La burbuja verde

18 Ago 2017
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Juvenal García

Me dicen mis fuentes bien informadas que en Madrid se ha abierto un debate que se discutirá próximamente a raíz de varios artículos relacionados con la cris de Die Grüne, los Verdes Alemanes, y sus bajas expectativas electorales. Hay un cierto miedo a que la asunción de las medidas que propone el ecologismo, al hacerse transversales, hagan que su formación pase a ser irrelevante o innecesaria a los ojos del electorado.

A veces Hollywood hace análisis más certeros de la realidad de lo que creemos. En muchas ocasiones porque los escritores de argumentos y guiones suelen investigar y documentarse muchísimo –decenas de veces más que cualquier periodista español medio—sobre las tramas. En especial si son políticas, económicas o de espionaje. En la segunda parte de la afamada y nunca suficientemente ponderada Wall Street la hija del personaje interpretado por Michael Douglas, Gordon Gekko, le dice que su interés es la ecología. Él se encoge de hombros y dice, despectivamente: “ah, sí. La próxima burbuja”. A lo mejor quien lo dice es el personaje interpretado or Shia LaBeuf. Cito de memoria porque no es relevante para el caso.

Este despiadado tiburón de las finanzas no tiene ningún miedo ni ninguna preocupación política acerca de la ecología sencillamente porque él no ve las posiciones y las medidas ecológicas fuera del sistema gobernado por las grandes corporaciones financieras. El personaje de Gordon Gekko, personalización del capitalismo salvaje, sin sentimientos, sin moral y sin más religión que el dólar ve en la ecología el siguiente campo que conquistar, explotar y devastar. Gordon Gekko encaja las propuestas verdes en la rueda del sistema sin ningún esfuerzo, encogiéndose de hombros, dando la espalda a su hija.

Lo que hace este personaje de ficción no es greenwashing: va mucho más allá. Lo que hace este personaje de ficción es lo que hacen quienes declaran las medidas que propone el ecologismo como transversales, asumibles por todos los partidos políticos y todos los sectores de la sociedad y por tanto más allá de las ideologías. Sin embargo lo que hace este discurso es profunda y peligrosamente ideológico: separa las medidas que proponemos del modelo en el que las encajamos para poder usar dichas medidas sin comprometerse con un nuevo mundo, una nueva forma de vida, un nuevo paradigma cultural, social, económico.

De esa separación entre las medidas que proponemos y el modelo nacen nuestros dos grandes problemas; o, mejor, nuestro gran problema y su principal consecuencia: como nuestras medidas son asumibles por todos (con la posible excepción de nuestra derecha renacentista, de cerrado y sacristía) nuestra presencia política se hace innecesaria. De ahí que se vote a los partidos que abrazan la permanencia en el modelo del desarrollo siempre que adopten nuestras medidas. Como no siempre hemos podido, querido o sabido comunicar –porque es muy complicado– la relación de nuestras medidas con un cambio profundo de modelo, cosmovisional y holístico, con una profunda relectura de nuestra relación con el planeta, sus recursos y nuestros compañeros vivientes humanos y no humanos, nuestro combate se entiende ganado o en vías de ganarse.

Así, ¿para qué necesitan los alemanes a Die Grüne, si Angela Merkel ya ha limpiado Alemania mediante la generación energética eólica y solar, el cierre nuclear, la llegada del coche eléctrico y la reducción drástica y el tratamiento de residuos? Todo esto crea puestos de trabajo, vuelta al consumo y por fin a la salida capitalista de la crisis. Y seguimos en la lógica del crecimiento ilimitado. Votar al SPD o a la CDU sabiendo que incorporan las medidas contra el cambio climático da mucha tranquilidad a muchos electores alemanes: cambiarlo todo para que nada cambie. De hecho en los medios de comunicación europeos se apresuraron a mostrar que el principal objetivo de la fundación de los verdes en toda Europa, el cierre nuclear, en Alemania ya había sido conseguido. Por lo tanto…

Parece evidente que, tanto hacia el electorado como hacia dentro del propio movimiento ecologista, habrá que poner el foco en el modelo y en su estructura cosmovisional, ideológica, de sentido y no en las medidas. Es decir, insertar las medidas en nuestro sistema de relectura de la realidad, de la relación con el planeta, con los recursos y con la calidad de vida y no apresurarnos a vender las medidas y dejar el modelo, nuestra estructura de sentido, nuestra revolución cultural, para los entendidos y los politólogos (que no siempre coinciden).

No se trata de proponer, en mi opinión, medidas explicando luego –si hay sitio, si nos dejan, si somos capaces—el por qué, el trasfondo. Es ese trasfondo lo que deberíamos empezar a mostrar y luego explicar que a esa nueva vida, a ese nuevo mundo, a ese nuevo paradigma se llega a través de medidas concretas. A veces muy manidas, a veces originales. No es lo mismo explicar nuestras medidas para mejorar el transporte que mostrar nuestro modelo de ciudad y poner en ese modelo el transporte. Y como eso, lo mismo para la energía, el consumo agroganadero, los grandes retos de la logística global, la calidad de vida, la renuncia a la dictadura financiera y desarrollista.

Es el trasfondo lo que nos diferencia de quienes se presentan como nuestros aliados en las medidas. Es nuestro modelo, nuestra visión del mundo, nuestro proyecto de futuro. Mostrémoslo y diferenciémonos. Porque en ese modelo la prioridad es nuestro bienestar y el de nuestros compañeros de planeta. Y eso es aún más bonito que introducir los autobuses eléctricos. Y nos diferencia de quienes lo hacen solo para engordar la siguiente burbuja depredadora.

Hagamos que los Gordon Gekko se asusten de verdad porque tenemos un plan. Ilusionemos.

Es el momento.


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