CATHERINE ASHTON, ANDERS FOGH RASMUSSEN Y MARGOT WALLSTRÖM
La violencia sexual se ha convertido en un instrumento de la guerra moderna. La mayoría de las víctimas son mujeres de todas las edades, pero a menudo muy jóvenes; los resultados son embarazos no deseados, infección por VIH y estigmatización social. Se calcula que entre 20.000 y 50.000 mujeres fueron violadas en la guerra de Bosnia en la década de 1990. En Liberia, país devastado por la guerra durante décadas, tres de cada cuatro mujeres han sufrido violencia sexual. En la provincia de Kivu Sur de la República Democrática del Congo se registran 40 violaciones cada día. Pero las mujeres no son sólo víctimas, sino que deber ser consideradas agentes a la hora de prevenir los conflictos y conseguir una paz duradera.
La Unión Europea y la OTAN desean atraer más atención sobre este asunto y definir medidas concretas para acabar con la violencia sexual, empoderar a las mujeres y destacar su papel crucial a la hora de restaurar la estabilidad; para ello, han empezado organizando conjuntamente la conferencia que se celebrará mañana en Bruselas. Ya existe un sólido marco jurídico, a saber, la resolución nº 1325 del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas sobre las mujeres, la paz y la seguridad, así como una serie de resoluciones posteriores de las Naciones Unidas y la decisión de nombrar a un nuevo representante especial para coordinar los esfuerzos de la comunidad internacional en este ámbito. Por desgracia, la aplicación no avanza al mismo ritmo, por lo que resulta claramente necesario incrementar los esfuerzos para garantizar que más naciones cumplan sus obligaciones, en particular formando a personal militar y civil en temas relacionados con la igualdad entre los géneros.
La adopción del Tratado de Lisboa ha creado nuevas oportunidades para impulsar los objetivos en materia de género en el ámbito de la acción exterior de la UE. La creación del puesto de alto representante para Asuntos Exteriores y Política de Seguridad puede contribuir a enriquecer la política que la UE aplica desde 2005 y que tiene por objetivo garantizar la plena integración de los aspectos relacionados con el género en las acciones de gestión de crisis de la UE tanto de carácter militar como civil. Por ejemplo, EULEX Kosovo cuenta con una unidad que trata específicamente de los derechos humanos y de los asuntos relacionados con el género, y EUFOR Chad/RCA dispone de un asesor en materia de género dedicado a la formación en este ámbito. Los aspectos relacionados con el género también están integrados en la ayuda exterior de la UE, lo que permite, por ejemplo, apoyar la participación femenina en las negociaciones de paz.
Junto con sus países socios, la OTAN también está examinando sus políticas y programas y procura intensificar su cooperación con otros agentes internacionales. Los mandos estratégicos de la OTAN han publicado recientemente una directiva militar para la aplicación de la resolución nº 1325 en todas las operaciones dirigidas por la OTAN. Se han creado asesores en materia de género para asistir a los mandos militares de alto rango en Afganistán. Sobre el terreno, los equipos de mujeres especialistas han tenido mucho éxito a la hora de crear confianza mutua entre las fuerzas dirigidas por la OTAN y las comunidades locales. Sin embargo, la OTAN también debe hacer más por crear las capacidades necesarias e integrar plenamente las perspectivas de género.
Esperamos y deseamos que nuestra conferencia de mañana fomente más avances. Queremos asegurarnos de que todas las operaciones dirigidas por la UE y la OTAN respetan las resoluciones de las Naciones Unidas sobre las mujeres, la paz y la seguridad, y de que estén respaldadas por mecanismos adecuados en los ámbitos de la educación, la formación, la supervisión y la evaluación. Seguiremos destacando el importante papel de la mujer en la seguridad en los preparativos del décimo aniversario de la resolución nº 1325, que se celebrará este año, así como en nuestro trabajo futuro. Nuestra percepción de la seguridad debe trascender el concepto tradicional de seguridad militar.
El último término, si no reforzamos los derechos y las responsabilidades de las mujeres a escala mundial, muchos de nuestros objetivos en el ámbito de la política exterior seguirán siendo inalcanzables, y aquellos que cumplamos resultarán insostenibles. Sólo si trabajamos juntos, a escala internacional, regional y con la sociedad civil, podremos combatir la marginación de la mujer, que es una amenaza real a la seguridad mundial.
Catherine Ashton es alta representante y vicepresidenta de la Comisión Europea
Anders Fogh Rasmussen es secretario general de la OTAN
Margot Wallström es vicepresidenta de la Comisión Europea
Ilustración de Jordi Duró
Tarja Halonen
Ellen Johnson-Sirleaf
Margot Wallström
Benita Ferrero-Waldner
Durante décadas, los intentos por vincular la violencia contra las mujeres a cuestiones de seguridad se solían rechazar con una sonrisa en la mayoría de los círculos diplomáticos. Por suerte, las cosas han cambiado. Hoy en día no se puede hablar de seguridad dejando al margen el análisis de los derechos de la mujer sobre el terreno. Este cambio fundamental se ha logrado gracias a las Naciones Unidas. En su resolución 1325, el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas reconoce el vínculo entre la violencia contra las mujeres en los conflictos armados y el papel de la mujer en la instauración de la paz, mientras que la resolución 1820 establece formalmente que la violencia contra las mujeres puede constituir una amenaza contra la paz y la seguridad internacionales. Sin embargo, queda mucho por hacer. Hasta ahora no hemos conseguido traducir todo ello en un avance suficiente sobre el terreno. En los más de diez años de conflicto en la República Democrática del Congo más de 200.000 mujeres y niños han sido violados. Se calcula que entre 20.000 y 50.000 mujeres sufrieron una violación durante la guerra de Bosnia en la década de los noventa. La violencia sexual se ha convertido en una plaga que afecta a toda la humanidad, independientemente del género. Todos estos hechos apuntan en la misma dirección: se ha trabajado mucho para poner en marcha las resoluciones 1325 y 1820, pero es el momento de lograr un verdadero avance. Nos enfrentamos aún a múltiples deficiencias, como son la falta de justicia y coordinación, y de un mecanismo que garantice la imputación de responsabilidades y la compensación de las víctimas.
Instamos a los miembros del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas a que en la reunión de hoy, en la que deliberan sobre la violencia contra las mujeres, mejoren la situación actual. La resolución 1820 del Consejo de Seguridad sobre la Violencia Sexual en los Conflictos ya ha servido de trampolín a la protección; la resolución 1325 del Consejo de Seguridad ha sentado las bases de la asunción de responsabilidades y la participación; y la resolución 1612 del Consejo de Seguridad sobre los niños en los conflictos armados ha proporcionado todos los precedentes logísticos. Ahora es el momento de avanzar con la ayuda de estas resoluciones complementarias. También es hora de que el Consejo de Seguridad establezca una comisión de alto nivel sobre la mujer, la paz y la seguridad encargada del seguimiento y el proceso de elaboración de informes.
Además, ha de establecerse la figura de un representante especial del secretario general de las Naciones Unidas con un mandato global sobre la violencia contra las mujeres y la participación de la mujer en la instauración de la paz.
Estos nuevos mecanismos deben complementar las actividades de la arquitectura de género de las Naciones Unidas, esperemos que pronto reformada, y que aborden cuestiones cruciales, tales como: Mejorar la aplicación de las resoluciones 1325 y 1820 a nivel nacional. Hasta ahora, sólo unos pocos estados miembros de las Naciones Unidas han elaborado planes de acción nacionales sobre la mujer, la paz y la seguridad. Velar por la participación de las mujeres como mediadoras en las negociaciones. Con frecuencia, el punto de vista femenino sobre las víctimas está ausente de la mesa. Por ejemplo, dado que el porcentaje de mujeres en las operaciones de mantenimiento de la paz es de sólo entre un 10% a un 16%, su aportación personal, simplemente, no se tiene en cuenta. Hacer presión sobre los sistemas judiciales en los que la impunidad es la norma, con el fin de conceder a las mujeres la tranquilidad y la confianza de que pueden solucionar sus problemas. Establecer un observatorio para señalar y avergonzar a aquellos gobiernos y organizaciones que no protejan a sus ciudadanos y se nieguen a conseguir el bienestar de sus mujeres. Establecer las necesidades concretas de asistencia a las víctimas y la procedencia posible y obligada de la misma. Crear unidades policiales de protección a las mujeres e inclusión de mujeres policía en las fuerzas de seguridad. Prohibir como arma de guerra la violación sistemática en conflictos armados.
Tras diez años de espera, es el momento de tomar conciencia de que las mujeres no son el problema, sino la solución. En octubre de 2010, la comunidad internacional celebrará el décimo aniversario de la resolución 1325 de la ONU. El año pasado, a sugerencia nuestra, el secretario general de las Naciones Unidas, Ban Ki-Moon, aceptó celebrar una conferencia de revisión ministerial de dicho organismo sobre esta resolución para señalar la ocasión. Es hora de intensificar los esfuerzos para proteger mejor a las mujeres en situaciones de conflicto y garantizar su participación en la instauración de la paz. Ya es hora de armonizar las actuaciones y establecer un paquete único de objetivos en una comisión unida de alto nivel. Trabajaremos intensamente para preparar este aniversario e instamos a las Naciones Unidas y a todos los países del mundo a situar el tema de la mujer, la paz y la seguridad en el centro de sus actividades.
Tarja Halonen es Presidenta de la República de Finlandia
Ellen Johnson-Sirleaf es Presidenta de Liberia
Margot Wallström es Vicepresidenta de la Comisión Europea
Benita Ferrero-Waldner es Comisaria de la Unión Europea
Ilustración de Mikel Casal
MARGOT WALLSTRÖM Y ELLEN SIRLEAF-JOHNSON

Al celebrar por 98ª vez el Día Internacional de la Mujer, hemos de constatar que la actualidad sigue estando marcada por retos que afectan a toda la población mundial. Problemas como la crisis económica, el cambio climático, el desempleo, la pobreza y el acceso a la energía suscitan una grave preocupación en todo el mundo. En tiempos como los que vivimos, el empoderamiento de la mujer es un tema más actual que nunca.
En Liberia se ha puesto en marcha un importante proyecto internacional, gracias a la iniciativa conjunta de la presidenta de Liberia, Ellen Johnson-Sirleaf, y de la de Finlandia, Tarja Halonen: el Coloquio sobre Empoderamiento y Desarrollo del Liderazgo de la Mujer, Paz y Seguridad Internacionales que concluye hoy y que cuenta con la asistencia de personalidades liberianas e internacionales (jefes de Estado o de Gobierno, ministros, directivos de empresas, presidentes y directores generales y líderes de ONG y comunidades), con una destacada representación femenina, para compartir y poner en aplicación buenas prácticas en materia de empoderamiento económico, influencia en el cambio climático y desarrollo sostenible.
La igualdad entre hombres y mujeres y el empoderamiento de la mujer son derechos humanos esenciales para avanzar y lograr los Objetivos de Desarrollo del Milenio. A pesar de los progresos realizados, menos del 16% de los escaños parlamentarios del mundo están ocupados por mujeres, dos tercios de los menores que no tienen acceso a la escolarización son niñas y, tanto en tiempos de conflicto armado como tras las puertas cerradas de sus casas, las mujeres siguen siendo, sistemáticamente, víctimas de la violencia. El 70% de la población más pobre del mundo, de quienes viven con menos de un dólar al día, son mujeres. Las mujeres constituyen el apoyo exclusivo o fundamental de un número cada vez mayor de familias. Por tanto, los proyectos encaminados a mejorar las condiciones de vida de los pobres no pueden ser efectivos a menos que las mujeres participen en su definición y aplicación, como contribuyentes y como beneficiarios.
Las mujeres más pobres de los países en desarrollo son las más afectadas por el cambio climático, debido a su impacto en la agricultura, la seguridad alimentaria y la gestión del agua, que son actividades tradicionalmente femeninas. Según la Organización Mundial de la Salud, más de tres millones de niños menores de cinco años mueren cada año por causas y afecciones relacionadas con el medio ambiente. Según la organización National Wildlife Federation, las enfermedades relacionadas con el agua sucia matan a entre 5 y 12 millones de personas cada año, la mayoría mujeres y niños.
La experiencia demuestra que, cuando las mujeres realmente desempeñan un papel importante en la toma de decisiones, toda la sociedad tiende a beneficiarse de los resultados.
El Programa de las Naciones Unidas para los Asentamientos Humanos (ONU-Hábitat) presenta buenas prácticas de empoderamiento de la mujer. En Malawi, por ejemplo, la participación de mujeres en los comités de gestión del agua, gracias a programas de formación, hace que el abastecimiento de agua de las comunidades periurbanas sea más eficaz. A diferencia de los hombres, que están fuera del barrio la mayor parte del día, las mujeres saben qué factores hay que tener en cuenta al planificar la ubicación, las características y el uso de los puntos de suministro de agua.
En el asentamiento de Set Setal de Dakar (Senegal), los servicios municipales solo podían recoger el 35% de las basuras, mientras que el 51% de los hogares no tenía sanitarios y el 76% no disponía de sistemas adecuados para tratar las aguas residuales. Las mujeres pusieron en marcha un amplio programa de gestión de residuos, contribuyendo así a hacer retroceder las enfermedades infecciosas, como el tifus y la malaria, y a reducir el índice de desempleo.
Otro ejemplo positivo del empoderamiento de la mujer puede hallarse en Liberia, donde la violación fue durante mucho tiempo el delito más extendido. En 2007, el Gobierno de la India envió a Liberia a más de 100 mujeres policía, el primer cuerpo policial exclusivamente femenino desplegado por las Naciones Unidas. Esta presencia ha animado a las mujeres liberianas a acercarse a la policía, y no sólo para denunciar agresiones, sino también para ingresar en el servicio de policía de su país.
Según el Fondo de Desarrollo de las Naciones Unidas para la Mujer (Unifem), la creación de una unidad femenina en la policía de Kosovo ayudó a denunciar públicamente el tráfico de seres humanos y la prostitución forzosa, que eran graves problemas en Kosovo tras el conflicto armado, y a hacer que la policía los considerase cuestiones prioritarias.
Es importante que demos repercusión a estos logros. Hemos llegado a un momento en el que es imposible relegar a las mujeres, pasar por alto su experiencia y todo lo que pueden aportar. Su participación en todos los ámbitos de gestión cosecha éxitos, una y otra vez, tanto en pequeñas comunidades como en grandes organizaciones, en bancos, empresas, parlamentos, gobiernos o al más alto nivel de la toma de decisiones.
Aumentando la inclusión de la mujer en los procesos decisorios podemos hacer que su experiencia, sus conocimientos, sus intereses y su talento sean plenamente reconocidos y aceptados. A pesar de que constituyen la mitad de la población, las mujeres siguen estando mal representadas en el proceso de toma de decisiones. Es una cuestión de democracia dar más poder a las mujeres.
Para dar un giro a los contenidos de las políticas, las mujeres deben hacer oír su voz y actuar a nivel local, nacional, regional y mundial. Juntos podemos marcar la diferencia, en beneficio de la mujer y de toda la sociedad.
Margot Wallström es Vicepresidenta de la Comisión Europea y Presidenta de Finlandia
Ellen Sirleaf-Johnson es Presidenta de Liberia