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	<title>Dominio público</title>

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        <title>Dominio público</title>
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	<description>Opinión a fondo</description>

	<pubDate>Sun, 22 Nov 2009 05:58:08 +0000</pubDate>

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	<language>en</language>

	
	
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		<title>La revolución gris</title>

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		<pubDate>Sun, 22 Nov 2009 05:57:45 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Pilar Estébanez]]></category>
<category>sociedad</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>PILAR ESTÉBANEZ</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-22.jpg" alt="11-22.jpg" align="right" />Uno de los mayores cambios a los que se enfrenta nuestra sociedad es el  crecimiento acelerado del grupo formado por las personas mayores de 65 años, que  en España son cerca de ocho millones de personas –casi la quinta parte de la  población– y que, en pocas décadas, llegará a 10 millones. Según la ONU, en 2050  en España habrá más personas mayores de 60 años que niños. Este es un fenómeno  sin precedentes: el aumento del porcentaje de las personas mayores de 60 años  debido a un descenso de la mortalidad está acompañado por la disminución del  porcentaje de niños y adolescentes debido a la baja fertilidad. Es lo que los  expertos denominan “la transición demográfica”.</p>
<p>Este hecho, que está  cambiando el perfil de nuestra sociedad de una manera significativa y que puede  ser una verdadera revolución –por las exigencias presupuestarias necesarias para  hacer frente, por ejemplo, a las necesidades derivadas de los servicios sociales  o sanitarios–, está despertando, paradójicamente, un escaso interés social, como  si no quisiéramos darnos por enterados. Se calcula que en el año 2050, por  primera vez en la historia de la Humanidad, la cantidad de ancianos en el mundo  superará a la cantidad de jóvenes. La proporción de ancianos creció en forma  continua durante el siglo XX, y se prevé que la tendencia proseguirá en el siglo  XXI. Actualmente, el porcentaje de mayores de 65 años supone el 7,3% de la  población mundial. En 2050, el porcentaje subirá hasta el 16,2%, aproximadamente  1.500 millones de personas. En Europa estamos ya en un 17%, y en algunas zonas  de España el porcentaje asciende hasta un 33%. Y el subgrupo dentro de los  ancianos que experimenta un mayor crecimiento es el de mayores de 80 años. A tal  punto está aumentando este grupo que supondrá más del 12% de la población  española en el 2050.</p>
<p>¿Qué significan todos estos datos? Que nuestra sociedad  está efectuando una rápida transición hacia una sociedad envejecida. Y se  considera casi irreversible por el escaso aporte de nueva población –pocos  nacimientos– que parece tener poco remedio.</p>
<p>En el fondo, se trata de un  logro social: los avances de la medicina, del acceso a una buena alimentación y  buenos cuidados, han hecho que cada vez podamos vivir más. Y este gran logro  social a veces es visto como un gran desastre, porque la sociedad ni está  preparada para ello, ni está teniendo en cuenta todos los desafíos que supone el  envejecimiento de la población. Y lo que es evidente y hay que asumir es que la  población activa laboralmente está decreciendo en porcentaje respecto de la  población pasiva, con todo el desafío que supone para la economía y el  mantenimiento del Estado del bienestar. Si consideramos el grupo de personas  entre 60 y 80, estos cuentan con un sistema nervioso en plenas facultades –a  excepción de aquellos con enfermedades degenerativas–, pues es uno de los  órganos que envejece más tarde. De hecho, grandes intelectuales, científicos,  escritores, artistas y muchos premios Nobel se incluyen en este grupo. A esto se  añade un porcentaje alto de personas mayores con buena salud, aunque somos  conscientes de que esta longevidad implica también un aumento de la prevalencia  de enfermedades crónicas y degenerativas y con grandes consecuencias por la  aparición de dependencia. También es cierto que este fenómeno se retrasa cada  vez más.</p>
<p>La vulnerabilidad de los mayores puede derivar en situaciones de  ausencia de derechos, mismas oportunidades y discriminación –todo ello dominado  por la gerontofobia– y pueden ser rechazados porque no son considerados  productivos. Además de este determinismo económico, parte de la opinión pública  mantiene los estereotipos más negativos asociados tradicionalmente a la vejez,  considerándola como un estigma que nadie quiere. El ser humano se niega a  aceptar el envejecimiento: en las últimas décadas, el crecimiento de toda una  industria anti-edad ha sido espectacular: ahí están la industria cosmética o la  farmacéutica.</p>
<p>Muchas veces se olvida también que esas personas que han  llegado a mayores, que ya no son productivos desde un punto de vista  economicista, han contribuido con su esfuerzo, con su trabajo y con su  sacrificio durante muchos años a que nuestra sociedad haya llegado hasta donde  ha llegado. Por tanto, la sociedad no les está regalando nada. Tienen derecho a  tener cubiertas todas sus necesidades.</p>
<p>Pero, para poder garantizar esos  derechos –que todos disfrutaremos tarde o temprano (parece que a veces se nos  olvida)–, se necesitan recursos financieros que sólo pueden llegar a través de  los impuestos. Debemos pagar hoy para tener bienestar mañana, un principio  social que no debemos olvidar. También tenemos que considerar seriamente la  necesidad de facilitar la llegada de inmigrantes, necesarios en una sociedad con  un creciente desequilibrio entre los sectores que trabajan (jóvenes) y los que  ya han quedado fuera del sistema productivo (mayores).</p>
<p>Es imprescindible y  se hace necesaria la cohesión social entre generaciones de jóvenes y mayores.  Los jóvenes de hoy tienen que ser conscientes de que con el tiempo pasarán a  engrosar unas abarrotadas filas de la tercera edad, y se encuentran con la  oportunidad de luchar contra la discriminación que sufren las personas mayores.  También es necesario que la sociedad civil y los medios de comunicación  colaboren con el fin de romper con la imagen de que los mayores son una carga  para la sociedad joven y laboralmente activa.</p>
<p>Igual que nos estamos  planteando un desarrollo sostenible para ser responsables con las generaciones  futuras, debemos plantearnos ser responsables también con las generaciones  anteriores. No se trata más, en definitiva, que de una inversión en nuestro  propio futuro.</p>
<p><em><strong>Pilar Estébanez</strong> es presidenta de la Sociedad Española de Medicina Humanitaria</em></p>
<p><em>Ilustración de <strong>Javier Olivares </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>Comunistas de Israel: ayer y hoy</title>

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		<pubDate>Sat, 21 Nov 2009 05:46:47 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Felix Población]]></category>
<category>Historia</category><category>política</category><category>política internacional</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>FÉLIX POBLACIÓN</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-21.jpg" alt="11-21.jpg" align="right" />Supe de la vigencia del antiguo Partido Comunista de Palestina, hoy Partido  Comunista de Israel, gracias al filme de Eran Torbiner Madrid before Hanita,  presentado hace un par de años en España por la Fundación Sindical de Estudios.  El documental es una crónica de la lucha contra el fascismo de 300 judíos  comunistas, provenientes de Palestina e integrados en las Brigadas  Internacionales (BI) que apoyaron a la República durante la Guerra Civil. La  película incluye entrevistas con los últimos supervivientes, así como extractos  de sus cartas y diarios durante el conflicto. También, las polémicas que a la  hora de alistarse tuvieron con los líderes sionistas y los camaradas de su  propio partido, incapaces de comprender la incumbencia de intervenir en una  contienda tan lejana.</p>
<p>En conjunto fueron entre 6.000 y 8.000 los judíos de  diversas nacionalidades los que participaron en la lucha contra el alzamiento  militar de Franco. Dado el contingente de integrantes, uno de los mayores  registrados en las BI, me sorprendió hasta cierto punto que el director Torbiner  expusiera como razón fundamental para rodar la película el desconocimiento que  había en su país de ese capítulo de su memoria histórica, común en este caso con  la nuestra. Quizá, pensé entonces, tal indiferencia u olvido para rescatar ese  pasado testimonial, que tan premonitorio fue en la necesidad de combatir al  fascismo, se debiera a la insignificancia social del vigente Partido Comunista  de Israel, pero no es así del todo.</p>
<p>Ocurre con el viejo PC de Palestina  –como con otras entidades y asociaciones cívicas comprometidas con una solución  pacífica y justa al largo y sangriento conflicto que se vive en aquella región,  y de las que sólo excepcionalmente tenemos noticia como no sea a través de los  medios alternativos– que no es objetivo de interés informativo convencional,  como la materia histórica de la que Torbiner se ha hecho por fin mensajero. Ni  siquiera cuando se cumple en 2009 el nonagésimo aniversario de su  fundación.</p>
<p>Más que por ese motivo, sin embargo, los comunistas judíos podrían  haber sido noticia por hechos de más viva e infausta actualidad, como los  derivados de la masacre de Gaza, de la que ahora se va a cumplir un año. El PC  de Israel y su frente Hadash, según su secretario general, el escritor Mujammad  Nafa’h, son las únicas fuerzas políticas del país que se enfrentaron a la  invasión. Ni eso, ni varias manifestaciones multitudinarias que tuvieron lugar  en Sajnin y Tel-Aviv contra la criminal ofensiva dispusieron de una mínima  cobertura en la gran prensa. Como no la tiene la postura sustentada por el  Partido Comunista de Israel desde 1947, basada en la existencia de dos Estados  para dos pueblos y el apoyo al derecho de autodeterminación del pueblo  palestino, con soberanía estatal sobre los territorios ocupados por Israel en  1967 y teniendo a Jerusalén oriental como capital.</p>
<p>Fundamenta Mujammad Nafa’h  el alto nivel de apoyo (70%) que la sociedad israelí dispensó a la invasión de  Gaza en dos razones. Por un lado, la ciudadanía se dejó engañar por la  propaganda falaz de las instancias oficiales, que definieron la ofensiva como  acción de autodefensa, sustrayendo por medio de la censura la información más  cruenta del ataque. Por otro, las acciones aisladas de Hamás contra la población  civil del sur de Israel, la más pobre de la nación, contribuyeron a reforzar ese  apoyo. El PCI condena los ataques de ese carácter, provengan de donde provengan,  aunque apoye la lucha política y de masas del pueblo palestino.</p>
<p>El PCI tiene  tres diputados en el Parlamento israelí y cuenta con varios alcaldes, entre  ellos el de la capital árabe de Israel, Nazareth, donde gobierna desde hace más  de 30 años. En las últimas elecciones municipales celebradas en noviembre  pasado, el candidato comunista a la alcaldía de Tel-Aviv obtuvo el 36% de los  votos, frente al 51% de los logrados por el candidato laborista. El PCI es el  único partido del país en el que militan indiscriminadamente árabes y  judíos.</p>
<p>Como también pocas veces tenemos oportunidad de recibir información  acerca de aquellos estados de opinión de la sociedad judía que no comparten la  política sionista del Estado israelí, es de significar a criterio de los  comunistas que los espacios democráticos del país están en claro retroceso.  Tanto desde el Gobierno como desde los grupos de extrema-derecha, oficialmente  descontrolados, se está dando un creciente hostigamiento del que son víctimas la  minoría nacional árabe-palestina y los sectores de la izquierda consecuente. El  secretario general del PCI no tiene reparo en afirmar que bajo la dirección del  partido chauvinista de Yvette Liberman Israel Beiteinu (Israel es nuestra Casa)  se ha desatado una campaña racista contra la población árabe y que existe un  riesgo verdadero de avance fascista en la sociedad israelí.</p>
<p>Es de recordar,  en relación con denuncias de este carácter que tan ingratas han de ser para  quienes pretenden esconder la realidad política y sociológica de aquel país bajo  las pautas codificadas que determinan los canales mediáticos convencionales, que  hace seis años el anterior secretario general del Partido Comunista de Israel,  Issam Majul, salió milagrosamente ileso de un atentado que pretendió acabar con  su vida mediante una bomba colocada en los bajos de su coche.</p>
<p>Además del  documental de Torbiner sobre los judíos comunistas de Palestina que contendieron  en la Guerra Civil, dos realizadores argentinos estaban preparando hace meses  otro sobre el Batallón Palafox de la Brigada Dombrowski, la conocida como  Compañía Botwin, que combatió en la Batalla del Ebro. Son páginas relevantes de  una lucha memorable y necesaria contra el fascismo de ayer. Recuperarlas es  avivar la conciencia de esa lucha allí donde el fascismo pueda<br />
reverdecer  hoy.</p>
<p><em><strong>Félix Población</strong> es escritor y periodista</em></p>
<p><em>Ilustración de <strong>Iker Ayestaran </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>Las falsas ruinas de la izquierda</title>

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		<pubDate>Fri, 20 Nov 2009 05:57:01 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Cayo Lara]]></category>
<category>política</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>CAYO LARA</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-20.jpg" alt="11-20.jpg" align="right" />Hace unos días, el mundo global celebró un acontecimiento planetario: una nueva  fiesta de la libertad. Esta vez, el pretexto para la reunión (y las imágenes que  construirán la Historia) era el vigésimo aniversario de la caída del Muro de  Berlín y el triunfo de la democracia. El segundo objetivo, adornado por una  conmemoración junto a la Puerta de Brandemburgo, era insistir –agitando la  espada de la libertad– en la imposibilidad del socialismo democrático del siglo  XXI: el Fin de la Historia del proyecto comunista.</p>
<p>La acusación es tópica y  recurrente: todos aquellos que, de un modo u otro, defendemos en la actualidad  un discurso emancipador, sea cual sea la forma práctica que adopte, somos  fósiles rencorosos, vivimos anclados en el pasado –de ahí deducen que viene  nuestra insistencia con la memoria histórica–, nos mostramos reacios a la  aparente modernidad del mundo desarrollado, lo que nos hace ser merecedores de  ser juzgados, moralmente, por responsables directos del gulag y, por extensión,  por ser cómplices de la dictadura cubana. Vamos, como si al líder del PSOE y  presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, se le hiciera responsable  directo de los desmanes del felipismo al permanecer en su partido cuando se  enteró de los crímenes del GAL y la corrupción; a Fraga Iribarne, ministro  franquista de Información y Turismo (1962-1969), cómplice de la tortura y  ejecución de Julián Grimau (1963) por parte de los aparatos de represión del  régimen, o al reciente Premio Nobel de la Paz, Barack Obama, responsable, por  heredero, de la Administración de EEUU que lanzó bombas nucleares sobre  Hiroshima y Nagasaki. Sospecho que, pese a mi intención pedagógica, no he  elegido bien los ejemplos.</p>
<p>No se trata aquí, a estas alturas, de alejarse  del enterrado comunismo soviético y sus errores, del socialismo real. Se trata  de reconocer y recordar, ya que se olvida con demasiada frecuencia, que la  tradición antifascista y republicana de la izquierda transformadora española y,  en concreto, la lucha del PCE contra la dictadura militar nacional-católica,  hace que ningún comunista español ni ningún miembro de Izquierda Unida sienta  como propios esos cascotes. Son unos falsos escombros quenos han arrojado,  desde los años cuarenta, como pedradas ideológicas.</p>
<p>“Comunistas a Moscú”, se  decía. El PCE ya denunció en su día, junto con otros partidos comunistas  europeos, la deriva del proceder soviético. El Eurocomunismo es la prueba  fehaciente. Por tanto, no necesita justificación alguna: la historia ya le ha  absuelto. La derecha española, fiel a su tradición, sigue siendo anticomunista.  Y una parte amplia de la socialdemocracia, también. Es bueno que piensen, pese a  nuestro actual porcentaje electoral, que somos una alternativa, y su empeño  en<br />
sepultarnos bajo cascotes legendarios lo demuestra.</p>
<p>Debemos conocer la  realidad que nos ocultan. Debemos luchar contra la desinformación general que  propugna el modelo. El Muro de Berlín fue una de las consecuencias –una  equivocación, sin duda– de la Guerra Fría. Una guerra que empezó el día que el  Ejército Rojo entró en Berlín, el 30 de abril de 1945, tras derrotar a la  Werhmacht en Stalingrado y terminó con la barbarie del Tercer Reich. Los  aliados occidentales, anglosajones unidos, mientras tanto, recorrían la  distancia que separa las atlánticas playas de Normandía de la capital alemana.  Digamos también de soslayo que una parte, quizá esencial, de la Resistencia  francesa eran comunistas y republicanos españoles.</p>
<p>Pero dejemos el pasado,  por importante que sea, y alcemos nuestra voz crítica (silenciada, en muchos  casos, por la contaminación acústica y la Ley Electoral) contra los muros  reales: contra todas las empalizadas y alambradas que delimitan y configuran el  presente. Contra la gigante pared de Cisjordania; contra la barrera armada que  separa México de EEUU; contra las espinas y el hormigón que cercenan los  derechos del pueblo saharaui; contra ese atroz desierto de agua, el paso del  Estrecho, con sus miles de cadáveres en el fondo, y por resumir, contra la  muralla invisible que separa, ante nuestros ojos cegados por el individualismo,  los que tienen trabajo de los parados.</p>
<p>Existen muros contra los condenados de  la tierra: los hambrientos del mundo. Vivimos rodeados de parapetos erigidos por  el neoliberalismo. Se conmemoró, 20 años no es nada, la caída del Muro de  Berlín, pero se sigue conmemorando de paso el triunfo de la democracia social de  mercado o democracia de superficie. Esa que en España se plasma en una crisis  financiero-inmobiliaria profunda y sin alternativa económica, con millones de  personas sin trabajo y el aumento de los derechos individuales que afianzan, esa  es su intención, el valor de la subjetividad –el egoísmo, en segunda instancia–  frente a cualquier intento de reflexión y acción colectivas.</p>
<p>En Izquierda  Unida esperamos ver fastos parecidos cuando esas empalizadas de la ignominia  caigan. En ese campo para dar la batalla por la libertad, la igualdad y la  fraternidad –reaparecen las palabras–, por un mundo donde la explotación  desaparezca y sus restos arqueológicos sean los verdaderos escombros del  capitalismo, estará siempre la izquierda transformadora. Que no nos busquen bajo  cascotes ajenos. Que nos busquen en las vanguardias –otra antigualla, dirán– del  socialismo democrático del siglo XXI: el único espacio político posible para una  sociedad libre. Quizá ese día también cante, si su agenda lo permite, el tenor  Plácido Domingo. O su digno sucesor.</p>
<p><em><strong>Cayo Lara </strong>es coordinador generald de Izquierda Unida</em></p>
<p><em>Ilustración de <strong>Mandrake </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>La corrupción de las derechas</title>

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		<pubDate>Thu, 19 Nov 2009 05:35:00 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Vicenç Navarro]]></category>
<category>economía</category><category>franquismo</category><category>política</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>VICENÇ NAVARRO</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-19.jpg" alt="11-19.jpg" align="right" />La dictadura que se implantó en España desde 1939 hasta 1978 se conoce en  nuestro país como franquismo, implicando que fue una dictadura de un general,  Franco, y su Ejército. Aquel régimen, sin embargo, fue mucho más que una  dictadura militar. Fue predominantemente una dictadura de clase, en la que la  burguesía del país (en sus distintas dimensiones: agrícola, industrial y  financiera) utilizó el Ejército para parar las reformas propuestas por un  Gobierno democrático que afectaban a sus privilegios. Estado y burguesía en  aquella dictadura estaban claramente entremezclados, estableciéndose un maridaje  entre el Estado y grandes sectores de la clase empresarial (la gran patronal y  la Banca) basado en la corrupción. Esta era una práctica generalizada, de la  cual las grandes familias y los grandes bloques económicos en España se  beneficiaron enormemente.</p>
<p>La Transición, mal llamada modélica, de la  dictadura a la democracia, cambió algo esta cultura de la corrupción, aunque  continúa muy acentuada en grandes sectores de la burguesía española (de todas  las nacionalidades y regiones de España) como lo atestiguan, entre muchos otros  ejemplos, el caso Gürtel y su conexión con la derecha española, y el caso Millet  y su conexión con la derecha catalana. La juventud debería saber que durante la  dictadura hubo miles y miles de casos Gürtel y casos Millet. La diferencia –una  muy importante– es que ahora bastantes terminan en los tribunales, como ha  ocurrido en estos casos, mientras que durante la dictadura muy pocos terminaron  en ellos. Es interesante señalar, a este respecto, que una de las primeras cosas  que hizo Félix Millet cuando llegó la democracia fue transferir parte de sus  fondos a cuentas secretas en Suiza. Antes no creía que le hiciera falta. Podía  depositar los frutos de su latrocinio en cualquier banco o caja española sin  ningún temor. Pero cuando vino la democracia, la burguesía tenía el temor de que  las izquierdas pudieran interrumpir aquellas prácticas corruptas. Pero en  Catalunya ganó la derecha, que gobernó durante 23 años.</p>
<p>La burguesía catalana  –sectores de los cuales se autodefinieron como catalanistas– había tenido  relaciones privilegiadas con aquel Estado fascista. Apoyó con todos sus medios  el golpe militar que les protegió de las fuerzas democráticas, que probablemente  las hubieran encarcelado, y confiscado sus bienes. El padre de Félix Millet, un  burgués catalanista de la democracia cristiana catalana (y director del diario  católico conservador El Matí) no tuvo ninguna duda, como tampoco la tuvo la  mayoría de la burguesía catalana, en anteponer sus intereses de clase a los de  la nación catalana apoyando el golpe militar que estableció un genocidio  cultural contra Catalunya. Se convirtió en un hombre de confianza del dictador  en Catalunya. Fue, también, presidente del Banco Popular. Tal burguesía puso en  marcha un proyecto, tolerado por el dictador, de establecer un catalanismo  conservador, eliminando cualquier señal de catalanismo laico y progresista.  Parte de este proyecto fue el Orfeó Català, el cual dirigió el padre de Millet  en 1951.</p>
<p>Se puede ver estos días una interesante exposición en Figueres de  cómo los grandes nombres de la burguesía catalana (tales como los dirigentes de  la Lliga, así como Jacint Verdaguer, Joan Maragall, Josep Pella i Morgues y  otros) depuraron todos los elementos progresistas del catalanismo progresista y  laico. Se silenció así el hecho de que las sociedades corales, por ejemplo,  habían sido la voz de la clase obrera en Catalunya, y que los jóvenes  republicanos bailaban sardanas con un amplio repertorio de narrativas  revolucionarias, escritas por el mayor compositor de sardanas, Pep Ventura,  definido por la historia tergiversada del sardanismo (que ha purgado sus  orígenes populares y obreros) como un “hombre de origen humilde”, expresión  utilizada por la burguesía para definir a una persona de origen obrero. Fue esta  visión de un catalanismo burgués y conservador, de carácter esencialista y  fundamentalista, la que fue promovido por la derecha catalana, que gobernó en  Catalunya durante la mayoría del periodo democrático.</p>
<p>Millet hijo sucedió al  padre y mostró no tener ningún conflicto entre ser miembro del consejo director  de FAES (el centro aznariano de estudios del pensamiento profundamente  conservador nacionalista español) y ser presidente de la Fundació Orfeó  Català-Palau de la Música, presidente del Orfeó Català, vice-presidente del  Consorci del Palau de la Música Catalana y dirigente de muchas otras  instituciones catalanistas importantes, estando también en la dirección del  Liceo (que todavía tiene una placa en honor del fascismo), el Círculo Ecuestre y  muchas otras instituciones del establishment catalán. En definitiva, era uno de  los 400 integrantes de las familias que, según había indicado el propio Millet  junior, han regido y gobernado Catalunya durante 70 años.</p>
<p>El oasis catalán,  durante el periodo democrático, estaba basado en una represión que reproducía el  enorme dominio de clase que se perpetuaba a base de un sistema de redes  clientelares, del cual CiU era su rama política. Llevaba razón el ex fiscal  Jiménez Villarejo, cuando, en una entrevista a El Punt, señalaba que “el caso  Millet no es nada más que la continuación de los casos de corrupción de CiU”  (23-10-09). El favoritismo a las empresas que pagaban un “impuesto” al partido  (caso Caric), las famosas concesiones a la Lotería de la Generalitat (caso  Casinos), el caso de la Banca Catalana, el caso Anheuser Busch, el caso del  “empresario modélico” Javier de la Rosa, el caso Treball, el caso Turisme, el  caso Adigsa, y muchos otros casos son los precedentes del caso Millet. De ahí  que los dirigentes de este catalanismo burgués estén preocupados y vean que su  Catalunya está siendo cuestionada. No es Catalunya, sin embargo, sino su  Catalunya la que lo está.</p>
<p><em><strong>Vicenç Navarro</strong> es catedrático de Ciencias Políticas y Políticas Públicas de la Universidad  Pompeu Fabra</em></p>
<p><em>Ilustración de <strong>Mikel Jaso </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>La ruina del campo</title>

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		<pubDate>Wed, 18 Nov 2009 05:44:53 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Gustavo Duch]]></category>
<category>economía</category><category>política</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>GUSTAVO DUCH</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-18.jpg" alt="11-18.jpg" align="right" />Hablemos de negocios. Uno, usted es propietario de cinco hectáreas de naranjos  en la huerta valenciana y la temporada se ha dado bien. Si vende al precio  promedio del sector entonces la diferencia entre ingresos y gastos ha sido de aproximadamente 6.000 euros. 6.000 euros de pérdidas. Dos, usted ha producido  durante este año 750 corderos y los ha podido vender todos. Entonces su cuenta  de resultados indicará en números rojos, 11.000 euros. Y tres –para no  aburrirles con más datos–, pensemos en una explotación de olivares en secano  para producir el reconocido aceite de oliva mediterráneo. Si dispone de 20  hectáreas al precio promedio de la campaña ha perdido 200 euros por hectárea,  unos 4.000 euros. Estas cifras, que afectan a todos los sectores (agricultura de  huerta, de cereales, de frutales, etc. y ganadería de todas las cabañas),  indican la gravedad por la que pasa el sector rural en España. Y, con toda  seguridad, es desde esta grave crisis colectiva que los tres sindicatos  mayoritarios del campo se han puesto de acuerdo para coordinar conjuntamente sus  movilizaciones, en concreto convocando a un paro agrario el 20 y 21 de  noviembre, que finalizará con una manifestación el mismo día 21 en  Madrid.</p>
<p>Con esas cuentas que les he presentado no es de extrañar que, en los  últimos cinco años contabilizados, se hayan perdido del orden de 124.000  empleos. A nadie le gusta trabajar para perder dinero. Por qué la mayoría de las  pequeñas fincas agrarias son deficitarias tiene, desde mi punto de vista, dos  explicaciones. Por un lado la matemática: ventas menos costes igual a beneficio.  Y en los últimos años, de forma continuada, la tendencia ha sido un aumento en  el precio de los insumos (muchos de ellos están ligados al petróleo, por  ejemplo, los fertilizantes o el uso de maquinaria) hasta un aumento total del  35% en ese mismo periodo. Mientras que el precio al que las campesinas y  campesinos venden sus productos ha sufrido, en un sólo año, descensos que pueden  ir desde el 60% de la sandía o el 50% de las patatas hasta un descenso más  moderado del 10% del pollo o la lechuga. Pero el saldo siempre es  negativo.</p>
<p>La segunda explicación tiene que ver con elementos más  estructurales y el modo en que estamos definiendo con decisiones políticas (o  con no decisiones) el modelo de producción de alimentos que queremos para  nuestro país. Y aquí hay que ser rotundos. Todo apunta hacia una agricultura sin  campesinos, en manos de la gran agroindustria y ahora –como una punta de lanza–  las grandes cadenas de distribución. Sin la regularización de los mercados y  disminuyendo las ayudas a la agricultura familiar –estas son las pautas  europeas–, sólo sobreviven los más grandes, los más fuertes. En este caso las  grandes cadenas de distribución que ya se han apoderado del 80% de todas las  compras que se realizan, provocando el cierre de los pequeños comercios a un  ritmo de 11 establecimientos diarios. Con tan absoluto control, los  supermercadísimos se permiten el lujo de presionar a la agroindustria –si hace  falta saliendo a las estanterías con marcas blancas– para obtener precios más  bajos, que esta traslada hacia los productores y productoras con los resultados  que ya hemos visto.</p>
<p>Y nos falta un dato para entender todo el panorama. Los  precios a los que cualquiera de nosotras o nosotros pagamos los alimentos.  Efectivamente los últimos meses, con la crisis general encima, el precio de los  alimentos ha bajado (un menos 2,4%, el último IPC alimentario), pero esta rebaja  llega toda por el estrangulamiento de los precios a los productores. Son ellos  los que la asumen, no las grandes cadenas ni la agroindustria. Y así queda claro  donde están los beneficiados del modelo. Los cálculos que presenta la  organización agraria COAG son claros. Del campo a la mesa, un producto agrario  ha multiplicado su precio en seis veces, y del campo a la mesa un producto  cárnico lo ha multiplicado más de tres veces.</p>
<p>Pero no quiero hablar más de  “números y negocios”, porque si definitivamente este es el abordaje que le damos  a la actividad agraria –la actividad que desde el usufructo de la naturaleza es  capaz de entregarnos los alimentos que necesitamos para la vida– difícilmente le  daremos el trato que amerita. Que el campo se arruine no es sólo una  preocupación para los agricultores, lo es para el resto de la ciudadanía, y por  eso el paro organizado por los sindicatos cuenta con el apoyo de otros sectores  aglutinados bajo el paraguas de la Plataforma Rural. Las labores agrarias son el  motor principal del medio rural y con ellas debilitadas, como una cascada,  desaparecen muchos puestos de trabajo y otras actividades paralelas como la  transformación de alimentos, los cuidados del monte y los paisajes, la  preservación de culturas y tradiciones, etc. No podemos permitirnos dejar la  alimentación en manos de tres o cuatro conglomerados empresariales que producen  alimentos como si produjeran cualquier bien industrial. Su modelo pasa por  deslocalizar la producción a terceros países, donde las normativas sanitarias y  medioambientales son más permisivas, y donde van para aprovecharse de mano de  obra que estrujan olvidando sus derechos, laborales y humanos. ¿Qué lógica es  esta de tener a los países que pasan hambre produciendo alimentos para los  países ricos que podemos pagarla? Ninguna. Bastantes años y muchas injusticias  arrastra este modelo como para no exigir –toda la ciudadanía– dignidad en  nuestro medio rural, y dignidad para el trabajo de alimentar al mundo, aquí y  allá.</p>
<p>Hoy la industria alimentaria alardea de producir a precios bajos, pero  –apunten–, si esta estrategia competitiva les lleva al control total, y todo  apunta hacia eso, jugarán con los precios y con los consumidores. Disculpen,  acabé hablando otra vez de precios y economías.</p>
<p><em><strong>Gustavo Duch</strong> es ex director de Veterinarios sin Fronteras y colaborador de la  Universidad Rural Paulo Freire</em></p>
<p><em>Ilustración de<strong> Javier Jaén </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>Hacia un pacto en educación</title>

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		<pubDate>Tue, 17 Nov 2009 05:18:03 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Jaume Graells]]></category>
<category>educación</category><category>política</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>JAUME GRAELLS</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-17.jpg" alt="11-17.jpg" align="right" />Qué temas podría abordar un pacto de Estado por la educación, habida cuenta del  actual reparto de competencias entre el Estado y las autonomías? Y, sobre todo,  ¿puede ser realmente beneficioso para la educación de nuestro país; algo más que  un gesto bienintencionado?</p>
<p>A mi entender, el pacto de Estado por la educación  es imprescindible: me gustaría decir inevitable. Sin embargo, ni se me ocurre  pensarlo en términos de una nueva reforma de los planes de estudio; otra más a  sumar a la esterilidad de la serie de leyes que han hastiado al profesorado.  Quien gobierna debe dejar de vivir en la ilusión de que toda reforma empieza y  acaba promulgando una ley o un decreto: así es muy fácil –o eso parece– y por  eso se han dado tantos decretos y tantas leyes en nuestro país. Pero es un error  creer que la educación puede ser modificada desde los boletines oficiales. No  deberíamos dejarnos seducir de nuevo por ese espejismo.</p>
<p>El verdadero reto  consiste, pues, en facilitar que el cambio se dé en la práctica diaria de la  docencia. Desde esta óptica, ¿qué temas deben ponerse sobre la mesa?</p>
<p>En  primer lugar, debe reforzarse la titularidad pública de los centros que dependen  directamente de la Administración y eso pasa por orientarse decididamente hacia  la profesionalización de sus direcciones. Hoy más que nunca, ante la complejidad  y diversidad de retos que deben abordar escuelas e institutos, debemos apostar  por su autonomía organizativa y pedagógica; algo que no se puede conseguir sin  equipos directivos profesionales, con autoridad e instrumentos suficientes para  poder lleva a cabo su función de modo eficaz. Sin equipos directivos sólidos,  que representen la titularidad pública del servicio –es decir, el interés de la  comunidad educativa en su conjunto y no sólo de un sector–, se desdibujan en el  horizonte los objetivos de calidad que todos compartimos.</p>
<p>Los directivos  escolares deben jugar un papel importante en la evaluación de los docentes y  este es un factor imprescindible para establecer sobre bases sólidas la carrera  profesional del profesorado, que debería estar en función de su compromiso e  implicación en el proyecto educativo de centro y en el trabajo en las  aulas.</p>
<p>Pero quien evalúa con efectos laborales, quien asume funciones de  jefatura de personal, no puede ser un colega más, elegido por el claustro de  profesores. Debe ser seleccionado y renovado en su función con criterios de  profesionalidad. Eso no quiere decir, claro es, menoscabar la necesaria  participación de la comunidad educativa en el buen gobierno de las instituciones  escolares. Pero no deben confundirse las cosas. La participación no debe llevar  al desgobierno. Porque en el desgobierno –donde no existe una atribución clara  de responsabilidades, donde el “todo lo hacemos entre todos” acaba siendo el  “nadie hace nada”– la participación acaba perdiendo sentido. Urge un cambio  legal que establezca nuevos mecanismos de acceso y renovación de las direcciones  y que permita, de ese modo, revitalizar su función.</p>
<p>En segundo lugar, las  políticas de profesorado son otra zona oscura: ninguna de las reformas  educativas emprendidas ha abordado en serio esta cuestión y así cualquier  proyecto de cambio acaba en papel mojado. Es evidente que debe empezarse por la  formación inicial. Tengo esperanza en que la reciente reforma de los planes de  estudio universitarios, con su sistema de grados y el máster de profesorado de  Secundaria, permita mejoras en este particular. Sin embargo, hay más cosas que  remover. A la vez, es imprescindible modificar la legislación estatal que regula  los mecanismos de acceso a la función pública docente. Es preciso que sea  posible seleccionar a los mejores profesionales, a aquellos que tengan un buen  nivel académico y sean, a la vez, competentes en el manejo de los recursos  educativos, en el trato con los alumnos y en la gestión del aula.</p>
<p>Todo lo  dicho quedaría a medio camino sin concebir también desde un nuevo ángulo la  forma en que actualmente se proveen los puestos de trabajo, es decir, sin  modificar las reglas de juego por las que un docente obtiene plaza en un centro.  Actualmente no rige en esto más criterio que el escrupuloso respeto de las  prelaciones que ordenan al profesorado según un único patrón de medida, en el  que lo decisivo es el rutinario paso del tiempo. Y así, con el constante ir y  venir de profesores que se deriva de ello, resulta casi imposible la  consolidación de proyectos de trabajo. Las direcciones no participan en absoluto  en la selección del profesorado que llega a los centros. Y, lo que es peor, es  frecuente el caso de profesores que, en contra de su voluntad y del criterio de  la dirección, pierden su puesto por las reglas burocráticas de la provisión. ¿Es  imaginable tal circunstancia en cualquier otro sector productivo sin que se  planteara una reforma de inmediato? Los cambios que deberían transformar este  estado de cosas sólo pueden darse con una reforma de los concursos de provisión,  que son regulados por norma estatal.</p>
<p>No puedo ahora entrar en otra cuestión  clave, como es la de los conciertos educativos y la necesidad de avanzar en un  mayor equilibrio en los procesos de escolarización, que requeriría ser tratada  en extenso. De todos modos, las razones apuntadas justifican sobradamente la  posibilidad de un pacto de Estado por la educación respetuoso con las  competencias de las comunidades autónomas. Ese pacto, si su contenido se orienta  del modo que he expuesto, me parece estratégicamente imprescindible para dar un  vuelco en la situación de nuestras escuelas e institutos.</p>
<p><em><strong>Jaume Graells </strong>es director General de Educación Básica y Bachillerato del Departament  d’Eduació de la Generalitat de Catalunya </em></p>
<p><em>Ilustración de <strong>Patrick Thomas </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>Miserias del progresismo</title>

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		<pubDate>Mon, 16 Nov 2009 05:45:09 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Carlos Taibo]]></category>
<category>política</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>CARLOS TAIBO</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-16.jpg" alt="11-16.jpg" align="right" />Se ha dicho de todo sobre la respuesta que el Gobierno español ha asumido ante  la crisis. Se ha hablado, así, de su responsabilidad, no precisamente menor, en  la gestación de aquella, de impresentables acatamientos del credo neoliberal y  de políticas tan erráticas como complacientes con los poderosos. Es muy escasa,  sin embargo, la atención que hemos dispensado a la percepción de la crisis y de  sus remedios que alienta el grueso de los partidos y de los sindicatos que,  conforme a la descripción más común, están a la izquierda del PSOE. No hay, pese  a ello, mejor prueba de la zozobra en la que nos encontramos que el escaso  empaque, la sumisión al orden establecido y la llamativa ausencia de algo que  huela a prospección crítica del futuro que muestran diputados, consejeros y  concejales de fuerzas políticas, liberados sindicales y, en su caso,  intelectuales y artistas afectos a firmar manifiestos.</p>
<p>Cifremos el sinsentido  de esas percepciones en dos hechos. El primero nos recuerda que el horizonte  mayor que parecen contemplar las propuestas progresistas –en mal momento  reaparece este hueco adjetivo– es el que proporciona la defensa de los estados  del bienestar, en un intento de devolver el reloj a dos o tres años atrás y en  abierto olvido, por cierto, de la inanidad histórica de los derechos sociales  entre nosotros. Pareciera, en otras palabras, como si debiéramos sentirnos  orgullosos de lo alcanzado en los últimos decenios en una suerte de remedo, muy  común en los dirigentes sindicales biempensantes, del “España va bien”  aznariano. Al abrigo de unas demandas que, ajustadas al discurso alicaído y  cortoplacista de los sindicatos mayoritarios, parecen entender que saldremos  adelante si acrecentamos, o al menos mantenemos, los salarios –o si conseguimos  para todos un trabajo por cuenta ajena, que para el caso tanto vale–, ha quedado  dramáticamente en el olvido cualquier horizonte de transformación de la  sociedad. A duras penas sorprenderá que, en este caldo, y no sin que falten  llamativas invocaciones a la solidaridad con la pequeña y mediana empresa, todo  lo que está lejos de nuestros reductos de prosperidad, y en singular el expolio  de los recursos humanos y materiales de los países pobres, quede relegado a un  discretísimo segundo plano.</p>
<p>No deja de sorprender, por lo demás, que la  propuesta progresista asumida por el grueso de las formaciones que dicen ser de  izquierda, luego de criticar la inanidad de la reacción gubernamental ante  la crisis, asuma con frecuencia, sin embargo, todo tipo de miramientos ante unos  sindicatos, los mayoritarios, que nadan en la misma miseria (cómo estará de  subida la patronal, por cierto, para que, con los sindicatos que tiene a su  merced, se permita rechazar acuerdos claramente ventajosos para los  empresarios). Lejos de tirar de esas fuerzas sindicales hacia posiciones de  mayor entereza y confrontación –no hay ningún camino que recorrer en sentido  contrario–, lo que se intuye es, sin más, un acatamiento de la podredumbre que  aquellas, burocratizadas y coartadas por su dependencia económica de la teta  estatal, difunden.</p>
<p>El segundo hecho relevante bebe de un sonoro silencio: el  que se dispensa a una cuestión vital como es la de los límites medioambientales  y de recursos del planeta. No se busque en los pronunciamientos progresistas  ninguna mención que no sea sibilina y retórica al crecimiento imparable de la  huella ecológica, a un cambio climático que empieza a ser una realidad  omnipresente o al inevitable encarecimiento que, en el medio y el largo plazo,  afectará a la mayoría de las materias primas energéticas que empleamos. El hecho  de que todo esto quede, también, en segundo plano, en provecho de nuevo de una  visiblemente abusiva sacralización de salarios y derechos sociales –para qué  preguntarnos qué producimos, con qué lo hacemos y al servicio de quién–, acerca  una vez más el discurso progresista a las miserias de las propuestas oficiales  que padecemos, incapaces de abandonar el terreno de juego que perfila un  oxímoron, el del crecimiento sostenible, que retrata bien a las claras lo que  tenemos entre manos: pan para hoy y hambre para mañana.</p>
<p>Si las posiciones  que ahora me atraen se hallan claramente a la defensiva y se ajustan, mal que  bien, al “virgencita, que me quede como estaba”, nada retrata mejor su sentido  de fondo que la exultante crítica del neoliberalismo que nos rodea por todas  partes. Aunque en una primera y superficial lectura pueda sonar a contestación  radical del orden establecido, haríamos mal en olvidar que esconde a menudo  –no me atreveré a afirmar que siempre– el designio de no ir más allá y de  esquivar cualquier discusión que afecte, no ya al neoliberalismo, sino al propio  capitalismo. Y es que una de las trampas mayores que se nos tienden en los  últimos tiempos es la que nace de la afirmación, mil veces repetida, de que lo  que está en crisis es el capitalismo desregulado, con el consiguiente corolario,  a menudo orgullosamente verbalizado, de que el capitalismo regulado no arrastra  ningún problema de relieve.</p>
<p>En la trastienda es fácil adivinar lo que se nos  vende: la aceptación callada y vergonzante de que no hay vida fuera del  capitalismo y, con ella, la inevitable negativa a examinar la hondura de la  crisis que afecta al paraíso fiscal de escala planetaria y a una crisis  ecológica imparable que aquel, regulado o desregulado, ha contribuido a crear.  El mero retorno a un estado de cosas que está en el origen de lo que hoy  padecemos, al amparo de un procedimiento que invita, franca o subterráneamente,  a darle otra oportunidad al capitalismo, mal escudo parece para hacer frente a  los duros tiempos que se avecinan.</p>
<p><em><strong>Carlos Taibo</strong> es profesor de Ciencia Política en la Universidad Autónoma de Madrid</em></p>
<p><em>Ilustración de <strong>Miguel Ordóñez </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>Respuestas políticas pendientes</title>

		<link>http://blogs.publico.es/dominiopublico/1664/respuestas-politicas-pendientes/</link>

		<comments>http://blogs.publico.es/dominiopublico/1664/respuestas-politicas-pendientes/#comments</comments>

		<pubDate>Sun, 15 Nov 2009 05:34:59 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Leire Pajín Iraola]]></category>
<category>política</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>LEIRE PAJÍN</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-15.jpg" alt="11-15.jpg" align="right" />El año 2009 pasará a la historia como el de la primera crisis financiera global.  La peor en 60 años. Se han derrumbado muchos símbolos del neoliberalismo  económico. Se deshace un modelo que parecía inquebrantable. La mayoría de los  gobiernos han tenido que concertar sus políticas para evitar lo peor. Pero hubo  comportamientos y declaraciones paradójicas que habrá que recordar, porque  aquellos que más defendían la no intervención del Estado fueron los primeros en  reclamar su intervención cuando cayeron sus negocios. Entonces, se necesitaban  respuestas que frenaran el primer golpe y, lo más importante, que sustenten el  futuro.</p>
<p>Mientras se desplomaba el sistema financiero también lo hacían las  economías familiares. La economía real, cuyo horizonte es el fin de mes, busca  ahora soluciones en la política. Se han tomado medidas, pero muchos ciudadanos  siguen desconfiando de la política como instrumento eficaz para solucionar sus  problemas. Seguramente porque, además de ser más exigentes en época de crisis,  algo absolutamente normal, asisten perplejos al espectáculo que están ofreciendo  algunos políticos que hacen un uso despreciable de la política. No es bueno para  nuestro país. No es bueno para nuestra democracia que, tras un año en el que  España ha sufrido uno de los envites más feroces que se recuerdan, aparezcan los  políticos en las encuestas como uno de los principales problemas.</p>
<p>En algo  nos estamos equivocando todos; no estamos aquí para eso. Estamos para recordar y  defender que la democracia participativa es la mejor forma de Gobierno que ha  habido a lo largo de la historia. Y para que la democracia funcione necesita de  los partidos políticos. También de todas las instituciones democráticas y  eficaces. Y de leyes justas y transparentes. Así como de miles de servidores  públicos que a diario construyen y hacen que exista el Estado de Derecho. Por  supuesto, también necesita medios de comunicación libres y responsables.</p>
<p>Pero sin duda los políticos debemos ser mucho más exigentes al afrontar los  problemas de la gente, de ejercer un servicio público. La realidad cambia a un  ritmo vertiginoso y exige adaptarnos a cada momento. Hoy, nos enfrentamos a la  destrucción de empleo, también al malestar ciudadano. Debemos recuperar ambos y  generar confianza. Los socialistas vamos a dedicar toda nuestra energía a esta  tarea. Debemos ser más exigentes con nuestros sistemas de prevención y lucha  contra la corrupción, recordando también que en estos cinco años, la Fiscalía  anticorrupción ha desempeñado una labor profesional excepcional.</p>
<p>Al comienzo  de las dificultades, el Gobierno puso en marcha el Plan E, que activó más de  un centenar de medidas para incrementar la liquidez e incitar la demanda. Un  plan pensado para ayudar a las familias, las empresas, para generar empleo y  modernizar también nuestra economía. El Plan E amortiguó el golpe. Unas medidas  fueron más efectivas que otras, eso es innegable, pero el Fondo de Inversión  Local, el incremento de las líneas ICO-Pymes y otras para sectores estratégicos,  como el de los automóviles, han dado resultados que desaceleraron la destrucción  de empleo.</p>
<p>Sin embargo, hoy son muchas las familias que tienen a alguno de  sus miembros en paro, son muchas las empresas, emprendedores y autónomos que  pasan dificultades y que arriesgaron todo su talento y esfuerzo e intentan  continuar su tarea. No son buenos datos y no podemos conformarnos porque, pese  algunos buenos resultados, no es suficiente.</p>
<p>Dedicamos todo nuestro esfuerzo  a salir de la crisis, pero no nos sirve cualquier camino. Debemos hacerlo sin  que nadie quede abandonado a su suerte. Ese es el sentido último de nuestra  política, por el que dedicamos más del 50 por ciento de los Presupuestos para  gasto social. Porque no sólo debemos salir adelante, sino que debemos hacerlo  todos juntos.</p>
<p>El mayor reto ahora es sentar las bases de un nuevo modelo  económico y de crecimiento, más allá del innegable peso de la construcción. Un  modelo que mejore nuestra competitividad y que genere empleos más estables. En  otras palabras, ladrillo, el que sea preciso, pero no sólo ladrillo. Un modelo  más eficaz y más sostenible. Se han dado pasos desde 2004, incrementando un 174%  la inversión en investigación, los recursos destinados a educación han crecido  año tras año; las energías renovables, en cinco años, han duplicado la potencia  instalada. Innovación e investigación es futuro y juntas tienen que formar parte  del ADN del nuevo modelo, de lo contrario fracasaremos.</p>
<p>Aprovecharemos  nuestra participación por primera vez en el G-20 para construir ese modelo,  de acuerdo al consenso internacional. Desde este escenario impulsaremos nuevos  horizontes que llevan tiempo esperando y a los que España no debe renunciar. Es  imprescindible iniciar la voladura controlada de los paraísos fiscales; es  irrenunciable alcanzar los objetivos del Milenio; es ineludible la lucha contra  el cambio climático.</p>
<p>No será fácil. Todos los cambios estructurales llevan  tiempo y muchos obstáculos que superar. Son muchos y poderosos los que quieren  que nada cambie. Precisamente son los mismos que no sufren las consecuencias de  la crisis. Es un momento decisivo. No hay espacio ni para operaciones de  maquillaje ni para manos de barniz. Debemos y vamos a ser exigentes con las  necesidades del momento que nos ha tocado vivir y eso conlleva un gran esfuerzo  colectivo. El Gobierno en primer lugar.</p>
<p>También el resto de administraciones. Y  toda la sociedad debe tomar conciencia de que es ahora o nunca. El camino será  largo y difícil, pero merece la pena recorrerlo. Otras generaciones lo hicieron  antes que la nuestra para hacer posible un país como el que tenemos hoy. Ahora  nos toca a todos.</p>
<p><em><strong>Leire Pajín</strong> es secretaria de Organización del PSOE</em></p>
<p><em>Ilustración de <strong>Enric Jardí </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>Espíritus y memorias en transición</title>

		<link>http://blogs.publico.es/dominiopublico/1661/espiritus-y-memorias-en-transicion/</link>

		<comments>http://blogs.publico.es/dominiopublico/1661/espiritus-y-memorias-en-transicion/#comments</comments>

		<pubDate>Sat, 14 Nov 2009 05:18:30 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Ariel Jerez]]></category>
<category>Historia</category><category>Memoria histórica</category><category>política</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>ARIEL JEREZ</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-14.jpg" alt="11-14.jpg" align="right" />El ex dictador uruguayo Goyo Álvarez ha sido condenado recientemente a 25 años  de prisión por el homicidio de 37 opositores, entendiéndolo el juez como un  delito de lesa humanidad. Al tiempo, el juez Baltasar Garzón está siendo  sometido a un juicio por el Tribunal Supremo debido a la acusación de una  organización de extrema derecha, que exige entender como prevaricación su  intento de investigar el asesinato y la desaparición de 113.000 ciudadanos que  no apoyaron el golpe de Estado franquista.</p>
<p>Muchos países del mundo que han  transitado a la democracia tras cruentas dictaduras han tomado iniciativas para  hacer justicia a quienes padecieron las violaciones de derechos humanos. En  nuestra ejemplar Transición, coronada con una Constitución monárquica que  normaliza la institucionalidad franquista, ninguno de los responsables del  régimen represor ha tenido que responder ante la Justicia.</p>
<p>Algunos  intelectuales orgánicos del nuevo régimen niegan que haya habido pacto de  olvido. Pero cuando desde los poderes del Estado se reafirma, una y otra  vez, un espíritu de la Transición, no podemos dejar de interrogarnos sobre esta  prolongada operación de manipulación simbólica y discursiva, orientada a  contrarrestar la emergencia pública y política de los discursos de quienes  cuestionan unos consensos nítidamente conservadores sobre diversos aspectos de  nuestra vida en común.</p>
<p>Existe una nueva generación de ciudadanos que no  asume este relato transicional, que convirtió a los articuladores de estos  pactos elitistas en los grises héroes de nuestra democracia otorgada, y que  rechaza una reconciliación presentada como la contracara del caos de los años  republicanos y la condena de toda movilización de los de abajo como una  irresponsabilidad para consolidar la democracia, cuando no un peligro de reabrir  viejas heridas. Y este descubrimiento progresista se debe a una evidencia: pese  a la crisis sistémica, nos guste o no, hoy la movilización social de contenido  estratégico está en manos del bloque conservador (Iglesia, Partido Popular,  empresariado e izquierdas cooptadas-silenciadas). Saben que, anticipándose a  todo intento por revisar este relato, consiguen mantener una posición clave para  contener cualquier iniciativa de redistribución simbólica y material considerada  inaceptable para sus tan bien conservados privilegios.</p>
<p>La defensa de la  Transición y la Constitución se ha convertido en un modus vivendi, donde los  epígonos de los grises héroes institucionales lograron apartar de nuestra vida  pública a los antifranquistas que en la calle lucharon por acabar con la  dictadura, para ocupar ellos, en exclusiva, el panteón de los “padres” de la  democracia.</p>
<p>En las primeras elecciones democráticas (junio de 1977), el  Ministerio de la Gobernación retrasó la legalización de algunos partidos  políticos para que no participasen; unos porque podían encontrar posibilidades a  la izquierda del PCE-PSOE y otros porque tenían como punto fundamental en su  identidad la reivindicación de una república. Así se construyó un Parlamento a  la medida de las necesidades del cambio de camisa de las élites franquistas,  donde nadie cuestionaría frontalmente el modelo económico y la monarquía, donde  izquierdas y derechas votarían una Ley de Amnistía que ha otorgado impunidad a  todos aquellos que perpetraron violaciones de derechos humanos durante la  dictadura. Con este pacto, la izquierda se vería obligada a desmovilizar a sus  bases, pero también a recortar su imaginario social e ideológico y a renunciar a  introducir vectores emancipadores en la reconstrucción de una cultura  democrática tras tres generaciones socializadas en el franquismo. En este  sentido, el verdadero haraquiri político fue en el campo progresista.</p>
<p>La  ejemplaridad del relato hegemónico está basada en la ignorancia de la mayoría de  los ciudadanos y ciudadanas educados tras la muerte del dictador, que no han  aprendido en sus centros de enseñanza nada o casi nada acerca de las atrocidades  del franquismo. Esto ha sido una política de Estado que oculta tanto la  dictadura como las dejaciones de los padres de las Constitución. Como ha dejado  en evidencia Amnistía Internacional, España es el segundo país en número de  desaparecidos del mundo y uno de los peores en formación de derechos humanos. En  realidad, vivimos en una monarquía bananera.</p>
<p>Lo que no nos ha impedido  presentarnos como el caso de referencia para dar lecciones democráticas en las  diversas olas de democratización decretadas por el sector académico  funcionalista, satisfecho con homologar democracias contando votos y  procedimientos, e ignorando lacerantes e insostenibles desigualdades e  injusticias. Mientras tanto, en nuestras ciudades y pueblos agonizaban en  silencio, sin reconocimiento público, los hombres y las mujeres que deberían ser  el espejo ciudadanista en el que se mirase nuestra sociedad. Estigmatizados por  el miedo del “se había significado políticamente”, caían de nuevo en las cunetas  de la historia.</p>
<p>Sin duda, nuestra Transición fue un nuevo espejito que  quisimos vender a América Latina, donde nuestras redes académicas globalizadas,  con el apoyo de fundaciones y multinacionales, organizaban este nuevo relato  ejemplar de la madre patria, ignorando activamente cómo muchos de los países  hermanos ponían en marcha, sin bonanza económica y con escasos recursos  institucionales, comisiones de la verdad, derogaban leyes de punto final y  enjuiciaban criminales sin ningún “espíritu” que los iluminase.</p>
<p>Durante unos  días, en las jornadas Memorias en transición, expertos de las dos orillas  debatieron sobre transiciones, memorias y justicias necesarias, iluminando la  virtud de los que luchan por los derechos humanos y la ciudadanía contra la  oscuridad del fascismo (ignorancia política activa siempre al acecho).</p>
<p><em><strong>Ariel Jerez</strong> es profesor de Ciencia Política en la Universidad Complutense de Madrid</em></p>
<p><em>Ilustración de<strong> Javier Olivares </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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		<title>Ayala, al servicio de la República</title>

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		<pubDate>Fri, 13 Nov 2009 05:42:04 +0000</pubDate>

		<dc:creator>Varios autores</dc:creator>

		
		<category><![CDATA[Miguel Ángel Moratinos]]></category>
<category>Memoria histórica</category><category>política</category><category>política exterior</category>


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		<description><![CDATA[<!-- CONTENIDO --><p><strong>MIGUEL ÁNGEL MORATINOS</strong></p>
<p><img src="http://blogs.publico.es/dominiopublico/files/2009/11/11-13.jpg" alt="11-13.jpg" align="right" />Es sabido que en su larga, compleja y apasionante biografía Francisco Ayala fue  también durante un tiempo diplomático al servicio de la República. Él mismo  mencionó tal episodio en sus memorias. Menos conocidas son las circunstancias en  que se produjo su nombramiento como secretario de primera clase en la legación  española en Praga. Influyeron en ello dos circunstancias. En primer lugar, el  hecho de que Ayala había estudiado en Berlín y conocía bien el alemán. Praga era  a la sazón un importante centro intelectual en donde el idioma alemán tenía gran  proyección de la mano de autores como Franz Kafka. El joven Francisco Ayala  ya había traducido obras de autores entonces tan prestigiosos como Carl Schmitt  y Karl Mannheim. En segundo lugar, también era catedrático de Derecho Político y  letrado de las Cortes. Una mente jurídica bien equipada era imprescindible para  lidiar en particular con los problemas de la legación praguense y, en general,  con la política centroeuropea.</p>
<p>El fenómeno subyacente a la incorporación de  Ayala a la carrera diplomática fue otro. La Guerra Civil dividió a todos los  españoles. También a la administración, al Ejército y, no en último término, a  los funcionarios del servicio exterior, que se vieron en la obligación de  escoger bando. Se ha calculado que de los 380 miembros de la carrera diplomática  que estaban en servicio el 18 de julio de 1936, no menos de 243 se pasaron en lo  que quedaba de año al bando franquista. En los primeros meses de 1937 se  sucedieron los abandonos, lo que causó un daño irreparable al maltrecho servicio  exterior. De hecho, una reciente estimación ha determinado que la carrera  diplomática del período de paz perdió, en el curso de la guerra, casi un 90% de  sus efectivos.</p>
<p>¿Cómo lidiar con tal catástrofe, cuyos efectos se hicieron  sentir a lo largo de toda la Guerra Civil y de manera agudísima en los puestos  del exterior? El Gobierno encontró varias fórmulas. Una de ellas consistió en  disolver la carrera diplomática tal y como había existido hasta entonces y crear  otra de nuevo cuño. El Decreto del 21 de agosto de 1936 sentó la base jurídica,  pero hubo que abordar, sin dilación y en la urgencia, una labor inmensa, no muy  diferente –aunque salvando las distancias– a como fue la creación de un nuevo  Ejército Popular. Ahora bien, este último se ha estudiado pormenorizadamente y  todavía no se ha alumbrado su trasunto en el campo de las relaciones exteriores.</p>
<p>Dentro de poco sabremos algo más. Hace algunos meses di instrucciones para  que un equipo de historiadores reconstruya lo que continúa siendo un capítulo  poco conocido de la historia de la diplomacia española.</p>
<p>Por las primeras  catas efectuadas, sabemos que el Gobierno procedió de dos maneras. La más  conocida consistió en nombrar como jefes de misión en embajadas o legaciones  emblemáticas a figuras de la intelectualidad, la política y la cátedra. Ello  nunca fue sustituto para la tarea más pedestre de rellenar las filas de los  nuevos batallones de la infantería diplomática que, de consuno con los  funcionarios del servicio exterior que permanecieron fieles a la República,  constituyeron el meollo de la nueva carrera.</p>
<p>En las filas de aquella  infantería se insertó un joven Francisco Ayala, a las órdenes inmediatas del  embajador en Praga, el eminente catedrático de Derecho Penal y vicepresidente  socialista de las Cortes, Luis Jiménez de Asúa.</p>
<p>La legación en Praga tuvo  que hacer frente a dos tareas urgentes. La primera, conseguir que el Gobierno  checoslovaco –que, como los de los restantes países europeos, se había alineado  tras la política de no intervención en los asuntos de España– se viese inducido  a suministrar armas a la República. No fue un cometido fácil. El Gobierno de  Praga, de coalición, estaba dividido en sus simpatías hacia los dos bandos en  lucha en España. Jiménez de Asúa y sus colaboradores, a la cabeza de los cuales  se situó Ayala, puso toda la carne en el asador por llevar a cabo complicadas  operaciones, la mayor parte de las cuales no tuvieron éxito. La segunda tarea  fue montar un servicio de inteligencia que pudiera proporcionar informaciones de  naturaleza política sobre la evolución en la Europa central y los designios  alemanes, tanto en el plano general como sobre la guerra en España. Este es un  aspecto más conocido, ya que los informes de Jiménez de Asúa están perfectamente  conservados.</p>
<p>Dos intelectuales lúcidos al servicio de la República en la  misma embajada no fue algo que se repitiera con frecuencia en la red exterior.  La legación de Praga se puso a la cabeza y superó a otros puestos incluso  teóricamente más importantes, como Londres, París o Moscú.</p>
<p>Las cosas no  terminaron bien. Los diplomáticos en Praga tuvieron que sufrir los efectos de un  Ministerio de Estado desmantelado, a pesar de los esfuerzos titánicos de sus  cuadros directivos, por lo general funcionarios de la antigua carrera. Los  viejos demonios de la administración española de la época –descoordinación y una  logística pobre– hicieron de las suyas. Los funcionarios de Praga, como los de  otros tantos puestos, recibieron escasas instrucciones y los sueldos con notable  retraso. Añádase a ello el ensombrecimiento del panorama europeo, para seguir el  cual los telegramas de Praga constituyeron ayudas preciosas.</p>
<p>Notable es,  pues, que no disminuyera el fervor republicano de Jiménez de Asúa y de sus  colaboradores de Praga. Ayala lo demostró cumplidamente cuando le llamaron a  filas y volvió a España, incorporándose como teniente auditor al Ejército  Popular. Su etapa de diplomático quedó atrás.</p>
<p>Hoy no podemos hacer sino  recordarla y recordar las circunstancias que a ella le llevaron.</p>
<p><em><strong>Miguel Ángel Moratinos</strong> es ministro de Asuntos Exteriores y Cooperación</em></p>
<p><em>Ilustración de <strong>Iker Ayestaran </strong></em></p>
<!-- FINCONTENIDO -->]]></description>

	
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