Opinion · Dominio público

No cambia nada para que todo cambie

Se ha publicado el informe del organismo Eurofound, “Living and working in Europe 2017” (Viviendo y trabajando en Europa 2017) donde se arroja luz sobre quiénes, cómo y en qué ha cambiado el trabajo en la Europa de los últimos años. El informe resume varias de sus investigaciones en distintas facetas laborales y vitales, tales como el autoempleo, las condiciones de vida, las relaciones de género, los cambios en el mercado laboral, etc.. Voy a limitarme a exponer solo algunos de los datos que ofrece el informe que invito a leer aquí.

Observamos que entre el año 2008 y el año 2016, el sector servicios se refuerza (supone el 71% del empleo total), la fuerza de trabajo envejece (+4,6), es más feminizada (+2,5), más cualificada (+1,8) y trabaja más a jornada parcial (+2,3). Nunca antes tanta gente había participado en el mercado laboral como en la Europa de 2017, alcanzando una tasa de actividad récord (73%) junto con una reducción del desempleo al 7,7%. Entre mediados de 2013 y 2016 se han creado en Europa alrededor de 8 millones de puestos de trabajo, especialmente en Irlanda, Grecia y España, aunque si ampliamos el foco y nos fijamos en el periodo que va desde el año 2008 hasta 2016, son el Reino Unido y Alemania quienes han creado más trabajos, dado que Grecia y España habían destruido mucho anteriormente.

En Europa hay algo más de 9 millones de personas desempleadas buscando trabajo, de las cuales 6 millones llevan más de dos años desempleadas. El paro de larga duración atrapa a más 1.3 millones de jóvenes, de los cuales la mitad lleva más de dos años en paro. El porcentaje de jóvenes desempleados de larga duración lo encabeza Grecia, luego Italia y después España; Dinamarca y Suecia, son los países con menor porcentaje, un 1%. El 10% de los trabajadores europeos se encuentran en riesgo de pobreza y desglosado por tipo de trabajador encontramos grandes disparidades, que van del 5% de riesgo de pobreza entre quienes tienen un trabajo a tiempo completo, al 29% de riesgo de pobreza entre los parciales involuntarios, pasando por el 25% de los autoempleados sin trabajadores. Si sumamos a los desempleados, junto con los parciales involuntarios y los inactivos que querrían trabajar, sumamos a más de 40 millones de personas que viven fuera del circuito del ingreso estable.

Normalmente, la crítica a la crisis y a la gestión que hacen de ella las élites, suele centrarse en destacar que vivimos la fórmula gatopardiana, según la cual “todo cambia para que nada cambie”. Creo que la operación ideológica sucede al contrario, porque precisamente cuando se cree que todo puede llegar a volver a ser igual «que antes», se obvia que por el camino todo va cambiando, por lo que más bien la fórmula sería: «no cambia nada para que todo cambie». Mientras seguimos operando con los mismos parámetros sobre una realidad diferente y se persiste en otorgarle un papel al trabajo que ya no es lo que antes se creía que era, se  mantiene el horizonte pasado del pleno empleo al mismo tiempo que desaparece como posibilidad. Que avance el modelo de la plena precariedad no es necesariamente incompatible con bajas tasas de paro y altas tasas de actividad, al contrario, esa es la paradoja: absorber a cada vez más gente y aspectos de la vida a la relación de dependencia del trabajo y el dinero, junto con la dificultad creciente para obtener seguridad e ingresos suficientes por la vía del trabajo. Estas son mis conclusiones, suyos son los datos.