Saleh

Profesor de la Universidad Autónoma de Madrid. Miembro del Grupo de Pensamiento Laico, integrado por Nazanín Armanian, Enrique J. Díez Gutiérrez, María José Fariñas Dulce, Pedro López López, Rosa Regás Pagés, Javier Sádaba Garay y Waleed Saleh Alkhalifa

“La religión es de Dios y la patria de todos”. Son palabras pronunciadas por Sa’ad Zaglul – fundador del partido Wafd y artífice de la Revolución de 1919 en Egipto, y que aún permanecen frescas en la memoria de los individuos, grupos y partidos laicos en el mundo árabe y los países de mayoría musulmana.

Las primeras manifestaciones de laicidad en el mundo musulmán se podrían encontrar en la Mu’tazila, escuela teológica, que creó el dogma especulativo del islam. Surgida en Basora (Iraq) en los albores del siglo VIII que resaltaba el valor del ser humano y defendía el principio del Ijtiyar, el libre albedrío, que consideraba la acción humana como factor esencial de influencia en la historia, frente al Iybar, fatalismo o predestinación que pensaba que Dios era el único responsable de lo que ocurría en el mundo.

Un segundo grupo, el de los Hermanos de la Pureza, aparecido en el s. X en la misma ciudad anteriormente mencionada, hizo de la defensa de la razón y la filosofía su bandera, frente a la tradición y la transmisión, base de las religiones.

A lo largo de los siglos XIX y XX aparecieron en el mundo árabe importantes intelectuales y pensadores que defendieron en sus discursos, artículos y libros la laicidad como el mejor sistema para garantizar las libertades religiosas y la igualdad. Varios se formaron en la Facultad Protestante Siria de Beirut (Universidad Americana después) como Ali Shibli al-Shumayl y Farah Antón. Otros siguieron sus pasos, como Yuryi Zidan, Yaqub Sarruf, Salama Musa y Niqula Haddad. Compartían una idea común: “la verdadera religión es la religión de la ciencia racional” y reclamaban un estado árabe único en el que participarían cristianos, musulmanes y otros credos en pie de igualdad. Podemos apreciar por los nombres de estos intelectuales que la mayoría eran cristianos y esto quizá fue uno de los inconvenientes que impidió que su discurso calara hondo en las sociedades árabes y musulmanes. Además, su aparición coincidió con el auge del colonialismo occidental en sus países. De hecho, el fracaso de la laicidad en el mundo árabe, si aceptamos que hubo fracaso, se atribuye básicamente a estos dos factores. Sus opositores alegaron que la laicidad era un invento occidental que intentaba provocar una ruptura entre los musulmanes y su identidad, sus peculiaridades.

En el momento actual abundan en el mundo árabe y musulmán intelectuales liberales y laicos que se esfuerzan en explicar los beneficios de la separación entre religión y política, el dominio de la razón y la ciencia y los inconvenientes del estado teocrático. En su lucha contra los poderes establecidos, algunos de estos intelectuales han sido perseguidos, declarados apóstatas, detenidos e incluso, algunos, asesinados.
Es de sobra conocido el caso del ex profesor de la Universidad de El Cairo Nasr Hamid Abu Zayd, fallecido en 2010. Autor de: La corriente racional en la exégesis; La filosofía de la interpretación y El concepto del texto – estudio en las ciencias del Corán. Abu Zayd afirmaba en sus estudios la necesidad de liberarse del dominio de los textos sagrados, incluido el Corán. Recomendaba, además la aplicación de la hermenéutica, establecer el sentido auténtico de los textos antiguos y fijar los principios y normas que han de aplicarse en la interpretación de los libros sagrados en los estudios coránicos. En 1995 este profesor fue denunciado por una comisión evaluadora de su propia universidad por sus ideas, consideradas contrarias al espíritu del islam. Su caso llegó al al-Azhar, máxima autoridad religiosa de Egipto y más tarde a los tribunales, que lo declararon apóstata y dictaron el divorcio forzado de su esposa por el hecho de que la ley islámica no permite que una musulmana esté casada con un no musulmán, un apóstata.

Más dramático fue el caso de Faray Fuda, pensador egipcio, asesinado por un islamista en 1992 a raíz de un manifiesto publicado en la prensa por El Frente de los Ulemas de al-Azhar, máxima autoridad religiosa del país, que consideraba a Fuda apóstata y afirmaba que derramar su sangre era lícito. Fuda en sus escritos y sus conferencias, ridiculizaba el discurso de los islamistas y echaba por tierra sus argumentos. Publicó varios libros que irritaron a los extremistas como: La verdad ausente; El terrorismo, El matrimonio de placer y Diálogo acerca del laicismo.

Nawal al-Sa’dawi, escritora, psiquiatra y destacada intelectual y feminista egipcia, ha sido y es objeto de la ira de los radicales islamistas por sus opiniones hechas públicas en libros, artículos y conferencias. Ella piensa que los islamistas dan importancia a las apariencias y se olvidan de lo esencial cuando dice: “el islam lo hemos reducido al hiyab, un trozo de tela. El verdadero problema es el velo de la razón” y añade: “mientras la religión domine la política no habrá negociación posible y el asesinato será la suerte de quien lleve la contraria a los islamistas”. De sus opiniones más llamativas destaca su célebre afirmación: “yo no rechazo que los musulmanes vayan a la peregrinación. Lo que rechazo es que el marido se apodere de los recursos de la familia, de los ahorros de la esposa, para comprar un billete con el fin de besar la Piedra Negra”. Como consecuencia de su actitud los extremistas la amenazaron de muerte en más de una ocasión y la conocida editorial cairota Madbuli decidió en 2008 destruir la última edición de su novela titulada La caída del imán, considerada por los radicales como un ataque al islam.

Y por último, Adonis, célebre poeta sirio y permanente candidato al Premio Nobel de Literatura. Su visita Argel a finales de 2008 provocó una furiosa reacción de los islamistas argelinos. Invitado por el Director de la Biblioteca Nacional en la capital de este país, en su encuentro con el público y durante el coloquio parece que se excedió en sus comentarios sobre el islam, cuando fue preguntado por la relación entre religión y sociedad, diciendo que “la cultura arabo islámica gotea sangre desde hace quince siglos, siendo la muestra más clara que tres de los cuatro califas ortodoxos murieron asesinados” y añadía que “el islam ha estado unido al poder y a la violencia de forma inseparable”. Cuando fue preguntado por la figura de la mujer en el islam, afirmó: “no existe ningún texto en el Corán que destaque la existencia de la mujer como ser independiente, incluso en el más allá la mujer es simplemente una hurí para el deleite del hombre”. La exaltada reacción de los islamistas no tardó mucho en hacerse notar: dos días más tarde, el presidente de la Asociación de Ulemas Musulmanes de Argelia publicó en la prensa local un manifiesto condenando a Adonis, calificando sus palabras de “falsedades descaradas, pronunciadas por un poeta licencioso y ateo” y considerando sus opiniones como un ataque deliberado al islam. Pocos días después, el Director de la Biblioteca Nacional fue cesado por la Ministra de Cultura.

Son ejemplos de la tenaz lucha que mantienen algunos intelectuales árabes contra las fuerzas reaccionarias que dominan la escena política en sus países, que no dudan en usar cualquier medida, incluida la violencia y el asesinato, contra los liberales y laicos, a los que consideran enemigos potenciales y agentes de las potencias occidentales.

El mundo árabe y musulmán necesita urgentemente salir de su largo letargo, airear sus pulmones y abrir puertas, inyectando sangre nueva en sus sistemas políticos, en sus instituciones, para intentar ponerse a la altura del resto de las naciones que han dado pasos firmes hacia la modernidad. El sistema laico puede ser la vía más segura en su camino hacia la democracia. La separación entre religión y política implica mucho más: implica separar la religión de la creación literaria y artística, para desterrar definitivamente la peregrina idea de que el islam prohíbe la poesía, la pintura y la música. Y para impedir que cualquier líder iluminado ordene, en nombre del islam, la destrucción de los instrumentos musicales. Implica separar la religión de la investigación científica, otro imperativo inaplazable, para acabar con la pretensión de que en el Corán están las bases de todas las disciplinas científicas. Hay que ser realistas y saber que el Corán es un libro espiritual y no una enciclopedia médica, geográfica o física. El Corán, como dijo el sabio Abu Ishaq de Játiva (siglo XIV) “es un libro que habló a los árabes conforme a su mentalidad. Una mentalidad simple, porque eran analfabetos”.

Muchos librepensadores en el mundo árabe e islámico han soñado con el modelo laico de Turquía establecido por Atatürk en los años veinte del pasado siglo. Durante décadas este país llevó a la práctica la separación entre religión y política. Pero en la última década con Erdogan en el poder, con su partido islamista Justicia y Desarrollo, ha ido eliminando el carácter laico del Estado por medio de leyes y normas que procuran reislamizar la sociedad turca.

En el lado opuesto se sitúa el sistema teocrático iraní, cuya constitución autoriza al líder espiritual (al-Wali al-Faqih) cesar al presidente del gobierno, disolver el parlamento e incluso manipular la Sharia (Ley islámica) para ampliar los márgenes de su poder.