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Dominio público

Opinión a fondo

Asalto a la razón

03 may 2010
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RODRIGO VÁZQUEZ DE PRADA

05-03.jpgLa ofensiva que no cesa. Cuando la derecha española se siente acorralada por los casos de corrupción en sus filas, llámese esta caso Gürtel o caso Matas, se revuelve con sus peores armas.
Desde hace meses jalea a magistrados progresistas que, en razón de sus odios personales, se alían con la mayoría conservadora del Tribunal Supremo para detener la valiosa trayectoria del juez Garzón, por investigar los crímenes del franquismo; una vergonzosa maniobra que no pretende otra cosa más que frenar la persecución de la corrupción en el PP.
Y, en este marco, la derecha dirige ahora sus insidias contra el rector de la Universidad Complutense de Madrid, el catedrático Carlos Berzosa y Alonso-Martínez, elegido dos veces por mayoría de votos de profesores y estudiantes, tras haber sido decano de la facultad de Ciencias Económicas y Empresariales durante 14 años.
Primero, elude su defensa cuando estudiantes residentes en colegios mayores públicos, le insultan, vapulean y escupen expresando de tal forma su reaccionaria protesta por la decisión de convertir tales centros en mixtos; una protesta que, enmascarada con críticas por los desperfectos aparecidos en algunos edificios, recuerda, desgraciadamente, “la dialéctica de los puños” preconizada no hace demasiados años.
Después, en una cínica pirueta del peor cuño, lanza contra él invectivas realmente peregrinas, acusándolo de una decisión adoptada, precisamente, por uno de los suyos, el ex rector Gustavo Villapalos y ex consejero de Educación de la Comunidad de Madrid, que había aprobado la construcción de viviendas para profesores. Y lo curioso del caso es que el rector Berzosa únicamente ha intervenido para salvaguardar los intereses de la universidad y los derechos de los docentes cooperativistas integrados en tal proyecto, resolviendo los problemas heredados de sus antecesores, Rafal Puyol y el citado Villapalos.
Al mismo tiempo, pretende asfixiar económicamente el funcionamiento de la Complutense, no facilitando los fondos acordados en los contratos-programa, y esgrime la amenaza de “auditorías”, para sembrar dudas sobre la gestión modélica del rector. Algo que resulta insoportable para un PP que no puede salir del fango de la corrupción en que se encuentra atrapado.
Y, para tratar de estrechar el cerco, intensifica su batería de ataques a partir del masivo acto de apoyo al juez Garzón, celebrado en la Facultad de Medicina, deleitando la presidenta Esperanza Aguirre a sus votantes al ignorar el concepto de autonomía universitaria y realizar análisis políticos de tan escasa altura como su lenguaje.
Cada arremetida de la derecha tiene sus perfiles propios. La dirigida contra el rector Berzosa pertenece al tipo de persecución de un intelectual resueltamente de izquierdas. Una auténtica “caza de brujas” contra un intelectual que, por decisión democrática, rige con especial acierto los destinos de la universidad española de más proyección internacional.
Carlos Berzosa es un catedrático tan riguroso en su trabajo en la universidad como comprometido, desde sus años más jóvenes, con las alternativas de la izquierda. Discípulo del profesor José Luis Sampedro, una de las mentes más lúcidas de la universidad española, desempeña la cátedra de Economía Aplicada, ganada por oposición. Asimismo, es autor de varios libros, entre ellos Conciencia del subdesarrollo, junto a su maestro, y de numerosos artículos en los que fustiga a los “fundamentalistas del mercado”; aquellos que despojaron de instrumentos a un Estado –entre otros, la banca pública– que, ahora, tiene que resolver los problemas creados por las recetas neoliberales.
Y lo ha hecho en todos los foros donde ha alzado su voz por una sociedad justa y solidaria. Entre otros, en los debates organizados por la Asociación de Amigos de la Revista Triunfo, de la que Berzosa es asociado de honor junto a los Nobel García Márquez y Saramago. O en el reciente homenaje póstumo a uno de los intelectuales por excelencia de la Transición, José Vidal Beneyto.
La campaña contra él supone, claramente, un intento de acoso y derribo de una prestigiosa personalidad de izquierdas que se encuentra al frente de una institución de peso en la capital de España. Su rectorado constituye un oasis progresista en una comunidad autónoma en la que la derecha campa a sus anchas. Entre otras cosas, llevando a cabo obras faraónicas, ejecutadas a despecho de los intereses de los ciudadanos y, naturalmente, en beneficio de la cuenta de resultados de las grandes constructoras, y desmantelando la Sanidad pública, lo que resulta tan atractivo para el sector privado como ineficaz para los ciudadanos.
A un año de elecciones en la Complutense, nos encontramos en una nueva batalla de Madrid. Una operación política del PP contra un rector especialmente incómodo para la derecha, contra el que dirige una auténtica guerra sucia. Trata así de restarle fuerza –a él y a su equipo– de cara a los próximos comicios, para volver a controlar uno de los aparatos ideológicos del Estado de mayor calado y poder reproducir sin contratiempos el modelo de la formación social existente, la mercantilización de la enseñanza y la sacralización de la economía de mercado.
Todo esto recuerda el título de la célebre obra de Lukács, El asalto a la razón, en el marco de una ofensiva ideológica del pensamiento conservador sin precedentes desde la Transición. Un asalto a la inteligentsia que alberga la Universidad, crisol donde se forja la ciencia y el pensamiento crítico, alejado del reaccionarismo inquisitorial de quienes no han dejado nunca de perseguir a quienes tienen “la funesta manía de pensar”.

Rodrigo Vázquez de Prada es periodista

Ilustración de Patrick Thomas

‘Triunfo’, un semillero de ideas

12 may 2009
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RODRIGO VÁZQUEZ DE PRADA

dominio-05-12.jpgComponiendo una de esas tremendas ironías de la Historia, los últimos años de la dictadura y primeros de la democracia española vieron caer las publicaciones que más habían combatido al franquismo y luchado por las libertades. En 1976, Cuadernos para el Diálogo. En 1982, la decana de todas ellas y la que, de forma más completa, encarnaba la lucha contra la sinrazón: Triunfo. Lo que no pudo hacer la dictadura lo hizo la economía de mercado, un instrumento tan contundente como el otro para acallar las voces críticas.

Triunfo fue, sin duda, una obra colectiva escrita por un largo centenar de periodistas e intelectuales. Pero –justo es decirlo– fue, al mismo tiempo, un empeño profesional dirigido y soportado, contra viento y marea, por el periodista y licenciado en Derecho alicantino José Ángel Ezcurra Carrillo (Orihuela, 1921), que la creó en 1946 como revista de cine, tras haber trabajado desde muy joven como guionista y obtenido galardones como el Premio Nacional de Guiones, en 1942.

Sin embargo, en 1962, dio un vuelco radical a su contenido y la convirtió en un semanario de información general y pensamiento, poniendo, por encima de todo, “la razón ideológica sobre la razón económica”. Porque, sin retirar nunca su atenta mirada a la ficción cinematográfica –para ello reunió en torno suyo a críticos como García de Dueñas, Diego Galán y Fernando Lara–, dio cabida en Triunfo a la realidad política y social de aquellos años, a la larga marcha hacia las libertades que protagonizaban el movimiento obrero y los universitarios e intelectuales españoles. Ezcurra Carrillo hizo que fluyeran por sus páginas las alternativas democráticas y de izquierda a la dictadura del general superlativo, contribuyendo, de forma esencial, a la educación cultural y artística de muchos demócratas, al dedicar una especial atención a la recuperación de la obra de los intelectuales del exilio y atraer las firmas de escritores extranjeros de primera línea.
Durante 20 años, escribieron en ella periodistas e intelectuales españoles de la talla de Eduardo Haro Tecglen, subdirector de la publicación y, sin duda, el analista más lúcido de las relaciones internacionales durante la guerra fría, Víctor Márquez Reviriego, su redactor jefe por excelencia, Manuel Vázquez Montalbán, Eduardo García Rico, Luis Carandell, Jesús Aguirre, Juan Goytisolo, los economistas agrupados en Arturo López Muñoz, Enrique Miret Magdalena, José Luis Abellán, o Carlos Castilla del Pino, y otros extranjeros como Umberto Eco, Carlos Fuentes, Gabriel García Márquez o Ian Gibson.

La dictadura fue implacable ante la valiente y decidida apuesta de Triunfo, contra la que empleó toda la batería de medidas cercenadoras de la libertad de expresión de la legislación franquista: mutilación por la censura de muchos artículos, incoación de diversos expedientes, comparecencias del director ante el tenebroso Tribunal de Orden Público, cuya siniestra actuación denuncia en profundidad el juez Juan José del Águila en una exhaustiva obra; secuestros de la tirada, como la del número en que Montserrat Roig entrevistaba a Andreu i Abelló, en julio de 1975; y, en fin, suspensiones de la revista durante varios meses.

En junio de 1971, tras la publicación de un número dedicado al matrimonio, Triunfo fue suspendida –es decir, cerrada– durante cuatro meses. Triunfo obtuvo entonces una respuesta solidaria de muchos de sus lectores, que adelantaron el valor de sus suscripciones para que la revista pudiera paliar, de alguna manera, las consecuencias económicas de su forzado silencio. En septiembre de 1975 fue nuevamente cerrada durante otros cuatro meses, al tiempo que se le impuso una multa de 250.000 pesetas: supuestamente por la publicación, en abril, del artículo de José Aumente “¿Estamos preparados para el cambio?”. Una sanción que, a pesar de los indultos concedidos por el “primer Gobierno de la Monarquía” para los llamados “delitos de Prensa”, fue forzada a cumplir íntegramente. El tardofranquismo amordazó la voz de Triunfo en los últimos meses del dictador y la revista no pudo pronunciarse ante la muerte de Franco hasta comienzos de 1976… Pero, además, y, aunque hoy pueda parecer realmente increíble, algunos de sus lectores también sufrieron de forma directa la persecución de que fue objeto esta emblemática revista: en 1973, cuatro alféreces de la Academia de Infantería de Toledo fueron fulminantemente expulsados, acusados, entre otras cosas, de leer Triunfo

Ahora, la memoria de esta publicación ha vuelto a ponerse de relieve con motivo de la reciente constitución de la Asociación de Amigos de la revista Triunfo. ¿Un canto a la nostalgia de aquellos años? En absoluto. Tal como subrayó el filósofo José Luis Abellán, presidente del Ateneo y socio de honor, la asociación no nace con ningún interés en “el regodeo lírico del pasado”. Triunfo fue un auténtico semillero de ideas y quiere seguir siéndolo. Fue una plataforma intelectual unitaria de la izquierda antifranquista y la asociación quiere continuar su fructífero camino en la democracia. En el actual panorama español, en el que no cesan de oírse los cantos de sirena de los “fundamentalistas del mercado”, la experiencia acumulada por Triunfo y su equipo quiere servir de marco de debates y reflexiones en los medios intelectuales y políticos de la izquierda. Un marco en el que se puedan plantear los argumentos necesarios para renovar positivamente la sociedad actual.

Rodrigo Vázquez de Prada es Periodista. Directivo de la Asociación de Amigos de la Revista Triunfo

Ilustración de Patrick Thomas