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Dominio público

Opinión a fondo

Una identidad por cada desafío

03 ene 2010
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MIGUEL ÁNGEL MORATINOS

La política internacional está más que nunca en boca de todos. En los últimos meses, han ido apareciendo numerosos desafíos internacionales a los que España se ha enfrentado y que han atraído la atención de la sociedad española, lo cual pone de relieve que la frontera que separa la política interna de la política internacional es cada vez más fina. En cualquier caso, la política exterior española ha sabido estar a la altura de los numerosos retos que se le han ido planteando. Ante los múltiples desafíos que han ido apareciendo, se ha demostrado que nuestro país cuenta con una política exterior de peso, que defiende los intereses de España y de sus aliados y que es coherente con sus principios.

Influencia y presencia

España es un país que ha hecho valer su peso en los escenarios en los que tradicionalmente se ha desenvuelto. Es cierto, nuestra mirada siempre tuvo la vista puesta hacia Iberoamérica, el Mediterráneo y Europa. En Iberoamérica, trabajamos con ahínco y firmeza para combinar la defensa de nuestros intereses en la región con la voluntad de contribuir a la solución de los principales problemas como en el caso hondureño, en donde España mantiene un rol proactivo para hacer posible ese gran acuerdo entre todos los actores hondureños que la comunidad internacional ha venido demandando y que la sociedad hondureña merece.

En Europa, el profundo sentimiento europeísta de nuestra sociedad se reflejará en la presidencia semestral que España inaugura estos días. En el Mediterráneo hemos alcanzado un nivel de interlocución privilegiado que nos ha convertido en un socio y referente. Sin lugar a dudas, no podríamos haber encontrado una solución a la situación de Aminatou Haidar de no haber sido por la relación de confianza establecida con Marruecos y por nuestra capacidad de coordinar nuestra acción exterior con actores de primera magnitud como Estados Unidos, Francia o las propias Naciones Unidas.

Por otro lado, hemos extendido nuestra presencia a regiones tradicionalmente ausentes de nuestra mirada como Asia o África subsahariana. Además, España sigue ganando peso en nuevos foros. A nadie se le escapa que uno de los motores que mueve a este Gobierno es la lucha contra la crisis económica. Por ello, uno de los objetivos prioritarios ha sido precisamente situar a España en el G-20, el núcleo de toma de decisiones que coordina las medidas para la recuperación económica global.

Defensa de nuestros intereses

Una de las funciones fundamentales de nuestra acción es la defensa de nuestros ciudadanos en el exterior. En el caso del pesquero Alakrana como en el caso del Playa de Bakio, hemos trabajado sin descanso hasta conseguir la liberación de nuestros conciudadanos. Pero no nos conformamos con haber solucionado exitosamente casos pasados sino que estamos centrados en evitar que vuelva a suceder. Valga recordar que España quiere lanzar una conferencia sobre Somalia y participa en una misión naval de la Unión Europea destinada a disuadir, prevenir y reprimir la piratería en Somalia evitando así más secuestros de barcos.

En segundo lugar, la acción exterior española se guía igualmente por la defensa de nuestras empresas. La internacionalización de la empresa española es una excelente oportunidad que este Gobierno apoya e impulsa. Debo decir que una política exterior sería incompleta sin el sustrato que representa la fortaleza de nuestras empresas en el exterior.

El tercer eje sobre el que pivota la defensa de nuestros intereses es la participación junto a nuestros aliados en los esfuerzos internacionales por la paz. Precisamente porque España es un aliado fiable y una economía de referencia, no queremos rehuir de nuestras responsabilidades a nivel global.

Contribuimos actualmente en 15 misiones de paz internacionales con más de 3.000 efectivos porque la seguridad de España sólo se entiende en el marco de la seguridad global que incluye escenarios como Afganistán o Líbano.

La presidencia como oportunidad

En estos días, se inicia la presidencia española de la Unión Europea para la que hemos establecido cuatro objetivos fundamentales que marcarán nuestra acción exterior en los meses venideros. Primero, la lucha por la recuperación económica es un imperativo que la sociedad demanda y por el que este Gobierno seguirá volcado a través del impulso de un modelo de crecimiento sostenible y de creación de empleo de calidad.

Segundo, España tiene ante sí el reto de poner en marcha el recién ratificado Tratado de Lisboa que supondrá el relanzamiento de la Unión Europea: una nueva presidencia, nuevas instituciones, un Parlamento Europeo fortalecido y nuevas competencias otorgadas a la UE entre otras cosas. Tercero, queremos impulsar Europa como actor global; y coincidiendo con nuestra presidencia, se creará un Servicio Europeo de Acción Exterior destinado a dar voz a Europa. Seguiremos impulsando la defensa de los derechos humanos y la lucha por la erradicación de la pobreza como principios rectores.

La ciudadanía europea y la igualdad entre hombres y mujeres será el cuarto objetivo y para ello, con el nuevo Tratado de Lisboa, la Carta de Derechos Fundamentales adquirirá carácter vinculante.

En definitiva, España ha sabido estar a la altura de los retos que se le han planteado porque hemos visto oportunidades en cada desafío donde otros han visto desafíos en cada oportunidad. Hemos actuado con eficacia, coherencia y en defensa de nuestro interés. Con esta base, estoy convencido de que lograremos llevar a cabo una Presidencia ambiciosa y comprometida de la que todos los ciudadanos puedan sentirse orgullosos.

El poder en el armario

07 mar 2008
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MIGUEL ÁNGEL LÓPEZ

dominio-07-03-2008.jpgHace cuatro años un emisario del Estado Vaticano advertía a un miembro del partido socialista, ya gobernante, que se cuidaran muy mucho de aprobar la legislación que permitiera el matrimonio a los homosexuales, tal como habían anunciado. La amenaza no era en vano: si se aprobaba la ley, no habría descanso para el Gobierno español por la oposición que ejercerían, no sólo religiosa, sino también por la política, con todas sus fuerzas y por el tiempo que hiciera falta.

Un chantaje en toda regla. Real como las permanentes injerencias del estado papal que, no sólo incumple resoluciones internacionales de la ONU, sino que trasgrede, como la mayoría de las principales religiones, valores universales como la democracia o la igualdad de sexos. Así como traiciona su propio mensaje cristiano alejado del poder y del mundo material. Parabienes terrenales a los que nunca han hecho ascos, gracias a la complicidad de estados mediterráneos y latinoamericanos, donde se perpetúan ingentes privilegios económicos y culturales que nuestros gobernantes no se atreven a eliminar por el miedo a la influencia que ejerce el catolicismo.

Es justo reconocer la inusual valentía de un gobernante como Zapatero que, ante la sorprendida comunidad internacional, y con el apoyo de todas las fuerzas políticas menos la derecha, ha aprobado la ley de matrimonio más avanzada del mundo. Hecho que sitúa a España como líder del grupo de cabeza con Holanda, Bélgica y Canadá, por delante del resto de legislaciones de otros tantos países, que sólo han aprobado uniones civiles sin la adopción.

Pero el viaje no iba a salirle gratis al impredecible Zapatero, al igual que en los casos de la salida de Irak o la tregua de ETA: los jefes occidentales del poder político y religioso, Bush y Ratzinguer, le juraron una venganza que dejarían en manos de sus verdugos locales, Rajoy y Blázquez. Marionetas a su vez de los ideólogos del integrismo en la retaguardia, Aznar y Rouco. Todo un teatro de, éstos sí, titiriteros de la moral, con el que tapar ante los ciudadanos los desmanes políticos de las guerras y los negocios de los neo conservadores. Al tiempo que encubrir el descrédito de una jerarquía católica empantanada en su anacrónica visión del mundo, los múltiples casos de pederastia y los chiringuitos financieros silenciados como el de Gescartera. Agujeros pendientes de reabrirse con nuevas investigaciones acerca de las sociedades de inversión de las que el nuevo cabeza de la Conferencia Episcopal ha sido presidente y los obispos consejeros de administración.

Insisto, la amenaza del emisario del Papa no fue en vano. La máxima relevancia de la fuente de la información erizaría los pelos a más de uno. La
coincidencia con la realidad no parece ninguna casualidad vista la campaña mediática y política contra el presidente español, con la que deslegitimar la soberanía popular que lo eligió democráticamente. Todo por aprobar la igualdad para los y las homosexuales y, obviamente, por las aún mayores desobediencias del quijotesco leonés ante los poderes establecidos.

Pero supongamos que todo esto sólo sea una confabulación chavista ideada por Llamazares. Supongamos que el rojo, mentiroso y terrorista Zapatero sea culpable del fin de la familia, de la ruptura del Estado, del atentado del 11-M o hasta del calentamiento global. Y supongamos que la niña de Rajoy existe. ¿Cuesta más esfuerzo creer en lo que hemos visto los españoles con nuestros propios ojos durante la última legislatura?

¿Hace falta repetir al ciudadano informado las manifestaciones de los obispos, junto con la plana mayor del PP, en contra de los homosexuales? ¿La justificación de los abusos a menores por el prelado de Tenerife? ¿La incitación a la violencia homófoba por los voceros del Opus Dei que, por cierto, podría ser delito con la nueva ley contra la discriminación propuesta por el PSOE? ¿El insulto de organizaciones como Hazte Oír a los padres y madres de las familias de gais, lesbianas y transexuales a los que se juzga de inmorales por adoptar niños? ¿El incumplimiento de su deber por parte de jueces y funcionarios al negarse a casar parejas del mismo sexo? ¿O la criminalización ultra conservadora del fin pedagógico de medidas como la asignatura de Educación para la Ciudadanía?

No hace falta recordar lo que se ha hecho patente ante el veredicto de las elecciones: la amenaza del propio líder popular y de Zaplana de cambiar la ley que nos ha restituido el orgullo de ser españoles iguales en derechos. Sustentada por el recurso ante el Tribunal Constitucional, en el que se descalifica nuestra sexualidad como actos deshonestos. Pero luego dicen que no están en contra de nuestro colectivo. No se cansan de mentir una y otra vez, afirmando lo contrario de lo que realmente hacen. Al igual que en todos los asuntos en los que su cobardía tanto les hace pecar, en su único afán de lograr el poder a toda costa. Se llenan la boca con esa patética justificación que nos hace temblar, o reír, cada vez que aflora su hipocresía cuando aducen los muchos amigos gais que tienen. Para, a renglón seguido, cuestionar la denominación universal del matrimonio o aludir a los derechos del niño adoptado frente a los de las personas homosexuales, como si tales argumentos no tuvieran la misma validez para las heterosexuales.

La lucha por nuestros derechos es una causa que ha hecho suya la sociedad entera. Una transformación colectiva protagonizada por hombres y mujeres que han salido del armario en tropel, hartos del miedo al rechazo y a una discriminación histórica. Pedro Zerolo, que ha sido capaz de liderar la normalización desde la fuerza de la razón, es ahora la diana en la que muchos disparan su homofobia hacia la población LGTB. Pero, que no se equivoquen, los que se odian a sí mismos nos van a encontrar: votando por la igualdad, la laicidad y la libertad a las que ya nunca vamos a renunciar.

Miguel Ángel López es Editor de la revista ‘Zero’

Ilustración de Javier Olivares