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Dominio público

Opinión a fondo

Kosovo: el silencio cómplice

07 ene 2011
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TERESA ARANGUREN

Las pruebas están ahí, sólo hay que ir a buscarlas”, ha dicho el europarlamentario Dick Marty al presentar su informe sobre el tráfico de órganos en Kosovo. Y hay que detenerse en esta frase, que no es excusa sino denuncia de los silencios cómplices y la manipulación informativa que han hecho posible que durante años se perpetrase el crimen. Tan escandaloso como lo que relata el espeluznante informe del parlamentario europeo es saber que se sabía. La utilización de cientos de prisioneros serbios para el tráfico de órganos –primero engordarlos, luego pegarles un tiro, después extraer los órganos y, por último, venderlos al mejor postor– era un secreto a voces, aunque las voces hablasen en susurro, en Kosovo. Como es un secreto a voces que detrás de este y otros lucrativos negocios –tráfico de mujeres, drogas o coches robados–, están los miembros de la antigua guerrilla del UCK, ahora ejército de Kosovo, cuyo máximo dirigente, Hashim Thaci, es el actual primer ministro del recién creado Estado de Kosovo.
Y la pregunta, tan incómoda como pertinente, es: ¿qué sabían los mandos de la OTAN y los de la Misión de Administración Provisional de las Naciones Unidas en Kosovo (MINUK), que durante todos estos años han estado al cargo de la administración de Kosovo?
Puedo adivinar la respuesta: la situación era muy compleja, lo primordial era promover la estabilidad, las heridas de la guerra eran muy recientes, no, no sabíamos nada.
Pero hubiera bastado mirar para saber.
En junio de 1999 finalizó la campaña de bombardeos contra Yugoslavia y las tropas de la OTAN entraron en la entonces aún provincia de Serbia junto a los guerrilleros del UCK. En los meses siguientes la población no albanesa de Kosovo, goranos, gitanos y serbios, fue diezmada hasta casi su desaparición en una tan eficaz como silenciada operación de limpieza étnica llevada a cabo básicamente por el UCK ante la mirada impasible de 40.000 soldados de la OTAN. La limpieza, en forma de secuestros y “asesinatos selectivos”, se extendió también a políticos y ciudadanos albanokosovares contrarios o simplemente no afines al UCK.
Nada de esto fue secreto. Y nada de esto fue obstáculo para el imparable ascenso de Hashim Thaci, máximo dirigente del UCK y aliado predilecto de Estados Unidos, en detrimento de Ibrahim Rugova, líder histórico del nacionalismo kosovar pero demasiado moderado para el gusto épico y los intereses estratégicos del momento.
Fue precisamente en esa época, 1999 y 2000, cuando, según el informe Marty, el negocio del tráfico de órganos funcionó a pleno rendimiento en campos de detención. El informe identifica al menos seis, organizados por el UCK no en territorio de Kosovo sino en Albania.
“Los testimonios sobre los que se fundan nuestros resultados evocan de una manera creíble y coherente la metodología seguida para el asesinato de todos los prisioneros, en general de una bala en la cabeza, antes de ser operados para extraerles uno o más órganos. Nos enteramos de que se trataba principalmente de un comercio de riñones retirados a los cadáveres”.
La existencia de estos campos, más que de detención de exterminio, en Albania y la utilización de los prisioneros serbios como almacén humano para el despiece de órganos sí era un secreto. Pero un secreto no es algo que no se sabe, es algo que no se dice. Y los secretos, sobre todo si son muchos los que “están en ello”, terminan desvelándose.
En 2008, la ex fiscal general del Tribunal Internacional para la ex Yugoslavia, Carla Ponte, publicó un libro de memorias en el que por primera vez menciona la existencia del atroz comercio de órganos del que habrían sido víctimas cientos de civiles serbios de Kosovo. Cabe preguntarse por qué esperó tanto tiempo y sobre todo por qué esperó a dejar el cargo para hacer pública la denuncia de tan horrible crimen. Posiblemente es una pregunta ingenua. Posiblemente no estaba nombrada para eso.
De cualquier modo, aunque tardía, la denuncia de Carla Ponte sirvió para poner en marcha la investigación que el Consejo de Europa encargó al parlamentario suizo Dick Marty.
Un hombre honesto puede ser muy peligroso. Sobre todo si ocupa una posición de cierto poder, el suficiente para hacerse oír. Dick Marty, ex fiscal, parlamentario y relator del Consejo de Europa, reúne esas condiciones. En 2007 destapó el escándalo de las cárceles secretas de la CIA y la complicidad de ciertos gobiernos europeos con la trama. Puso nombre a lo que no se quería nombrar. Ahora lo ha vuelto a hacer.
La investigación sobre el tráfico de órganos en Kosovo y Albania le ha llevado dos años. En las conclusiones de su informe señala al actual primer ministro de Kosovo, Hashim Thaci, como “jefe de una red criminal involucrada en el tráfico de armas, drogas y órganos humanos”.
En los archivos de cualquier redacción abundan las imágenes de Hashim Thaci estrechando efusivamente la mano de Bernard Kouchner, primer responsable de la Administración de Naciones Unidas en Kosovo, Javier Solana, Tony Blair, Madeleine Albright…
Imagino que esas imágenes resultarán incómodas ahora, al menos a algunos de sus protagonistas. También imagino la excusa: entonces no sabíamos. Pero, como dice el autor del informe: las pruebas estaban ahí, sólo había que buscarlas. O querer buscarlas.
Qué conveniente es no saber cuando no conviene saber.

Teresa Aranguren es periodista. Cubrió desde Belgrado y Prístina la campaña de bombardeos de la OTAN contra Yugoslavia

Ilustración de Javier Olivares

¿Buenas noches y buena suerte?

06 ago 2008

PASCUAL SERRANO, SANTIAGO ALBA RICO, BELÉN GOPEGUI, CARLOS FERNÁNDEZ LIRIA, ROSA REGÁS, ISAAC ROSA, TERESA ARANGUREN Y CONSTANTINO BÉRTOLO

08-06.jpgEl presidente del Gobierno español recurrió al título de la película Buenas noches y buena suerte para dirigirse a los telespectadores en el debate previo a las elecciones. La película trata de un periodista que, durante el macartismo, comprendió que lo que se presentaba como una actividad para proteger al Estado era en realidad un proceso de destrucción de los derechos civiles. Quizá el presidente quería transmitir la idea de que vivimos en tiempos oscuros pero que existe la voluntad política de afrontarlos con dignidad. Pero quizá solo estaba diciendo buenas noches y allá cada uno con lo que le caiga encima, porque tenemos miedo y es mejor estar callados.

En estos últimos días, las presiones del Gobierno colombiano han llevado en nuestro país a la detención de un ciudadano español y a su linchamiento mediático. Conviene recordar que, según el CINEP, organismo de derechos humanos colombiano dependiente de la Compañía de Jesús, “del total de 1.670 violaciones del Derecho Internacional Humanitario reportadas en 2007, 858 se imputan a organismos oficiales dependientes del estado colombiano (fuerzas armadas y cuerpos policiales), 5 a agentes extranjeros, 39 a combatientes sin identificar, 580 a paramilitares, 176 a las FARC, 8 al ELN y 4 a ‘guerrilla’ sin especificar”. Por lo cual, “se verifica que con mucho el mayor violador del Derecho Internacional Humanitario en Colombia es el propio Estado”. Hay en este momento en Colombia más de 30 senadores y diputados presos o imputados por vínculos con el paramilitarismo.

¿De qué acusa la prensa a Remedios García Albert? De haber solicitado visados para los hijos de un miembro destacado de las FARC? ¿Se heredan los delitos? ¿Debe ser abolida, en estos tiempos oscuros, la labor humanitaria? Si un niño o un joven es aplastado por una viga, ¿deberemos asegurarnos de que ni sus padres ni –tal vez– sus abuelos han tenido jamás vínculos con el terrorismo antes de levantar la viga? La prensa ha acusado además a García Albert de haber entregado 6.000 dólares a una persona en Suiza. Ni siquiera se ha preocupado de averiguar a quién se le entregaba el dinero y para qué. No era un “representante de las FARC en Suiza” –dato desmentido por el Gobierno suizo– sino un refugiado gravemente enfermo que debía costear una operación quirúrgica. Dice el abogado de García Albert que ella “actuó como hubiera hecho cualquier persona de bien, esto es, hizo llegar a un enfermo la cantidad necesaria para hacer frente a la intervención sin imaginar que eso podría desencadenar la detención y la puesta a disposición por un presunto delito de colaboración con banda armada”. ¿Queremos construir una sociedad donde nadie se atreva a ayudar a un enfermo por lo que pudiera pasar? ¿Queremos un macartismo a la española?

La prensa no solo ha publicado correos electrónicos atribuidos a García Albert, incurriendo en un delito de violación de correspondencia, sino que también ha rozado la ignominia del amarillismo con artículos en donde se habla de las relaciones afectivas de García Albert, se lanzan insinuaciones insidiosas o se habla despectivamente de que la acusada se habría “pillado” una infección.

Para obtener las pruebas de que Remedios García tramitó visados y trasladó dinero para una intervención médica, el ejército colombiano violó el espacio aéreo y terrestre ecuatoriano en una acción en la que murieron 17 miembros de las FARC, pero también cuatro estudiantes universitarios de México y un ciudadano ecuatoriano. Debe aún investigarse si se produjo violación de los derechos humanos de los prisioneros y ejecución de heridos y prisioneros de manera extrajudicial. Deben investigarse las posibles violaciones del derecho internacional y de las Convenciones de Ginebra llevadas a cabo para incautarse los soportes informáticos donde se encontraban esos correos electrónicos.

Por lo demás, incluso la Interpol ha reconocido que “entre la fecha en que las autoridades colombianas incautaron a las FARC las ocho pruebas instrumentales de carácter informático, y el momento en que dichas pruebas fueron entregadas al Grupo Investigativo de Delitos Informáticos de la Dirección de Investigación Criminal (DIJIN) de Colombia, el acceso a los datos contenidos en las citadas pruebas no se ajustó a los principios reconocidos internacionalmente para el tratamiento de pruebas electrónicas por parte de los organismos encargados de la aplicación de la ley”. Se rompió la cadena de custodia durante más de 48 horas y en ese plazo “las autoridades accedieron a las pruebas sin haber creado y/o utilizado los mecanismos de salvaguarda necesarios para que el mero acceso no las alterase”.

Por otro lado, como explica el abogado de García Albert, si bien las FARC están incluidas en la lista de organizaciones terroristas de la Unión Europea desde 2002, esa consideración no es seguida unánimemente por los distintos países miembros. Así, las FARC no figuran en la lista del Reino Unido, ni en la de las Naciones Unidas. El Gobierno noruego manifestó en 2006 que no asumía la lista de la UE. Poco más de un año antes de su inclusión en dicha lista, los representantes de las FARC fueron recibidos por los gobiernos de España, Noruega, Suiza, Suecia, El Vaticano e Italia. En España, en el año 2000, se reunieron públicamente con representantes de la CEOE, de UGT, de CCOO y con el presidente del Congreso.

¿Por qué está ocurriendo todo esto? ¿Por qué resulta necesario recurrir a artículos de opinión para paliar la falta de información, cuando no la más burda intoxicación, de la prensa llamada seria? ¿Es normal que nuestras instituciones operen a requerimiento de un gobierno extranjero, campeón mundial de todas las violaciones y atropellos? ¿Es normal que nuestros medios de comunicación se limiten a reproducir la información policial y a atizar la criminalización de la detenida sin la más mínima investigación ni el más leve indicio de inquietud? ¿Es normal que una noticia así no provoque la menor “alarma ciudadana”? ¿Quién será el próximo? La compasión, la mediación, la solidaridad, el humanitarismo, ¿los dejaremos a un lado por miedo? En tiempos de oscuridad, solo se conservan los derechos que se defienden.

Ilustración de Jaime Martínez