Opinion · Dominio público

La trama de bebés robados es un crimen de género

Teresa Fernández Paredes

Abogada de Women’s Link Worldwide

Hoy se inicia el juicio contra el doctor Eduardo Vela por su presunta implicación en el robo de un bebé, Inés Madrigal, que nació en 1969 y fue apartada de sus padres biológicos y entregada a una pareja que no podía tener hijos. Vela es uno de los exponentes más conocidos de la trama de robo de bebés en España, que durante toda la dictadura franquista y parte de la democracia hizo desaparecer bebés de hospitales y clínicas en todo el territorio nacional.

Mucho se ha hablado de este tema desde que saltara a la prensa, allá por el año 2009. Sabemos que se han presentado más de 2.000 denuncias y que en más de un 90% de los casos ha sido archivadas. Es decir, que el Estado español no está investigando. Sabemos también que lo que empezó al acabar la guerra civil como una forma de eliminar el “gen rojo” de las mujeres republicanas presas en las cárceles (siguiendo las teorías del psiquiatra Vallejo-Nájera), terminó convirtiéndose en una extensa y lucrativa trama que involucró a médicos, curas, monjas y demás personas relacionadas con las clínicas de maternidad públicas y privadas de todo el país. Por último, sabemos que la trama se prolongó hasta bien entrada la democracia porque las estructuras heredadas del franquismo así lo permitieron.

Pero, ¿qué conocemos realmente de las mujeres a las que les robaron sus bebés? ¿Sabemos por qué les sucedió esto?

Empecemos por el principio. La violencia contra las personas en base a su género no es un fenómeno nuevo y desde siempre ha estado muy ligada a los conflictos armados y a las dictaduras.  Muy representativos son, por ejemplo, los casos de bebés robados en Argentina, que aún hoy siguen buscando las Abuelas y Madres de la Plaza de Mayo.

El caso español no es distinto. Durante la guerra civil y el franquismo, las mujeres sufrieron una violencia específica en base a su género, esto es, por el hecho de ser mujeres. Ejemplo de ello son la violencia sexual, los abortos forzados, el rapado de pelo, las purgas con aceite de ricino, las humillaciones públicas y el robo de bebés que sufrieron. Es lo que conocemos como crímenes de género.

Hasta muy recientemente, estos crímenes contra las mujeres no se consideraban graves crímenes internacionales de lesa humanidad ni graves vulneraciones de derechos humanos. Por el contario, se calificaban como meros atentados al honor de la familia o al honor masculino, o, peor aún, daños colaterales inevitables en un conflicto que, generalmente, dominaban los hombres. Se desvalorizaba así totalmente a las mujeres como sujetos de derechos. Esta invisibilización ha dificultado que se pudieran llevar ante la justicia, quedando a menudo en total impunidad. Y es que estos crímenes solo salen a la luz si en los procesos judiciales se aplica una perspectiva de género que tenga en cuenta el contexto en el que vivían las mujeres que los sufrieron.

¿Qué ocurrió en el caso concreto de los robos de bebés en España? Dentro del sistema de pensamiento franquista las mujeres tenían un rol muy definido, relegado al ámbito doméstico, a la reproducción y a la supeditación del varón. La mujer no era un sujeto de derecho y ya eso, de por sí, creaba un contexto propicio para que se pudieran robar bebés con total impunidad.

Así, cuando una mujer embarazada se salía del papel establecido por la ideología nacional-católica, por ejemplo, por no haberse casado, por ser muy joven, por ser pobre y/o por tener ideas contrarias al régimen, corría mayor riesgo de que le robaran a su bebé en el momento de dar a luz y se lo vendieran o regalaran a familias ricas y/o afines al régimen. Las mujeres, por tanto, no eran elegidas al azar, sino que estos crímenes respondieron a la visión que el régimen tenía de las mujeres y del papel que se suponía que debían ocupar en la sociedad.

El juicio contra Eduardo Vela es una oportunidad para que el Estado español comience a romper con el muro de impunidad que ha caracterizado nuestro proceso de transición y empiece a juzgar los robos de bebés cometidos durante el franquismo. Pero debe hacerse con una perspectiva de género. La justicia tiene que atender no solo a la visión de los bebés robados, sino también a la de las otras víctimas, a la de las madres. Si no, nunca conoceremos las circunstancias que propiciaron que a estas mujeres se les arrebatara la posibilidad de ser madres y la historia de España no estará completa. Porque la justicia, si es ciega al género, no es justicia.