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Dominio público

Opinión a fondo

El fin de los centrismos

07 dic 2011
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Jordi Guillot
Vicepresidente de ICV
Ilustración de Mikel Casal

El PP ha obtenido la mayoría absoluta y acumula el mayor poder institucional de la historia de nuestra democracia. Los resultados socialistas son un desastre. Y el resto de las izquierdas obtenemos unos resultados positivos que nos permitirán tener el protagonismo necesario en este nuevo ciclo político que se abre en España, que será duro y doloroso socialmente. Frente a esta realidad, nuestras responsabilidades son: estar presentes en el conflicto social, participar en la elaboración de un discurso alternativo que explique la realidad, concretar programas y propuestas para la solución de los problemas y crear las condiciones que nos permitan recuperar la hegemonía y la mayoría social y política.

No podemos leer esta crisis con la misma mirada de las anteriores. Eran crisis duras, cortas e intensas, que provocaban retrocesos electorales de los partidos de gobierno y que eran sustituidos por otras mayorías. Y siempre en el marco de un abanico político muy estrecho que iba del centro-derecha al centro-izquierda. En los próximos años esta alternancia entre los centros ya no se dará. O vamos a peor, o a mejor, el más o menos como siempre ya no será la salida.

La crisis es estructural, global, cuestiona el sistema y el mismo modelo de crecimiento. Será larga. Y nada será igual después de ella. Esta crisis no se resolverá con las recetas de siempre, casi siempre compartidas –con diferentes acentos y sensibilidades– entre conservadores y socialdemócratas.

La idea dominante es que, en un escenario global, nuestras economías no son competitivas si tienen que soportar impuestos, Estado del bienestar y limitaciones sanitarias y medioambientales. Sobrecargas que en parte explican la deuda soberana. Su remedio es simple; eliminar los obstáculos a la competitividad y para ello nada mejor que los recortes. Europa, en lugar de exportar la sociedad del bienestar, importa la sociedad de la precarización.

El reto es, pues, construir una alternativa que dé esperanza, soluciones, y que convoque a los ciudadanos como protagonistas políticos. Para ello disponemos de los mimbres suficientes para empezar a construirla: la aparición de un movimiento de contestación social y cuestionamiento del sistema, que actúa horizontalmente, en red y a escala europea y global; junto con la recuperación de la izquierda política transformadora, hoy con mayor masa crítica.

¿Pero por dónde empezar?

La crisis ha abierto un gran debate sobre el sistema capitalista y las políticas neoliberales inherentes a este. Un debate en el que hay que participar y dar la batalla por la hegemonía de las ideas. Quien consiga convencer con su interpretación de la realidad, vencerá.

Definir y concretar alternativas. Dar soluciones a los problemas. El Movimiento 15-M ha recuperado las plazas como foros de debate y de propuestas. Escuchar y dialogar, juntos, para pasar de la certeza de lo que no se quiere a reivindicar lo que se quiere.

Aceptar que estamos en una etapa de conflicto. Las izquierdas debemos participar en él. Dar frente a cada ajuste, grande o pequeño, una batalla. Movilizar para resistir y concienciar. Ser más fuertes. O cambiamos la Ley Electoral, imposible con una mayoría del PP, o nos adaptamos a ella sin renunciar a su reforma. En estas elecciones generales ya se han producido alianzas electorales positivas y beneficiosas para sus protagonistas, pero aún queda mucho por hacer. Alianzas no sólo entre partidos, debemos buscar vías para la confluencia en apuestas comunes entre la sociedad movilizada y la organizada. Los partidos debemos darnos cuenta de que ha aparecido un nuevo protagonista, el 15-M, que no va a delegar en ninguno de nosotros su energía y credibilidad, y que ocupará una centralidad en el debate y la movilización muy superior a la nuestra. El encuentro sólo es posible si se da en las plazas y calles y de forma horizontal.

Recuperar la credibilidad de la política. Que no quiere decir, sólo, la de los partidos ni la de los políticos. Credibilidad recuperable creando marcos reales de participación ciudadana. La rutina democrática que arranca de la Transición está cuestionada. La democracia representativa se ha quedado corta. Los ciudadanos quieren participar y ni el voto ni los partidos políticos somos hoy canales de participación suficientes.

El principal frente político es y está en la Unión Europea. Una unión, hoy, políticamente muy diezmada y más mercado que nunca. La UE es uno de los principales escenarios en los que se dirimen las políticas y se toman las decisiones de salida de la crisis, por lo que sorprende aún más el escaso protagonismo del Parlamento Europeo. Conseguir que la UE no sea una fuente de problemas y sí un espacio de solución, exige intentar consensuar un programa de mínimos para una salida justa de la crisis entre los tres grandes partidos progresistas europeos; socialistas, verdes e izquierdas unitarias.

Es el fin de la historia para los centrismos. O retrocedemos hacia un capitalismo salvaje de la mano del populismo y el autoritarismo, o avanzamos en la construcción de un nuevo sistema basado en el control y sostenibilidad de la economía y la organización y ampliación de la libertad. Hoy tenemos la certeza de que el capitalismo financiero y especulativo es incompatible con los derechos ciudadanos y la calidad democrática. Esta contradicción insalvable pone fin al centrismo, el oportunismo y la moderación. Es el momento de la firmeza, la coherencia, la propuesta y la lucha.

Repensar la izquierda

09 mar 2010
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JORDI GUILLOT

03-09.jpgEl profesor Monedero define a las sociedades desarrolladas como sociedades con altos niveles de descontento y desconcierto, y yo le añadiría con izquierdas desorientadas. Estas tres “des” explican el auge del populismo de derechas. En España, hoy, todas las encuestas son favorables a los partidos de derecha. Esta es la cruda realidad con la que afrontamos el próximo calendario electoral. Hay que reaccionar. Sin despreciar los procesos de reflexión abiertos en los partidos, considero que debe emerger un nuevo protagonista; la izquierda difusa, es decir, los miles de hombres y mujeres que han militado en la izquierda y que se sienten hoy huérfanos de cualquier sigla, junto con gente, sobre todo joven, que, sin haber pasado por ninguna organización política, se siente comprometida con los ideales de la transformación social.
Sólo sabremos qué le pasa a la izquierda si conocemos lo que pasa en la sociedad y, a partir de este diagnóstico, construimos un proyecto de ilusión, confluencia y articulación de todos aquellos hombres y mujeres que se sienten identificados en la apuesta por el federalismo y la sostenibilidad social y ecológica. Debemos afrontar con decisión e imaginación múltiples retos. Para mí los más centrales son la crisis de lo colectivo –crisis previa a la desafección de la política– y la crisis económica, entendida esta como una crisis del modelo productivo imperante, insostenible social y ecológicamente. Si realmente queremos controlar la economía y organizar la libertad, el principal objetivo es recuperar la centralidad de la política.
Hablar hoy de España y de la izquierda necesaria es hablar de federalismo y ecologismo (o ecosocialismo o izquierda verde, tanto da el nombre si nos referimos a lo mismo, un proyecto de equidad social y sostenibilidad ecológica).
España es plural, pero para poder ejercer esta pluralidad es necesaria una propuesta federal para el Estado, propuesta que hoy brilla por su ausencia. La conflictividad territorial es una de las grandes victorias de la derecha, ya sea central o periférica, y uno de los grandes impedimentos en la formulación de causas comunes, que nos convoquen, sin distinción del origen territorial, en los procesos de reordenamiento del Estado español y en la construcción europea. Construir identidades propias laicas sólo es posible desde el federalismo. Reivindicar lo propio sólo es positivo desde el federalismo. Aportar solidariamente sólo es comprensible desde el federalismo.
Hay que incorporar el ecologismo como programa y como seña de identidad. Nunca he entendido las resistencias de ciertos sectores de la izquierda clásica a hacerlo. A lo mejor es por eso, por ser clásica. Los límites al desarrollo, la responsabilidad intergeneracional, los criterios de sostenibilidad, la alerta temprana respecto a los graves riesgos de infarto ecológico, cambio climático, el debate abierto sobre el decrecimiento, representan en su conjunto un nuevo ideario y un nuevo proyecto de sociedad. La propuesta del “green new deal” es hoy la única alternativa planteada para garantizar que el modelo económico poscrisis se oriente hacia un modelo sostenible. De avanzar hacia una economía libre del carbono. El fundamento de este “green new deal” es sencillo: utilizar el gasto público para impulsar la economía favoreciendo la inversión en nuevos sectores que protejan el medio ambiente, lucha contra el cambio climático y creación de nuevos trabajos verdes. Junto con el feminismo, el ecologismo ha sido una de las grandes revoluciones de la segunda mitad del siglo XX. Tomémoslo en serio, y más cuando en España existe un rico, complejo y combativo ecologismo social.
Es necesario hacer emerger nuevos protagonistas que expliquen de manera alternativa la realidad y ofrezcan nuevas soluciones a los viejos y nuevos problemas. En España, digan lo que digan los pesimistas, sinceros o interesados, hay la suficiente capacidad intelectual y energía social y política para poder salir de este marasmo. No podemos ni queremos resignarnos a quedar reducidos a las estrechas paredes de lo que hoy representan los partidos si no queremos, los que militamos en alguno de ellos, que las paredes se nos acaben cayendo encima. Hay que abrirse. Nuestra ambición debe ir más allá de nuestra viabilidad electoral. Hay que pretender liderar los debates presentes en nuestra sociedad en estos momentos de desconcierto y descontento. Hay que reorientarse.
Previo al qué hacer es el por dónde empezar. Creo que lo más sencillo y práctico es constituir una fundación que sea espacio de encuentro, reflexión y también de movilización. Convocar a todas las personas interesadas y darles voz y protagonismo. Una fundación de ámbito estatal integrada no por partidos, sino por personas a título individual. Y hacer girar la rueda, ampliando los espacios de debate y reflexión. Estoy convencido de que, si hay ideas, estas siempre encuentran la forma de organizarse.
Dicen que las crisis pueden ser oportunidades. Esta que padecemos, hoy por hoy, no lo es. Los mismos causantes de la crisis lideran su respuesta. Es nuestra responsabilidad hacer todo lo posible para que esto no sea así. Y para ello necesitamos soluciones y fuerzas. Y si no las tenemos por nosotros mismos, cosa bien evidente, hay que buscarlas fuera. Es por eso que es estrategia de ICV colaborar para articular el inicio de un espacio de debate, propuesta y articulación de lo que los italianos llamarían “il popolo di sinistra”, el pueblo de izquierdas.

Jordi Guillot es vicepresidente de ICV y senador

Ilustración de Iker Ayestaran

Un nuevo espacio para la izquierda

22 nov 2008
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JORDI GUILLOT

Pocos partidos del perfil de ICV participan hoy en Europa en gobiernos progresistas de coalición. A pesar de las dificultades que existen para el desarrollo de proyectos políticos de la izquierda transformadora, en la próxima asamblea nacional no vamos a incurrir en el error de este eterno interrogante sobre la viabilidad de nuestro espacio político. Hoy disfrutamos de un proyecto político bien definido y contamos con la masa crítica suficiente, tanto política como social, electoral y organizativa, para ser por nosotros mismos un sujeto político. En este último periodo, muchas cosas nos han ido bien. Seguramente, la más importante es el haber derrotado a CiU y conseguir en el año 2003 una mayoría de izquierdas en Catalunya después de 23 años de pujolismo, revalidada en 2006 con nuestro crecimiento electoral. Pero debemos también analizar aquello que no nos ha ido tan bien y corregir lo que sea necesario.

Lo más importante de este congreso es poner a debate los retos que debemos afrontar, como partido de lucha que hoy gobierna y en medio de una fuerte crisis económica que endurecerá la situación política. Para mí son cinco los grandes objetivos sobre los que deberíamos priorizar nuestros debates y sobre los que habría que conseguir el mayor acuerdo interno.

El primero es que, en los dos últimos procesos electorales, hemos visto cómo parte de nuestro electorado se abstenía, y también cómo perdíamos votos de forma continuada entre los sectores populares que viven en los llamados barrios metropolitanos. Estas son dos de las principales conclusiones de los análisis sobre los resultados de las pasadas elecciones municipales y generales. Por una parte, hemos dejado de gustar a sectores de nuestro electorado y tenemos problemas de visibilidad para sectores del electorado metropolitano.

Las razones se pueden reducir a dos; pérdida de credibilidad y utilidad para los sectores populares.
Por lo que respecta a la pérdida de credibilidad hay que reforzar la capacidad de comunicación de nuestra gestión y evitar errores. Pero la más importante, a mi entender, es la dificultad de construir un relato propio de nuestra acción de gobierno que tenga como primer destinatario la sociedad organizada desde un pensamiento alternativo, aquella de la que nos es indispensable su complicidad crítica, en esta nada fácil singladura de fuerza de gobierno.

Respecto a la utilidad para los sectores populares, no podemos ignorar que amplios sectores populares, marginados de los beneficios habidos en los años de crecimiento económico, están sufriendo con especial dureza la crisis. Nuestras políticas sociales, ecológicas y de género deben ser aún mucho más efectivas para la mejora de sus condiciones de vida y de trabajo.
Un segundo reto es el Gobierno de Catalunya. No es fácil para un partido como el nuestro estar en un gobierno a tres siendo la fuerza minoritaria. Somos plenamente conscientes de las dificultades de casar nuestro programa con los del PSC y ERC, pero somos aún más conscientes de la oportunidad histórica que representa para Catalunya, y me atrevo a decir para España, este gobierno de la izquierda plural.

El principal problema de hoy es la crisis económica. Es una crisis en toda regla del modelo neoliberal y a escala planetaria. Nos coge en uno de los peores momentos de la izquierda europea alternativa, sólo hay que ver la situación en Francia o Italia, por no hablar de España. Pero, a pesar de las dificultades, la crisis debe ser una oportunidad para relanzar un discurso de izquierdas y ecologista. Para realizar un esfuerzo de concreción de alternativas reales a la crisis, especialmente por parte de los partidos que gobernamos. Es el momento de demostrar que hay soluciones de izquierdas, que tengan como primer objetivo proteger a los sectores más vulnerables y apostar por un nuevo modelo económico que sea sostenible humana y ecológicamente.

Un tercer reto es repolitizar y reorganizar ICV. A pesar de que comparativamente con otros partidos de izquierda gozamos de una buena salud organizativa, debemos empezar a redefinir el significado de militar en un partido político. Una militancia reducida, en el mejor de los casos, a valorar lo bien o mal que lo hacen los dirigentes o cargos institucionales tiene muy poco atractivo. El objetivo debe ser dar protagonismo político al militante de base. Y para ello, en primer lugar, hay que recuperar el estímulo primario que justifica el militar en la izquierda, que es el de participar, estar atentos a los conflictos de todo orden presentes en nuestra sociedad. Para denunciarlos y reivindicarlos, para proponer soluciones y alternativas y, si se está en el gobierno, para solucionarlos.

El cuarto reto es abrir nuestras alianzas. En Catalunya, apostamos por ensanchar las fronteras de ICV, federándonos con las candidaturas municipales progresistas independientes (EPM) y reforzando nuestra coalición con Esquerra Unida (EUiA). Nuestra propuesta a nivel de Estado es ir articulando, poco a poco, un nuevo espacio político y conseguir liderarlo. Existe el PSOE, el PP y Galeuscat, es imprescindible articular el cuarto espacio de las fuerzas de izquierdas y ecologistas, que nos agrupe desde el respeto a la independencia de cada uno. Un espacio en el que cabemos todos y no sobra nadie, que articule la izquierda en España, cada vez más necesario tras la derechización de la presente legislatura.

Finalmente, el quinto reto es el de la renovación. Este será el último mandato de Joan Saura como líder de ICV. Debemos empezar ya en esta asamblea a crear las condiciones para que se consoliden los futuros liderazgos, y esto sólo es posible con la renovación.

Deseo un congreso que nos permita dar respuesta a los anhelos y necesidades de la gente. Estoy convencido de que, si somos capaces de dar alternativas reales, daremos esperanzas a los que nada tienen o lo están perdiendo todo.

Jordi Guillot es secretario general de ICV

Ilustración de Miguel Ordóñez

Un canon sin futuro

10 feb 2008
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JORDI GUILLOT

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La enmienda que presenté en el Senado, en nombre de ICV, contra el canon digital indiscriminado ha generado un debate que hace insoslayable que los programas de gobierno de los partidos para las próximas elecciones del 9 de marzo deban posicionarse sobre la cuestión del canon digital. Así como será imparable que en la próxima legislatura se debatan y modifiquen diferentes cuestiones que afectan a los derechos de autor y por extensión al canon digital. El debate surgido es la expresión clara del amplio rechazo que provoca la figura del canon digital indiscriminado, justificado por ley como compensación equitativa por copia privada, y el que esté gestionado por entidades privadas como la SGAE.

Creo que lo primero que habrá que revisar es el principio legal con el que se justifica el canon. La ley establece que los fabricantes, importadores y distribuidores de equipos, aparatos y soportes materiales idóneos para reproducir obras protegidas deben pagar a los autores y demás titulares de derechos de propiedad, aunque no sean utilizados para reproducir obras sujetas a derechos de propiedad intelectual. Un canon que se repercute en el precio de venta y pagan los consumidores. Éste es, a mi parecer, el primer error de la ley; gravar indiscriminadamente en vez de imputar el canon a lo que realmente se copia, que es la obra original. Es más razonable y justo que si voy a una tienda a comprar un CD de mi cantante preferido pague un recargo por derecho a copia que le irá destinado directamente a él y me parece del todo injusto tener que pagar un canon por comprar un CD virgen, que voy a utilizar para mi trabajo y que encima va a recaudar y redistribuir una sociedad privada de gestión de derechos de autor.

Un segundo aspecto duramente cuestionado es que un canon regulado por ley, o dicho de otra manera, un impuesto indirecto, lo recaude y repartan entidades privadas de gestión de los derechos de autor. Una delegación incomprensible por parte de los poderes públicos que no se produce en otros ámbitos. Como incomprensible es que por ley se delegue a un acuerdo entre las entidades de gestión de derechos de propiedad intelectual y las asociaciones de fabricantes de soportes digitales la cuantía del canon (acuerdo imposible que luego deben establecer o pactar los ministerios de Cultura y de Industria, como si fueran las instancias administrativas de los intereses de ambos sectores; es surrealista).

Un tercer aspecto es la evidencia de que el actual canon ni evita la piratería ni los males que afectan a nuestra creatividad e industria cultural. Respecto a la piratería, creo que de no existir este canon compensatorio habría más interés en perseguirla. Los instrumentos legales para realizarlo existen, sólo falta la voluntad. Algunos parece que estén más preocupados en utilizar la piratería como justificante del canon que no como realidad que hay que denunciar y perseguir. Tampoco el canon es la solución a los problemas de la cultura. El apoyo a la creatividad y a la industria exige políticas públicas más decididas y con mayores recursos que sólo pueden provenir de los presupuestos de las administraciones.

Y un cuarto y último aspecto es que el futuro inmediato del negocio de la música y audiovisual pasará cada vez más por soportes tecnológicos cada vez más inaprensibles en los que la figura del canon les servirá de poco para proteger los derechos de autor. El futuro apunta más a los creative commons y al copyleft que a los actuales patrones.

El canon genera un amplio rechazo social, sólo hay que ver la cantidad de firmas recogidas por la plataforma Todos contra el canon. Su crítica proviene de amplios y distintos sectores, que no creo que participen en ninguna conspiración anticultural. Con el mismo sentido común con que se defiende el derecho de autor, se afirma que el actual canon no puede ser la solución, y para ello proponía en la enmienda darnos un año para discutir y consensuar nuevas soluciones. La enmienda no fue aprobada, pero el debate se ha producido y seguirá imparable, y la revisión de la figura de un canon indiscriminado recaudado y distribuido por las sociedades privadas de gestión de derechos de propiedad intelectual se realizará más pronto que tarde, en la próxima legislatura. Las nuevas soluciones que se planteen para la remuneración de los incuestionables derechos de autor deberán contar con una aceptación social que el canon indiscriminado no tiene, y una gestión transparente que hoy no tiene.

ICV, por su trayectoria coherente en la defensa de los derechos de autor pero de oposición al actual canon digital, tiene legitimidad para pedir el voto de los internautas. No creo que el PP tenga esta legitimidad, puesto que tarde y mal se suma a una enmienda que no era suya, después de haber votado a favor del canon en la tramitación de la reforma de la Ley de Propiedad Intelectual, en 2006.

Jordi Guillot es secretario general de ICV

Ilustración de Enric Jardí

Gaspar Llamazares

04 nov 2007
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JORDI GUILLOT

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Estos próximos días se realizarán, en Izquierda Unida, las elecciones primarias para elegir al candidato a la presidencia del Gobierno. Los hombres y mujeres de Izquierda Unida deberán elegir entre dos candidatos: Marga Sanz, auspiciada por el PCE, y Gaspar Llamazares, coordinador federal de IU y presidente del grupo parlamentario de IU-ICV en el Congreso de los Diputados. No me corresponde, como miembro de ICV, entrometerme en los procesos internos de IU, pero sí que tengo el derecho y la obligación de opinar de todo aquello que nos afecta, como por ejemplo el balance de los trabajos del grupo parlamentario que IU e ICV hemos compartido en esta legislatura, o sobre el futuro de nuestras relaciones en las Cortes Generales, que obviamente no tienen por qué ser las mismas que ahora. Porque es evidente que en este proceso de primarias de IU se está valorando la legislatura y por extensión esto nos afecta, ya que decidimos juntar nuestras suertes parlamentarias con el acuerdo de 2004. Es fácil de comprender que ICV no va ha permitir que le hagan su balance de legislatura desde estancias externas ni en procesos ajenos.

Gaspar Llamazares ha sido un magnífico presidente de grupo parlamentario. Su personalidad serena y seria, junto con su inteligencia política y experiencia, nos han permitido convivir en un mismo grupo, en el Congreso, a dos organizaciones que partíamos con una historia reciente de conflicto y ruptura. Su liderazgo parlamentario no sólo nos ha sido cómodo a la gente de Iniciativa per Catalunya Verds, sino que nos ha permitido un trabajo útil, desde una lógica de izquierdas y ecologista. No me equivoco si afirmo que hoy Gaspar es también un referente para los hombres y las mujeres de ICV. La defensa de políticas sociales y ambientalistas y la capacidad de incidir en el Gobierno han permitido que leyes tan importantes como la de dependencia, la ley orgánica universitaria, la de educación, para la igualdad efectiva entre mujeres y hombres, y la de matrimonios homosexuales tengan un mayor acento de izquierdas.

Por el contrario hemos denunciado, algunas veces en solitario, las políticas fiscales de este Gobierno de cariz claramente neoliberal, o la insuficiente atención a cuestiones tan importantes como la lucha contra el cambio climático o la inversión en infraestructuras ferroviarias. Si la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, hubiera hecho caso en 2005 a las propuestas de Joan Herrera de invertir en los servicios de Cercanías de Barcelona, nos hubiera ahorrado este lamentable vía crucis que sufren los usuarios de tren en Catalunya y hoy no sería cuestionada su competencia al frente de este ministerio.

La izquierda catalana federalista tampoco puede olvidar el apoyo que dieron Gaspar y la mayoría de IU al proceso del Estatut de Catalunya. Estatuto que en su larga y conflictiva tramitación se vio sometido a un continuo fuego cruzado de la derecha del PP, sectores del PSOE y algún que otro de IU, entre otros muchos.

De bien seguro, uno de los proyectos de ley más emblemáticos de esta VIII legislatura en el que la impronta de IU-ICV se puede reconocer con mayor nitidez es en el proyecto de ley de la memoria histórica. Si uno compara el texto inicial presentado por el Gobierno del PSOE con el texto final remitido al Congreso, cualquier comparación es vana. El PSOE, tanto en la redacción inicial como en todo el proceso de diálogo para consensuar el proyecto de ley, ha mantenido una posición vergonzante, defensiva y restrictiva en la defensa de esta ley que tiene como primer objetivo restituir la dignidad de la lucha antifranquista.

El balance de Gaspar Llamazares y del grupo parlamentario es bueno. Su relación con el Gobierno de Rodríguez Zapatero se ha movido siempre entre la capacidad de influir en una lógica de izquierdas y ecologista, o la denuncia cuando esto no ha sido posible. En una legislatura tan importante y en la que han pasado tantas cosas como la actual, IU-ICV ha sido capaz de dejar una huella y de imprimir un marchamo propio con solo cinco diputados y diputadas. Es por ello que no comparto bajo ningún concepto la crítica que se realiza al grupo parlamentario de seguidismo respecto al PSOE. La encuentro injusta y negativa.

Estar en un proceso electoral interno no justifica que nadie tire por la borda esta magnífica labor de IU y de ICV. Tampoco es demasiado inteligente desdeñar un capital político como el que representa Gaspar Llamazares.

En 2004, firmamos, con IU federal, un acuerdo para las elecciones generales que hemos cumplido lealmente en todos sus términos. Habrán sido cuatro años de trabajo en común, positivo y fecundo. Una labor no tan solo parlamentaria, que ha permitido acercar a ambas organizaciones y poder ir superando las heridas que dejó en IU e ICV la ruptura de 1997. Todo esto ha sido posible gracias a dos factores: el acuerdo existente en Catalunya con EUiA y la decisión y empeño de Gaspar Llamazares en abrir una nueva etapa de relaciones y colaboración con Iniciativa per Catalunya Verds.

Para nosotros, el balance es positivo. Seguir trabajando conjuntamente e ir ampliando este espacio con las organizaciones de izquierdas ecologistas y territoriales presentes en el Estado español para ICV no es ningún problema, todo lo contrario. Retroceder a la situación de conflicto sí es un problema. Izquierda Unida tendrá que optar en la disyuntiva que plantea un viejo refrán chino: “Si quieres ir rápido, ve solo; si quieres llegar lejos, ve acompañado”. Para llegar lejos y acompañado, la mejor opción es, sin duda alguna, Gaspar Llamazares.

Jordi Guillot es secretario general de ICV