Opinion · Dominio público

Siria: ¿Nuevo Afganistán?

Nazanín Armanian

Analista político

Nazanín Armanian
Analista político

La imagen de decenas de cuerpos envueltos en sudarios que ilustraban una noticia de la BBC sobre la represión en Houla, había sido tomada por Marco di Lauro, en 2003 en Iraq. Un gran y peligroso reto como asaltar un país tan estratégico como Siria, requiere mentiras del mismo tamaño (como las armas de Saddam o la bomba de Irán) y una anestesia colectiva. A Asad ahora le pueden acusar de crímenes contra la humanidad y tenencia de armas (químicas) de destrucción masiva.

Queda olvidado cuando Hilary Clinton, en febrero de 2011 decía que “Asad es un reformista” y Washington volvía a mandar a su embajador a Damasco. Siria había sido un enemigo fiable. Había colaborado en la lucha contra “el terror” de Al Qaeda, además mantenía una paz, aunque de baja intensidad, con Israel. Esta relación se revierte cuando Asad introduce en el mismo saco a los manifestantes que exigían reformas con los mercenarios enviados por Turquía y Arabia Saudí que pretendían aprovechar el contexto de la Primavera Árabe para instalar en Damasco un régimen afín. Fue entonces cuando Obama sentenció “Asad debe marcharse”. Habían pasado cinco meses. Ante la imposibilidad de mantenerle en el poder (por la presión de los republicanos anti iraníes), une “los derechos humanos” en Siria al programa nuclear de Irán, y ¡bingo! gran oportunidad para reconfigurar la región a la medida de sus intereses.

La caída de Mubarak en Egipto ha acelerado los planes de EEUU para Siria. A pesar de la simpatía de Washington hacia los islamismos (elevados al poder en Irak, Afganistán, Yemen o Libia), Israel impide el derrocamiento de Asad hasta encontrar una alternativa que no sean los Hermanos Musulmanes que tienen en Siria la organización más vertebrada, después de la de Egipto, ni los alqaedistas llegados de Libia y Afganistán, coordinados por la OTAN y las monarquías salafistas del Golfo Pérsico. Los mercenarios, además de recibir millones de dólares, han sido equipados con alta tecnología de comunicación (armas digitales), las mismas que hasta hace pocos meses EEUU vendía a Damasco, a pesar de que le había incluido en la lista de patrocinadores de terrorismo. ¿Así es como se quiere poner fin a la violencia?

Parece que ni el fin de la Guerra Fría ni la muerte de Bin Laden han acabo con la relación estratégica de EEUU con el extremismo religioso.

La importancia de Siria

El descomunal despliegue militar de la OTAN en la región pone de relieve los verdaderos objetivos que persigue: La caída de Mubarak ha sido determinante en el cambio de postura de EEUU. Ahora el objetivo es Siria, ese “pequeño país más importante del mundo”. La misión es hacer frente a la media luna chiíta (Irán, Siria y Hezbolá) al que se ha unido Irak (para el disgusto de Bush), y de paso debilitar la posición de Rusia y China. Además, contendrán así el avance de la Turquía neotomana y también la Arabia salafista protegiendo los intereses de Israel.

Siria enlaza el oriente medio pretrolífero con Europa, y  una vez derrocado Asad permitiría reducir la dependencia energética de occidente con respecto del Golfo Pérsico y también del Canal de Suez, ahora que Egipto está gobernado por los imprevisibles Hermanos Musulmanes. Sería, además, la ruta alternativa del fracasado proyecto europeo del gaseoducto Nabucco que pretendía sortear a Rusia. Para más inri, paralizaría la construcción del ducto que llevaría el gas procedente de Irán, Irak y Siria al mediterraneo.

Washington busca para el futuro de Siria a alguien compatible con la seguridad de Israel, mientras planifica enviar a 3.000 soldados al país judío,  que junto con otros tantos miles de hebreos participarán en una maniobra militar prevista para  noviembre, mes de las elecciones presidenciales; ha estacionado buques de guerra cerca de la costa siria, tiene desplegadas tropas en la frontera jordana, y desde la base Incirlik y el centro de control en Iskenderun –Turquía–, coordina los preparativos del ataque, que según el general Merrill McPeak, ex general de EEUU, empezará con la destrucción de las fuerzas aéreas sirias, allanando el camino de una invasión terrestre.

EEUU piensa que la zona será suya. Aunque en la orilla se vislumbra otro Afganistán.