¿Y qué vais a hacer mañana?

Opinión

 

JOSÉ LUIS DE ZÁRRAGA

Hace ya 30 años, una generación de jóvenes como vosotros sufrió durante casi una década tasas de paro aún más altas que las actuales. Fue una época aun peor que esta para los jóvenes, con menos recursos y aún más vulnerables que ahora; una época en la que se perdió la inocencia política y se disolvieron las enormes ilusiones despertadas por la democracia. Conozco bien aquella generación y aquella época porque, como sociólogo, fui observador y analista de ellas, y como ciudadano, participé en sus luchas. Entonces, la sociedad no supo ni pudo evitar que una generación entera fuera triturada por los engranajes del sistema.
Hoy, con esta crisis, estamos de nuevo en una situación muy difícil, objetivos de progreso social a los que creíamos estar acercándonos se ponen en cuestión y la sociedad se arriesga a perder otra generación de jóvenes.
Estos días algunos de vosotros habéis salido a la calle para protestar por las condiciones en las que nos encontramos, para reclamar una democracia real y para manifestar vuestra voluntad de cambiar las cosas, de cambiar la sociedad. Hay quien hace el recuento de manifestantes o de acampados y concluye que, frente a la mayoría silenciosa, sois pocos. Se equivocan gravemente. Los grandes movimientos sociales empiezan siempre con gestos pequeños, cuantitativamente irrelevantes. Lo que importa es si lo que expresan sintoniza con la mayoría, si lo que unos pocos dicen representa lo que muchos piensan. Hoy quizás estemos en el comienzo de una movilización que va a cambiar las condiciones en las que decidiremos nuestro futuro.
Pero dejadme que os diga que no comprendo cómo puede haber conservadores entre vosotros –como se dice, sin embargo, en las primeras líneas del Manifiesto–, ni cómo se puede ser apolítico y compartir vuestra lucha. Querer cambiar el sistema es lo más anticonservador que se puede proponer y, salvo que se piense que bastarán para ello las oraciones o los buenos deseos, es un objetivo político, el objetivo más político que puede proponerse.
Esta crisis sólo ha hecho más patente lo que ya era evidente antes. Que el sistema económico y sus intereses se imponen a los objetivos y las ideas políticas, y que este sistema económico sólo conduce a menos bienestar para más gente y a más beneficio y poder para menos personas. Y también que nuestra democracia es muy imperfecta, una democracia formal cada vez con menos participación ciudadana, respondiendo cada vez menos a las esperanzas, las necesidades y las demandas de la gente.
La economía debería ser para distribuir equitativamente el trabajo social y sus frutos, para asignar los recursos sociales del modo más beneficioso para la colectividad y para todos, para hoy y para el futuro. Pero nuestro sistema económico es sólo un mecanismo socialmente ineficiente e injusto para concentrar cada vez más riqueza en menos manos, para explotar más trabajo y exprimir hasta el agotamiento los recursos naturales al servicio de quienes lo dominan.
La democracia debería no sólo hacer posible, sino hacer indispensable la mayor participación de los ciudadanos en el gobierno de la sociedad, en la organización de su convivencia y en la orientación de su economía. Eso requeriría un sistema electoral más representativo, una relación entre representantes y representados para la que hoy no existen condiciones, y cauces reales para una participación efectiva de los ciudadanos en las decisiones públicas. Y requeriría liberar a la sociedad de poderes no democráticos que nos imponen su ideología y limitan nuestra libertad; de poderes económicos no democráticos –responsables directos de esta crisis– que nos imponen las políticas que les convienen, por más contrarias que sean a una racionalidad económica realmente orientada al bienestar social.
Habláis en vuestro manifiesto de construir una sociedad de igualdad, de progreso, de solidaridad…, de conquistar derechos básicos y de poner la economía al servicio de las personas. Son los objetivos que siempre han movilizado a la gente de izquierdas, objetivos de izquierdas, aunque prefiráis no llamarlos así. Objetivos que han orientado y deben seguir orientando las políticas de izquierdas. Objetivos que los partidos de izquierdas deben llevar a los parlamentos y a los gobiernos, y desde ellos tratar de realizarlos. Derechos y libertades se conquistan en las calles, pero se establecen en las leyes y se realizan en los actos de gobierno.
Mañana hay unas elecciones, y yo os interpelo sobre lo que vais a hacer. La sociedad no se cambia sólo con votos, desde luego. Para cambiar la sociedad es indispensable salir a la calle, como habéis hecho vosotros. Pero el camino hasta ese objetivo es largo y difícil, y para avanzar por él es necesario conquistar mejores condiciones, disponer de más recursos, de mejores plataformas. Los parlamentos y los gobiernos no cambiarán la sociedad, pero desde la perspectiva de los que queremos cambiarla, y desde la perspectiva de la lucha por cambiarla, no da lo mismo quiénes tengan la mayoría en ellos. Con cualquier mayoría tendréis que seguir luchando. Pero no es lo mismo, estad seguros de que no es lo mismo si esa mayoría se forma con vuestros votos o con vuestra abstención.

José Luis de Zárraga es sociólogo

Ilustración de Iker Ayestaran