MABEL BUSTELO
Hoy se conmemora el 65º aniversario del bombardeo nuclear sobre la ciudad japonesa de Hiroshima. Pocos minutos después de las ocho de la mañana, el bombardero militar estadounidense Enola Gay dejaba caer una bomba de uranio enriquecido de cuatro toneladas de peso, que detonó a 600 metros de altura y envolvió la ciudad en una lluvia de fuego. Tres días después le tocaría a Nagasaki, sobre la que se arrojó una bomba de plutonio. Eran los días finales de la Segunda Guerra Mundial, y EEUU quería asegurarse de que todo el mundo recibía el mensaje sobre quién emergía como la auténtica potencia política y militar dominante en el mundo de la posguerra.
Se calcula que unas 250.000 personas murieron como consecuencia de estos bombardeos. Muchos lo hicieron de inmediato debido a las altísimas temperaturas. En Hiroshima se produjo el fenómeno de las sombras muerte: personas que literalmente se volatilizaron como consecuencia del calor abrasador. Quedaron reducidas a polvo y sus sombras se dibujaron sobre las calles y casas. Todos los años, los habitantes de la ciudad dibujan de nuevo aquellas sombras, para conmemorar la memoria de los fallecidos.
Muchos de los que aparentemente resultaron ilesos comenzaron después a sufrir alteraciones graves de salud como síndrome agudo de radiación, disminución extrema de glóbulos blancos, diarreas o hematomas. Los supervivientes, que se llaman a sí mismos hibakusha, están en muchos casos afectados por anemia crónica, tumores malignos y trastornos psíquicos.
En este año 2010 la conmemoración tiene un carácter especial. Por primera vez, un alto representante de EEUU (su embajador) asiste a los actos conmemorativos. También acude el secretario general de la ONU, Ban Ki-moon. Pero este aniversario debería servir para algo más que para la reconciliación sobre el pasado. Debería ser un recordatorio del peligro, actual y muy real, que suponen las armas nucleares para nuestro planeta y para el futuro de la humanidad.
Según el Instituto de Investigación para la Paz de Estocolmo (SIPRI), ocho países con capacidad nuclear cuentan con 22.000 cabezas nucleares, de las cuales más de 7.500 son armas operativas. Se trata de EEUU, Rusia, Reino Unido, Francia, China (las cinco potencias atómicas reconocidas por el Tratado de No Proliferación, TNP), y de India, Pakistán e Israel. Varios de estos países han anunciado iniciativas para modernizar y diversificar sus arsenales. En Reino Unido, por ejemplo, se debate el reemplazo de los submarinos nucleares Trident. Es decir, que aunque muchos puedan pensar que las armas nucleares son algo de la Guerra Fría, un asunto olvidado y del pasado, nada más lejos de la realidad.
Este año se han producido varias iniciativas relativas al peligro nuclear. En abril, EEUU y Rusia firmaron en Praga un tratado de reducción de armamento. Ambos países se comprometen a reducir sus arsenales en casi un tercio, en torno a unas 1.550 cabezas cada uno, así como a limitar el número de lanzadores (se trata de armamento desplegado, no del arsenal almacenado). En mayo tuvo lugar la Conferencia de Revisión del TNP, que concluyó con un documento de consenso entre los casi 190 países participantes. Aunque se trata de un texto débil, hay una referencia importante, ya que se rescata la idea de crear una zona libre de armas de destrucción masiva en Oriente Medio. La fecha para la primera conferencia destinada a ese fin se fijó para 2012.
Son iniciativas destacables, aunque sin duda insuficientes y con un impacto potencial sobre la situación global limitado. El peligro que suponen las armas nucleares requiere ser abordado con mayor decisión y audacia y actuando en varias vías paralelas. Los países más poderosos están haciendo un esfuerzo para evitar que Irán pueda hacerse con un programa atómico y eventualmente con el arma nuclear. Esto contrasta con su tolerancia con los programas atómicos de India y Pakistán (que son miembros del Tratado y, por tanto, lo han incumplido), o con el de Israel (que ni siquiera ha firmado el Tratado). A su vez, las cinco potencias nucleares reconocidas deben, en virtud del mismo Tratado, dar pasos decididos hacia el desarme, algo que tampoco están haciendo. Estos dobles raseros minan toda posible credibilidad.
Hoy se habla con insistencia del terrorismo y del peligro que supone para la seguridad internacional. También de la posibilidad de que eventualmente grupos terroristas pudieran obtener (y utilizar) armamento no convencional. Con un mercado negro de armamento floreciente y en auge a nivel internacional, es aterrador pensar en la posibilidad de que los materiales para fabricar una bomba sucia cayeran en manos de grupos terroristas. Pero también lo es pensar que un accidente, un error humano o un problema en una negociación pudieran dar lugar a la detonación de una bomba. Las armas nucleares son uno de los peligros existenciales a los que se enfrenta la humanidad y su eliminación debe ser una prioridad desde ahora mismo y para las generaciones venideras.
Mabel Bustelo es responsable de Desarme de Greenpeace
Ilustración de Iker Ayestaran
PEDRO LÓPEZ LÓPEZ
Fiel a su inveterada lógica smittiana amigo/enemigo, la Iglesia católica no ha podido ni siquiera dejar pasar unos días para atacar furibundamente al premio Nobel José Saramago, uno de los intelectuales más lúcidos, honestos y consecuentes de las últimas décadas. En su enfermiza inquina contra los que no comparten sus creencias, la Iglesia carga contra cualquiera que cuestione sus postulados, y más aún si recurre al humor para ello. El alucinante caso de la fianza de 192.000 euros impuesta al cantante Javier Krahe a partir de una querella fundamentada en el artículo 525 del Código Penal (CP), que castiga a quienes ofendan “los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa”, colma el vaso de la paciencia de los que no compartimos los sentimientos católicos. Dicho artículo dice literalmente:
1. Incurrirán en la pena de multa de ocho a 12 meses los que, para ofender los sentimientos de los miembros de una confesión religiosa, hagan públicamente, de palabra, por escrito o mediante cualquier tipo de documento, escarnio de sus dogmas, creencias, ritos o ceremonias, o vejen, también públicamente, a quienes los profesan o practican.
2. En las mismas penas incurrirán los que hagan públicamente escarnio, de palabra o por escrito, de quienes no profesan religión o creencia alguna.
El buen o mal gusto del corto elaborado por Krahe en 1978 (ya aquí empieza uno a alucinar: este delito no prescribe, mientras que el genocidio franquista parece ser, para este sector ideológico, que está más que prescrito, tratándose de crímenes contra la humanidad que el derecho internacional define como imprescriptibles… pero, bueno, pelillos a la mar) no parece que sea materia de delito. Si lo fuera, habría que despedirse del humor, que forma parte de la legítima crítica que se ampara bajo la libertad de expresión. Así que vamos a reflexionar sobre cómo es que aquí la Iglesia ve un delito tan grave, mientras que no lo hay ante las graves ofensas que continuamente, y sin el más mínimo sentido del humor, profiere contra laicos y ateos. El punto 2 del artículo 525 del CP parece establecer que tan punible es la ofensa a quien profesa una religión como a quien no profesa ninguna. ¿Por qué la Iglesia está blindada con la impunidad y se cree con derecho a ofender continuamente a los que no tienen creencias religiosas?
El artículo 20.2 del Pacto Internacional de Derechos Civiles y Políticos, uno de los tratados con más fuerza jurídica del Derecho internacional de los derechos humanos, dice: “Toda apología del odio nacional, racial o religioso que constituya incitación a la discriminación, la hostilidad o la violencia estará prohibida por la ley”. Como no sabemos si España camina con paso firme hacia la autarquía jurídica, dada la feroz persecución del juez Garzón por su intención de investigar los crímenes del franquismo de acuerdo al Derecho internacional de derechos humanos –a lo que nos obliga la propia Constitución española–, tampoco podemos saber cuánto va a durar la impunidad de las autoridades católicas para ofender a los que no tenemos creencias religiosas. Pero el caso es que no es difícil encontrar declaraciones de miembros de la jerarquía católica ofendiendo gravemente los sentimientos de los defensores del laicismo, que los tienen en no menor medida que los católicos.
Pero, como acudir al Derecho internacional se ha vuelto tan espinoso, miremos qué dice el art. 515 de nuestro CP: “Son punibles las asociaciones ilícitas, teniendo tal consideración: […] 5º. Las que promuevan la discriminación, el odio o la violencia contra personas, grupos o asociaciones por razón de su ideología, religión o creencias, la pertenencia de sus miembros o de alguno de ellos a una etnia, raza o nación, su sexo, orientación sexual, situación familiar, enfermedad o minusvalía, o inciten a ello”. Es difícil, leyendo este artículo, olvidar las barbaridades que hemos oído a altos representantes de la Iglesia sobre lo que es para ellos el laicismo y el ateísmo, en lo que se han extendido largamente en relación con el, llamémosle, debate sobre el área de Educación para la Ciudadanía y los Derechos Humanos.
En 2008, el cardenal Rouco Varela relacionaba el laicismo con el nazismo. En 2006, el cardenal Cañizares tachaba la Educación para la Ciudadanía de “amenaza social”. La campaña contra el laicismo “radical”, un concepto artificial para demonizar al laicismo y presentarlo como antirreligioso, ha utilizado todo tipo de artimañas retóricas para apartar a los creyentes de la verdadera idea del laicismo, que lo único que defiende es la ausencia de coacción para creer o no creer, es decir, la libertad religiosa para que nadie se sienta perseguido. Ello acompañado de la idea de que los poderes públicos deben ser neutrales en materia religiosa. Hablar de “ofensiva laicista” o de “expulsar a Dios de la sociedad” son expresiones manipuladoras dirigidas a alimentar la hostilidad hacia una corriente de pensamiento que no tiene nada en contra de la religión, sino que, por el contrario, defiende el respeto hacia todas las creencias religiosas, así como a la falta de ellas. Entre estos excesos verbales nada inocentes hemos oído que el laicismo y la Educación para la Ciudadanía (de inspiración laica) significan la disolución de los valores morales, la colaboración con el Mal, la destrucción de España… ¿No es esto promover el odio ideológico o por razones de creencia? ¿Acaso los principios morales de una persona laica o atea no son tan elevados como los de una persona religiosa? ¿Por qué se deja que estos señores, que deberían ser tan piadosos según sus valores, sigan fomentando el odio hacia quienes no comparten sus creencias?
Después del espectáculo que España está dando respecto a la posible investigación de los crímenes del franquismo, con casos como este que ahora surge, a la Justicia española le va a costar explicarse ante el resto del mundo civilizado.
Pedro López López es sociólogo. Profesor titular de la Universidad Complutense
Ilustración de Javier Olivares
SAÏD EL KADAOUI
El 9 de junio pasado me llevé una gran alegría al saber que se le había concedido el Premio Príncipe de Asturias de las Letras de este año al escritor Amin Maalouf.
Es un reconocimiento merecido para un intelectual que algunos tachan de incómodo, pero que para mí, desde que leí su ensayo Identidades asesinas en 2000, es una voz sabia y reconfortante que me proporciona un refugio intelectual muy de agradecer. Y, por encima de todo, es un buen ejemplo de intelectual libre. Sus críticas son siempre razonadas y nada sectarias, no se casa con ninguna corriente dominante, no forma parte de ningún establishment y, precisamente por eso, muestra como pocos la complejidad del mundo en el que vivimos.
Es difícil sintetizar en un artículo su propia complejidad personal e intelectual. Tanto su biografía como su obra beben de dos mundos separados por el mar Mediterráneo y por tantos y tantos años de recelo y de rivalidad. Toda su obra es, a mi juicio, un diálogo profundo y fructífero entre estos dos mundos que forman parte de su vida. Los dos le pertenecen y los dos se parecen más de lo que están dispuestos a admitir y, sobre todo, los dos no tienen más opción que la de entenderse y
cooperar, si lo que se quiere es encarar el futuro.
La parte que me gustaría resaltar es su contribución decisiva en la tarea de explicar la complejidad identitaria de las personas y de los pueblos. En su último ensayo, El desajuste del mundo, cuando nuestras civilizaciones se agotan, afirma algo tan inquietante como cierto. Dice que actualmente hay que contar con un adversario de altura: esas identidades dañadas durante tanto tiempo y que se han vuelto dañinas.
En el caso del mundo árabe, afirma que anida en él un sentimiento de fracaso, de humillación, de destierro permanente y de eterno perdedor. “El mundo árabo-musulmán se hunde cada vez más en un pozo histórico del que no parece que vaya a ser capaz de salir”, sentencia. Tanto la identidad nacional como la identidad individual de las personas está dañada, razón por la cual mucha gente está atrapada en un movimiento pendular que oscila entre el deseo de librarse de la propia identidad y el deseo de afirmarla en contra de todos.
En cuanto a Europa, muestra su admiración por considerar en la experiencia de la Unión un ejemplo de la utopía que se cumple. Pudo aparcar los odios acumulados, las disputas territoriales, las rivalidades seculares y dejar que los hijos y las hijas de quienes se mataron entre sí conciban el futuro juntos. Pero, ahora que parece cansada y dividida, es la hora también de recordar que él ya lleva tiempo sosteniendo que la cuestión del acoplamiento de la población migrante y de sus hijos es la gran batalla de nuestra época. Cree que es absolutamente necesario devolverle a toda esta gente la dignidad social, la dignidad cultural, la dignidad lingüística y ayudarlos a que asuman en paz su identidad dual y su papel de nexo. Esto último es de vital importancia, a mi juicio, si queremos tender puentes entre estos dos mundos que se piensan y se miran con demasiado recelo.
Un apunte antes de continuar. Siempre que escribo la palabra dignidad me acuerdo de algo que afirmaba el escritor y Premio Nobel de literatura Wole Soyinka y que da una idea de su importancia. Decía que la dignidad es la otra cara de la libertad.
En su ensayo Identidades asesinas, Amin Maalouf decía que la palabra clave es “reciprocidad”. Reconocerse los unos a los otros, respetarse y, por supuesto, criticarse y demarcar los límites que garanticen una convivencia pacífica.
Maalouf considera que en este siglo ya no podemos hablar de forasteros sino de “compañeros de viaje” y cree que debemos ser capaces de construir una civilización común con la que todos podamos identificarnos, con la soldadura de los mismos valores universales, si no queremos naufragar juntos en una barbarie común.
El Príncipe de Asturias de las Letras es un premio, a mi juicio, merecido para un escritor que, además de escribir buenos libros, nos ha ayudado a entender la complejidad del mundo y de las personas que lo conforman. Un intelectual que nos señala el camino. Un camino, todo hay que decirlo, lleno de obstáculos.
En esta misma semana en la que se le ha otorgado el premio, hemos tenido varios ejemplos de ello. En las elecciones holandesas celebradas el 9 de junio, Geert Wilders, el líder del xenófobo Partido de la Libertad, ha logrado un espectacular ascenso en comparación al resultado que obtuvo en 2006. Ha pasado de tener nueve escaños a conseguir 24 con un discurso antimusulmán. Tal como recogía este mismo periódico el 10 de junio, después de saberse los resultados, Wilders se jactaba ante las cámaras afirmando que “un millón y medio de personas votaron por nosotros y por nuestros planes para una mayor seguridad, menos inmigrantes y menos islam”.
Por otra parte, el mismo día de la concesión del premio supimos que once mezquitas de las ciudades de Tarragona y de Barcelona, próximas a la corriente salafista, anunciaron medidas para impugnar las mociones de diversos ayuntamientos contra el velo integral. Y, finalmente, el día 12, leímos en la prensa que en el Vendrell (municipio de la provincia de Tarragona) se había decidido restringir el uso del velo integral con un protagonismo especial del partido populista y xenófobo Plataforma per Catalunya (PXC), que celebró el acuerdo afirmando que era el primer paso contra la “invasión” musulmana.
Los extremistas alimentan el discurso del adversario. Saben que se necesitan para seguir creciendo.
La alternativa está en escuchar las opiniones de gente como Amin Maalouf y tratar de frenar la barbarie que volvemos a tener a la vuelta de la esquina.
Saïd El Kadaoui es escritor. Autor de la novela ‘Límites y Fronteras’
Ilustración de Patrick Thomas
FÉLIX POBLACIÓN
Se presenta ahora en Valencia la exposición Arte Salvado que rememora y difunde, siguiendo la misma ruta que dispuso el Gobierno de la Segunda República, el azaroso tránsito hasta Ginebra del patrimonio artístico español durante la Guerra Civil, amenazado por el brutal asedio franquista sobre la capital del Estado. Las octavillas de la aviación fascista en agosto de 1936 lo dejaban muy claro: “Si los madrileños no obligan al Gobierno y a los jefes marxistas a rendir la capital sin condiciones, declinamos toda responsabilidad por los grandes daños que nos veremos obligados a hacer para dominar por la fuerza esa resistencia suicida. Sabed, madrileños, que cuanto mayor sea el obstáculo más duro será, por nuestra parte, el castigo”. El historiador Hugh Thomas es muy explícito al comparar los efectos de los bombardeos tres meses después: “Las terribles llamas hacían que la capital semejase algún primitivo lugar de tortura”. César Falcón, periodista y escritor peruano, tuvo la lucidez de advertir que aquel primer ataque aéreo del fascismo sobre la población civil era el destino que aguardaba a otras capitales europeas.
El 16 de noviembre, los aviones nazis dejaron caer sobre el Museo del Prado hasta 12 bombas que, si no causaron más daños que la rotura de un bajorrelieve italiano, fue porque la dirección de la pinacoteca había preservado semanas antes los fondos en los sótanos y había cubierto la cúpula del edificio con sacos terreros. Una vez creada la Junta de Defensa del Tesoro Artístico, presidida por el pintor extremeño Timoteo Pérez Rubio, el Gobierno republicano tomó la determinación de trasladar los fondos del museo a Valencia. El 10 de diciembre salió el convoy que, junto a otras obras, transportó Las Meninas a una velocidad de marcha de 20 kilómetros por hora. La excesiva altura de la extraordinaria obra de Velázquez deparará una de las anécdotas más ilustrativas de la meritoria custodia del arte español por los caminos de un país en guerra, ejemplo del celo, meticulosidad y pundonor puestos en el empeño por el Gobierno de la República. Como la estructura metálica superior del puente de Arganda no permitía el paso del camión que transportaba la obra, hubo de ser trasladada por la noche, a brazo y sobre rodillos, en medio de un frente de combate.
La recreación de esas imágenes, así como la ingeniosa instalación con la que el arquitecto Joselino Vaamonde habilitó las Torres de Serrano en Valencia para proteger las pinturas allí almacenadas, consta en un magnífico documental de Alberto Porlan, realizado en 2004: Las cajas españolas. En Figueras, última etapa del traslado por la península, el Comité Internacional para el Salvamento del Tesoro Artístico Español garantizó la conducción de las cajas hasta su depósito en el Palacio de la Sociedad de Naciones de Ginebra. Para que tal destino fuera posible, el ministro de Estado y el propio presidente de la República tuvieron que apostarse en las carreteras de la diáspora con objeto de requisar los camiones, desalojándolos de armamento y demás vituallas, e incluso de heridos. La avería de algún vehículo obligó otra vez a recurrir al brazo para transportar los cuadros por los pasos fronterizos.
El tesoro artístico español salió de Perpignan el 12 de marzo de 1939. Nunca antes en la historia un patrimonio de tal valor y magnitud había sido transportado, mucho menos en tan adversas circunstancias. Fue tan masiva la afluencia de visitantes que acudió a la gran exposición montada en Ginebra que se consideró el evento como el hecho artístico más importante del siglo. La Segunda Guerra Mundial interrumpió la exhibición de la muestra. El muralista catalán José María Sert logró que el ministro francés Monzie habilitase un tren especial para verificar el traslado a España. El trayecto durante la noche del 6 de septiembre se hizo sin luces para evitar el riesgo que por segunda vez podían correr las obras del Prado bajo la aviación fascista. Tres días después, las 1.868 cajas españolas llegaron a Madrid sin más rasguño que una pequeña desgarradura en el cuadro de Goya Los fusilamientos del 3 de mayo de 1808 tras un ataque de la artillería franquista en Benicarló.
Deliberadamente tergiversada y difamada durante el franquismo, la salvación de tesoro artístico español debería ser hoy una lección básica de cultura cívica a impartir entre las jóvenes generaciones. A cuantos colaboraron en aquel empeño sólo les llegó un primer y tardío reconocimiento en 2003 con la colocación de una placa en su recuerdo en el Museo del Prado. Otro homenaje simbólico, todavía con más retardo, tuvo lugar a primeros de este año con la imposición de una serie de medallas por parte del presidente del Gobierno.
Azaña antepuso la salvación del arte a la del régimen que presidía, pues el primero es irrepetible y el segundo no. Franco estuvo dispuesto a conquistar Madrid e imponer su dictadura aunque fuera a costa de bombardear una de las primeras pinacotecas del mundo. Después, cuando todo ese gran patrimonio protegido por la República volvió a nuestro país íntegro, sano y salvo, aún tuvieron los españoles que soportar que se lo debían “a la fina sagacidad del caudillo”, según la consigna de la prensa a su servicio. Que durante casi 40 años se haya impuesto tan sarcástica soflama y que hayan tenido que pasar más de 30 años en democracia para empezar a saber la verdad de los hechos, debería ser otro motivo más de reflexión y preocupación sobre las menguas y flaqueza de nuestra memoria histórica.
Félix Población es escritor y periodista
Ilustración de Gallardo
FÉLIX POBLACIÓN
El año en que se conmemoraba el centenario del nacimiento de Pablo Neruda (1904), apareció en una publicación chilena una carta firmada en Münster (Alemania) por Isabel Lipthay en la que daba cuenta de su visita a un pequeño cementerio de la ciudad holandesa de Gouda. Allí, por indicación de su amigo chileno Antonio
Reynaldos, Lipthay descubrió la tumba de Malva Marina, la hija olvidada del poeta sobre cuya existencia Neruda guardó un largo y cerrado silencio. “Aquí descansa nuestra querida Malva Marina Reyes –se puede leer en holandés en la lápida–,
nacida en Madrid el 18 de agosto de 1934, fallecida en Gouda el 2 de marzo de 1943.
El poeta y su primera esposa, la ciudadana holandesa María Antonieta Hagenaar, se conocieron en Birmania, donde Neruda fue cónsul, y se casaron en Singapur en 1930. Malva Marina nació en la capital de la España republicana cuando su padre fue trasladado a nuestro país. Por entonces, la buena avenencia en el matrimonio estaba ya resentida. Neruda había conocido a Delia del Carril y Maruca –así llamaba el poeta a María Antonieta– había pasado de ser una mujer atractiva, rubia y elegante a convertirse en una persona distante y melancólica. La hija esperada llegó además al mundo con una enfermedad incurable: hidrocefalia. Acerca de Malva Marina y su madre, dos personajes en sombra esquivados en el currículo afectivo del poeta, se publicaron en Chile y Holanda dos libros que los enfocan y rescatan para la luz pública.
Bernardo Reyes, sobrino-nieto de Neruda, es el autor de El enigma de Malva Marina, sobre cuyo argumento posiblemente haga una película el realizador chileno Fernando Valenzuela. Reyes, que trata de contextualizar las circunstancias personales en que Neruda gestó Residencia en la tierra, hace constar que, tras la separación del matrimonio en 1936, Neruda visitó a su hija en Holanda, donde su madre la dejó al cuidado de una familia hasta la fecha de su muerte. Está documentado que el poeta viaja a La Haya desde París en agosto y noviembre de 1939 para ver a Maruca y a Malva Marina, a quienes también mandaba dinero. Esos viajes coinciden con la etapa en que Neruda estaba volcado en ayudar a los casi dos mil refugiados republicanos que, desde Francia, partieron hacia Chile en el mercante Winnipeg, arrendado por el consulado de ese país en España.
En cuanto a la personalidad de Maruca, Bernardo Reyes recurre al testimonio de la escritora María Luisa Bombal, que fue amiga de María Antonieta, para calificar como de amor y odio la relación que mantuvo con el poeta, pese a la felicidad que trasuntan los testimonios escritos que Neruda aportó durante su etapa de recién casado. María Antonieta, según Bombal, era un ser complejo que fue cayendo en un proceso de deterioro, contradicciones y ambiciones truncadas.
No es esa la versión que ofrece la escritora holandesa Pauline Slot en su novela sobre Malva Marina Es tan largo el olvido, publicada recientemente en su país. Basándose sobre todo en la voluminosa, exhaustiva y documentada biografía de Pablo Neruda Las furias y las penas, de la que es autor David Schilowsky, y también en los testimonios orales de quienes la conocieron en Holanda, Slot estima que Maruca fue una mujer cultivada, amable y enamorada de Neruda, que se sintió herida por las relaciones que el poeta mantuvo con otras mujeres, pero que siempre quiso salvar su matrimonio. Certifica la escritora holandesa que el poeta enviaba dinero a su primera mujer a lo largo de la breve existencia de Malva Marina, si bien de modo muy irregular. Al telegrama en el que Maruca comunica a su ex marido que la niña ha muerto, responde el poeta concisamente, como si quisiera subrayar con su laconismo el punto final y definitivo a un pasaje de su vida marcado por el nombre y la memoria de su hija, de la que ya jamás se volverá a acordar en sus escritos. Muere Malva Marina el mismo año en que Neruda disuelve su matrimonio con Maruca en México y se casa con Delia del Carril.
Es muy probable que nunca se despeje el enigma de Malva Marina que presenta a la hija de Pablo Neruda como una criatura del silencio o una víctima de un largo olvido, después quizá de un corto amor, tal como dice el poeta en sus Veinte poemas de amor, dedicados a otra de sus mujeres, Albertina Azócar. Hay en toda esta historia un azaroso y conflictivo entorno histórico que a nadie debe pasar desapercibido. En medio de las guerras y los exilios, sobresale el apoyo generoso de Neruda a los refugiados españoles y el reencuentro del poeta con su hija enferma. Extraña que, en medio de la diáspora de quienes huyen de la barbarie represiva y todos los demás desastres de las guerras, Malva Marina se quede en Holanda, marcada su breve existencia por la huida del país en que nació, sumido en una sangrienta conflagración civil, y la ocupación nazi de Holanda, nación donde murió y donde fue hallada mucho después su sepultura. No habría sido posible esto último si el antiguo cementerio de Gouda no hubiese sido declarado monumento nacional, pues los derechos de la tumba, pagados por Maruca, habían expirado en 2003.
Malva Marina, cuyo nombre obedece sin duda a la querencia de su padre por el mar, apenas fue nombrada por el poeta en sus escritos. De las pocas palabras que la literatura dedicó a la hija del silencio de Pablo Neruda, aparte esas contadas referencias en varios poemas de Residencia en la tierra, las más elocuentes quizá pertenecen a dos poetas que pagaron con su vida dar su voz durante aquel periodo histórico de represión y muerte en que discurrió la existencia de la niña enferma. De Miguel Hernández se conoce una carta y de Federico García Lorca unos “Versos al nacimiento de la niña Malva Marina Neruda”: “Niñita de Madrid, Malva Marina, / no quiero darte flor ni caracola; / ramo de sal y amor, celeste lumbre / pongo pensando en ti sobre tu boca”.
Félix Población es escritor y periodista
Ilustración de Iker Ayestaran
FÉLIX POBLACIÓN
La noticia de que los restos de Federico García Lorca no se encuentran en Alfacar (Granada), tal y como desde hace más de 40 años sostenían algunas reputadas investigaciones históricas, vino a coincidir con la firma de unos convenios entre el Ministerio de Justicia y siete comunidades autónomas para diseñar un mapa de fosas, previsto en la Ley de Memoria Histórica. Según esos convenios, el departamento de Justicia y los gobiernos autonómicos firmantes establecerán unos parámetros comunes en todo el país para verificar ese mapa y crear una base de datos sobre la ubicación de las fosas y sus características, entre las que se consignará –si es posible– la identidad de las personas enterradas. La Plataforma de Víctimas de Desapariciones Forzadas por el Franquismo presentó en su día al juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, una lista con los nombres de los 143.353 desaparecidos, de los que 42.131 corresponden a Andalucía, con el nombre de García Lorca a la cabeza de tanta masacre.
El hecho de que los restos del poeta de Granada, así como los de quienes le acompañaron en su trágico final, no hayan aparecido en el lugar donde se los ubicaba, ha venido a rescatar teorías varias acerca de su enterramiento. Ian Gibson, que con Agustín Penón se basaba en el testimonio directo de Manuel Castilla (el enterrador) para suponer que el lugar era Alfacar, se inclina ahora por otra teoría verosímil, la aportada por el ex vicepresidente de la Diputación de Granada hace un año. Según Ernesto Molina, durante la construcción del parque Federico García Lorca, en 1986, fueron hallados restos humanos. La única información aportada al respecto, según Gibson, habla de que esos huesos fueron enterrados en otro lugar del parque, sin más pormenores.
Otra alternativa que se baraja es la ampliación del ámbito de investigación a una zona próxima conocida como El Caracolar, que se encuentra a sólo medio kilómetro del lugar donde la búsqueda no tuvo éxito, y que según el ex presidente de la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, el historiador González Arroyo, podría dar resultados positivos. No faltan entre las hipótesis la que se inclina por la posibilidad de que las autoridades franquistas llegaran a exhumar el cadáver del poeta en connivencia con sus familiares, que como se sabe se resistieron en un principio a que se llevaran a cabo los trabajos de búsqueda. Hay también suposiciones que sitúan los restos en el Valle de los Caídos, como los de tantas otras víctimas republicanas trasladados hasta allí por sus verdugos. Puestos a especular, hasta se ha mentado la teoría novelesca desarrollada por Fernando Marías en su libro La luz prodigiosa: García Lorca, después de haber sobrevivido a su fusilamiento, habría acabado su existencia muchos años después, de muerte natural, en el convento de monjas donde viviría enfermo de amnesia hasta 1951.
Señalaba Azaña, con motivo del traslado de los restos del escritor Ángel Ganivet –que se suicidó en Finlandia–, y sin saber que su destino post mortem también podría haber sido el mismo, el morbo histórico que caracteriza a los españoles en esa inerte materia, hasta el punto de afirmar don Manuel: “Lo primero que se hace con los hombres ilustres es desenterrarlos.
En España la manía de la exhumación sopla a ráfagas”. Manuel Azaña fue enterrado en el cementerio de Montauban (Francia), localidad donde falleció bajo las penalidades de la gran diáspora republicana, y el poeta granadino no tiene todavía lápida que identifique su sepulcro. Esas dos circunstancias reflejan respectivamente, en las figuras de dos grandes personalidades de nuestra cultura, el destino de miles de republicanos muertos en el exilio y el de tantos otros enterrados en las fosas del olvido y para los que tan dilatada y laboriosa está siendo la justa reparación de su memoria, 30 años después de la muerte del dictador.
Manuel Vicent, en su columna de contraportada en El País el pasado domingo, calificaba como una gran ingenuidad “no sospechar que el franquismo hizo todo lo necesario para evitar que el cuerpo de García Lorca fuera un día rescatado, dejándolo a un metro bajo tierra a merced de cualquiera que pudiera levantarlo como una bandera”. Esa creencia, en efecto, es muy propia del nacional-catolicismo que apoyó aquella desalmada cruzada –de la que sigue haciendo enseña la Iglesia de nuestros días con el beaterio de sus mártires–, por lo que no sería de extrañar que los verdugos la aplicasen como prevención para erradicar toda trascendencia de ese tipo sobre el cadáver desaparecido del poeta.
Federico García Lorca fue ejecutado durante aquel sangriento verano de 1936. Fueron, en total, en torno a 5.000 los granadinos que siguieron igual suerte al término de la contienda. Por tratarse de una de las figuras más sobresalientes de nuestra cultura, su asesinato tuvo una amplia repercusión como prueba fehaciente de la barbarie franquista, que ni siquiera reparó en la posibilidad de tales consecuencias. Si el de Lorca fue entonces el nombre de cabecera para simbolizar ante el mundo el carácter de una represión brutal y despiadada, cabe vincular ahora la ausencia de los restos del poeta –al menos allí donde se esperaba encontrarlos– con la de esos más de 100.000 víctimas que siguen desaparecidas en las fosas sin seña de España. Con ello, el nombre del más universal de nuestros poetas recobra, reforzada por esas circunstancias, la dimensión que a su muerte le dio el conmovedor poema de don Antonio Machado, tan perspicaz al abrazar con sus versos la necesidad de nuestra memoria histórica: “Se le vio caminar… Labrad, amigos, de piedra y sueño en el Alhambra, un túmulo al poeta, sobre una fuente donde llore el agua, y eternamente diga: el crimen fue en Granada, ¡en su Granada!”.
Félix Población es periodista y escritor
Ilustración de Juan Ossorio
JOSÉ ANTONIO GONZÁLEZ CASANOVA
Benito Cereno es un famoso relato marinero de Herman Melville (1819-1891), al que Borges consideraba un escritor con “grandeza substantiva”. Es una historia basada en hechos reales. El español Benito Cereno capitanea un velero portador de esclavos senegaleses que, a poco de zarpar, se sublevan en sangriento motín, dirigidos por el joven Babo. Este amenaza a Cereno con hacer otra escabechina entre los restantes blancos del navío si no los conduce a Senegal. El capitán alega que para un viaje tan largo no hay bastante agua potable. Con tal excusa fondea en una isla donde coincide con el navío “del generoso capitán Amasa Delano”, personaje verídico y antepasado del presidente F. D. Roosevelt, el del New Deal. Intrigado porque la nave parece ir sin rumbo y no lleva bandera, Delano la visita y queda perplejo ante el caos, la desidia, la indisciplina y el abandono que encuentra a bordo, más la sensación de que alguien le vigila. El más misterioso es el propio Cereno, callado, esquivo, descortés. Delano no se da cuenta de que el negro Bebo interpreta el papel de un celoso criado pendiente de su amo para no dejarle nunca a solas con él. Es famosa la escena en que Cereno le da una versión falsa de las desgracias que han mermado la tripulación mientras Bebo le afeita. La navaja que rasura es también amenaza de degüello si Cereno explica la realidad. Al final, perseguido por Bebo y su puñal, huirá del barco lanzándose sobre el bote del capitán Delano, que ha comprendido lo que ocurre en la nave española y, tras encadenar a Bebo, domina con sus hombres a los esclavos y la aventura acaba ante los tribunales del virrey del Perú. Bebo es condenado a muerte y el capitán Cereno, torturado por el recuerdo de su tiranía mientras se fingía fiel servidor, muere poco después. Y el relato de Melville concluye así :“Benito Cereno, llevado en ataúd, fue tras su verdadero jefe”.
Carl Schmitt, el gran jurista alemán, acusado de colaborar con los nazis, estaba obsesionado con este relato y con una frase concreta de él: “Hasta tal punto pueden imponerse las estrategias y maquinaciones malignas; hasta tal punto fiel pueden equivocarse los mejores individuos al juzgar la conducta ajena por desconocer las realidades profundas de su condición”. Así explicaba su falsa adscripción al nazismo, amenazado por las navajas de las SS y hacía de Benito Cereno símbolo desgraciado de la “inteligencia en una sociedad de masas”. El viejo profesor Tierno Galván fue más lejos y vio en el marino el símbolo de la Europa de 1950: “Los europeos de hoy estamos embarcados, como don Benito, en la situación definida por un barco que meramente flota (…), pero Cereno sabe que el barco no va a ninguna parte y que el intento de gobernarlo es inútil”. De ahí también, según el profesor Truyol, “su continuo oscilar entre la rebelión, la dejadez y el miedo”. Lo razonable es huir del barco “en el chinchorro filantrópico de Mr. Delano”.
La capacidad simbólica del autor de Moby Dick, la ballena blanca es enorme. A Schmitt le sirvió para justificar su ambigua actitud durante el III Reich; a Tierno y Truyol, su europeísmo militante en una España recién salida del lazareto impuesto por la ONU ; otros han visto la alegoría del tránsito del imperio español en América al de Estados Unidos, pero la interpretación que ha hecho más fortuna es la que ve un ejemplo vivo de la dialéctica del amo y del esclavo, elaborada por Hegel. La conciencia señorial, para saberse libre e independiente del todo, necesita que los demás sean “cosas”. La conciencia servil necesita que los demás reconozcan su utilidad. La paradoja final es que el señor, para serlo, necesita un servidor, y este precisa del señor para saberse útil. Pero entonces el amo depende del esclavo y este, al ser imprescindible, se convierte en lo más necesario. Se han invertido los papeles. Bebo es “el verdadero jefe” del capitán Cereno. Marx aplicaría esta dialéctica a las clases sociales burguesía-proletariado, personificadas por el nobel Harold Pinter en los protagonistas del film de Losey, The Servant.
Me atrevo a una versión del mito en clave española actual. Al Gobierno de Rodríguez Zapatero se le sublevan en plena crisis los poderes económicos y le amenazan con el conflicto social si hace una política que perjudique sus intereses. Cuando la izquierda y los sindicatos exigen una distribución justa del coste de la crisis, Zapatero ha de presentar su política como social, justa, progresista, porque se juega el cuello si dice la verdad y, sobre todo, si se enfrenta con quien tiene efectivamente el poder del Estado. Lo razonable sería dejar de “oscilar entre la rebelión, la dejadez y el miedo” y saltar de una vez al bote salvavidas de la izquierda. ¿Qué se lo impide?: sencillamente haber leído el final del relato de Melville. Si la izquierda anticapitalista y la clase trabajadora acaban con la sublevación antisocial de una minoría subversiva y en gran parte criminal, y si los tribunales de Justicia, amparados en la Constitución, condenan a los amotinados y deja de existir el correspondiente Bebo (quién sea lo dejo a la imaginación del lector inteligente), estamos ante una revolución que arrastra a cualquier gobierno de todo Estado capitalista, en el que de hecho manda la oligarquía económica. Como escribió Melville: “Benito Cereno es llevado en ataúd tras su verdadero jefe”.
José Antonio González Casanova es catedrático de Derecho Constitucional y escritor
Ilustración de Jordi Duró
ANDRES URRUTIA
Llega el momento de cerrar los actos de celebración del 90 aniversario de Euskaltzaindia/Real Academia de la Lengua Vasca, y llega también el momento de hacer balance de este año, a caballo entre 2008 y 2009, en el que la Real Academia de la Lengua Vasca ha realizado una serie de actividades conmemorativas de su fundación en los diversos territorios de la lengua vasca.
La Comunidad Foral de Navarra, la Comunidad Autónoma Vasca e Iparralde han sido testigos de nuestra actividad, más intensa si cabe que otros años, reafirmando así nuestra presencia, pronto centenaria, en todos los ámbitos de esa Euskal Herria cultural, diversa en su estructuración y composición, pero que tiene en el euskera un elemento cultural de primer orden que compartir.
Una vez más, Euskaltzaindia ha jugado y juega su papel de institución consultiva oficial del euskera, su rol de institucionalización de la lengua vasca, por encima de las legítimas diferencias y opciones políticas e ideológicas que existen en nuestra sociedad y en leal colaboración con todas ellas.
Es precisamente ese papel de interlocutor institucional, de elemento de cohesión, el que le permite mantener unas relaciones preferentes con las diferentes Administraciones públicas del ámbito territorial del euskera, y con los agentes culturales que, día a día, conforman esa red del euskera que pasa por el mundo educativo, por los medios de comunicación, por las industrias de la lengua, por la Administración pública y por la creación cultural o profesional en lengua vasca.
Euskaltzaindia sigue con su labor de investigación (Iker) y fomento de la lengua vasca (Jagon), que sus fundadores le encomendaron y que resultan todavía actuales, aunque hoy mucho más orientadas a hacer del euskera una lengua dúctil para colmar todas las necesidades de expresión de una sociedad moderna.
La Real Academia de la Lengua Vasca sabe que para eso es necesario proseguir con el compromiso originario, con aquel que le encomendó el Congreso de Estudios Vascos de Oñati (1918), y que se materializó con la ayuda primera de Eusko Ikaskuntza, para luego pasar a tener su propia personalidad; un compromiso con la lengua vasca que ha traído a nuestra sociedad realidades como la normativa unificadora, la labor lexicográfica, gramatical, de estudio de los dialectos y la literatura, culta y popular del euskera, la toponimia, la onomástica y la exonomástica, su servicio de biblioteca y el fomento de la lengua.
Hoy renovamos ese compromiso, reafirmado en las jornadas de reflexión interna de Euskaltzaindia de marzo de este año; un compromiso que reúne una serie de puntos fundamentales:
Un compromiso de gestión, que incluye una mejora de la organización de los medios humanos y materiales de Euskaltzaindia; una colaboración interdisciplinar entre los académicos; un marco de estabilidad presupuestaria y financiera y una apuesta por colaborar en la visibilidad social del euskera, a través del reconocimiento de quienes hoy trabajan en pro de la lengua.
Un compromiso de investigación, que pasa por desarrollar de forma significativa las nuevas tecnologías, a través de los corpus lingüísticos de gran escala para la lengua vasca, a fin de que esta no pierda el tren de la modernización. Significa, igualmente, una mayor responsabilidad social de Euskaltzaindia en la formulación de la normativa lingüística del euskera de acuerdo con las exigencias de la sociedad actual. Implica, también, una transferencia adecuada de la norma lingüística en particular, y de la producción cultural de Euskaltzaindia en general, a los operadores sociales, culturales, educativos y profesionales del mundo del euskera.
La socialización de la norma lingüística no es fácil, cuesta tiempo y esfuerzo, y en ello están Euskaltzaindia y esta sociedad y, permítaseme decirlo, con notable éxito, a pesar de las legítimas y respetables discrepancias.
En tercer lugar, un compromiso de relación institucional con quienes ejercen la responsabilidad de gobierno en los territorios de lengua vasca y establecen la política lingüística del euskera. Una relación basada en el respeto mutuo, y en la convicción de que el euskera es un elemento de identidad y paz social y no un instrumento de confrontación y disputa. Una relación, asimismo, fluida y sólida con quienes se afanan día a día en trabajar en euskera, por y para el euskera. Una relación fraternal con quienes tienen en sus manos la responsabilidad de ser las academias de las lenguas de España. Una relación, en fin, que mira al mundo y a Europa, y en especial a quienes realizan la tarea de sacar adelante, desde una perspectiva académica y social, las lenguas que se encuentran en una situación parecida al euskera.
El compromiso implica hoy, tras 90 años, una mirada a lo ya hecho y a lo que está por hacer, una mirada que no puede completarse sin un mensaje fundamental: gracias.
Quiero expresar mi agradecimiento a la sociedad, al mundo del euskera, por reconocerle y reconocerse en Euskaltzaindia como institución normativa oficial de prestigio, por seguir sus normas y sus recomendaciones, por, en definitiva, ser conscientes de que ese marco es el que el euskera necesita para ser un instrumento de modernidad y cultura.
Gracias a quienes todos los días hacen Euskaltzaindia; a los académicos que son y a los que han sido, de número, de honor, correspondientes, miembros de las comisiones, técnicos de los proyectos y trabajadores de Euskaltzaindia.
Todos ellos son la mejor garantía de que el 90 aniversario de Euskal-tzaindia es, en definitiva, un aniversario de futuro para el euskera y la cultura en lengua vasca.
Andres Urrutia es presidente de Euskaltzaindia / Real Academia de la Lengua Vasca
Ilustración de Enric Jardí
Gonzalo Martner
Chile es un país de poetas. Y no sólo porque cuenta con dos galardonados con el Premio Nobel, lo que de suyo es más bien excepcional para un país pequeño y lejano, sino por la variedad y universalidad de su poesía. Esto se debe a muchas herencias. Aunque los pueblos originarios no poseían un alfabeto, mantenían, y mantienen hasta hoy, una rica tradición oral. “Escribo, sí escribo porque es necesario hacerlo. Yo raíz de esta tierra lleno con palabras el legado de los antepasados”, nos dice más tarde Juan Marimán. Agreguemos a este legado ancestral el temprano aporte hispánico: a los primeros conquistadores, se había sumado el joven Alonso de Ercilla, que supo trasladar a una poesía épica de gran factura y en cuyo poema La Araucana desarrolló a lo largo de su vida parte de los episodios que le tocó vivir y conocer de la conquista y de la prolongada resistencia mapuche. Se produjo así no sólo la presencia de la espada y la cruz, sino también de la palabra poética, la que tal vez mejor estaba en condiciones de reconocer al distinto y ayudar a construir poco a poco nuevas señas de identidad que pudieran trascender la violencia inicial y abrir cauce, con el tiempo –y especialmente luego de la necesaria independencia–, a entendimientos cimentados en el mestizaje y en una historia diferente que se fue haciendo común.
El siglo XX, lo sabemos, superó los horrores hasta entonces conocidos en la historia, que no fueron pocos. Y si en los albores del siglo XX se encontraron una vez más Chile y España en la poesía –Huidobro, primero con las vanguardias, y Neruda, luego con la generación del 27–, el encuentro hubo de pasar con rapidez de la poesía (que incluyó no obstante las memorables páginas de España en el corazón, de Neruda, junto a los poemas imperecederos de César Vallejo) a la historia viva y sufriente. “Que la crítica borre toda mi poesía, si le parece. Pero este poema, que hoy recuerdo, no podrá borrarlo nadie”. Con esta frase, Pablo Neruda resume en sus memorias sus sentimientos respecto a la tarea que como cónsul especial nombrado por el presidente Aguirre Cerda hizo posible la llegada de más de 2.000 españoles a Chile en un barco, y muchos otros por diversas vías, en busca de refugio y paz después de la Guerra Civil, en medio de los albores amenazantes de la Segunda Guerra Mundial. Que se borre la poesía si se quiere, diría nuestro poeta, pero no los poemas, que son historia viva y solidaridad humana concreta.
Para la República de Chile, es siempre un honor recordar que, por inspiración de un poeta y decisión de un presidente democrático, españoles y chilenos pudimos escribir juntos en un contexto muy difícil una página signada simplemente por la solidaridad hacia quienes sufrían el desamparo, como lo vivimos después los chilenos, más de tres decenios después, y nos encontramos con una mano extendida. Neruda recibió, para aminorar la crítica interna, la instrucción de acoger a españoles del exilio en Francia que contaran con oficios que pudieran aportar al desarrollo nacional, y escribió así su desafío: “El mar chileno me había pedido pescadores. Las minas me pedían ingenieros. Los campos, tractoristas. Los primeros motores diésel me habían encargado mecánicos de precisión. Recoger a estos seres desperdigados, escogerlos en los más remotos campamentos y llevarlos hasta aquel día azul, frente al mar de Francia, donde suavemente se mecía el barco Winnipeg, fue cosa grave, fue asunto enredado, fue trabajo de devoción y desesperación”. También había entre nosotros, chilenos, en la prensa y el Parlamento, los portadores del prejuicio y de la inhumanidad, a los que Neruda y el presidente Aguirre Cerda lograron poner en su sitio para dar curso al espíritu de acogida que es ya sello imperecedero del mejor Chile.
Llegó así, un 3 de septiembre de 1939 –el día en que estallaba la Segunda Guerra Mundial–, el barco de la esperanza, el carguero Winnipeg, que había zarpado el 4 de agosto desde Trompeloup-Pauillac y que nunca había albergado más que algunas decenas de pasajeros, con cerca de 2.400 españoles de toda condición y proveniencia territorial para iniciar una nueva vida. La mayoría de ellos se estableció en esta patria de acogida, otros quisieron y pudieron retornar con el tiempo a la tierra que los vio nacer o bien más tarde algunos de sus descendientes volvieron a España, incluso algunos para vivir un segundo o tercer exilio, después del de Francia y el de Chile. Pero todos contribuyeron y siguen contribuyendo a engrandecer a Chile, desde Castedo y su colaboración historiográfica con Encina, hasta Aguadé y sus emprendimientos y el impulso a la actividad editorial chilena, pasando por Balmes y Bru y su aporte a nuestra plástica, siguiendo con los hermanos Pey y su labor en la construcción de muchos de nuestros puertos, y así tantos y tantos que se insertaron creadoramente en las más diversas actividades, como unos nuevos chilenos que nunca dejaron de representar, eso sí, a mucho de lo mejor de España.
Setenta exactos años después, la presidenta Bachelet recibió el 3 de septiembre en La Moneda a sobrevivientes y descendientes para expresarles lo que cabe: el agradecimiento de la nación chilena al aporte de los españoles del Winnipeg.
Gonzalo Martner es Embajador de Chile en España
Ilustración de Javier Olivares
ANTUMI TOASIJE
El fallecimiento del inigualable cantante, compositor y bailarín africano-norteamericano, conocido como el rey del pop, en su domicilio de Holmby Hills (Los Ángeles) debido a un ataque cardíaco ha producido reacciones encontradas, una inevitable sorpresa por lo repentino de su desaparición y, en no pocas personas, una honda tristeza contenida. Contenida porque Jack-
son parecía tener dos caras y, a medida que había ido dejando atrás su fisonomía negra, se acrecentaban públicamente sus excentricidades, en ocasiones temerarias. Michael Jackson ha sido un genio indiscutible de la música pop, soul y en cierto modo también del rock, poseedor de cualidades musicales extraordinarias, entre ellas el denominado oído absoluto y una visión escenográfica que ha supuesto una revolución en la cultura popular universal que incluye el vídeo universalmente más visionado Triller. El artista que más discos ha vendido en toda la historia de la música ostenta decenas de récords, entre los que destaca el ser el músico que ha donado más dinero a causas benéficas con más de 300 millones de dólares.
No todos recuerdan que para que Jackson entrase en la MTV fue necesaria la presión de los grupos de defensa de los derechos civiles, porque se debe señalar que el artista ha vivido todas las etapas recientes del proceso histórico africano-norteamericano, desde los asesinatos de Martin Luther King y Malcolm X hasta la victoria de Obama. He aquí el gran misterio de Michael Jackson, y es que, paradójicamente, a la par que su rostro cambiaba desde los rasgos africanos hasta un malogrado intento de ser algo parecido a una persona blanca extremadamente parecida a su amiga Liz Taylor, su discurso musical y la parafernalia de sus videoclips se volvían cada vez más afrocéntricos y mostraban con orgullo una proximidad hacia lo más africano en él, sobre todo a partir de We are the world (1985). Ya en el vídeo del tema Remember the time (1991), ambientado en el antiguo Egipto, Jackson caracteriza a los egipcios clásicos como lo que realmente fueron, personas negras y altivas, lo que suponía un desafío a la imagen de la historia de África, imagen que procuró dignificar en cada ocasión que se le presentó. Todos los fans recuerdan sus bailes sensuales junto a Naomi Campbell en In The Closet en el álbum Dangerous (1995); allí mismo, el vídeo Black or white maravilló por el uso del morphing digital, mientras que, en una joya ofrecida al final de dicho vídeo, el cantante se explaya en una agresiva coreografía en la que se convierte en humano desde una pantera negra, en evidente alusión al grupo político africano-norteamericano y revienta símbolos nazis y del Ku Klux Klan.
Entonces, ¿cuál es la razón de su transformación física de negro a blanco? Confieso que siempre fui uno de los que creyeron que Jackson, aparte de su evidente complejo de Peter Pan, tenía complejos raciales producto tal vez de la terrible infancia vivida bajo la severa fusta de su padre Joseph Jackson. No tendría nada de especial que, lamentablemente, un artista decidiera cambiar por completo y tan desafortunadamente su imagen si no hubiera existido una historia tan desoladora de opresión y exclusión sobre las personas negras en Estados Unidos en particular y en el mundo en general. Esto es lo que ha hecho que las dos caras de Jackson se convirtieran en un testimonio muy polémico de la deserción del artista negro más famoso de todos los tiempos. Esta aparente traición a la justa causa de los africanos de las diásporas han hecho de Jackson un ejemplo de la devastación que el racismo puede causar sobre una persona. En apoyo a esta idea están, además del blanqueamiento de su piel, las diversas operaciones de nariz y aparentemente de otras partes de su rostro, así como el alisamiento del pelo y finalmente la similar transformación de su hermana Latoya. Por desgracia, en la actualidad, en África y en India fundamentalmente, el blanqueamiento masivo de la piel por parte sobre todo de mujeres que se aplican productos químicos abrasivos y extremadamente tóxicos es un serio problema médico fomentado por la falta de conciencia estética. Es una plaga que algunos comparan, a mi entender equivocadamente, con el cáncer de piel entre los millones de personas blancas que se exceden en su exposición al sol en las playas de todo el mundo, buscando un tono de piel más oscuro.
Si Jackson tuvo algo de responsabilidad indirecta en multiplicar complejos por el mundo, esto es algo muy difícil de delimitar y tal vez injusto, por ello, tras su muerte, indago sobre la realidad de esta transformación y me encuentro en Internet con decenas de vídeos que parecen demostrar de un modo muy directo que, en efecto, el artista sufría la terrible enfermedad despigmentante del vitíligo. Independientemente de la veracidad o falsedad de todos estos tristes escándalos, el hecho es que figuras geniales y planetarias como Jackson tienen una enorme influencia sobre la visión que se tiene de las personas africano-descendientes en el mundo. No se debe despreciar el potencial transformador de una figura pública de semejante calibre. Ser negro no es una cualidad sólo externa y, si hipotéticos arqueólogos del futuro hallaren el cadáver de Jackson, no dudarían en afirmar que era un varón negro. En cualquier caso es cierto que todos los africanos y africano-descendientes hubiéramos deseado un Jackson negro por fuera y por dentro, con un solo rostro, pero él es lo que fue y no lo que nos hubiera gustado. El tiempo probablemente ponga en su lugar las diversas acusaciones, entre ellas las más increíbles, las de pederastia, pero es indiscutible que este niño eterno nacido en Gary (Indiana), el 29 de agosto de 1958, en el seno de un humilde familia africano-norteamericana, séptimo de una familia de nueve hermanos, marca el principio y el fin de una época turbulenta y muy creativa que no volverá jamás.
Antumi Toasije es historiador. Director del Centro de Estudios Panafricanos
Ilustración de Mandrake