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Dominio público

Opinión a fondo

SOS de la cooperación española

10 feb 2012
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Leire Pajín
Diputada y exministra de Sanidad, Igualdad y Políticas Sociales
Ilustración de Mikel Casal

La reducción de cerca de un 40% de los fondos destinados a la cooperación española y la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD), respecto al presupuesto de 2011, pone en peligro al sector de la cooperación internacional y el trabajo desplegado en los últimos años por Organizaciones No Gubernamentales de ayuda al Desarrollo (ONGD) y las instituciones del Estado, incluyendo comunidades autónomas, diputaciones provinciales, cabildos y ayuntamientos, que presentan también recortes del 14% en su conjunto. Esta decisión envía un mensaje al exterior que no se corresponde con el sentir de solidaridad que suele manifestar la sociedad española y castiga a los más pobres entre los pobres del planeta.

El recorte de 900 millones de euros de AOD es brutal por sus dimensiones, por la falta de comunicación y porque sólo responde a principios económicos sin valorar objetivos, prioridades ni criterios de planificación de la cooperación al desarrollo internacional. Olvida el compromiso de España con la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio y rompe el consenso político y social sobre el hecho de poder alcanzar la aportación del 0,7% de la Renta Nacional Bruta (RNB) en AOD para 2015.

Debemos interpretar este tijeretazo como una mera decisión contable e irreflexiva que desvela la sensibilidad tosca del Gobierno y el escaso compromiso de la política y la acción exterior del presidente Mariano Rajoy. Esta decisión será también ineficaz para defender nuestros intereses en otras regiones del mundo y en los organismos internacionales, y se inscribe directamente en el ámbito de la irresponsabilidad.

El informe sobre política y recomendaciones en materia de AOD de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE) reconoce que España, hasta el año 2009, encabezó el esfuerzo presupuestario y fue vanguardia en las reformas y en los avances de su política de ayuda al desarrollo. Señala como muy positivo el camino iniciado de reducción del número de países receptores, el aumento de la desvinculación de la ayuda y el incremento de su concentración en países menos desarrollados. Avances que deben consolidarse para que nuestra AOD siga siendo el referente de calidad y eficacia de estos últimos años.

La cooperación internacional al desarrollo es una política y una prioridad de Estado. Es sincero reconocer que se había iniciado una tendencia descendente en los últimos años, pero el recorte actual y su falta de planificación no tiene muchos precedentes. Debemos dejar claro que, de igual manera que se ha fijado un techo de endeudamiento, debemos marcar el horizonte de alcanzar la inversión en cooperación al desarrollo del 0,7% de la RNB y, lo que es más importante, respetar y hacer cumplir las prioridades y objetivos pactados por ONGD y grupos parlamentarios en esta legislatura, teniendo en cuenta el contexto de crisis. Sería un error estratégico empobrecer o abandonar nuestros programas orientados a la educación, la igualdad de género, la salud y especialmente la seguridad alimentaria; sobre todo, en un contexto previsible de hambrunas, migraciones y mayores desigualdades.

En épocas de crisis económica, cuando los recursos públicos se reducen, la apuesta inteligente y justa es priorizar. Marcar las prioridades de forma clara y transparente, siguiendo criterios que respondan a la reducción de la pobreza y no a otros intereses, evitando que la reducción de AOD vaya acompañada de pérdida de calidad de la misma, dispersión o condicionalidad.

Debemos mantener los ejes estratégicos para garantizar una ayuda predecible, evitar decisiones aleatorias y garantizar una coherencia en las políticas de desarrollo. Es ahora más necesario que nunca el papel del Consejo de Cooperación y del Consejo Interterritorial para marcar una hoja de ruta conjunta y consensuada y para no tomar decisiones aisladas que agraven aún más la situación de nuestra cooperación internacional.

La crisis económica y financiera internacional, unida a las crisis alimentarias, sanitarias y el cambio climático, hacen prever que se eleven los riesgos globales y que nos enfrentemos, en el corto y medio plazo, a situaciones no deseadas de hambrunas, pobreza y exclusión social. Por ello, las políticas cortoplacistas son sólo paliativas y no inciden, como las de largo alcance, en la raíz de los retos que lastran el avance de los derechos y la seguridad humana en el mundo.

Las amenazas y las oportunidades de España para las próximas décadas no procederán sólo de nuestro país, sino que vendrán mayoritariamente del exterior. Las políticas de desarrollo responden a una forma de entender y de estar en el mundo, pero también son eficaces para garantizar nuestra prosperidad. ¿Alguien sensato puede imaginar la viabilidad de Europa, más allá de la reducción de su déficit y de su crecimiento económico, si la brecha de desigualdad se ahonda con el Mediterráneo sur y el África subsahariana? De nada servirá reducir el déficit y estimular el crecimiento europeo si no va acompañado del desarrollo de otras regiones y países, y de una política de vecindad más amplia.

La prosperidad y el desarrollo sólo pueden entenderse de manera global e inclusiva, pues, de lo contrario, los desequilibrios y las injusticias se volverán contra nosotros. Reconocer estos principios e integrarlos en la política de Estado de cooperación internacional son exigibles a este Gobierno, que ha hecho saltar todas las alarmas solidarias y el SOS de la cooperación española.

Decisiones difíciles

23 may 2010
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LEIRE PAJÍN IRAOLA

Todavía no somos conscientes, pero llegará el momento en el que los sucesos de estas últimas semanas se estudiarán en las facultades de Económicas. Algunos hablan ya de semana negra. Cuesta recordar una concentración tan importante de malos registros económicos.
Los ataques especulativos ponían en jaque a la moneda única, y las bolsas se vieron arrastradas a una espiral bajista. El euro, la moneda que utiliza gran parte de los europeos en su vida diaria, sufría la mayor amenaza de su historia. Como ha manifestado recientemente la canciller alemana, Europa afronta estos días el desafío más grande desde la firma del Tratado de Roma.
Esta es la realidad que ha condicionado el comportamiento político de la mayoría de los estados. De hecho, una vez más se ponía de manifiesto el carácter global del problema al que nos enfrentamos. Una vez más, los problemas globales necesitaban respuestas globales y concertadas. Había que reaccionar y había que hacerlo cuanto antes.
España, como país que asume la Presidencia europea, tomó la iniciativa. A los tres días de reunirse con urgencia los jefes de Estado y de Gobierno del Eurogrupo, el Gobierno dio la cara ante los ciudadanos y expuso ante el Congreso de los Diputados un paquete de medidas con el objeto de acelerar la reducción del déficit. No se trataba de ser los primeros, de ponerse medallas. Había que actuar con decisión y hacerlo rápido. La situación era tan grave que cada día de demora, en este nuevo escenario, suponía un riesgo añadido.
Algunos vieron en la actuación del Gobierno una imposición de Europa. Lo que para todos los estados miembros fue una acción concertada, para el principal partido de la oposición en España fue la respuesta improvisada a una obligación. ¿Improvisaron también el resto de países que esta semana han presentado medidas en el mismo sentido? Francia ha reducido la oferta pública de empleo al 50%; Irlanda ha propuesto una rebaja de los salarios de los funcionarios entre el 5% y 15%, en el mismo sentido que Portugal e Italia. ¿Improvisamos todos? Los organismos internacionales creen que no.
Llevamos tiempo diciendo que el exceso y falta de límites del modelo económico de las últimas décadas no era sostenible. No sólo era necesario hacer ajustes, sino reformar todo el sistema.
En el programa socialista de 2004 defendíamos la necesidad de una reforma de las instituciones financieras internacionales, y previo a ello, en 2002, presenté en el Congreso de los Diputados una iniciativa en esta dirección. Cuando España entró en el G-20, defendió una regulación en el mismo sentido. Y sólo hace unos meses, en el último Congreso del Partido Socialista Europeo (PSE), se adoptó el acuerdo de Europeos por una Reforma Financiera, que fijó la implantación de un peaje financiero en nuestra agenda política.
No ha sido fácil. Una parte muy importante de los ciudadanos viene sufriendo en los dos últimos años la crisis económica. Por ello, pedirles más esfuerzo y sacrificio no es sencillo para un Gobierno.
Se ha pedido un mayor esfuerzo a aquellas personas a las que la crisis no ha golpeado con el desempleo; en cambio, sí se ha hecho a aquellas que han mantenido su puesto de trabajo, que tienen estabilidad en los ingresos e, incluso, que han revalorizado su sueldo año a año. No todos pagan con el mismo esfuerzo.
Es cierto que pedimos un esfuerzo colectivo, pero nuestros principios y valores ponen los límites. España entera debe apretarse el cinturón. Esta es la realidad. Lo hacen los pensionistas y funcionarios, pero también, y en primer lugar, el Gobierno y los responsables políticos, las comunidades autónomas, los ayuntamientos, los empresarios y las familias. Igualmente se pedirá un esfuerzo solidario a los que más tienen. Que nadie tenga la menor duda. Ha sido en esta legislatura donde se ha aprobado la reforma de la ley Beckham y cuando se ha aprobado la subida de la tasa por rentas de capital.
Los mismos principios y valores que impulsaron durante la pasada legislatura el incremento de las pensiones, el salario mínimo (un 30%), de la cuantía de las becas (80%), de la ayuda a la dependencia; los mismos principios y valores que defendieron las políticas de igualdad, el compromiso con el medio ambiente, el esfuerzo por la cooperación y el desarrollo; los mismos principios que nos hicieron apostar por un cambio en el modelo productivo, son los que hoy nos llevan a tomar las medidas que acaba de aprobar el Gobierno.
No hemos abierto ningún paréntesis. Seguimos defendiendo los principios de la unidad de Europa y por eso luchamos por preservar su futuro. Seguimos defendiendo los principios de la solidaridad, y por eso excluimos del esfuerzo a quienes sabemos que han sido golpeados más duramente por la crisis. Seguimos defendiendo los principios de la igualdad, y por eso pedimos un esfuerzo colectivo.
Entendemos que haya gente que no esté de acuerdo. Tan difícil ha sido tomar la decisión de aprobar las últimas medidas como entender el porqué de este paso y en este momento. Nuestra sociedad está tan madura para asumir estas medidas como para exigirnos contundencia en la necesidad de que todos asumamos parte equitativa en este esfuerzo. Todos, también los que más tienen. Será así. Tendremos que decidir cuándo y ser inteligentes para elegir la fórmula. Que nadie dude de que será así.

Leire Pajín Iraola es secretaria de Organización del PSOE

Ilustración de Iker Ayestaran

Respuestas políticas pendientes

15 nov 2009
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LEIRE PAJÍN

11-15.jpgEl año 2009 pasará a la historia como el de la primera crisis financiera global. La peor en 60 años. Se han derrumbado muchos símbolos del neoliberalismo económico. Se deshace un modelo que parecía inquebrantable. La mayoría de los gobiernos han tenido que concertar sus políticas para evitar lo peor. Pero hubo comportamientos y declaraciones paradójicas que habrá que recordar, porque aquellos que más defendían la no intervención del Estado fueron los primeros en reclamar su intervención cuando cayeron sus negocios. Entonces, se necesitaban respuestas que frenaran el primer golpe y, lo más importante, que sustenten el futuro.

Mientras se desplomaba el sistema financiero también lo hacían las economías familiares. La economía real, cuyo horizonte es el fin de mes, busca ahora soluciones en la política. Se han tomado medidas, pero muchos ciudadanos siguen desconfiando de la política como instrumento eficaz para solucionar sus problemas. Seguramente porque, además de ser más exigentes en época de crisis, algo absolutamente normal, asisten perplejos al espectáculo que están ofreciendo algunos políticos que hacen un uso despreciable de la política. No es bueno para nuestro país. No es bueno para nuestra democracia que, tras un año en el que España ha sufrido uno de los envites más feroces que se recuerdan, aparezcan los políticos en las encuestas como uno de los principales problemas.

En algo nos estamos equivocando todos; no estamos aquí para eso. Estamos para recordar y defender que la democracia participativa es la mejor forma de Gobierno que ha habido a lo largo de la historia. Y para que la democracia funcione necesita de los partidos políticos. También de todas las instituciones democráticas y eficaces. Y de leyes justas y transparentes. Así como de miles de servidores públicos que a diario construyen y hacen que exista el Estado de Derecho. Por supuesto, también necesita medios de comunicación libres y responsables.

Pero sin duda los políticos debemos ser mucho más exigentes al afrontar los problemas de la gente, de ejercer un servicio público. La realidad cambia a un ritmo vertiginoso y exige adaptarnos a cada momento. Hoy, nos enfrentamos a la destrucción de empleo, también al malestar ciudadano. Debemos recuperar ambos y generar confianza. Los socialistas vamos a dedicar toda nuestra energía a esta tarea. Debemos ser más exigentes con nuestros sistemas de prevención y lucha contra la corrupción, recordando también que en estos cinco años, la Fiscalía anticorrupción ha desempeñado una labor profesional excepcional.

Al comienzo de las dificultades, el Gobierno puso en marcha el Plan E, que activó más de un centenar de medidas para incrementar la liquidez e incitar la demanda. Un plan pensado para ayudar a las familias, las empresas, para generar empleo y modernizar también nuestra economía. El Plan E amortiguó el golpe. Unas medidas fueron más efectivas que otras, eso es innegable, pero el Fondo de Inversión Local, el incremento de las líneas ICO-Pymes y otras para sectores estratégicos, como el de los automóviles, han dado resultados que desaceleraron la destrucción de empleo.

Sin embargo, hoy son muchas las familias que tienen a alguno de sus miembros en paro, son muchas las empresas, emprendedores y autónomos que pasan dificultades y que arriesgaron todo su talento y esfuerzo e intentan continuar su tarea. No son buenos datos y no podemos conformarnos porque, pese algunos buenos resultados, no es suficiente.

Dedicamos todo nuestro esfuerzo a salir de la crisis, pero no nos sirve cualquier camino. Debemos hacerlo sin que nadie quede abandonado a su suerte. Ese es el sentido último de nuestra política, por el que dedicamos más del 50 por ciento de los Presupuestos para gasto social. Porque no sólo debemos salir adelante, sino que debemos hacerlo todos juntos.

El mayor reto ahora es sentar las bases de un nuevo modelo económico y de crecimiento, más allá del innegable peso de la construcción. Un modelo que mejore nuestra competitividad y que genere empleos más estables. En otras palabras, ladrillo, el que sea preciso, pero no sólo ladrillo. Un modelo más eficaz y más sostenible. Se han dado pasos desde 2004, incrementando un 174% la inversión en investigación, los recursos destinados a educación han crecido año tras año; las energías renovables, en cinco años, han duplicado la potencia instalada. Innovación e investigación es futuro y juntas tienen que formar parte del ADN del nuevo modelo, de lo contrario fracasaremos.

Aprovecharemos nuestra participación por primera vez en el G-20 para construir ese modelo, de acuerdo al consenso internacional. Desde este escenario impulsaremos nuevos horizontes que llevan tiempo esperando y a los que España no debe renunciar. Es imprescindible iniciar la voladura controlada de los paraísos fiscales; es irrenunciable alcanzar los objetivos del Milenio; es ineludible la lucha contra el cambio climático.

No será fácil. Todos los cambios estructurales llevan tiempo y muchos obstáculos que superar. Son muchos y poderosos los que quieren que nada cambie. Precisamente son los mismos que no sufren las consecuencias de la crisis. Es un momento decisivo. No hay espacio ni para operaciones de maquillaje ni para manos de barniz. Debemos y vamos a ser exigentes con las necesidades del momento que nos ha tocado vivir y eso conlleva un gran esfuerzo colectivo. El Gobierno en primer lugar.

También el resto de administraciones. Y toda la sociedad debe tomar conciencia de que es ahora o nunca. El camino será largo y difícil, pero merece la pena recorrerlo. Otras generaciones lo hicieron antes que la nuestra para hacer posible un país como el que tenemos hoy. Ahora nos toca a todos.

Leire Pajín es secretaria de Organización del PSOE

Ilustración de Enric Jardí

La generación de ‘La bola de cristal’

30 oct 2007
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 LEIRE PAJÍN IRAOLA

30-10-07.jpgLos hombres y mujeres que nacimos entre la muerte del dictador Franco y la victoria socialista del 82 dibujamos una generación que consciente o inconscientemente pertenece a un espacio de tiempo. Nos sabemos parte de una época única en la historia de España, que ha conformado mucho más nuestra identidad que la ciudad en la que nacimos o cualquier otro factor. De los 30 años de democracia hay niveles de desarrollo económico y social y derechos de ciudadanía que son exclusivos de esta etapa.

Gracias a los hombres y mujeres que lucharon previamente para hacer posible la democracia, somos la primera generación que nace y vive sin interrupciones en un escenario y eso coloca el pie de página de nuestra identidad, define las bases de lo que somos. Somos de esta época y eso es nuestra patria primera. Para quienes nos identificamos con un modelo de interpretación política de la realidad basado en valores de justicia social, nos sentimos más identificados con conceptos incluyentes de ciudadanía que con patriotismos excluyentes, y nos emocionamos cuando en las instituciones ondean banderas sociales; ha sido sencillo pensarnos socialistas. Lo somos por todo eso, poniendo en valor los ciclos de transformación que han supuesto los capítulos de Gobierno socialista.

De la victoria del 82 –entonces vivía en Euskadi, donde había nacido años antes– recuerdo la alegría de mi familia, una alegría de antiguo, con la forma de un sueño cuando se cumple, de vino y besos.

Con el tiempo comprendimos que, en los 14 años de Gobierno de Felipe González, se asentó de forma lenta y serena la democracia y se fabricó la imposibilidad de cuestionar el sistema. El camino recorrido se hizo quemando las naves de la vuelta atrás. Los pasos ya sólo podían ser hacia delante. Y así se hizo posible la primera gran modernización sobre tres ejes; culminación y asentamiento del proceso de descentralización del Estado, construcción de los pilares del Estado de bienestar y europeización de España.

La universalización de la educación pública, la sanidad, del sistema de seguridad social y las pensiones no contributivas aplicaron principios de igualdad, solidaridad y cohesión social, escribiendo el primer capítulo del Estado de bienestar. El desarrollo económico y social de España debe parte importante de su éxito a esta apuesta.
Alcanzamos también la estabilización del sistema de descentralización autonómico, trasladando el Estado hacia las partes que lo conforman. En 1986 entramos en las Comunidades Europeas, paso importantísimo sin el que nada sería lo que es.
El 14 de marzo de 2004 el PSOE volvía al Gobierno tras 8 años de oposición. Una victoria contundente pero exigente que tuvo en el “no nos falles” su banda sonora. Unos años antes, un grupo de jóvenes socialistas, en muchos casos desconocidos, había sido elegido para dirigir el PSOE en su 35º Congreso. Un proyecto cuya virtud es su carácter intergeneracional y que es de todos.

Muchos jóvenes empezamos a militar en el proyecto en la última etapa del Gobierno socialista, el único que conocía nuestra generación desde una posición crítica y en un momento donde no estaba de moda ni la política ni apoyar a un Gobierno; también otra parte empezó a militar al día siguiente de perder las elecciones. Marzo de 2004, salvando las distancias, es para mi generación lo que octubre de 1982 fue para nuestros padres. Si bien esos días los recordamos con profundo dolor por los trágicos atentados del 11-M, en los días siguientes y sobre todo con el tiempo vamos comprobando la importancia de la segunda gran modernización de nuestro país.

El proyecto actual tiene profundos fundamentos ciudadanos y claras inspiraciones de republicanismo. La política está orientada a la profundización en el Estado de bienestar, ampliación de derechos de ciudadanía y exportación de una acción exterior basada en la paz y solidaridad.

La ley de dependencia, las ayudas a la natalidad, al alquiler de vivienda o la apuesta por la universalización de la educación de 0 a 3 años hace más grande nuestro Estado de bienestar. En sólo tres años, se han colocado las bases de un modelo que profundiza nuestra solidaridad y apuesta por mantener la cohesión social.

Otro vector son los derechos de ciudadanía. La Ley de igualdad, contra la violencia de género, matrimonios homosexuales y la de identidad de género son ejemplos de ejercicio político orientado al reconocimiento de los derechos de ciudadanía de colectivos tradicionalmente excluidos de su disfrute pleno.

Por otro lado, una proyección exterior basada en la búsqueda de la paz, bautizada con la retirada de las tropas de Irak e inspirada en el respeto al derecho internacional y la reivindicación del papel de Naciones Unidas y la UE. Acción exterior que tiene la forma de la solidaridad internacional. Entre 2004 y 2007 se multiplica por dos nuestra ayuda al desarrollo, de un país que en 1982 era receptor de fondos y que en 2008 dedicará el 0,5 por ciento del PIB a luchar contra la pobreza mundial, siendo líderes en nivel de esfuerzo.

Los dos capítulos de socialismo que ha vivido nuestra democracia son fases nítidas de aceleración democrática e impulso a la modernización de nuestro país.

A día de hoy, una enorme mayoría coincide en que Felipe González fue clave en el proceso de modernización del país. Quienes negaron la importancia histórica de su obra política, la insultaron y trataron de ensuciarla, van viendo cómo el tiempo les quita la razón. Son los mismos que tratan de desestabilizar y ensuciar la etapa de Zapatero. Los mismos a los que el tiempo –tan sólo unos meses– volverá irremediablemente a quitarles de nuevo la razón. Bien lo sabe la generación de La bola de cristal.

Leire Pajín Iraola es Secretaria Ejecutiva de la Ejecutiva General del PSOE