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Dominio público

Opinión a fondo

ETA interviene desesperadamente en campaña

08 mar 2008
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JOSÉ LUIS SANCHÍS

03-08.jpgA punto de terminarse la campaña electoral más democrática y más interesante de las celebradas hasta ahora, ETA ha intentado condicionar el final de la misma con un burdo remake del 11-M. Un asesinato del estilo más cobarde contra un trabajador vasco que ocupó una concejalía en el Ayuntamiento elegido en 2003 y que ni siquiera llevaba escolta.

Este crimen es probablemente una venganza contra el Estado o una reacción mafiosa desesperada contra los innumerables golpes que las fuerzas policiales y la justicia ha dado a los etarras en los últimos años y meses.

Para los 35 millones de electores a los que se ha dedicado una larga, variada y novedosa campaña, que ha implantado para siempre los debates electorales en televisión, no se ve qué pinta este acto más propio de un delincuente que de un grupo terrorista en fase terminal, repudiado socialmente y acosado por la justicia y las fuerzas policiales.

Las reacciones de la consolidada democracia española la víspera del día de reflexión está siendo la propia de una sociedad de excelencia política: la solidaridad del líder popular con los socialistas y la oferta de unidad; la consternación serena del presidente José Luis Rodríguez Zapatero que ha reiterado su voluntad de liderar la lucha de todos contra esta anormalidad anacrónica en una España moderna, integrada en Europa y que ocupa un puesto destacado en el mapa político mundial.

La Federación de Municipios ha programado las manifestaciones en todos los ayuntamientos del Estado el próximo lunes, después de haber terminado la tarea más importante de la celebración de la fiesta principal de la democracia. Los medios de comunicación han reflejado esta unidad de los demócratas que no puede ser afectada en sus actividades trascendentales del día de las votaciones generales por un burdo intento de alterar la normalidad de nuestra vida con la muerte de uno de los nuestros.

Dolor es lo que ha producido la muerte de Isaías Carrasco, por él mismo, un hombre bueno, por su mujer María Ángeles y sus tres hijos. Y por la gran familia de todos porque el vil asesinato es un conato de atentado contra España, contra la sociedad entera.

Este hecho impactante y absurdo puede ser el revulsivo definitivo para la condena social generalizada contra la existencia y el mismo concepto de ETA, también de la sociedad vasca, sin excepción significativa. En el peor momento, de la forma más inoportuna, nos ha afectado desagradablemente y puede haber sido el último o uno de los últimos atentados que nos hará crecer y ser más fuertes en una democracia como la española, plural y diversa en su geografía política, en su diversidad cultural, consolidada después de una ejemplar transición y una práctica de la alternancia.

Todas las ideas caben y se defienden en la política española, pero no tiene sentido ni objetivo racional alguno este intento esquizofrénico de luchar con ataques de alimañas que salen de sus madrigueras para atacar en forma vil y execrable.

El Gobierno ha reaccionado con el propósito de acabar con ETA lo antes posible y a partir de la noche del domingo, el Gobierno propiciado por la decisión popular tendrá el mismo propósito ya que debemos considerar un antes y un después de este absurdo atentado incomprensible e incomprendido. El ahora y el después será la unanimidad de pensamiento y acción contra la supervivencia de los últimos asesinos enloquecidos y desesperados de un banda que tuvo en otros tiempos un importante apoyo social y que nos llevó en un pasado cercano que parece ya lejano de desunión en la táctica de lucha contra este residuo de un pasado extraño.

El domingo, 26 o 27 millones de españoles iremos a votar, elegiremos nuestros representantes, ellos elegirán al nuevo presidente de Gobierno y la democracia continuará su habitual y ya rutinario diario de bitácora teniendo, entre otras muchas responsabilidades importantes, el terminar con este residuo odiado de nuestro pasado.

José Luis Sanchís es asesor empresarial en imagen y comunicación, consultor político y director de campañas electorales

Ilustración de Álvaro Valiño

9-M. La participación será decisiva

06 mar 2008
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JOSÉ LUIS SANCHÍS

03-06bis.jpg

Por qué es tan importante la participación en la votación del próximo domingo? ¿Por qué una baja participación favorece al Partido Popular y un alto porcentaje de participación favorece al Partido Socialista? Principalmente por un fenómeno constante en las elecciones anteriores confirmado por los estudios demoscópicos y sociológicos: la participación del electorado del PP se acerca al 100 por ciento en cada ocasión con un grado de seguridad casi absoluto. En el caso de los electores de centro izquierda la participación no está asegurada y es necesario que se movilicen para votar.

Durante la precampaña los sondeos dieron unánimemente una ventaja de unos cuatro puntos al PSOE. Al comienzo de la

campaña el barómetro del CIS y la mayoría de las encuestas apuntaron a un empate técnico que se rompió a favor del PSOE tras el debate de Solbes y Pizarro, aumentó después del primer debate de Rajoy y Zapatero y parece haberse consolidado tras el segundo debate.

Sin embargo se ha acusado al Partido Popular de fomentar la abstención mientras que Zapatero y el Partido Socialista piden insistentemente que se vaya a votar masivamente. Su último eslogan es Vota con todas tus fuerzas. Y es que la participación puede hacer perder esa ventaja que lleva el PSOE e incluso dar la victoria al Partido Popular, aunque lleven toda la razón los sondeos. Porque la condición para que se cumplan las previsiones es un porcentaje importante de participación.

En los siguientes gráficos se pueden observar las claves de la participación y su influencia segura en los resultados de votos y escaños en seis tramos posibles de una escala que va de menos del 67 por ciento hasta más del 76 por ciento de participación. Dicho de otra forma, desde una abstención inferior al 25 por ciento a una superior al 33 por ciento.

En el primer gráfico pueden verse los diferentes resultados en votos de acuerdo a los diferentes tramos de participación.

Gráfico 1
Está claro que, con una participación superior al 75 por ciento, el PSOE podría llegar a los 12 millones de votos, mientras que con una participación del 70 por ciento no llegaría a los 10 millones de votos. Por el contrario, el PP se mantiene en alrededor de los 10 millones y medio de votos cualquiera que sea el porcentaje de participación. Con esa cantidad de votos garantizada el PP ganaría al PSOE con una participación inferior al 70 por ciento ya que los socialistas, con ese porcentaje de participación o menor no conseguirían 10 millones de votos. Una abstención superior al 30 por ciento haría perder a Zapatero 2 millones de votos, los suficientes para que Rajoy ganara con sus 10 millones de votos asegurados de antemano, cualquiera que sea el nivel de abstención.

El segundo gráfico muestra los resultados en escaños de acuerdo a porcentajes de participación.

Gráfico 2
Pueden observarse seis tramos que responden a seis niveles supuestos de participación. En una mirada global se ve una franja central de un 70-71 por ciento de participación en el que se daría la posibilidad de que el PSOE ganara en votos y el PP ganara en escaños.

A la derecha se ven dos tramos: uno, con un porcentaje de participación entre 71 y 75 por ciento con la que ganaría el PSOE con menos de 16 escaños de ventaja sobre el PP. La mayoría absoluta del PSOE, muy improbable, exigiría una participación superior al 76 por ciento.

A la izquierda del punto caliente central se ven dos tramos, uno responde a un porcentaje de participación entre 70 y 67 por ciento que supondría la victoria del PP en votos y en escaños. Finalmente, con una participación inferior al 67 por ciento, el Partido Popular podría acercarse a los 176 escaños y la mayoría absoluta en el Congreso.

José Luis Sanchís es asesor empresarial en imagen y comunicación, consultor político y director de campañas electorales