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Dominio público

Opinión a fondo

La conspiración del silencio

03 dic 2010
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GONZALO BOYE TUSET y WOLFGANG KALECK

Una característica de la Administración Bush fue la práctica sistemática de la tortura en una mal llamada “guerra contra el terror” y, de lo revelado por Wikileaks esta semana, es patente que podremos considerar a la Administración Obama como una comprometida con el encubrimiento sistemático de los delitos de su predecesor. Obviamente, ni una ni otra Administración han actuado solas, sino que han contado para sus propósitos con el apoyo de diferentes gobiernos amigos, especialmente de los europeos. España no ha sido ajena ni a lo primero ni a lo segundo pero, de comprobarse los datos de Wikileaks, muchos tendrán que dar explicaciones y estas tendrán que ser creíbles y venir debidamente respaldadas, porque con los datos ahora conocidos hemos pasado del terreno de las sospechas al de la certeza que, elevada a prueba, complicaría legalmente a quienes se hayan prestado para tales actos.

Los datos revelados coinciden con la dinámica comisiva de muchos de los avatares procesales que los procedimientos de Guantánamo han venido sufriendo en este año y medio; la fiscalía se opuso con vehemencia a la admisión a trámite de las mismas, lo mismo que se refleja en los memorandos, y también presentó peticiones que han conllevado la paralización de estos procesos. Como medida previa a la admisión a trámite de las mismas, pidió a los dos jueces que recabasen información de las autoridades norteamericanas y, miren por dónde, desde que esas solicitudes se cursaron, esa contraparte nunca ha contestado, paralizando de facto unas investigaciones judiciales por un tiempo más allá del razonable. No contamos con pruebas, aún, de que se haya pactado o aconsejado esta actuación como estrategia, pero existen dudas fundadas de que esa haya podido ser la salida ofrecida al “amigo americano”.

Lo que realmente resulta preocupante no es lo que angustia a Hillary Clinton, es decir, que se pueda poner en riesgo vidas de norteamericanos, lo grave es que se haya generado una suerte de conspiración para mantener en silencio el riesgo vital y físico al que han estado sometidos muchos seres humanos. No es correcto plantear que estamos ante un ataque a la comunidad internacional, sino, más bien, que estamos ante unas revelaciones que demuestran cómo la comunidad internacional ha sido atacada sistemáticamente por diversas administraciones norteamericanas con el concurso de funcionarios de alto nivel de gobiernos amigos.

Cuando se presentó la querella por Guantánamo en España, el fiscal general la definió como “fraudulenta”; sin embargo, la misma no era más que la expresión legítima del derecho a la verdad, a la justicia y a la reparación de quienes sufrieron las torturas allí practicadas. Es factible que dichas descalificaciones no hayan correspondido con el sentir personal sino, más bien, con las necesidades políticas de una potencia extranjera.
Entendemos, pero no justificamos, las razones para guardar silencio o dar respuestas evasivas por parte de la Administración Obama, pero resulta menos comprensible el silencio que están manteniendo los distintos gobiernos afectados que deberían apresurarse para asumir las responsabilidades oportunas.

Más grave que las presiones realizadas por la Administración estadounidense hacia sus aliados es haberse dejado presionar por parte de quienes en nuestros países están obligados a cumplir determinadas funciones y que, a la vista de estos memorandos, se han dedicado a todo menos a desempeñar sus deberes. Estos documentos no son más que la constatación de métodos ilegales de hacer política, más propios de organizaciones criminales que de gobiernos legítimamente elegidos, y la relevancia de su conocimiento público no consiste en que se dejen al descubierto los mismos, sino en que ahora se levanta el velo que cubría los ojos de muchos ingenuos que creían que las cosas funcionaban de una forma distinta a como ha venido sucediendo.

Las informaciones contenidas en estos documentos ponen de relieve que estamos ante personas sin escrúpulos para quienes los fines justifican los medios y que están dispuestos a hacer cualquier cosa, incluso presionar a jueces y fiscales, con tal de no enfrentar el problema real que tienen: asumir las responsabilidades penales por quienes han tomado parte en la ideación, implementación y práctica de la tortura.

España no es el único afectado, pero, ante un problema de estas características, se hace necesario, por salud democrática, que las cosas se aclaren con todas sus consecuencias; no podemos amparar las torturas de Guantánamo ni tampoco actos que permitan la impunidad de quienes los cometieron. Para acallar los graves hechos, se ampararán en un mal entendimiento de eso que se ha dado en llamar “razones de Estado” y que no es otra cosa que un eufemismo para denominar las actuaciones contrarias a derecho que acometen algunos funcionarios públicos arrogándose competencias que nunca han tenido.

Las cloacas de los países están llenas de “razones de Estado”, pero en democracia las mismas no pueden ser de la intensidad y gravedad de las aquí mencionadas porque, en ese caso, lo que se estaría haciendo es un flaco favor a la institucionalidad, precipitándola hasta niveles de perversidad inadmisibles en democracia. La transparencia no es enemiga de la democracia y sólo aquellos que no están interiorizados de los valores propios de un Estado de derecho pueden ampararse en el oscurantismo, en matar al mensajero y en esos aforismos perversos, “razones de Estado”, para intentar tapar el sol con las manos en un vano intento por ocultar lo que otros hicieron.

Gonzalo Boye Tuset esAbogado. Querellante en la causa de las torturas en Guantánamo

Wolfgang Kaleck es Director del European Center for Constitutional and Human Rights de Berlín

La otra cara del lema francés

07 sep 2010
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WOLFGANG KALECK

GONZALO BOYE TUSET

Mientras los europeos de bien disfrutábamos de esas vacaciones a las que nos acostumbró el Estado del bienestar,
Sarkozy, imitando a Berlusconi, deportó a unos 700 gitanos de origen rumano; como en Italia, la excusa fue la supuesta relación entre inmigración y delincuencia. La verdad, sin embargo, dista mucho de ser así y la medida adoptada por el presidente francés no tiene otra explicación que la creciente xenofobia que nos recuerda procesos masivos de expatriación propios de la historia europea más reciente.
En Italia fue la violación de dos mujeres lo que desencadenó las medidas implementadas por
Berlusconi; en Francia, los desórdenes provocados por la muerte de un sin techo fallecido mientras huía de la policía. Hechos aislados que son usados para justificar la idea de inmigrante=delincuente.
La realidad de los sin techo (gens du voyage) en Francia dista mucho de ser la que se nos ha presentado toda vez que existirán unos 400.000 gens du voyage franceses (ninguno de ellos expulsados) de los que sólo 15.000 serán de etnia gitana rumanos; del total de 400.000, equivalen al 0,00025%, cifra que puede considerarse como un error de cálculo que no justifica el trato dado a dicha población, tan europea como
el resto de nosotros, los que estábamos veraneando.
Estas deportaciones, que ahora trascienden por razones de política interna, no son más que la continuación de las realizadas por Francia en 2009 cuando trasladaron forzosamente a 10.000 gitanos rumanos en 44 vuelos. Es decir, estamos ante una política perfectamente establecida y no ante una respuesta histérica a un problema puntual y, justamente por tratarse de una política del Estado francés
–siempre imitable–, es por lo que debemos preocuparnos.
Cuando Rumanía ingresó en la UE, presiones francesas y de otros impusieron periodos de moratoria en materia de libre circulación de personas –contenidas en el artículo 23.2 del Acta de Adhesión de Rumanía y Bulgaria–. Francia es uno de los países que mantiene en vigor el aplazamiento de la plena incorporación rumana al espacio común europeo que, encontrando algún sustento legal, no debería encontrar ni comprensión, ni aceptación ni respeto en el plano de la moral y, sobre todo, de los principios que dicen regir a dicho Estado: libertad, igualdad y fraternidad.
Libertad restringida por la decisión política de Sarkozy al detener o retener, lo mismo da, a un grupo significativo de rumanos (por ser gitanos), deportándolos a su país de origen.
Igualdad brutalmente atacada con este proceso de deportaciones porque sólo afecta a los sin techo de etnia gitana y nacionalidad rumana, no así a la gens du voyage de origen francés o de algún origen más aceptable para el presidente galo.
Fraternidad destrozada porque no hay nada menos amistoso que el trato dado a dicha comunidad en lo que, como ya dicen en Francia, no es más que la “etnitización” de un problema que va mucho más allá del origen de las personas sin techo.
La idea central con la que se nos vendió el concepto de “una Europa sin fronteras” se sustenta en la libre circulación de personas, mercancías y capitales pero, al respecto, no es irrelevante la directiva 38/2004 por la cual se establece una salvedad a dicha libertad ambulatoria amparada en cuestiones de “orden público”, directiva gestada como respuesta a la sentencia del Tribunal de Justicia de la Comunidad Europea en el asunto Donatella Calfa, y base legal sobre la que ha actuado Sarkozy quien, además, cuenta con la comprensión de Basescu, presidente de todos los rumanos… que no sean gitanos.
Dicha directiva, en sus artículos 27 y 28, prohíbe la expulsión de los menores de edad y de quien acredite un arraigo superior a diez años y, para su aplicación, exige el respeto de los principios de proporcionalidad, audiencia y responsabilidad individual del afectado. Nada de esto ha sido respetado por Sarkozy con la oposición de algunos de sus propios diputados como Jean-Pierre Grand e, incluso, las manifestaciones contrarias de amplios colectivos sociales comprensivos de los propios gitanos franceses y aplaudida discretamente en España, por muchos, y, sin disimulos, por el PP de Badalona. Las razones de orden público son aplicables de forma personal, es decir, a cada persona por sus propias actuaciones, pero jamás a colectivos enteros y, mucho menos, por razones étnicas como sucede con los gitanos de origen rumano.
Si realmente la Europa que nos piden ayudar a construir es la de la libre circulación de personas, capitales y mercancías, dicha libertad debe ser extensiva a todos y no sólo a quienes cumplan unos determinados cánones aceptables para los colectivos más reaccionarios de este continente que, cada día más, tiende a repetir errores del pasado reciente; la Europa unida funcionará en la medida que compartamos valores y derechos garantizados para todos, con independencia de la etnia a la que pertenezcamos.
Ante este problema, Alemania debería jugar un papel relevante que su propia historia le demanda en virtud de los casi 500.000 gitanos asesinados durante el nazismo, no debiéndose olvidar que ese exterminio vino precedido de unas campañas de propaganda y actos de discriminación como los actuales; esta vez no podemos permitir que las cosas lleguen tan lejos y el resultado final depende de todos nosotros.

Wolfgang Kaleck es presidente del European Center for Constitutional and Human Rights y Gonzalo Boye Tuset esabogado

Ilustración de Miguel Ordóñez