Dominio público

Opinión a fondo

No al sectarismo de izquierdas: en defensa de Teresa

08 Ago 2013
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Vicenç Navarro
Catedrático de Políticas Públicas. Universidad Pompeu Fabra, y Profesor de Public Policy. The Johns Hopkins University

Desde que me fui, por razones políticas, de Catalunya y de España en 1962, he vivido en muchos países, habiendo trabajado en muchos más. Resultado de ello, he tenido la oportunidad de conocer de primera mano la cultura en la que se desarrolla la vida política e intelectual de cada país. Colaboro también en varios diarios en estos países, lo que me permite ver el grado de desarrollo democrático de los debates que tienen lugar en cada uno de ellos.

Y me entristece enormemente ver la enorme pobreza y baja calidad de la cultura democrática de Catalunya y del resto de España, que es semejante, en muchos aspectos, a la deficiente cultura democrática de varios países de América Latina que han estado gobernados también, durante muchos años, por dictaduras. Es frecuente que mis escritos provoquen toda una avalancha de insultos, sarcasmos y notas ofensivas de gran agresividad, que reflejan una incapacidad de razonar y debatir por parte del que muestra tanta hostilidad. Y lamento que no haya una protesta generalizada frente a este tipo de comportamientos.

El carácter antidemocrático de este tipo de comportamientos está mucho más extendido entre las derechas (fuerzas conservadoras y neoliberales) que entre las izquierdas, y ello es consecuencia de que son estas últimas y no las primeras las que históricamente han defendido con mayor ahínco el establecimiento de las democracias. Las derechas han sido, por regla general, las que se opusieron por todos los medios a las aberturas democráticas en esos países. España es un claro ejemplo de ello. La agresividad y falta de cultura democrática de las derechas es una característica de sus comportamientos.

Por desgracia, aparecen también estos comportamientos antidemocráticos en sectores que se autodefinen de izquierdas. Y utilizo la expresión “autodefinen” deliberadamente, pues no considero que una persona o una fuerza política o un foro mediático sea de izquierdas cuando muestra tal tipo de comportamientos, que responden a un sectarismo enorme que ha hecho históricamente un gran daño a la totalidad de las izquierdas en nuestro país. El sarcasmo, el insulto, la ofensa y la manipulación con el objetivo de destruir a una personalidad o a una asociación de izquierdas no es ser de izquierdas, y merece y exige una denuncia inmediata y contundente por parte de todas las fuerzas progresistas con sensibilidad democrática.

Un caso claro de este comportamiento antidemocrático es el artículo escrito por Mauricio-José Schwarz (a partir de ahora MJS) en la revista de izquierdas Sin Permiso, titulado “‘Juana de Arco’ Forcades, más allá del antivacunismo mortal”, que es un intento, no de criticar, sino de destruir a Teresa Forcades, una monja benedictina de Monasterio de Montserrat que lidera un movimiento político social –Procés Constituent- que se está extendiendo en Catalunya y que representa una amenaza al establishment económico, político, social y cultural (incluida la jerarquía de la Iglesia católica) que domina Catalunya. Debido a ello, Teresa Forcades ha despertado gran estima por parte de sectores populares y gran hostilidad por parte del establishment catalán y algunas voces de izquierdas sectarias que, como siempre, hacen el juego a la estructura de poder (sin, en ocasiones, darse cuenta).

MJS se define como “un luchador contra el charlatanismo”, y para destruir a Teresa Forcades (Teresa a partir de ahora) intenta mostrarla como una monja comprometida en “actividad brujeril” (sí, así lo define MJS nada menos que tres veces en el artículo) anticientífica, que también se refleja en su envolvimiento con el “nacional-catolicismo”, el cual, siendo diferente al nacional-catolicismo que caracterizó a la dictadura franquista, conserva, sin embargo, características comunes, pues, según MJS, los dos rompen, por ser nacionalistas, con el principio igualitario que la izquierda siempre debe sostener. El nacionalismo españolista de la dictadura, y el supuesto nacionalismo catalanista de Teresa son igualmente dañinos, pues ambos “se oponen a la visión esencial, igualitarista de la izquierda”.

Estas posturas en sí, expresadas de otra manera, podrían ser sujeto de debate y reflexión serena que podría ser beneficioso para todos. La tesis de que todos los nacionalismos son iguales y que son incompatibles con los valores de izquierda es un tema que vende mucho en España y merecería ser debatido. Ahora bien, el objetivo de MJS no es iniciar un debate, sino destruir al que considera ser su adversario, en realidad su enemigo, es decir, Teresa. No presenta argumentos, sólo ofensas, sarcasmo y mala leche, que invitan, además del rechazo, al olvido, pues dicho artículo es una suma de insultos y no de argumentos.

MJS intenta destruir la credibilidad de Teresa refiriéndose a sus escritos antivacuna gripe A, que responden –según MJS– a una actitud “conspirativa” (en contra de la industria farmacéutica), “delirante”, “paranoica” y muchos otros adjetivos, a cada cual más mezquino. Teresa es licenciada en Medicina, con un doctorado en Salud pública. Conocida y respetada en la comunidad salubrista catalana, ha publicado y hecho presentaciones en fórums científicos, tan diversos como Annals de Medicina y Revista Catalana de Salud Pública, teniendo varios artículos y/o capítulos en varios libros de medicina clínica y salud pública. Su postura crítica respecto a la vacuna de la gripe A ha sido avalada por el mayor experto que tiene Catalunya en farmacopea, el Catedrático Joan-Ramon Laporte, Catedrático de Farmacología de la Universidad Autónoma de Barcelona. Y a nivel internacional, muchos científicos han expresado fuertes críticas a tal vacuna. En EEUU, en uno de los últimos Congresos de la American Public Health Association, muchos expertos en salud pública presentaron grandes críticas a la promoción de la vacuna gripe A por parte de la industria farmacéutica, así como el comportamiento carente de cualquier sensibilidad ética que mostraron, tanto la industria farmacéutica como la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el caso de dicha vacuna. En España, entre las voces críticas está también la del Dr. Juan Gérvas, referido en el artículo de MJS como “antivacunas folklórico”. El Dr Gérvas, lejos de ser folklórico, es la máxima autoridad científica y clínica en Medicina en Atención Primaria en España, habiendo sido también profesor en la Escuela de Salud Pública de la The Johns Hopkins University, uno de los centros más conocidos en EEUU en investigación en salud pública. Dice mucho del nivel intelectual de tal individuo –MJS– que se refiera al Profesor Gérvas como “folklórico”.

Pero la objetividad no es el punto fuerte de MJS. Su intento es, además de ridiculizar el movimiento político-social (comparándolo con el nacionalcatolicismo franquista) que lidera Teresa, eliminar a Teresa de la vida política del país. Y así lo dice con toda claridad y sin tapujos, pues, según él, no debería permitirse a los religiosos (que han jurado lealtad, según él, al líder de un Estado extranjero, el Vaticano) participar en la vida política del país. En realidad, según MJS, Teresa está legitimando la intervención del Opus Dei en el Estado español, pues permite justificar la intervención de asociaciones religiosas en la vida política del país.

Yo no soy creyente, y creo que hay pocos autores que hayan criticado con mayor frecuencia y continuidad a la Iglesia católica, en general, y a la española y catalana (incluyendo el Monasterio de Montserrat), en particular, como yo. Dicho esto, quiero indicar que el artículo de MJS me merece un desprecio, no merecedor de ninguna respuesta, excepto por el respeto que tengo a Sin Permiso y a sus lectores. Incluso por los estándares de sectarismo que caracterizan a excesivas voces latinas, este artículo bate un récord. En ninguna parte argumenta, solo insulta. Y, previsiblemente, no muestra ninguna evidencia que avale sus acusaciones. Los resaltados (que parecerían indicar links a documentos adjuntos), son resaltados, sin más.

Hoy en España, criticar a una monja que critica el carácter falso de las instituciones de la Iglesia católica y su identificación con las estructuras de poder, es ser profundamente reaccionario, al servicio del poder. Teresa habla como individuo, ciudadano con pleno derecho a intervenir en la vida política del país. Teresa es una voz crítica de las autoridades de la Iglesia, y crítica de la estructura del poder existente en Catalunya y en España, siendo una de las voces más valiosas para todas las fuerzas progresistas democráticas. Las fuerzas progresistas necesitan voces, dentro de la Iglesia, que cuestionen el maridaje de dichas instituciones con el poder económico y financiero. Necesitamos voces críticas en todas las asociaciones e instituciones, que ayuden a las fuerzas progresistas en su dificilísima tarea de cambiar y revolucionar nuestras sociedades. Necesitamos médicos, religiosos, economistas y otros profesionales que cuestionen la sabiduría convencional en cada una de sus asociaciones e instituciones. Y Teresa nos enriquece a todas las izquierdas y a todas las fuerzas democráticas con su discurso y coherencia.

De ahí que deba denunciarse también a Sin Permiso por haber publicado tal panfleto, ofensivo en extremo, no solo a Teresa, sino a toda persona con conciencia democrática. Teresa es una persona de izquierdas, que las fuerzas conservadoras quieren silenciar. Sin Permiso debería diferenciar entre la crítica y el intento de cargarse a una persona (sea del color político que sea, pero todavía peor si es de izquierdas, la sensibilidad más discriminada hoy en Catalunya y en España). Sin Permiso no debería haber sido cómplice de tales prácticas antidemocráticas publicando este tipo de mezquindad. Las izquierdas no pueden permitirse que un instrumento tan valioso como Sin Permiso pierda su respeto y bien merecida estima con este repugnante caso de sectarismo. Las izquierdas necesitan debates serios, rigurosos entre distintas sensibilidades, con el respeto y camaradería que se debe a aquellos que luchan, en condiciones muy difíciles, para cambiar las realidades en que vivimos.


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