Opinion · Dominio público

La España de Girauta

Jorge Moruno Danzi

Sociólogo y escritor

Las identidades existen porque quienes comparten una siempre observan en el otro aquellos males que niegan para sí mismos: yo soy patriota, el otro es nacionalista, el otro está ideologizado y yo “tengo mis propias ideas”. Teniendo en cuenta que nadie puede sustraerse a la existencia de identidades (tampoco quienes hacen de su rechazo a las identidades la base de su propia identidad), siempre debe existir algún otro ajeno que impide su plena realización. La lógica funciona sobre esta contradicción: no puedo lograr ser del todo porque el otro me lo impide, pero precisamente porque el otro me impide ser yo existo. En este juego de espejos las identidades operan y funcionan porque nunca son del todo capaces de hacer realidad su anhelo y propósito, de lo contrario, si desaparece aquello a lo que se enfrenta acaba desapareciendo la propia identidad; soy porque no puedo ser. Así pues, para que una identidad exista siempre debe ser pospuesta, irrealizable e impedida por culpa de un otro que lo dificulta. Paradójicamente, el mejor desarrollo que puede tener una identidad es su desaparición y esto sucede cuando desaparece aquello que la construye y la dota de sentido: a través del otro me expreso, sin el otro no soy nadie. Ahora bien, que desaparezca una modalidad concreta de identidad no quiere decir que desaparezca la existencia misma de las identidades, ni que todas sean iguales y comparables por el mero hecho de ser identidades. Algunas buscan ampliar el campo de la democracia y otras buscan estrecharlo, no es lo mismo el feminismo que el nacionalismo excluyente y tampoco todos los nacionalismos son excluyentes, algunos pueden ser herramientas para demandar inclusión e igualdad; Palestina e Irlanda son claros ejemplos de esto último.

Para poder ser políticas, todas las causas necesitan excluir algo, pero ¿qué es lo que dejan fuera? Pueden excluir la desigualdad o los privilegios, o por el contrario pueden excluir los derechos y la democracia. Recientemente Ciudadanos ha presentado su proyecto de una “España sin complejos”, una España “que no pide perdón por su pasado”. Aquí es donde se puede percibir el factor excluyente de la España presentada por Ciudadanos, ¿a quién no le tiene que pedir perdón España, por qué razón hay que perder los complejos, qué complejos son esos? ¿de qué pasado hablamos? Eso parece no importar  porque lo fundamental es no cuestionarse nada, nunca preguntar por qué, jamás buscar causas y explicaciones, simplemente debemos actuar como dictan las frases típicas de coaching: “no te preguntes por qué te pasa algo sino para qué te sirve” y alejarnos de “la gente tóxica”. La España de Ciudadanos se parece a un libro de autoayuda, no por nada Rivera afirma que un presidente es como un coacher para su país y un presidente feliz es sinónimo de un  país feliz; feliz como en la novela de Aldous Huxley.

El mejor ejemplo para comprender la sustancia reaccionaria del espíritu que abandera Ciudadanos puede leerse en la novela de Ira Levin, más tarde llevada al cine, Las poseídas de Stepford. El argumento es más o menos el siguiente. Tras vivir una serie de inconvenientes, una pareja decide dar un vuelco a su vida y mudarse a un suburbio en las afueras donde todo es perfecto. La historia se centra en una realidad aparentemente idílica (para los hombres) basada en la total sumisión y conformismo de las mujeres, que son capaces de sonreír en todo momento, estar siempre arregladas y perfectas, cocinar para su marido y recibirle en lencería. Un pueblo que construye a las mujeres a su medida y gusto, donde no molestan, dan la razón en todo y siempre están disponibles y receptivas a sus deseos. La protagonista sospecha algo entre tanta perfección, entre tanto plástico que anula toda posibilidad de una personalidad en las mujeres, justamente porque se han convertido en floreros personalizados a gusto de sus maridos. No hay que mirar por detrás de la realidad observable para encontrar aquello que se esconde, cuando es la propia realidad la que define el horror. La sustancia reaccionaria de Ciudadanos no debe buscarse oculta tras un disfraz de oropel, porque que es precisamente en su exposición obscena donde aparece el molde, que como el anuncio de Aquarius, busca programarnos para ser libres y felices. La imposición del conformismo por la vía del optimismo.

Ciudadanos no tiene otro proyecto que ser la marca renovada del PP versión Lobo de Wall Street con salsa de motivación. Apoya una fiscalidad todavía más regresiva, apoya a los fondos buitres, apoya la política del miedo. Todo el discurso de Ciudadanos se levanta sobre la premisa del miedo: por eso insisten en centrar la cuestión del feminismo en las penas de cárcel, por eso el problema de la vivienda no es la especulación, los fondos buitres o la falta de alquiler social, sino a “a ver si mañana se van a meter en tu casa y te la van a ocupar”. No digo que eso no pueda pasar, hay un 0,34% de casos, pero inoculan el miedo por si te puede pasar a ti. Por eso sólo quieren hablar de Catalunya, para mantenerse en la lógica de enfrentamiento. Parece que desean que en Catalunya odien a España para así poder odiarles a ellos, toda vez que su mayor temor es que dejen de odiar a España porque entonces se quedan sin nadie a quien poder odiar. El PdCat y Ciudadanos son como el imán y el metal, que siempre se ponen de acuerdo en lo fundamental: fondos buitre, contra la remunicipalización, favorecer la sanidad privada, etc… No por casualidad comparten grupo político en Europa.

Todo lo que sea ampliar derechos, convivencia y alegría, se les atraganta; el feminismo se les atraganta. Viven del miedo y de enfrentar a la gente ¿qué tipo de España tendrá Girauta en mente? Si tal y como afirma Rivera «solo hay españoles» y no existen diferencias entre ellos, lo único que puede haber en su contra es la «antiespaña». Antiespaña serían todos aquellos que no encajan en la visión unilateral que tiene Rivera de España. Ya sean catalanes, madrileñas, vascos, andaluzas, gallegos etc… La España de Ciudadanos necesita de la existencia de una Antiespaña. Ese es el drama histórico y por eso Ciudadanos son un peligro autoritario, porque para reivindicar su España necesitan enfrentar a los españoles.