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Dominio público

Opinión a fondo

Golpe de Estado silencioso

25 jun 2011
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WILLY MEYER

El presidente de la Comisión Europea, José Manuel Durão Barroso, calificó de “revolución silenciosa y gradual” las medidas de control y de disciplina económica y financiera impuestas a los estados miembros de la UE, en una conferencia en la Universidad Europea de Florencia al día siguiente del Consejo Europeo que decidió el paquete de Gobernanza Económica Europea (18-06-10). “A veces en Europa los pequeños pasos son los más importantes. Leed atentamente las conclusiones del Consejo Europeo de ayer, por favor. Lo que está sucediendo es una revolución silenciosa, una revolución silenciosa en términos de una gobernanza económica más fuerte de forma gradual. Los estados miembros han aceptado –y espero que lo hayan entendido correctamente– dar poderes muy importantes a las instituciones europeas sobre vigilancia [económica] y un control mucho más estricto de las finanzas públicas. Esto sucedió ayer. Aceptaron el principio, por supuesto. Ahora nos toca legislar”, dijo Barroso.

El presidente de la Comisión se refería al desarrollo del denominado Semestre Europeo, es decir, el programa de vigilancia presupuestaria nacional que obliga a los estados a presentar sus programas económicos, incluidas las líneas generales de sus cuentas nacionales, ante la Comisión Europea y el Consejo, antes de someterlos a debate en sus respectivos parlamentos.

La maquinaria neoliberal europea impulsada por populares, socialdemócratas y liberales ha consensuado tres pactos: el Pacto de Estabilidad y Crecimiento, el Pacto de la Reforma Estructural y el Pacto del Euro, con la voluntad por parte de la Comisión y el Consejo de imponerlos a la ciudadanía europea representada por los parlamentos nacionales.
La obligatoriedad de que los gobiernos presenten ante estas instituciones sus propuestas económicas antes que a los parlamentos nacionales supone, al contrario de lo que opina Durão Barroso, un verdadero golpe de Estado silencioso contra las soberanías nacionales mediante la presentación previa de los llamados Programas Nacionales de Reforma, desarrollo de la Estrategia Europa 2020, continuación a su vez de la fracasada Estrategia de Lisboa (previsión de un crecimiento anual del 3% y creación 20 millones de nuevos empleos en enero de 2010).

Desde Bruselas, este golpe pretende desmantelar el Estado social europeo y uniformizar criterios para atacar salarios (flexibilización laboral, destrucción de la negociación colectiva), reducir drásticamente la función pública tanto en personal como en retribuciones, retrasar la edad de jubilación, privatizar el sistema de pensiones y concluir con el proceso de desmantelamiento progresivo de los servicios públicos.

La llamada Gobernanza Económica Europea (la concreción de los tres pactos) se contrapone al verdadero Gobierno Democrático de la Economía, imprescindible en la reconducción de la construcción europea para alcanzar la cohesión social, territorial y el bienestar social de las personas.

No es casual que se rehúya la necesidad de avanzar en el gobierno democrático de la economía europea, porque esto implicaría poner en marcha una arquitectura política completamente diferente y definir una orientación económica diseñada por y para los ciudadanos europeos desde el control exclusivo de las soberanías nacionales y europea.

La actual estructura política europea invita cada vez más a la ciudadanía a distanciarse de las instituciones, ya que percibe que el empeoramiento de sus condiciones de vida tiene que ver precisamente con la lluvia ácida promovida por el Consenso de Bruselas (la traslación del Consenso de Washington, basado en los principios de privatización, desregulación laboral y no intervención pública de la economía), preocupado exclusivamente por garantizar la libre circulación de mercancías y la acumulación de grandes capitales y grandes fortunas, hostigando los salarios y el bienestar de las personas europeas.

El puño de hierro que pretende imponer estos ajustes provoca, de una parte, la reacción sindical europea con huelgas generales, y la invitación a coordinar acciones de carácter europeo, como indica el Manifiesto de Atenas de la Confederación Europea de Sindicatos; y por otra, la indignación y rebelión de quienes no se resignan a ser espectadores de una vuelta atrás de las agujas del reloj de la Historia.

El europeísmo militante y exigente debe reclamar la necesidad de someter a referéndum en la UE todas estas reformas y medidas de ajuste que invaden las soberanías nacionales, para que sea el pueblo europeo el que dé su conformidad o no a esta deriva antisocial y por tanto antieuropea.

El pueblo islandés decidió en referéndum que no debería pagar las irresponsabilidades y errores de sus bancos, así como sentar en el banquillo al ex primer ministro conservador Geir H. Haarde, por su supuesta negligencia ante
la crisis que llevó a Islandia a la bancarrota.

Cuando la democracia prevalece y los pueblos opinan, se pueden poner las cosas en su sitio. Frente al golpe de Estado silencioso contra las conquistas sociales europeas, un referéndum se hace imprescindible.

Willy Meyer es eurodiputado de Izquierda Unida
Ilustración de Diego Mir

¿Salir de la crisis por la izquierda?

10 oct 2009
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WILLY MEYER

dominio-10-10.jpgEl desplome del SPD en las últimas elecciones legislativas en Alemania es otra clara muestra de la caída sin precedentes de fuerzas políticas que se consideran la expresión actual de la socialdemocracia europea. Sin lugar a dudas, el abandono de sus señas de identidad ha sido una de las causas de este hundimiento y ha facilitado a las fuerzas conservadoras, liberales y xenófobas una salida de la crisis por la derecha que no sólo no cuestiona el sistema que la ha generado –el capitalismo en su fase más alta de desarrollo–, sino que intenta readaptarlo hasta el siguiente ciclo de recesión.

Si releemos a Olof Palme, que consideraba fundamental una intervención en la economía para solucionar los problemas sociales y medioambientales, podremos constatar cómo los actuales dirigentes socialistas han abandonado las que fueran sus señas de identidad. El líder sueco escribía ya en los años setenta que “la economía de mercado no puede ofrecer una solución válida para estos problemas. Estamos ante tareas de capital importancia para el desarrollo de la sociedad. Decisiones tan importantes no se deben dejar en manos de intereses privados. No podemos permitir que el afán de lucro y el espíritu de competencia determinen la estabilidad del medio ambiente, la seguridad del empleo o el desarrollo técnico” (La Alternativa socialdemócrata, Editorial Blume, 1977).

La intervención del Estado en la economía, idea troncal del pensamiento socialdemócrata, se diluyó en un consenso larvado desde los años ochenta con los conservadores europeos. El consenso de Bruselas, a imagen y semejanza del consenso de Washington, supuso la libertad total de intercambio de bienes, capitales y servicios, la absoluta desregulación y la drástica reducción del gasto público, con el consiguiente ataque frontal al modelo social europeo. Sobre esta filosofía se ha construido la Unión Europea. El actual Tratado de la UE, en sus artículos 43 y 49, consagra esta preeminencia del mercado sobre los derechos y el bienestar de las personas.

El voto favorable de los socialistas españoles y portugueses a la reelección de Durão Barroso invalida de nuevo a la socialdemocracia como alternativa al sistema responsable de la crisis.

¿Y la responsabilidad de la izquierda alternativa que representa en España Izquierda Unida?

Es justo concluir que la izquierda que no se rindió a la llamada del mercado como único regulador de la vida de las personas ha sufrido distintos avatares que impidieron hasta el día de hoy estar en el pensamiento de las personas como una verdadera alternativa al sistema. Recientemente, esta izquierda se ha consolidado en países como Alemania, Portugal, Grecia, Chipre, República Checa, e incluso Francia. En España falta el despegue definitivo de IU.

IU resolvió en su última Asamblea Federal algo fundamental para consolidar su relanzamiento: su definición unitaria de fuerza claramente anticapitalista que defienda sin complejos los valores clásicos socialdemócratas y socialistas mediante: la intervención pública de la economía y el mercado (nacionalización de la Banca y participación total o parcial en empresas estratégicas de la energía, siderurgia, naval, transporte, telecomunicación, correos, una parte del sector del automóvil y la gestión del agua); una política fiscal progresiva para que se contribuya proporcionalmente a los beneficios; un aumento sustancial del gasto público; la recuperación del poder adquisitivo de los salarios y la reducción de la jornada laboral a 35 horas semanales; garantizar la seguridad alimentaria y un nuevo modelo de desarrollo sostenible.

Pero, desde mi punto de vista, para organizar, construir de forma unitaria en la sociedad esa alternativa, IU debe superar el idealismo ingenuo que poco tiene que ver con la base material de la realidad que nos impregna al conjunto de la organización: pensar que la comunicación de nuestras ideas, propuestas y alternativas a la sociedad se pueden vehicular de la misma forma que las trasladan el PP o el PSOE. Esto es, cargar el peso de la comunicación sobre los medios de comunicación, prensa, radio y televisión sean públicos o privados. El propio mercado desregulado es el responsable de unas nuevas reglas de juego no escritas que sólo permiten la expresión de ideas bipartidistas.

En definitiva, hay que recordar que para los marxistas las ideas pertenecen a una superestructura condicionada por la estructura económica de la sociedad, su verdadera base real, y no a la inversa.

Por eso, Izquierda Unida debe recuperar lo mejor de la cultura organizativa de la izquierda, su capacidad de organizar y organizarse, recuperar el liderazgo social en el encuentro directo con lo más dinámico de la sociedad: sindicalistas, jóvenes, personas de la cultura, feministas, pacifistas; en definitiva, toda la red social alternativa.

Sin duda requerirá de una verdadera revolución organizativa para priorizar el trabajo de los cargos públicos, personas con responsabilidades de IU en una larga marcha al encuentro directo, sin intermediaciones con la sociedad.

Se trata de recuperar la cultura de la octavilla para divulgar que es necesario y posible una salida por la izquierda a la crisis y para ello es imprescindible defender un modelo alternativo para que la sociedad permita juzgarlo y, si es posible, defenderlo y sostenerlo frente al modelo consensuado de PP y PSOE en España y Europa.

Ya hemos emprendido esta larga y difícil marcha –pero la más segura– para que en 2012 Izquierda Unida permita en el Congreso de los Diputados una salida a la crisis del sistema capitalista por la izquierda.

Willy Meyer es eurodiputado y responsable internacional de Izquierda Unida

Ilustración de Gallardo