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Dominio público

Opinión a fondo

Capitalismo tóxico y corrupción

08 oct 2008
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Qué tienen en común Marbella y la crisis financiera internacional con epicentro en los EEUU? Para empezar, podríamos decir que ambas son manifestaciones de un capitalismo tóxico: la primera es el icono del urbanismo salvaje y del desgobierno local en beneficio privado, de la grandeur de la economía inmobiliaria luego degenerada; la segunda es la madre de todas las crisis, la peor desde la gran depresión de 1929, una crisis, la hodierna, que tiene su origen en un modelo de crecimiento descontrolado de las entidades financieras, basado en hipotecas de alto riesgo y sofisticados (o más bien, desconsiderados) productos de inversión. También pueden asociarse al estallido de una burbuja: la inmobiliaria y la crediticia. Sin embargo, es necesario entrar en consideraciones más atentas.
Acaba de publicarse el Índice de Percepción de la Corrupción 2008, por la prestigiosa ONG Transparencia Internacional. Se trata de una medición de la percepción de la corrupción pública procedente de expertos y empresarios, elaborada por instituciones independientes y acreditadas internacionalmente. El dato contenido en el índice es el siguiente: España ha perdido tres posiciones en el ranking de países menos corruptos, ahora está en el lugar 28 con una nota de 6,5 sobre 10. Se explica por los expertos que la razón de esta caída sería la emersión de los casos de corrupción urbanística, es decir, se habla más de corrupción; aunque la verdad es que han aumentado las sentencias condenatorias por delitos contra la ordenación del territorio y se han iniciado más juicios por abusos urbanísticos. En definitiva, son las Marbellas de España que ensucian la limpieza del país. Ahora bien, lo que es importante recordar es que las ilegalidades, abusos, fraudes, sobornos, conflictos de intereses, registrados en la mencionada ciudad de la Costa del Sol ocasionaron un suceso sin precedentes en la historia de la España constitucional: la disolución de la corporación local, en el supuesto contemplado por la Ley de “gestión gravemente dañosa para los intereses generales que suponga incumplimiento de obligaciones constitucionales”. Quedémonos con este apunte y vayamos a ver lo que concierne a la crisis norteamericana.
En EEUU, desde 1977, existe una ley llamada Community Reinvestment Act (Ley de Reinversión en la Comunidad) que exige que los bancos ofrezcan créditos e hipotecas para facilitar el acceso a la vivienda y el desarrollo de pequeños negocios, en función de criterios determinados a nivel federal. Esta ley fue reformada en 1995 por la Administración Clinton para intentar satisfacer aún más las necesidades crediticias de las comunidades. Si en la economía moderna los servicios crediticios y financieros se consideran servicios esenciales, esta ley tenía la finalidad de conciliar los negocios con los objetivos sociales. Además de esta regulación social federal, en EEUU la mitad de las hipotecas se otorgaban por entidades híbridas, denominadas GSE (Government Sponsored Enterprises) y patrocinadas por el Gobierno, que habían sido creadas inicialmente durante el New Deal de Roosevelt como agencias gubernamentales encargadas de proporcionar liquidez para los préstamos hipotecarios, para luego ser privatizadas en los años setenta. Ejemplos de estas firmas semipúblicas son Fannie Mae y Freddie Mac, nacionalizadas el pasado 7 de septiembre tras haber perdido 11.000 millones de dólares, más que el agujero de Enron en 2001.
El núcleo del problema reside en que la gran mayoría de los bancos se había opuesto a esta regulación social, así que después quisieron transformar las obligaciones sociales en ganancias; para ejecutar este plan necesitaban que las normas y las autoridades se lo permitieran y por eso fueron capturadas por las corporations. Las autoridades americanas permitieron el más espectacular crecimiento de la pirámide de las deudas de la historia económica, ignorando al mismo tiempo la dimensión de los riesgos con los que cargaban los intermediarios financieros. Finalmente las responsabilidades de control se fragmentaban y diluían; mientras, los bancos creaban bonds en los que se mezclaban turbiamente las hipotecas basura y luego contratos de seguros derivados de estos títulos tóxicos: el mercado se contaminaba pero las entidades experimentaban unos beneficios extraordinarios. En especial, Fannie y Freddie en la actualidad erogaban 5.400 millones en hipotecas, más de las que se conceden en toda Europa, sin disponer de un capital adecuado… pero con el patrocinio de la Administración. Vale la pena recordar también que estas agencias han financiado los partidos en los últimos diez años con más de 1.000 millones de dólares. También han caído el tercero y el cuarto (también el más antiguo) banco de negocios de EEUU, Merrill Lynch y Lehman Brothers. Pocos días después, el 17 de septiembre, la Federal Reserve y el Tesoro americano han salvado a la aseguradora AIG inyectándole 85.000 millones de dólares y sometiéndola al control del Gobierno. La Administración Bush ha preparado un plan especial para intentar frenar la crisis esterilizando el mercado financiero de la contaminación sufrida. El precio del medicamento es muy alto, 700.000 millones de dólares, el 5% del PNB de la nación.
Esta crisis es el ejemplo más aterrador del fallo conocido como “captura del regulador por el regulado”, es decir, cuando el primero se identifica con el segundo y favorece sus intereses. La captura del Estado es una manifestación sofisticada y muy nociva de corrupción, propia de la actual sociedad del riesgo. El candidato demócrata Obama, antes de reunirse con Bush para discutir de la crisis, con propiedad ha afirmado que “la corrupción es un desperdicio de dinero y arruina los derechos humanos”. Y por eso, el plan de rescate de la economía contempla un abanico de medidas anticorrupción dirigidas a evitar los conflictos de intereses entre Administración y entidades privadas, es decir la vertiente más compleja de la corrupción moderna.
Esta crisis ha desvelado una “gestión pública (y privada) gravemente dañosa para los intereses generales”, que ha llevado casi al derrumbe del sistema financiero americano. Así, la corrupción es la línea roja que une EEUU con Marbella y se interrelaciona con el capitalismo financiero y urbanístico de “amiguetes”, parafraseando a Stiglitz. Los políticos, los reguladores, los empresarios, deberían aprender definitivamente que integridad y transparencia son las únicas estrategias compatibles con el desarrollo de la sociedad y de la economía. Ya no vale la filosofía de Gordon Gekko, financiero de la película de Oliver Stone Wall Street, sobre la codicia (greed): “Greed is good, greed works”. No señores, la codicia no es buena ni funciona.

Endrius Eliseo Occiolo

Profesor de Derecho Administrativo. Centre de Recerca en Governança del Risc (UAB-UOC)

La generación de la bruja Avería

09 nov 2007
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SANTIAGO ALBA RICO

09-11-07.jpgMe parece coherente que el PSOE y el PP se disputen la bandera española y la defensa de la monarquía y que se entreguen al potlach electoralista de rivalizar sobre quién de los dos debilita más la democracia en favor de la unidad de España. Pero por eso mismo me extraña verme en la tesitura de tener que disputar a un miembro relevante de la ejecutiva del PSOE el patrimonio político y moral del mítico programa de TVE La Bola de Cristal, del que fui guionista entre 1984 y 1988. El disgusto que me ha producido la lectura del artículo de Leire Pajín Iraola (Publico, 30 de octubre), sólo puede compararse al que ella sentiría si, despabilada la memoria, fuese capaz de recordar el legado del que con tanta ligereza se reclama heredera: por debajo de la música de Alaska y Radio Futura, escucharía cosas que le pondrían los ‘baudios’ de punta y le harían ‘rebobinarse’ de terror, por evocar precisamente el lenguaje de los Electroduendes. Aunque tanto la directora del programa (Lolo Rico) como sus otros guionistas (Carlo Frabetti, Carlos Fernández Liria e Isabel Alba) comparten sin duda mi desazón por el malentendido de Leire Pajín, me ceñiré a la voz de la bruja Avería y sus compinches eléctricos, porque es la mía y porque está recogida y puede ser consultada en dos volúmenes de título muy significativo, ¡Viva el mal! ¡Viva el capital! y ¡Viva la CIA! ¡Viva la economía!, a los que la dirigente socialista puede acudir para comprobar que no me inspiraba precisamente en el programa de su partido.

En La Bola de Cristal –recordaré a Leire Pajín– se hacían campañas a favor de la lectura y de la amistad, pero por eso mismo también contra los bancos, cuya potencia destructiva se encarnaba en la famosa Caja de Ahogos y Tensiones: “Antes se nos llamaba usureros y ahora banqueros, pero seguimos quedándonos con su dinero”. La Bola de Cristal invitaba a la solidaridad y a la rebeldía, pero por eso mismo enderezaba su humor brechtiano contra la alienación laboral y la codicia empresarial, representada esta última en un personaje de la serie, Amperio Felón, cuya ‘electrocutante’ biografía ilustraba de manera pedagógica y divertida el proceso de “acumulación originaria” descrito por Marx en El Capital (“la empresa que da plusvalor no es facha ni roja ni tiene color”, cantaba en algún momento un coro de proletarios enajenados). La Bola de Cristal clamaba por un mundo nuevo tras 40 años de franquismo, pero por eso mismo no dejó nunca de satirizar las políticas del PSOE. La jocunda bruja Avería, cruce fantástico de Santiago Carrillo y José María Cuevas, fundió y gripó con su rayo a toda clase de inocentes bajo las figuras más variadas (militar, mafiosa, funcionaria, reina, incluso Dios), pero fue la mayor parte del tiempo la presidenta de la República Electrovoltaica de Tetrodia, de cuyo Gobierno formaban parte Narciso Radar, ministro de Misiles y Humanismo, e Invatios Barriobaudios, ministro de Expiación y Vergüenza Ajena. Todos recordarán el seudónimo que usaban Radar y Barriobaudios cuando formaban parte de la realidad y del Gobierno de Felipe González.

Puede decirse quizás que La Bola de Cristal era incompatible con la componenda, el equilibrismo, el eufemismo, la corrección política y la ambigüedad, pero por eso mismo nadie podrá decir que era compatible con el PSOE. Puede incluso decirse que era un panfleto y que adoctrinaba en el odio de clases, pero por eso mismo nadie podrá decir que era el camino más rápido y seguro hacia las Juventudes Socialistas. Casi todo en el mitificado y olvidado programa de TV estaba orientado a denunciar a ese PSOE que había recibido y malversado el mayor capital político de izquierdas de la posguerra europea; el PSOE monárquico que seguía acariciando a la Iglesia; el PSOE de la OTAN que mantuvo las bases estadounidenses; el PSOE de la reconversión industrial y la reforma laboral; el PSOE que estableció relaciones con Israel y traicionó al pueblo saharaui; el PSOE de la escuela concertada y la desmovilización juvenil; el PSOE de las privatizaciones y la corrupción; el PSOE que destruyó la televisión pública; el PSOE de la Ley de Extranjería y la rendición sindical; el PSOE que dejó expedito el camino a la derecha más radical, ultramontana y reaccionaria desde la guerra civil. El PSOE, en fin, que promovió y aplaudió la guerra sucia y el terrorismo de Estado. Dos de los guionistas de La Bola de Cristal, recordaré también, nos sumamos en mayo de 1988, junto a otros 102 ciudadanos decentes, a la acción popular contra el GAL que permitió procesar y condenar a José Barrionuevo y Rafael Vera, altísimos funcionarios del Gobierno de Felipe González, el cual –se entenderá– tiene tanto que ver con La Bola de Cristal como la casa Coca-Cola con el precepto evangélico de dar de beber al sediento.

Se dirá que sólo bajo el Gobierno del PSOE fue posible hacer un programa así, pero digo también que sólo bajo el Gobierno del PSOE se suspendió su emisión. No por casualidad fue en 1988, el mismo año de la Ley de Televisión Privada. El hecho de que se haya idealizado un espacio televisivo imaginativo y valiente, pero en cualquier caso bastante chapucero, demuestra básicamente que lo que vino después fue mucho peor. El que debía ser el primer programa de una nueva estirpe se convirtió en su último descendiente y esto también es responsabilidad del PSOE, que obró el milagro de llevarnos aceleradamente a los españoles, sin etapas intermedias, de un Renacimiento malogrado a una Edad Media de colores.
Pero hay, sí, una generación de La Bola de Cristal como hay una generación del GAL y una generación de las Azores. Sus miembros están tan lejos del PP como del PSOE y me siento muy orgulloso de reconocer en su voz la de esos mismos Electroduendes que me hablaron a mí tantos años antes: son locos solidarios con Palestina y Venezuela, chiflados activistas antiglobalización, extremistas militantes ecologistas, zarrapastrosos okupas, agresivos pacifistas, infantiles anti-imperialistas, lunáticos marxistas. Sinceramente, no creo que Leire Pajín, gran defensora de la ‘modernidad’ de España, se sintiera cómoda en su compañía.