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Dominio público

Opinión a fondo

Pecados posmodernos

13 mar 2008
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JUAN VARELA

03-13.jpgLa Iglesia se moderniza para competir con las grandes religiones y revoluciones del presente. Busca sitio en el mercado de las verdades, los códigos y las satisfacciones. Necesitada de fortaleza, autoridad y presencia se lanza sobre nuestro tiempo ampliando la lista de pecados. Viejo reflejo. Y lo hace en su versión más posmoderna, a través de los pecados sociales.

Nuevos mandamientos: no manipularás la genética, no te drogarás, no especularás social y económicamente.

El obispo Gianfranco Girotti, director del Penitenciario Apostólico, anunciaba en L’Osservatore Romano las nuevas formas del pecado social, las peores faltas contra el prójimo.

Con los nuevos pecados el catolicismo se convierte a la posmodernidad, a la vida líquida de Zygmunt Bauman siempre en busca de la identidad, y se actualiza para la guerra de culturas que hoy se vive con las diferentes ofertas, religiosas y de otros credos, que encandilan a unos y otros. La ecología como nuevo credo salvador global. La biogenética como gran revolución científica capaz de hacernos entrar en la era poshumana y antropotecnológica avizorada por el filósofo Peter Sloterdijk. Y las drogas, los paraísos artificiales sustitutivos del eterno descanso y que distraen la conciencia del hombre de la revelación de Dios.

Los nuevos pecados no sólo son sociales, apuntan a las peores amenazas contra el pensamiento universal del cristianismo y sus monopolios metafísicos. La Iglesia católica reacciona más tarde que otras religiones. Ha visto el enorme poder de seducción de la lucha contra esos pecados lograda por el islam, por los nuevos cristianos evangélicos americanos o por los grupos católicos más fundamentalistas y opuestos a la modernización de la vida, la doctrina y la norma.

Pero la Iglesia cae en la trampa del relativismo, el peor enemigo denunciado repetidamente por el papa Benedicto XVI. Los anunciados nuevos pecados no son tan fáciles de deslindar como el no matarás. ¿Cuándo se empieza a pecar con la droga? ¿Y cuánto de rico se puede ser sin condenarse? ¿Toda la investigación genética está condenada? ¿Son pecaminosos los ansiolíticos cotidianos?

Respuestas para un canon necesariamente flexible. Tanto que los nuevos pecados podrían llamarse pecados líquidos, por emplear la etiqueta más famosa del orden moderno.

La Iglesia siempre ha sido flexible. Los viejos diez mandamientos dejan un gran ámbito de interpretación. Ahí anida el poder del confesor.

Sospecha: el pecado de los más ricos de Forbes no será igual al de otros plutócratas ni la adhesión al vino y a ciertas sustancias eufóricas tampoco condenará de la misma forma a todos los pecadores.

Si los enemigos de otros tiempos fueron la Ilustración y el liberalismo, la Iglesia condena hoy la globalización, único orden que puede enfrentar y socavar el orden cristiano. Los dos tienen un pecado común: su déficit democrático.

Y como en la expulsión de los mercaderes del templo o la condena de la avaricia, la Iglesia del poder temporal y los fastos cardenalicios arremete ahora contra los especuladores del capitalismo global. La condena de la Iglesia recuerda a la de Joseph Stiglitz en su libro Cómo hacer que la globalización funcione. El Nobel también se queja de la codicia de las grandes corporaciones y su crimen ecológico.

Pero la creatividad capitalista ya ha encontrado remedio a su pecar: la responsabilidad social corporativa y la nueva filantropía. Esas prácticas de superestrellas de los negocios y el poder como Bill Gates, George Soros o Bill Clinton. Liberales comunistas, les han llamado. Ahora podrán ser además devotos cristianos.

Decía Pascal que “los estados perecerían si no se hiciese plegar a menudo las leyes a la necesidad, pero nunca la religión ha sufrido eso ni lo ha usado”. El Vaticano hipermoderno lo desmiente.

En esa condena de la pecaminosa globalización la Iglesia arrumba los años de la teología de la liberación, tan castigados y perseguidos por Ratzinger cuando era el guardián de la doctrina como jefe de la Santa Inquisición.

Demasiado relativismo.

James Lovelock estará contento. El Papa ya se confesó verde el año pasado, cuando admonizó a los poderosos sobre los peligros del cambio climático y el calentamiento global. En el pecado de atentar contra el planeta hay un pequeño reconocimiento del imperialismo ecológico del humanismo cristiano.

Por ahora nada sabemos de si la energía nuclear es pecaminosa o si los problemas del sur de Italia con la basura precisarán de bula.

Los verdes ya pueden rezar y enviar a los grandes contaminantes al confesionario además de continuar su lucha contra los atentados ecológicos. George W. Bush y los neocons, abanderados de la contaminación irresponsable, ya pueden refugiarse en algún credo más acomodaticio. Lo hay, el gran mercado norteamericano nunca falla.

Los dueños de Google, el muy filantrópico Warren Buffet o Amancio Ortega de Zara ya pueden correr a por la salvación de hinojos. Afortunadamente, monseñor Girotti ha reafirmado que la penitencia redime.

“El pecado es una palabra, un pensamiento, un acto, un deseo o una omisión contrarios al plan de felicidad que Dios tiene para el hombre”, dice el catecismo. Pero los hombres andan a la búsqueda de otras felicidades sin esperar los
designios divinos.

La sociedad secular debe estar atenta. La religión se expande sobre todo lo humano. Primero fue el islam, imponiendo sus deberes sobre la vida cotidiana, le siguieron los fervientes evangélicos y ahora anda la Iglesia de Roma acomodando su canon.

Muchos piensan que la moral religiosa ayuda la ética civil para mejorar a los ciudadanos. Pero la religión es ambiciosa. Los pecados de hoy marcan una política, un modelo de sociedad y de futuro en el que todos, más allá de los creyentes, tenemos algo que decir.

Juan Varela es periodista y autor del blog www.periodistas21.com

Ilustración de Iván Solbes 

Más ciberdemocracia para la campaña

20 ene 2008
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JUAN VARELA

ciberdemocracia.jpg

El equipo del presidente José Luis Rodríguez Zapatero contesta propuestas de los ciudadanos en su web electoral La mirada positiva. El de Mariano Rajoy publica cada día en su perfil en FaceBook si trabaja en Génova, si se ha ido a casa o está comiendo. Gaspar Llamazares anuncia en su blog las novedades de la campaña y por ahora es el único de los candidatos nacionales que escribe una bitácora.

Los medios digitales se han unido para reclamar un debate electoral en Internet y YouTube, el portal de vídeo líder en el mundo, se lanza a la campaña con la fórmula de You Choose (Tú eliges) después de su éxito en Estados Unidos, donde los candidatos demócratas y republicanos contestan a los electores.

Los políticos se lanzan a Internet y las redes sociales pero ninguno de los dos principales candidatos españoles contesta directamente a los internautas. La política en Internet sigue muy separada de la real pese a que la política está en la Red. Las políticas de Internet empiezan a estar entre los temas de campaña cuatro años después de que la movilización de las multitudes inteligentes a través de sms, blogs y foros de Internet jugara un papel esencial en la victoria de Zapatero.
“No al canon digital” es la propuesta ciudadana más votada en la web de Zapatero. La campaña electoral arrancó al mismo tiempo que el Congreso aprobaba definitivamente la impopular medida. Y la Red estalló. Con 767 votos es la propuesta estrella, seguida por la petición de más recursos para la educación pública y la despenalización de las drogas blandas.

El equipo socialista reaccionó y en su promesa de contestar algunas propuestas defendió la implantación del canon. Democracia directa al estilo de la segosphere, la campaña participativa de la socialista francesa Ségolène Royal.

El equipo del PSOE ya había experimentado con la comunicación directa con los ciudadanos y las propuestas participativas, votadas por los propios internautas, en la campaña a la alcaldía de Madrid de Miguel Sebastián. El candidato socialista no ganó, pero fue el más presente y activo en Internet.

La web electoral de Mariano Rajoy se estrenó con un contador de los días que quedaban para suprimir el canon. Guiño a los internautas para arrancar la campaña. El no a Gallardón para entrar en las listas ha reventado la placidez y los elogios continuos para Rajoy en FaceBook o en los foros de Voluntarios Populares.

El PP experimenta lo difícil de controlar la política y la participación en Internet, donde la democracia deliberativa se ha desarrollado con más fuerza que en ninguno de los medios conocidos.

El programa electoral del PSOE es el que recoge más iniciativas sobre la sociedad de la información y las nuevas tecnologías. Ahora se centra en avanzar en el voto por Internet. Para cerrar la legislatura, el Gobierno aprobó dominios .es gratis para los menores de 30 años y amplió los objetivos del Plan Avanza, el contenedor de proyectos de nuevas tecnologías e Internet de la legislatura.

Rajoy propone la creación de una Agencia de Propiedad Intelectual para cumplir su promesa de reformar el canon y la gestión de los derechos digitales, y un plan nacional “para alcanzar la plena penetración de las Tecnologías de la Información y las comunicaciones en la vida de las personas”.

Sin noticias por ahora en el programa de Izquierda Unida.

Y con Internet, la videocracia. A los ciudadanos les atrae la participación y la libertad de la política en Internet. A los partidos, también. Para ellos libertad es saltarse el filtro de los medios y hacer llegar sus mensajes a la opinión pública sin límite.

Y la imagen sigue siendo su principal arma.

Por eso YouTube y las redes de vídeo son tan importantes. La política está en el vídeo porque la “la revolución no será televisada”, dijo Joe Trippi, asesor de Howard Dean e inventor de las modernas campañas políticas en Internet.

Después vendrían los debates de Ségolène con sus simpatizantes, las peroratas del británico David Cameron en la cocina de su casa o las charlas de Hillary Clinton desde el salón.

Los políticos españoles han aprendido poco. Sus vídeos en Internet son ruedas de prensa, mítines y telepropaganda.

La videocracia es un lugar donde el acto de ver suplanta al de discurrir, como ha dicho Giovanni Sartori. Aunque también puede recordar y hacer pensar, como ocurrió con los pioneros de Hai que botalos, los cortos en Internet en protesta por el Prestige que tanto daño hicieron a Manuel Fraga en Galicia.

Howard Dean lanzó su campaña internetera porque no tenía dinero para la televisión. Tener la televisión asegurada limita mucho la pasión por la Internet política.

El 24% de los norteamericanos ya se informa de la campaña por la Red, casi el doble que en 2004 (datos de Pew Internet). Y para el 42%  de los menores de 30 años es su principal medio de información sólo por detrás de la televisión.

La brecha digital es generacional. En España, también. Por eso los partidos están tan interesados en Internet: uno de los pocos lugares donde encontrar a los jóvenes.

¿Aceptarán los nativos digitales una ciberpolítica muda y sorda y tan parecida a la de siempre?

Es el desafío de la ciberdemocracia. Conseguir que la política en Internet mejore la tradicional. Sólo así una política 2.0, de participación, permitirá llegar incluso a otra política 3.0, el sistema operativo de la globalización, donde los ciberciudadanos se convierten en filtro público y activistas a través de la participación y el debate en red. Donde la movilización es rápida y sin necesidad de organización ni jerarquías. Un tejido de espacios comunes donde los ciudadanos se agrupan para causas concretas en coaliciones frágiles, pero con alto poder de difusión viral.

O todo quedará en un nuevo interfaz para la democracia de siempre.

Juan Varela es periodista. Autor del blog www.periodistas21.com

Ilustración de Mikel Jaso