La semana de la inmovilidad de Cifuentes

19 Sep 2017
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Alejandro Sánchez *, María Acín **, Alberto Oliver***

Desde 2002 se celebra en toda Europa la Semana de Movilidad. Desde el año pasado, el gobierno municipal de Madrid, encabezado por Manuela Carmena, le ha dado un impulso muy importante a esta semana, poniéndole un nombre –“La Celeste”- que relaciona directamente la movilidad sostenible con un cielo más azul y un aire más limpio en la capital. Destaca la importancia que le está dando el Ayuntamiento de Madrid a esta Semana, frente al perfil bajo, casi subterráneo, de la Comunidad de Madrid y en especial de su presidenta, Cristina Cifuentes.

La contaminación mata, ya pocos se atreven a negarlo, por lo que promover un modelo limpio y sostenible que procure reducir los niveles de emisiones no es sólo un tema estético, sino estratégico en las políticas públicas. La conocida como “boina madrileña” de contaminación es un problema de salud pública de primera magnitud, por lo que son imprescindibles medidas decididas y coordinadas para reducir las emisiones contaminantes que la generan. La relación del transporte con la contaminación atmosférica es de sobra conocida: los datos para la Comunidad de Madrid dicen que el transporte motorizado es el mayor emisor de gases y partículas, siendo los porcentajes superiores al 70% en la corona metropolitana.

Las grandes ciudades son piezas claves para la transformación del modelo de transporte, mejorando las redes de transporte público colectivo y priorizando las áreas peatonales frente a la circulación de los vehículos privados. Sin duda, la apuesta ha de ser multinivel, porque la movilidad de las personas es un derecho y una necesidad e implica no sólo un cambio en los modos de transporte, sino también repensar el urbanismo y el modo de obtener la energía, desconectándonos progresivamente de los combustibles fósiles.

Sin embargo, mientras muchas ciudades, entre ellas de forma destacada Madrid, van dando pasos decididos hacia una movilidad más sostenible, aprobando programas tan ambiciosos como el Plan A, la Comunidad de Madrid no parece muy interesada en esa “nueva política” de la movilidad sostenible. Antes al contrario, la gran apuesta de Cristina Cifuentes en materia de transportes oscila entre el desconcierto y la oposición a todo lo que proponga el gobierno de Manuela Carmena, más allá del abono joven y las imprescindibles reparaciones de la red de Metro. Su empeño en el desdoblamiento de la A1 -sin acuerdo de los municipios implicados y totalmente contraria al objetivo global de disminuir la entrada de vehículos privados a la ciudad-, su negación a ampliar la línea 11 de Metro, a implementar el Billete Intermodal y el Abono Social, la no inclusión de la EMT en la nueva tarjeta sin contacto y la falta de los recursos necesarios para la reordenación e incremento del servicio en los autobuses interurbanos, son las claves de su gestión en términos de movilidad. A esto hay que sumarle el uso partidista que la Presidenta Cifuentes le da al transporte público, a sus políticas en materia de infraestructuras y al Consorcio Regional de Transportes, usándolo como arma de confrontación contra el Ayuntamiento de Madrid. A modo de ejemplo, tras dos años de crecimiento extraordinario de la demanda en los autobuses de la EMT, la Comunidad de Madrid ha decidido no aumentar el presupuesto necesario para cubrir este incremento y mejorar la oferta de autobuses municipales, mientras sí lo ha hecho para el resto de operadores. Mientras Cifuentes se sube (y se hace el selfie correspondiente) a las buenas iniciativas como el BUS-VAO de la carretera A2 (a desarrollar mediante un acuerdo entre el Ministerio de Fomento y el Ayuntamiento de Madrid), pasa la pelota de la mejora de la Red de Cercanías y el resto de accesos reservados para autobuses alegando que no son sus competencias.

La realidad es que Cifuentes encara la Semana de la Movilidad desde un inmovilismo preocupante. La Comunidad de Madrid necesita urgentemente una Ley de Movilidad Sostenible que apueste por un transporte público más asequible y sostenible; que obligue a Ayuntamientos, grandes empresas, polígonos industriales y centros comerciales o de ocio a elaborar planes de movilidad que hagan más eficiente la movilidad con el menor coste energético posible; que fomente los aparcamientos disuasorios en sitios estratégicos conectados con la red de transporte colectivo de alta capacidad; que promueva los vehículos eléctricos y el apoyo al uso del coche compartido; que establezca un abono social para personas desempleadas y sin recursos…

Necesitamos un Gobierno de la Comunidad de Madrid que ayude mucho más a los ayuntamientos a caminar decididamente hacia la movilidad sostenible, en lugar de ponerles trabas y correr después a hacerse fotos cuando algo sale bien (aunque sea a su pesar). Necesitamos un Gobierno de la Comunidad de Madrid responsable, que colabore institucionalmente con el resto de agentes, que piense más en la ciudadanía que usa todos los días el transporte público, que asuma que la contaminación es un problema de salud de primer orden y que la respuesta pasa por tod@s, pero fundamentalmente por salir del inmovilismo y apostar en serio por la movilidad sostenible.

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*Coportavoz de EQUO Madrid y diputado en la Asamblea de Madrid

** Miembro del equipo técnico del G.P. Podemos en la Asamblea de Madrid

***Diputado de Podemos en la Asamblea de Madrid

 


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