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Dominio público

Opinión a fondo

El sida rural, la última frontera

01 dic 2009
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TERESA GONZÁLEZ

12-01.jpgEsta semana hemos recibido una buena noticia en relación con la epidemia del VIH/sida. ONUSIDA presentaba en Shanghai el último informe sobre el estado mundial de la pandemia y ofrecía datos esperanzadores en la lucha contra la enfermedad. Entre las grandes cifras destaca la reducción en el número de nuevas infecciones y el aumento de personas viviendo con VIH, gracias a la extensión de los tratamientos antirretrovirales.

Es uno de los datos alentadores tras años de lucha contra una enfermedad que afecta de forma directa a 33,4 millones de personas en todo el planeta y que, en el caso del África subsahariana, donde vive el 67% de las personas VIH positivas, ha agravado la situación de pobreza. Estos avances deben servir para demostrarnos que las estrategias de prevención y de tratamiento dan resultados.

Sin embargo, no debemos caer en la autocomplacencia al igual que no arrojamos la toalla cuando la epidemia crecía sin freno. Todavía existen ámbitos y grupos de población a los que los métodos de prevención y detección y los tratamientos con antirretrovirales (ARV) llegan con dificultad.

La incidencia del sida en las comunidades rurales –especialmente en Asia y África, donde más de la mitad de la población vive en el campo– es profunda y la enfermedad supone una doble carga para las familias. La propia enfermedad en sí, por un lado, y la necesidad de prestar atención a los enfermos, por el otro, debilita la productividad agrícola y la capacidad de las familias para cubrir sus necesidades. Esta situación se da en un contexto en el que los habitantes de las zonas rurales en los países pobres suelen encontrarse especialmente desfavorecidos en términos de servicios sociales y sanitarios básicos.

Una de las tendencias que se vienen observando en los últimos análisis es que, si bien el número de nuevos casos se ha estabilizado, en las comunidades rurales los datos no llaman al optimismo. El propio informe de ONUSIDA pone como ejemplos los casos de Angola y Kenia, donde la incidencia del VIH entre los adultos aumenta en las zonas rurales, o de Burundi, país en el que la prevalencia del virus en los jóvenes ha disminuido en las ciudades pero se ha incrementado en el campo.

Otro de los estudios de ONUSIDA señalaba que la prevalencia del VIH entre las mujeres jóvenes atendidas en los dispensarios prenatales había disminuido en 14 de los 17 países, pero en cinco de ellos la disminución sólo se ha producido en las zonas urbanas. En Haití, país que padece la mayor epidemia del Caribe, se habían documentado niveles importantes de comportamientos de alto riesgo en las zonas rurales. Así mismo, en República Dominicana, su vecino en la isla, la población rural tenía un 20% más de posibilidades de tener el VIH que sus compatriotas de las ciudades y en las fincas donde se extrae el azúcar la prevalencia del VIH es cuatro veces mayor.

Las prácticas de riesgo, la falta de conocimiento sobre la enfermedad, la lejanía de los centros donde se dispensa tratamiento y la escasez de medios económicos para llegar a ellos hacen de las zonas rurales un espacio al que, quizás, es más difícil llegar.

En el ámbito sanitario, los retos que plantean las comunidades rurales son especialmente exigentes en países con sistemas sanitarios ya de por sí débiles. Así le ocurre a Leonardo, persona con VIH que vive en Angola. Para llegar a Benguela, a 70 kilómetros de su hogar y donde está el centro más cercano en el que puede recibir tratamiento, tiene que pagar 500 kuanzas (cinco euros) de transporte al día, cuando su salario diario como zapatero es de un euro.

En las raras ocasiones en las que un dispensario rural puede proveer medicamentos antirretrovirales, continúa siendo necesario viajar a las grandes ciudades para poder realizar las pruebas de control de la enfermedad.

Por ello, resulta imperativo integrar el diagnóstico y el acceso a los tratamientos en la estructura de la salud primaria, el primer nivel de atención. Las actividades de la lucha contra el sida deben estar lo más cerca de las poblaciones aisladas.

Las mejoras que ofrece esta estrategia son evidentes. Así, la población prefiere pasar consulta en su centro de salud habitual que desplazarse a un centro alejado pero especializado en sida. Esto permite luchar contra la estigmatización ligada al VIH, ya que las personas no delatan su condición de seropositivas al entrar en el centro, preservando así su derecho a la intimidad y previniendo su estigmatización y aislamiento.

Los médicos rurales también se enfrentan al desafío de la observancia del tratamiento. Por ejemplo, el cumplimiento de los tratamientos contra la tuberculosis, una de las enfermedades oportunistas del sida, debe ser estricto para evitar la resistencia a los fármacos. La cercanía al paciente con sida, que en muchos casos padece también tuberculosis, reduce la tasa de abandono del tratamiento de esta última. En Benin, hemos reducido las tasas de abandono de un 33% a un 15%.

El sida ha supuesto una movilización social sin precedentes de las sociedades civiles del Sur y del Norte, que han conseguido que no se diera por perdida una guerra que se pensaba imposible de ganar. En estos momentos, uno de los campos de batalla contra la enfermedad en los países en desarrollo se libra en las zonas rurales, la última frontera para una epidemia que necesita ser abordada de una forma integral.

En este sentido, el esfuerzo para combatir la enfermedad puede y debe contribuir al fortalecimiento de los sistemas públicos de salud. De hecho, el sida podría servir de acicate en beneficio del tratamiento de otras patologías crónicas y de la mejora del conjunto del sistema de salud de estos países. Aprovechémoslo.

Teresa González es presidenta de Médicos del Mundo

Ilustración de Javier Jaén

Espectacular fuga de la prisión palestina

07 feb 2008
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TERESA GONZÁLEZ y PIERRE MICHELETTI 

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El 23 de enero, miles de presos consiguieron evadirse de una prisión palestina. Los fugitivos, hombres, mujeres y niños, se precipitaron a través de las brechas abiertas por los explosivos colocados en los muros de la frontera sur.

Son, la gran mayoría, presos políticos que residen en lo que constituye hoy el centro penitenciario más grande del mundo y que se extiende sobre una franja de 40 kilómetros de largo por 10 kilómetros de ancho, en la que viven 1,4 millones de personas.

Este territorio se caracteriza por un escenario en el que las armas están omnipresentes, donde Fatah y Hamás se disputan el poder al mismo tiempo que un buen número de sus líderes están en prisión.

La cuestión religiosa se radicaliza al mismo tiempo que el mundo árabe-musulmán sacraliza la cuestión palestina para hacer de la misma un teatro emblemático de sus conflictos con Occidente.

Es la gran prisión a cielo abierto de Gaza.

La población purga allí un castigo colectivo cuya causa es que la relación de fuerzas basculó a favor de Hamás en la Franja. Después de la victoria de este partido en las elecciones legislativas de febrero de 2006, se puso en marcha un embargo económico y financiero. La población palestina ha sido la primera víctima de las medidas de restricción instauradas desde entonces. La Unión Europea en el seno del Cuarteto (junto con Rusia, Naciones Unidas y Estados Unidos) forma parte, con Israel, de los carceleros.

Durante el verano de 2006, Médicos del Mundo hizo público un informe en base a dos encuestas realizadas en el terreno para mostrar las dificultades de acceso al agua, a la alimentación y a cuidados sanitarios de la población palestina. El informe describía en particular la gran cantidad de habitantes que padecían problemas psicológicos y depresiones. Insistíamos entonces, y lo volvemos a hacer ahora, en la necesidad de dotar de recursos a la población con el fin de permitirle retomar la esperanza y de no dejarle como única alternativa la espiral de la violencia.

Desde entonces nada ha mejorado, al contrario. La Franja de Gaza se hunde inexorablemente en el caos.

En el terreno nuestros equipos son testigos de la degradación de las condiciones sanitarias. Sobre una lista de 400 medicamentos esenciales, 105 ya no están disponibles. Entre otros, faltan antibióticos, anestésicos, psicotrópicos, así como medicamentos para el tratamiento de las enfermedades crónicas como la diabetes o enfermedades cardiovasculares.

La situación es crítica.

Los laboratorios están incapacitados para funcionar por la falta de reactivos. Los hospitales no cuentan con abastecimiento eléctrico continuo. Los centros de salud primaria se ven obligados a interrumpir algunas de sus actividades tales como vacunaciones, por no poder asegurar la cadena de frío, o el tratamiento de enfermedades crónicas debido a la falta de fármacos. De las 4.000 solicitudes de autorización para recibir tratamiento fuera de Gaza, 713 han visto rechazado su derecho a salir de la Franja. Desde junio, 62 de estos pacientes han muerto por las consecuencias de la falta de tratamiento.

Los precios de los productos básicos han subido inexorablemente. Así, el precio del pan y de la harina ha aumentado un 60 % en seis meses.

El universo carcelario en el que vive la población de la Franja de Gaza desde hace demasiado tiempo es inaceptable, pero todavía es posible evitar la caída de estos territorios en una espiral de violencia generalizada.

Tenemos derecho a pensar que la opinión pública internacional ha pesado para poner fin al bloqueo total que ha padecido Gaza estos últimos días. Europa puede y debe presionar al Gobierno israelí con el fin de permitir el restablecimiento del conjunto de los flujos económicos y financieros que prevalecían antes de la imposición del embargo de 2006.

La UE puede iniciar un diálogo directo con los representantes de Hamás, diálogo sobre el cual reposan las únicas esperanzas de evolución a posiciones moderadas en el seno de este partido. Bruselas también tiene la responsabilidad de negociar la interrupción del lanzamiento de cohetes sobre territorio israelí, Sderot y las áreas limítrofes con Gaza, que mantiene a la población civil de estas zonas en una situación de terror constante, situación por la que Israel justifica su estrategia actual.

¿Qué diplomacia europea es ésta en que se prohíbe el acercamiento y el debate? Muchos regímenes de prácticas nauseabundas son objeto de un tratamiento más pragmático. En esos casos se esgrime la voluntad de acceso y de apoyo a las poblaciones civiles como prioridad.

Después de varias horas tras su huida a Egipto, los numerosos fugitivos de Rafah volvieron a su lugar de detención con productos de primera necesidad. Decididamente, los detenidos de la Franja de Gaza permanecen
ligados a su prisión…

Teresa González y Pierre Micheletti son presidentes de Médicos del Mundo de España y Francia

Ilustración de José Luis Merino