Opinion · Dominio público

Solidaridad e internacionalismo en los campos nazis

Rosa Torán

Historiadora. Amical de Mauthausen y otros campos

En el mes de octubre se cumplirán 80 años de la despedida de las Brigadas Internacionales. Desde que se produjo el golpe de estado que desembocó en la guerra de España, hombres y mujeres del todo el mundo ayudaron a la República de múltiples formas, siendo la más comprometida la presencia de más de 35.000 jóvenes brigadistas que lucharon codo a codo con el pueblo español y que pagaron un alto precio por ello, con unos 9.000 que perdieron la vida en todos los rincones del suelo español.

La guerra no sólo se libró con armas, sino que fueron diversas las modalidades de ayuda, con la palabra, a partir de las voces e imágenes de escritores, poetas y periodistas, y con acciones de asistencia médica y social, en el frente y en la retaguardia, protagonizadas en gran parte por mujeres. Todos entendieron que el combate que se libraba en suelo español tenía una trascendencia internacional en la lucha contra el fascismo.

La comunión de ideario y lucha que había unido republicanos con brigadistas en los frentes españoles y en la Resistencia en los países ocupados fue la causa de su reencuentro en los campos nazis. Todos ellos compartieron los lazos de solidaridad del internacionalismo que se fraguó en los círculos antifascistas y en la guerra de España. Proscritos y perseguidos en los países de signo fascista, muchos brigadistas compartieron la suerte de los españoles en los infames campos de Francia y no tardaron en comprometerse en una nueva lucha, la Resistencia contra el ocupante nazi en diversos países, y su castigo corrió paralelo para ambos colectivos: detención y deportación a Dachau, Mauthausen, Buchenwald, Ravensbrück y otros campos.

Son numerosos los testimonios, recogidos en memorias y relatos orales que testifican los reencuentros y las acciones de solidaridad durante su internamiento en los campos del Reich. En algunos casos llegaron a viajar en el mismo convoy que les conducía a su infame destino, como fue el caso de ocho republicanas y Lise London, la brigadista francesa de orígenes turolenses; y Marcel·lí Garriga Cristià explicó que, gracias a la solidaridad de los brigadistas que habían contribuido a conseguir el control de puestos clave en la administración del campo, algunos republicanos pudieron acceder a destinos más proclives a la supervivencia. Dachau fue el campo donde coincidieron más brigadistas y republicanos, siendo destacable que a la llegada de un centenar de españoles, en uno de los “transportes fantasmas”, desfallecidos, enfermos, exhaustos, su suerte cambió radicalmente al ser identificados por un grupo de brigadistas que llevó a cabo una encomiable labor solidaria, no exenta de peligros. Y tras la liberación de este campo, mientras se desbordaron las emociones y renacían nuevas esperanzas de vida y de libertad, una treintena de republicanos firmaron una tarjeta de agradecimiento al austríaco Hans Landauer, que mantuvo una íntima y constante amistad con el leonés Prisciliano García. En el campo de Mauthausen, también hubo reencuentros entre camaradas españoles y brigadistas, como testimonió el húngaro Esteban Balogh o el checo Artur London, cuya amplia experiencia clandestina en el seno del Partido Comunista Francés y sus contactos con los camaradas españoles, además del conocimiento del idioma, facilitó la colaboración internacional entre checos, soviéticos, franceses, españoles… que cuajó en la formación de un Comité Internacional clandestino.

La relación entre antiguos brigadistas y republicanos españoles se ha mantenido desde la liberación de los campos, en aquella lejana primavera de 1945, hasta nuestros días y han sido muchas las ocasiones en que se ha evidenciado esta recíproca comunión. Artur London lo expresó con palabras durante la inauguración del monumento a los españoles en el campo de Mauthausen el día 5 de mayo de 1962, y no faltó la presencia de Hans Landauer ante el este monumento, año tras año y hasta el final de su vida, a los 93 años, en los actos conmemorativos de la liberación.

Y son estas conexiones emotivas y de ideario las que determinarán la singularidad de nuestra participación en los homenajes que se rendirán en Mauthausen, entre los días 4 y 7 de mayo, como muestra de solidaridad internacional, fraguada en la guerra de España y en los campos nazis y que culminó con el juramento del ¡Nunca más! pronunciado por los supervivientes de más de 50 naciones en el que fue su lugar de dolor. Lección ante la que no pueden quedar indiferentes jóvenes llegados de muchos rincones de España, que desfilarán junto a otros procedentes de los más diversos países.