Opinion · Dominio público

Esclavitud moderna

CECILIA MALMSTRÖM

María, una chica de 13 años de un país de Europa Oriental, fue vendida por su propia familia a un hombre en Italia, donde sufrió abusos sexuales y maltrato físico en repetidas ocasiones. Tras ser rescatada por la policía, vivió en un centro de acogida durante algunos años. Finalmente regresó con su familia, quien la volvió a vender, esta vez en el Reino Unido.
Al joven Xi lo descubrieron en un restaurante durante una inspección rutinaria en los Países Bajos. Es uno de tantos trabajadores sin el permiso de residencia en regla. Mediante la investigación policial se averiguó que le habían obligado a trabajar 13 horas al día, siete días a la semana, por 1,50 euros la hora.
Un grupo de chicos sin papeles habían recibido amenazas y maltratos físicos y habían sido obligados a trabajar en la construcción y en los jardines de un área residencial del sur de Suecia. Cuando la policía de fronteras localizó a los traficantes que estaban detrás de todo esto, averiguó que se trataba de la punta del iceberg de una gran red de traficantes con base en el Reino Unido que explotaba a gente tanto en Suecia como en los Países Bajos.
Maria, Xi y el grupo de chicos son ejemplos reales de la Europa actual. Son algunas de las muchas personas de cuyas vidas se han apoderado las redes de trata de seres humanos. La Oficina Europea de Policía, Europol, estima que hay cientos de miles de víctimas de trata de seres humanos sólo en Europa. Detrás de estas cifras estadísticas tan impersonales se esconden cientos de miles de casos concretos de desgracias y tragedias personales. Los grupos del crimen organizado explotan a los más vulnerables, a menudo víctimas de violencia doméstica, abusos sexuales y pobreza extrema. A esto habría que llamarlo por su nombre: esclavitud moderna.
Es nuestra responsabilidad hacer todo lo posible para luchar contra este terrible delito y ayudar a las víctimas. Estoy segura de que para combatir la trata de seres humanos de manera eficaz necesitamos aunar fuerzas. A nivel nacional, cuando, por ejemplo, en las inspecciones laborales se identifique a una víctima de la trata de seres humanos, el caso se debería poner en conocimiento de la policía. Del mismo modo, los servicios sociales y las ONG especializadas deberían implicarse en proporcionarle cobijo y protección y cerciorarse de que, por ejemplo, los niños víctimas de la trata de seres humanos son trasladados a un medio seguro y van al colegio.
Sin embargo, esto también es válido entre países: en Europa tenemos que trabajar de manera conjunta para combatir este tipo de crimen transfronterizo. Hoy es el Día Internacional contra la Trata de Seres Humanos, una jornada que queremos aprovechar para destacar la necesidad de aunar esfuerzos para alcanzar nuestro objetivo.
Por mi parte, en primavera propuse una nueva directiva para prevenir y combatir la trata de seres humanos y proteger a las víctimas. Esta propuesta incluye medidas penales, como por ejemplo una definición común de este delito y una armonización de las penas. La trata de seres humanos puede acarrear una condena de entre uno y 23 años de cárcel, dependiendo del país de la UE en el que se juzgue, algo inaceptable. Asimismo, consta de disposiciones sólidas para proteger a las víctimas y ofrecerles asistencia incondicional, como por ejemplo asistencia sanitaria, alojamiento y asesoramiento legal, y enfatiza la necesidad de trabajar en la prevención.
No es fácil realizar cálculos exactos en cuanto a la extensión de este crimen se refiere, escondido frecuentemente bajo prácticas como la prostitución o la inmigración ilegal. De acuerdo a la Organización Internacional del Trabajo, hay al menos 2,45 millones de personas en situación de trabajo forzoso como resultado del tráfico de personas, y la mayoría de estas acaban en prácticas de explotación sexual (43%), económica (32%) u otras (25%). Mujeres y niñas representan el 56% de las víctimas de la explotación económica, mientras que en el caso de los hombres y los niños esta cifra llega al 44%. Por su parte, la inmensa mayoría de las víctimas de explotación sexual (98%) son mujeres y niñas. Todas estas cifras y datos no deben dejarnos indiferentes, sino que han de resultar de gran preocupación para nuestra sociedad.
La propuesta anteriormente mencionada se encuentra actualmente en fase de negociación en el Parlamento Europeo y el Consejo. No obstante, esto no significa que podamos estar satisfechos. Debemos continuar desarrollando nuestro trabajo y podemos hacer mucho más para identificar a las víctimas en estadios iniciales, trabajar de una manera más cercana con terceros países, reforzar nuestro trabajo contra la explotación laboral y adoptar medidas que ayuden a reducir la demanda de la trata de seres humanos. Asimismo, deberíamos explorar medidas administrativas como complemento a los resultados de la aplicación de las leyes. También nos encontramos en proceso de designar un coordinador especial de la UE contra la trata de seres humanos para mejorar la cooperación entre los estados miembros de la UE.
Se trata de unas medidas tan importantes como necesarias. No subestimo los retos a los que nos enfrentamos y no creo que sólo estas medidas sirvan para erradicar completamente esta terrible lacra. Sin embargo, cada persona a la que podamos salvar supondrá una victoria.

Cecilia Malmström es Comisaria Europea de Asuntos de Interior

Ilustración de Javier Olivares