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Dominio público

Opinión a fondo

Construir la alternativa

08 ago 2011
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JOSÉ LUIS CENTELLA

Vivimos tiempos en los que la democracia sufre la agresión de los mercados, que la invalidan y la convierten en un instrumento al servicio de sus intereses, transformándola en una democracia secuestrada. La especulación y la acumulación de beneficios de unos pocos vencen al desarrollo sostenible y la juventud más formada y preparada de la historia vive peor que la generación anterior, sin perspectivas de encontrar un trabajo estable y remunerado.
De esta manera, el neoliberalismo trata de dejar sin efecto las conquistas políticas y sociales conseguidas durante años de lucha por las libertades políticas, sociales y económicas en España. En la práctica, el bipartidismo imperfecto (PSOE-PP más CiU y PNV), a través de un consenso no escrito, ha asegurado unas reglas que permiten una alternancia permanente en el poder para asegurar que el núcleo de las políticas neoliberales pactadas en Bruselas, junto con el atlantismo y la monarquía, no sean puestos en peligro.

Plantear un cambio de esta situación necesita forzosamente del protagonismo activo de las personas trabajadoras y de todas las organizaciones sociales interesadas en disputar la hegemonía al bipartidismo. Por ello, la movilización que empezó el 15 de Mayo tiene la gran virtud de representar muchas cosas y a mucha gente a la vez, y hacerlo sin necesidad de uniformidad o de sometimiento a un pensamiento uniforme.

Tenemos la necesidad de romper con un estado de cosas heredado de una Transición incompleta, que la mayoría no vivió, y a la que, además, se le explicó mal y con demasiadas trampas. Romper con un estado de cosas que representan una separación de poderes contaminada por una Justicia que no ha roto con el régimen anterior, un sistema electoral diseñado en 1977 para mantener un bipartidismo imperfecto que dejara sin influencia a un potente Partido Comunista, con un distanciamiento entre las instituciones y el pueblo que blinda un sistema social y económico al servicio del gran capital.

Pero el 15 de Mayo también representa una movilización contra una forma de afrontar una crisis que no sólo es económica, sino que afecta a todo el sistema, porque cada vez es más evidente que este sistema social, económico y de valores, no da respuesta positiva a las necesidades de gran parte de la ciudadanía, porque ese no es su objetivo. Su principal motor es asegurar el beneficio de una minoría –los banqueros y los grandes capitales especulativos– y para ello no dudan en vaciar de contenido la ya débil democracia que tenemos. Dejando sin capacidad de decisión a los parlamentos y los gobiernos, las decisiones importantes de la economía se toman en el FMI, el BM o el Banco Central Europeo por quienes ni son elegidos “democráticamente” ni tienen que dar cuenta de sus decisiones, eso sí, tomadas desde lujosos hoteles de 3.000 euros la noche y que ostentan salarios insultantes.

Por todo esto, en Izquierda Unida creemos que es el momento de convocar a la ciudadanía para construir la alternativa, con mayúscula. Se trata de propiciar la participación y la implicación de lo más dinámico de la izquierda social, sindical, cultural y política para elaborar colectivamente una alternativa en el más amplio sentido de la palabra “programa”. Una alternativa a la actual forma de afrontar la crisis, que parta desde abajo, desde los centros de trabajo y desde cada pueblo, hacia arriba; que consiga la convergencia de la izquierda organizada –la que se movilizó en la huelga general, la que se moviliza en las calles y plazas de toda España– en torno a un programa participativo, que defienda la regeneración democrática de la vida política, la justicia social para que la crisis no la paguen los más débiles, la recuperación de la cultura como un instrumento de realización del ser humano, que apueste por el fortalecimiento del sindicalismo de clase y el protagonismo de los movimientos sociales.

Esta convocatoria social pretende dar la palabra y la capacidad para decidir a la ciudadanía desde la base, porque desde el sectarismo, la exclusión o el recelo no se pueden impulsar las revoluciones que se necesitan para hacer frente al intento de implantar la dictadura del capital, luchando en lo concreto, frenando las miles de injusticias que provoca diariamente esta crisis, empezando por evitar los desalojos de quienes no puedan pagar la hipoteca, recuperando la moral de victoria y la confianza en que un pueblo unido jamás es vencido, o recuperando aquel fantasma que en el siglo XIX recorría Europa y que hoy debe recorrer todo el planeta proclamando aquello de “Proletarios de todo el mundo, uníos”.

Algunos nos dirán que somos antiguos, pero lo antiguo es la explotación de unos seres humanos por otros: hoy lo hacen en nombre del dios Mercado, como ayer lo hacían en nombre de la Revolución Industrial, que necesitaba sacrificios de los trabajadores. Todo, o casi todo, está inventado. Lo malo es que, a la vez, casi todo, o todo, estaba olvidándose. Hasta que una multitud de gente ilusionada, combativa, con la fuerza que dan las ganas de cambiar las cosas lo empezó a desempolvar un 15 de Mayo. Ahora hay que impedir que nuestras contradicciones lo estropeen, porque en esta lucha cabemos todos, eso sí, sin dioses, reyes, tribunos e ilustrados que nos quieran dirigir, para conseguir aquello tan viejo de que todo cambie para que todo siga igual.

José Luis Centella es secretario general del PCE y secretario de Acción Política de IU
Ilustración de Diego Mir

Malditas guerras

28 mar 2011
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JOSE LUIS CENTELLA GÓMEZ

La decisión del presidente Zapatero con el apoyo de la mayoría de grupos parlamentarios, desde el PP hasta Iniciativa Per Catalunya, nos han involucrado en la cuarta guerra no declarada en los últimos diez años, una guerra que como las anteriores se desarrolla casualmente en un territorio con importantes recursos naturales.
En esta ocasión se nos quiere convencer de que estamos en una situación radicalmente diferente de las anteriores guerras, para justificar unas acciones bélicas que vuelven a situar a España del lado de los agresores. Por ello es necesario poner algunas cosas en su sitio, al menos para que la opinión publica no oiga sólo un argumentario y tenga elementos diferentes con los que formar su juicio.
Para empezar se dice que de lo que se trata es de frenar un genocidio, pero la realidad es que se ha rechazado la mediación de un grupo de países que, como Brasil, pretendían explorar una vía pacífica para la resolución del conflicto. También se nos dice que las acciones militares no buscan la eliminación de Gadafi, pero se bombardea su residencia.

Se nos dice que se actúa en función de un mandato de Naciones Unidas, pero se oculta que las acciones militares de la coalición están sobrepasando claramente este mandato, que se limita a conseguir una zona de exclusión aérea y no autoriza agresiones a poblaciones y el citado bombardeo de instalaciones como el palacio de Gadafi, ni mucho menos el apoyo militar a una de las partes en conflicto.
Se nos dice que se quiere evitar una masacre en Libia mientras se mira para otro lado cuando la violencia la cometen regímenes amigos, o cuando se mantiene la ocupación ilegal del territorio palestino por Israel o se atropella al pueblo saharaui.

Es evidente que los intereses de EEUU y de sus aliados no son ni mucho menos los anunciados, que la liberación del pueblo libio nada les importaba cuando recibían a Gadafi con todos los honores, le entregaban las llaves de oro de Madrid con la presencia de todos los grupos municipales menos el de IU, o cuando recibían regalos y celebraban fiestas en su honor; está claro que sólo el control del petróleo mueve esta acción en la que los ciudadanos libios son meras piezas en un tablero que se mueve desde la OTAN.

Quienes defendemos un orden internacional basado en la cooperación y la solidaridad entre pueblos nos rebelamos contra una organización militar como la OTAN, que representa el dominio de los poderosos y que impone la lógica de la fuerza militar sobre la lógica de la búsqueda de la solución pacífica de los conflictos.
No se trata de buscar similitudes o diferencias entre las guerras de Afganistán, Irak o Libia, sino de preguntarnos por qué no se han agotado las vías de negociación, por qué no se ha dado un margen de tiempo para que Gadafi cumpliera el acuerdo de la ONU. Se trata de preguntarnos a dónde nos lleva el camino iniciado, porque está claro que la OTAN y el Pentágono no suelen quedarse a mitad de camino cuando inician una agresión.

Con toda seguridad, las respuestas a estos interrogantes nos llevarían a la necesidad de dar salida a la industria de armamentos –resulta curioso, por cierto, lo fácil que aprueban los altísimos gastos que supone nuestra participación en la guerra y lo difícil que es conseguir que se aprueben políticas de gasto social–, a la intención de realizar una acción que haga patente el dominio de la OTAN sobre una zona en ebullición popular como aviso a los pueblos que planeen otro camino “hacia la democracia” que no sea el que decida la Casa Blanca, el FMI o la OTAN, y sobre todo, como ya he dicho, al objetivo de apoderarse de los recursos naturales, en este caso del petróleo.

Por todo ello considero que esta guerra no responde ni a los intereses del pueblo libio, ni a la necesidad de cambios en esa zona del mundo, ni mucho menos al deseo de conseguir un mundo más pacífico, sino todo lo contrario. Por ello la oposición a la guerra de Libia cobra el sentido de resolver los problemas mediante mecanismo pacíficos; y tiene el objeto de apoyar la necesidad de que la OTAN no sea quien determine la democracia a desarrollar en ningún país del planeta, y tiene la fuerza de la solidaridad con todos los pueblos que luchan contra el imperialismo.

En consecuencia, es un no a la guerra que denuncia la sumisión de un presidente del Gobierno que ha pasado de no levantarse al paso de la bandera de EEUU como protesta por su belicismo a ponerse de rodillas ante la bandera de la OTAN iniciando una acción militar. Y, sobre todo, es un sí a la paz que defiende la necesidad de apoyar el derecho de los pueblos a ser dueños no sólo de su destino político, sino también del disfrute de sus riquezas naturales actualmente expoliadas por las grandes potencias.

José Luis Centella Gómez es Secretario General del Partido Comunista de España

Ilustración de Yankelevich

La alternativa republicana

27 nov 2010
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JOSÉ LUIS CENTELLA

Cuando el PCE convocó su I Conferencia Republicana, que se celebra hoy, algunos amigos bienintencionados nos preguntaron por qué, “con la que está cayendo”, nos metíamos a discutir sobre la República, cuando deberíamos hablar solamente de la crisis y cómo salir de ella. Nuestra contestación fue que, precisamente “con la que está cayendo”, ahora que sufrimos una profunda crisis económica, financiera, energética, medioambiental, de valores, de civilización, es cuando tenemos que plantear una acción global, y por ello nos proponemos hablar de la opción republicana como una fórmula que permitiría resolver mejor los problemas que tenemos que afrontar en la España actual.

Para ayudar a la salida conservadora de la crisis, en la que
coinciden el Gobierno y la derecha política y económica, se recortan libertades y derechos democráticos con el fin de que sean unas oscuras leyes del mercado las que nos gobiernen, y para facilitar esta tarea se ha blindado un modelo de Estado monárquico y bipartidista. No es casual que el propio monarca se haya implicado personalmente en forzar el consenso en torno a la salida conservadora de la crisis.
El PCE considera que existe una censura por parte de los grandes poderes sobre el debate monarquía-República. Cuando desde el partido nos marcamos el objetivo de la III República, lo hacemos con la voluntad de avanzar hacia una alternativa global al actual sistema que nos ha llevado a la mayor crisis de la historia reciente de España. En función de este objetivo, hacemos una serie de precisiones:

En primer lugar, queremos subrayar que la Primera y la Segunda República son para nosotros referencias históricas indispensables para marcar el hilo conductor del pensamiento republicano, como lo es también recoger y actualizar aquellas propuestas que sirvan para este siglo XXI. Pero, sobre todo, queremos afirmar que la mayor parte de nuestro esfuerzo debe dedicarse al hoy y al mañana. La Segunda República supuso un grito de libertad y la consecución de un anhelo de justicia que trataba de romper con siglos de sumisión y oscurantismo. Fue conquistada por el pueblo de forma pacífica tras las victorias de las candidaturas republicanas en las elecciones municipales, y el 14 de abril de 1931 una marea humana llenó las calles y plazas de los pueblos y ciudades de España, generando ilusión y esperanza.
En segundo lugar, la República no es simplemente una forma de Estado que se caracteriza esencialmente por hacer electiva la jefatura del Estado en vez de que esta sea hereditaria; es mucho más que eso, aunque esa condición de elegibilidad sea imprescindible. La República es una concepción de Estado caracterizada por unos determinados principios, valores, contenidos, funcionamiento institucional y vinculación a la realidad social de la cual emana como representación libremente consentida. En consecuencia, la República no es otra cosa que el marco económico, social, político, cultural e institucional del que los ciudadanos y ciudadanas se dotan libremente y por el que se consienten para afrontar los problemas y sus soluciones. Para ello planteamos unos ejes que conforman nuestra propuesta republicana:

Asegurar que todos los recursos del Estado se pongan al servicio del interés general, que la economía esté al servicio de la persona en lugar de poner a la persona al servicio de la economía, y, sobre todo, que permita una justa distribución de la riqueza.
Defensa de los derechos humanos, entendidos en su sentido más amplio, denunciando que la Declaración Universal de los Derechos Humanos ha sido mutilada, deformada, en beneficio del desarrollo del capitalismo. Consideramos que los derechos humanos, o se cumplen en su totalidad, o son una trampa para imponer el dominio de una minoría sobre los intereses de la mayoría.

Democracia radical que haga al ser humano ciudadano en su sentido más amplio en lugar de consumidor, a que lo condena el actual modelo de democracia de baja intensidad, y que permita la participación de las trabajadoras y trabajadores en la planificación de la economía.
Un Estado laico, en el que el papel de cualquier Iglesia o creencia se circunscriba claramente al ámbito privado.
La paz: un objetivo, un camino, una cultura, un aprendizaje, un derecho y un deber.
El protagonismo de la educación, la investigación y las virtudes cívicas que deben conformar los derechos y deberes ciudadanos, así como el funcionamiento de las administraciones públicas: austeridad, rigor y primacía de lo público.
Un Estado federal en una Europa federal.

El proyecto republicano no debe ser encasillado en función de la terminología referida a espacios en el espectro político. Pretendemos darle a nuestra propuesta una entidad que la haga accesible y llamativa, ligándola a lo concreto, a los problemas reales de la mayoría de población, porque la propuesta de República consiste en la reforma económica, social, política e ideológica y en la introducción de nuevos valores en la situación real. En este contexto, el PCE se manifiesta a favor de la unidad de un movimiento republicano que cada día cobra más fuerza entre los ciudadanos, especialmente entre la juventud, y quiere contribuir a la movilización ciudadana para que esta sea una alternativa democrática a la realidad existente, una alternativa que debe ser conformada, desarrollada y apoyada por el mayor respaldo ciudadano. La República no viene; se trae construyéndola. Esta es la tarea a la que quiere convocar el PCE desde su Conferencia Republicana.

José Luis Centella es secretario general del PCE.

Ilustración de César Vignau

Alternativa a la crisis

25 ago 2010
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JOSÉ LUIS CENTELLA

Las medidas que está desarrollando el Gobierno del PSOE para afrontar la crisis no solamente son antisociales y contrarias al interés general, sino que están llamadas al fracaso, ya que, en lugar de poner en valor la lucha contra el fraude fiscal –cumpliendo los anuncios de eliminar los paraísos fiscales, recortar los grandes salarios y controlar los grandes beneficios de la banca como medidas para superar el déficit–, opta por otras medidas dirigidas a que los mas débiles paguen el déficit y sufran una salida de la crisis. Algo que va a generar más desempleo al reducir el consumo y crear más incertidumbre social.

El Ejecutivo no plantea ninguna medida que pueda recaer sobre los verdaderos causantes de la crisis, que, como todo el mundo sabe, son la banca y las grandes empresas constructoras que han propiciado un urbanismo especulativo que el propio Zapatero señalaba como causante de la crisis. Como tampoco plantea actuaciones tendentes a la creación de empleo.

El Gobierno de Zapatero propone medidas dirigidas exclusivamente a que seamos las trabajadoras y los trabajadores quienes paguemos la crisis, primero con la reforma laboral y ahora con una pretendida subida de impuestos. Estamos ante un Gobierno que ha pasado de no saber qué hacer, a uno que asume las tesis del capitalismo más salvaje y saca del cajón las viejas recetas fracasadas del Fondo Monetario Internacional, que han sido las verdaderas causantes de la terrible crisis del capitalismo que estamos sufriendo.

Hace tan sólo un año y medio el Ejecutivo acudió con más de 80.000 millones de euros en ayuda de la banca y ahora asistimos a la paradoja de que los rescatadores, los gobernantes, son rehenes de los rescatados cuando ingentes cantidades de euros y dólares han ido en su ayuda a cambio de nada.

A pesar de las declaraciones del Gobierno sobre el cambio de modelo e incluso de salida social a la crisis, la realidad es que hoy en España no se ha dado ni un solo paso efectivo en ese sentido. Los datos indican que la productividad en España es superior a la danesa e italiana, y similar a la alemana, y en todo caso es la que mas ha subido en los países de la UE. Además, tiene un tercio del salario ligado a complementos de productividad, pero se sigue utilizando la necesidad de desregular el mercado laboral como principal receta.

Frente a esta situación, planteamos la necesidad de la unidad de la izquierda para construir una alternativa a la crisis que empiece por reivindicar el valor del trabajo como base de la recuperación de la economía, como elemento generador de riqueza, frente a la especulación como base del enriquecimiento de unos pocos. Y como no estamos hablando de frases hechas desde la demagogia, tenemos que dejar claro que nuestro objetivo es la creación de empleo y el desarrollo de un Estado en el que todo ser humano tenga plenos derechos sociales, y que toda la economía se pliegue a estos objetivos.

Para ello es necesario también plantear una lucha ideológica, una batalla cultural que recupere los valores de la solidaridad y lo colectivo como elementos para hacer frente a la crisis, y dignificar la actuación política desde la recuperación de la ética civil, de lo que llamamos democracia republicana.

Por ello, es importante que las fuerzas de la cultura se impliquen en esta batalla de las ideas para impedir que se imponga un pensamiento único sustentador de la explotación y el colonialismo. Y frente a quienes plantean la salida de la crisis en función de la recuperación del beneficio empresarial, valoremos los resultados de la política del Gobierno en función de la creación de empleo y del avance en los derechos sociales y laborales, para ello planteamos algunos elementos básicos a desarrollar:

1) Situar la consecución del pleno empleo como primer objetivo de toda la política económica, para lo que es fundamental la apuesta por el sector público como motor de la creación de empleo.

2) Universalizar los derechos sociales por ley, lo que significa que hay que dotar de fondos a las políticas sociales.

3) Proponemos desarrollar los servicios públicos.

4) Crear una banca pública que plantee el interés publico en la economía por encima del bancario.

5) Que los trabajadores participen en la planificación de la economía y en el control de las empresas en una democracia participativa frente a quienes quieren situar en los bancos centrales, que no tienen ningún control ciudadano, la dirección de la economía.

6) Reforma fiscal que obtenga el dinero para financiar la salida social de la crisis, la creación de empleo y la universalización de los derechos sociales buscándolo donde realmente está, en manos de la banca y de los grandes capitales. Una reforma que persiga realmente el fraude fiscal y termine con la economía sumergida.

7) Apostar por la defensa de un modelo de desarrollo sustentado en la sostenibilidad ambiental que parta del cambio de la política energética.

8.- Reformas legales para frenar la corrupción, acabar con los paraísos fiscales y regenerar la vida política y empresarial.

Lo importante en estos momentos para la izquierda es demostrar que existe una alternativa real y posible para que la crisis no la paguen los débiles y que a la vez se convierta en una ocasión para cuestionar todo el sistema. Y defender no sólo la necesidad de cambiar de política y de políticos, sino también la posibilidad y la necesidad de cambiar de sistema. No es fácil, porque el sistema está destinando todos sus esfuerzos a ocultar y silenciar a quienes opinan diferente, o a manipular las realidades que evidencian que no sólo otro mundo es posible, sino que existe la posibilidad de construirlo aquí y ahora.

José Luis Centella es secretario general del Partido Comunista de España.

Ilustración de Mikel Casal.

Alternativas al capitalismo

07 nov 2009
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 JOSÉ LUIS CENTELLA

dominio-07-11.jpgLa tozudez y contundencia de los datos demuestran la cruda realidad que sufre la mayoría de la población como consecuencia de la peor crisis del capitalismo en muchos años. En España, este otoño nos deja más de cuatro millones de parados, de los que 1,2 millones son de larga duración y con más de un millón de hogares en los que no entra ningún tipo de ingreso. Estas cifras contrastan con los cientos de millones de euros que el Gobierno del PSOE ha regalado, para tapar sus “agujeros”, a una banca que en plena crisis ha ganado más de 6.000 millones de euros mientras sigue negando prestamos a las familias y a las pymes.

En esta situación, nos encontramos con un Gobierno que presenta unos Presupuestos que no sólo no cambian el modelo de desarrollo que nos ha llevado al desastre, sino que son pactados con la derecha nacionalista renunciando a una salida de izquierdas a la crisis, porque el PSOE se niega a plantear medidas realmente progresistas en el terreno fiscal o aumentar significativamente las inversiones públicas.
Desde el Partido Comunista tenemos claro que quienes nos han llevado a esta situación de crisis –de forma muy especial el Partido Popular y sus políticas liberalizadoras, un modelo de desarrollo basado en el pelotazo urbanístico, la especulación financiera–, quienes se hacen valedores del sistema capitalista, no pueden sacarnos de una situación que ha provocado precisamente este sistema.

El neoliberalismo globalizado no tiene la voluntad de satisfacer las necesidades básicas de millones de seres humanos; el sistema capitalista no ha sabido o, mejor dicho, no ha querido resolver los problemas de la humanidad.
Por ello es necesario un cambio de modelo de desarrollo, un cambio de valores; en definitiva hace falta un cambio de sociedad. Por ello, desde el PCE, frente a la crisis del capitalismo planteamos propuestas que avancen hacia una sociedad socialista.
Hablar de construcción del socialismo en Europa en el año 2009 puede hoy parecer irreal, ilusorio, pero si pensamos lo que nos habría sucedido hace pocos años si planteamos la posibilidad de que un líder indígena gobernara Bolivia o que en la Latinoamérica llena de dictaduras militares y en pleno liberalismo salvaje se llevaran a cabo procesos claramente de anticapitalistas de poder popular, seguro que nos habrían tomado por locos.

La realidad es que hablar hoy de Socialismo, con mayúsculas y sin complejos, no sólo es posible, sino, sobre todo, empieza a ser creíble. Hablar hoy de una banca pública que ponga sus recursos al servicio de la comunidad, o plantear una planificación de la economía para evitar la rapiña que hemos sufrido en los últimos 15 años, hablar de recuperar un sector público potente que genere empleo sin buscar el pelotazo y que mejore y amplíe los servicios públicos, es simplemente plantear una salida a la crisis diferente a la que se plantea desde el PSOE, y radicalmente enfrentada con la que propone el PP, que es plantear directamente una salida de la crisis en la que los más débiles sean los beneficiados.

Una salida donde la palabra solidaridad cobre su verdadera dimensión, porque se basa en una justa distribución de la riqueza y plantea un modelo de sociedad en la que la justicia social sea el objetivo fundamental de la economía. Una salida que rechace un orden internacional basado en la sumisión de la mayoría de la población mundial a los intereses de unas multinacionales que provocan guerras para apropiarse del control de la energía o mantienen al continente africano sumido en guerras fratricidas, hambre y miseria para poder rapiñar sus materias primas.

Denunciamos la vergüenza que supone ver cómo resoluciones de las Naciones Unidas contra el bloqueo de Cuba por EEUU aprobadas por más del 90% de los países miembros son despreciadas. Que contemplan impasibles las agresiones de Israel contra el pueblo palestino, sometido durante décadas a una lenta limpieza étnica, o no obligan de una forma efectiva al Estado marroquí a cumplir la legalidad internacional y convocar el referéndum de autodeterminación para el Sahara Occidental.

Por eso los comunistas afrontamos este XVIII Congreso mirando hacia el futuro, implicándonos al máximo en la refundación de Izquierda Unida como referente de la izquierda anticapitalista y republicana. Pero, sobre todo, lo afrontamos con el objetivo de fortalecer una propuesta socialista para la España de inicios del siglo XXI. Lo hacemos en primer lugar situándonos en condiciones de dar a la lucha contra la crisis una dimensión transformadora y, en segundo lugar, dando la batalla ideológica frente al predominio de los valores del sistema capitalista. Ya que la primera derrota de la izquierda no ha sido la electoral, sino la que se desprende de la sustitución entre los trabajadores y trabajadoras de los valores de la solidaridad y lo colectivo por los del individualismo insolidario, haciendo del ser humano un consumidor en todos los ámbitos de la vida; el capitalismo más salvaje ha ganado una batalla.

Desde una cierta perspectiva histórica, la recuperación del PCE es una esperanza para quienes confían en que la recuperación de la izquierda en España es la única manera de evitar que la actual situación de crisis económica sea una excusa para dar una nueva vuelta de tuerca en la explotación de los más débiles, para eliminar derechos sociales y para aumentar los beneficios de unos pocos. Por eso, de este XVIII Congreso que celebramos, saldrá un PCE activo, visible con clara vocación de avanzar hacia el Socialismo y comprometidos con lo mejor de la tradición de unidad que nos enseñaron Pepe Díaz y Pasionaria.

José Luis Centella es  secretario de Política Autonómica de IU y candidato a la Secretaría General del PCE.

Ilustración de Mikel Casal