Joan Peiró: anarquismo, federalismo y ética de la responsabilidad

Miguel Guillén

Politólogo

Estos días se conmemora el 87 aniversario de la proclamación de la Segunda República Española. Quiero aprovechar la efeméride para recordar un hecho importantísimo pero desconocido para alguna gente, y es que en aquella República, ya en tiempos de guerra, participaron durante unos meses como ministros del gobierno de Largo Caballero cuatro anarquistas, miembros de la Confederación Nacional de Trabajo (CNT): Federica Montseny, Joan Garcia Oliver, Juan López y Joan Peiró. Se trata de un hecho extraordinario, qué duda cabe, que cuatro personas profundamente comprometidas con los ideales del anarquismo participaran en una institución del estado tan importante como es su gobierno. Algo que representó un hecho inaudito a nivel mundial. La excepcionalidad de la situación (hacía pocos meses del golpe de estado del 18 de julio) y la necesidad de unir esfuerzos para luchar contra el fascismo hicieron que la CNT aceptara participar en aquel gobierno. Me quiero centrar en la figura de Joan Peiró. En primer lugar, porque el año pasado se cumplió el 75 aniversario de su ignominioso fusilamiento por el régimen franquista, y más allá de los merecidos y participados homenajes que recibió en Sants, Badalona y Mataró (lugares donde desarrolló su vida y actividad política, sindical y cooperativista), tengo la sensación de que, más allá de estas localidades, no recibió el homenaje que se merece una personalidad de la talla de Peiró. No en vano, además de ministro fue secretario general de la CNT, además de una persona comprometida con la clase obrera, de una honestidad extraordinaria y muy poco amiga de las actitudes sectarias. En segundo lugar, quiero remarcar el hecho de que este fin de semana se estrena en Madrid (ya se proyectó en diferentes lugares de Cataluña meses atrás) el documental Peiró42, dedicado a su figura. Un trabajo que también se podrá visualizar en Público.tv gracias a  la gentileza de la productora Clack, que ha sido la encargada de llevar a cabo este proyecto.

No es difícil intuir que aquella decisión de entrar a formar parte del gobierno de la nación no fue en absoluto sencilla para la CNT, puesto que una parte importante de la organización consideraba una traición a sus ideales colaborar con las instituciones del estado. Podríamos decir que la responsabilidad se impuso a la doctrina. La ética de la responsabilidad, que decía Max Weber, ganó a la ética de la convicción. Joan Peiró llegó a escribir que “si la Historia no se pone de acuerdo con el anarquismo, que sea el anarquismo el que se ponga de acuerdo con la Historia”. Peiró pagó primero con la cárcel su compromiso con el anarcosindicalismo durante la dictadura de Primo de Rivera, en diversas ocasiones. Años después, y tras su exilio y captura por las autoridades de la Francia ocupada, fue fusilado después de no aceptar un cargo en el sindicato vertical, y a pesar de los diferentes testimonios a favor suya. Corría 1942. Esta decisión de no traicionar sus ideales aún a sabiendas de que sería asesinado es un gesto que muy probablemente hoy en día muy pocas personas estarían dispuestas a protagonizar.

Peiró, persona autodidacta, fue también un teórico fundamental del anarcosindicalismo. Me gustaría prestar especial atención a sus escritos sobre el nacionalismo y en particular al hecho nacional catalán, porque en tiempos de furia como los actuales las reflexiones de alguien que vivió hace ya unas cuantas décadas nos pueden aportar una luz que a menudo nos falta. La velocidad de los acontecimientos nos ciega, indudablemente. Nunca podremos saber qué pensaría Peiró de la situación actual en su querida Cataluña, porque por desgracia ya no se encuentra entre nosotros. No me parece justo ni honesto decir hoy qué hubiera dicho o pensado tal o cual persona respecto de los acontecimientos políticos actuales. No podemos saberlo, no le demos más vueltas.

Sí que podemos saber qué pensaba y escribía Joan Peiró allá por los años treinta del siglo pasado. Especialmente interesantes son algunos artículos de opinión y editoriales del diario que llegó a dirigir, Solidaridad Obrera, que está digitalizado y disponible en internet en la web del CEDALL. Quiero compartir algunos fragmentos muy interesantes que son una buena muestra de cómo abordaba Peiró el hecho nacional catalán. En un artículo titulado “El nacionalismo y la libertad de los pueblos”, publicado por Solidaridad Obrera el 5 de mayo de 1931, decía que “la moción del Pleno de la C.N.T., muy lejos de aceptar el más leve contacto con ninguno de los absolutismos, tiene por objeto evitar el peligro del absolutismo que consecuentemente deriva de todos los separatismos, puesto que jamás ningún ideario nacionalista ha dejado de conjugar con el sentido reaccionario e inhumano de la política de los pueblos”. Continuaba Peiró explicando que “la línea divisoria que separa el nacionalismo del federalismo y de la libertad basada en la solidaridad universal entre los pueblos, es el fundamento de la posición de la C.N.T. frente al balbuciente separatismo catalán, que, si en apariencia puede significar la libertad nacional de Cataluña, por la experiencia histórica de los nacionalismos no representa la más pequeña garantía para las permanentes libertades políticas, económicas y sociales de los catalanes (…). Como bien explícitamente consigna la moción del Pleno de Madrid, la C.N.T. está dispuesta a levantarse y a oponerse por todos los medios lo mismo contra el imperialismo de España que contra el separatismo de Cataluña”. Unas palabras muy contundentes que no precisan de ningún comentario adicional. Sabemos que Peiró era un firme defensor del federalismo, y que bebía concretamente de las ideas de Pi i Margall, a quién leyó con atención. Hoy, en determinados círculos, sobre todo cercanos a cierto independentismo, hablar de federalismo equivale a mentar a la bicha. El mantra de que “España es irreformable” se ha ido expandiendo de tal manera que incluso gentes de izquierdas lo han ido asumiendo con pasmosa facilidad. Una idea, bajo mi punto de vista, de matriz puramente reaccionaria. En el mismo artículo, Peiró escribía que “la C.N.T. se apresta a defender, como punto de partida hacia un mundo mejor que el presente, la máxima libertad para todos los pueblos hispanos dentro de la solidaria federación de los mismos. Y al mentar la máxima libertad que para todos los pueblos queremos, hemos aceptado el principio de las nacionalidades ibéricas, pero sin fronteras, de forma que un castellano, que un gallego, que cualquier individuo de más allá del Ebro no sea jamás un extranjero en Cataluña…”. Nuevamente, las palabras del dirigente anarcosindicalista son muy claras. En otro párrafo, Peiró afirmaba lo siguiente: “la diferencia que nos separa de los separatistas que se manifiestan con la divisa de “Nosaltres sols” está en que éstos reclaman la libertad de Cataluña en tanto que la C.N.T. la reclama, tal vez más amplia, para todos los pueblos de España. Y hay la otra diferencia: mientras aquéllos, egoístas y soñando con una fuerza y con una representación que no tienen, tratan de levantar fronteras, la C.N.T., más generosa y movida de un sentimiento de universalidad, se pronuncia contra las fronteras, que, quiérase que no son la negación de los principios internacionalistas que tanto interesan al proletariado de Cataluña y de todo el mundo”. Para concluir, Peiró utilizaba esta frase lapidaria: “veo la tétrica sombra del nacionalismo, que jamás ha dejado de conjugar con el sentido reaccionario de la vida política de los pueblos, y veo a grandes legiones de burgueses que giran alrededor del separatismo y semejan enormes bandadas de buitres en espera de hincar el pico en el proletariado catalán. Así acaban todos los nacionalismos”. En un editorial del mismo diario, publicado el 19 de abril de 1931, se proclamaba lo que sigue: “vuestra República federal debe abrazar a los ciudadanos de todas las regiones, y no consentir que los excesos nacionalistas se impongan para declarar como enemigos nuestros a los que viven en la otra orilla del Ebro”. ¿Les suena?

Sin duda alguna, puede sorprendernos la falta de complejo de Joan Peiró ante el nacionalismo en contraste con las actitudes de determinados sectores de las izquierdas actuales. Sobra decir que nacionalismo y anarquismo son, o deberían ser, como el agua y el aceite, pero la situación actual ha llevado a amplios sectores de las izquierdas a abdicar de la imperante necesidad de presentar un proyecto de nación que incluya el federalismo como doctrina fundamental en la organización del estado. Peiró y los anarquistas de los años treinta lo tenían meridianamente claro. La pregunta es: ¿por qué cuesta tanto a algunos sectores de las izquierdas hablar claro y trabajar por un proyecto plurinacional solidario, federal y fundamentado en valores tan básicos como la libertad, la igualdad, la fraternidad o el trabajo? Ahora que conmemoramos, un año más, el 14 de abril, convendría hacer un repaso a la Constitución Española de 1931. Es fácil encontrarla googleando. Porque, permítanme, seguramente la sopa de ajo ya se inventó hace tiempo, y a muchos puede sorprender lo que se recogía en aquel texto de hace nada más y nada menos que 87 años.

Hace 90 años había en España y en Cataluña personas que verdaderamente podríamos considerar “de estado”, dirigentes de altura política, comprometidos con un proyecto de nación inclusivo, solidario e ilusionante, donde no sobraba nadie. Con toda seguridad hoy los sigue habiendo, a ambos lados del Ebro. Sigue habiendo mujeres y hombres dispuestos a encontrar soluciones y no a provocar problemas, mujeres y hombres con voluntad de acordar en pos de la convivencia. ¿Por qué hoy algunos malvados irresponsables se empeñan en judicializar la política y dejar que los problemas se pudran? ¿Por qué se opta por la represión desmedida e injusta y no por el diálogo? ¿Por qué se banalizan términos tan duros como rebelión o terrorismo? ¿Es ya demasiado tarde para sentarse a hablar? Demasiadas preguntas, muy pocas respuestas.