Dominio público

Opinión a fondo

El golpe paraguayo beneficia a las multinacionales de EEUU

26 jun 2012
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Pepe Mejía
Periodista

El golpe en Paraguay –dejemos los eufemismos a los responsables del Gobierno de Rajoy– se venía fraguando desde hace mucho tiempo entre la derecha caciquil paraguaya y los intereses de las multinacionales de la agroalimentación estadounidenses.

En 2011, Estados Unidos –que controla por acuerdos a través de la USAID al poder judicial y a la policía– logró instalar un centro de operaciones en la zona norte, cercana a Curuguaty, donde no han cesado las persecuciones al movimiento campesino con el pretexto de combatir al EPP, grupo guerrillero del que nunca se ha comprobado la existencia. Es la misma región de interés de Cargill y Monsanto, que hoy impulsan un golpe de Estado para instaurar un gobierno a la medida de sus necesidades.

Fernando Lugo, el presidente que puso un freno a 60 años del partido Colorado, el principal sostén de la dictadura de Stroessner, nunca tuvo un apoyo social para hacer frente a la arremetida de la derecha y la ultraderecha, que siempre estuvieron conspirando con su destitución. Pero la derecha paraguaya, con su principal muñidor, el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) del golpista Federico Franco –y mejor dicho, la ultraderecha– ha tenido y sigue teniendo unos aliados permanentes: Estados Unidos y las grandes empresas de la agroalimentación. Cargill y Monsanto han tenido un papel determinante. Como dice el economista paraguayo Méndez Grimaldi:

“El 85% de las tierras, unos 30 millones de hectáreas, está en manos del 2% de los propietarios”.

El 21 de octubre de 2011, el Ministerio de Agricultura y Ganadería, dirigido por el liberal Enzo Cardozo, liberó ilegalmente la semilla de algodón transgénico Bollgard BT de la compañía norteamericana de biotecnología Monsanto, para su siembra comercial en Paraguay, provocando protestas campesinas y de organizaciones ecologistas. El gen de este algodón está mezclado con el gen del Bacillus Thurigensis, una bacteria tóxica que mata a algunas plagas del algodón, como las larvas del picudo, un coleóptero que oviposita en el capullo del textil. El Servicio Nacional de Calidad y Sanidad Vegetal y de Semillas, SENAVE, otra institución del Estado paraguayo, dirigido por Miguel Lovera, no inscribió dicha semilla transgénica en los registros de cultivos, por carecer de los dictámenes del Ministerio de Salud y de la Secretaría del Ambiente, tal como exige la legislación.

Según un informe de Idilio Méndez Grimaldi, “Monsanto, a través de la Unión de Gremios de Producción, UGP, estrechamente ligada al Grupo Zuccolillo, que publica el diario ABC Color, arremetió contra SENAVE y su presidente por no inscribir la semilla transgénica de Monsanto para su uso comercial en todo el país”.

El objetivo es criminalizar a los campesinos y expulsarlos de sus tierras latifundistas. Los empresarios exportadores han mecido el golpe contra Lugo y como en todos los manuales golpistas no falta el papel de los medios. ABC Color –pero no sólo este medio– preparó el terreno para el golpe.

Lugo, mientras estuvo en el Gobierno, no sacó adelante ninguno de sus proyectos sociales. No contó con el aparato del Estado, infecto de pro-colorados. Enfrente tuvo y ha tenido a una derecha caciquil, anticomunista y aliada a terratenientes y oligarcas que durante 50 años ha estado gobernando con mano de hierro y menosprecio de las mayorías depauperadas. A esto, Lugo no se enfrentó.

Pero tampoco en Paraguay ha habido una tradición de movimientos sociales porque la propia izquierda fue casi exterminada por las mismas fuerzas ultraderechistas que han estado –y siguen controlando, como se ha visto– el país de Roa Bastos. El golpe, ¿puede facilitar un crecimiento de la izquierda? Está por ver y, por supuesto, está por ver si Lugo hace caso a esa izquierda social y se organiza. Un cambio social sin sustento social está abocado al fracaso. No sólo sirven los cálculos parlamentarios que en algunos casos pueden ser un lastre. Es preciso alentar y construir un movimiento social que sustente un Gobierno de izquierda a favor de las capas sociales más desfavorecidas.

La perspectiva es consolidar ese frente de izquierda que días antes de su destitución convocó Lugo. Un frente donde se juntan izquierdistas de toda la vida, socialdemócratas y organizaciones sindicales y campesinas. La Liga Nacional de Carperos, el movimiento de los sin tierra, es uno de los actores principales en este escenario. Ha llamado a “permanecer movilizados” ante lo que consideran un “golpe parlamentario”. Pero también la Unión de Gremios de la Producción.

Por su parte, las organizaciones de terratenientes y propietarios de tierras apoyan a Franco y también están dispuestos a movilizarse, como lo hicieron contra Lugo.

Lugo ha hecho un llamamiento a una “movilización pacífica”. Ya veremos si esto es suficiente y si no hay detrás una perspectiva meramente electoral. El otro frente es el internacional y, sobre todo, el de América latina. El rechazo ha sido total. Paraguay, hoy por hoy, está aislado.

Económicamente depende mucho del petróleo que Venezuela ya ha dicho que no enviará y de Brasil, que no ve con buenos ojos una inestabilidad cerca de sus fronteras.

Las perspectivas no son nada halagüeñas. Estados Unidos –que ha sido el primer país que ha reconocido a Franco– sigue medrando a favor de sus intereses. Brasil, el cuarto mayor exportador mundial de soja, debido a la gigantesca represa de Itaipú y un abultado flujo comercial, también está pendiente de la evolución de los acontecimientos. Además, unos cien mil brasileños viven y trabajan en Paraguay, donde poseen haciendas y grandes comercios. Mercosur tiene mucho que decir el próximo 28 y 29 de junio y la derecha paraguaya está envalentonada. En la calle no hay movilizaciones a favor de Lugo y lo que representa. Y eso es un lastre. Hoy por hoy, Paraguay está a expensas de las fuerzas derechistas y de los intereses oligárquicos.


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