En la tardanza está el peligro: Egolatría, Antropocentrismo y Cambio climático.

08 Dic 2017
Compartir: facebook twitter meneame
Etiquetas: ,
Comentarios

Mario Morales

Me sorprende enormemente la miopía de nuestras sociedades a la hora de discriminar lo importante de lo superficial. Me inquieta la facilidad que demuestran nuestras comunidades humanas en la pérdida de atención sobre los temas fundamentales de su supervivencia, en favor de asuntos menores, impropios de estos tiempos de urgencia. Lamento la eficacia de la propaganda, que nos hace retirar la mirada cabal hacia el estímulo interesado de los vendedores de humo.

Nos ofrecen “baratijas” (como son el circo de pulgas que nos presentan los noticieros hegemónicos) a cambio de las “joyas” que suponen nuestras capacidades transformadoras y nuestra intuición acerca de la necesidad del cambio de rumbo, como especie.

Joyas por baratijas. La técnica de engaño usada en los siglos XV y XVI para someter a aquellas habitantes de América se nos aplica a todas, perfeccionada. Por cierto, espero que no esperen más en practicar la rebeldía de cambiarle el nombre a ese continente, nombre impuesto por la codicia.  Cada vez que pronunciamos América renovamos el poder europeo. La palabra tiene fuerza y cada vez que se pronuncia actualiza su significado. Llamar al pico más alto del mundo Everest renueva el colonialismo británico de Asia. El acto de renombrar un pico que ya tenía nombre es un auténtico ejercicio de tiranía desde los impositores del nombre… y de ignorancia por parte de los que lo pronunciamos. El nombre Everest es, simplemente, el apellido de un hombre, en este caso el de un funcionario de un imperio invasor. En nepalí el nombre de la montaña es “Sagarmata”, que viene a ser algo así como “el techo del mundo”, en tibetano “Qomolangma”:“La madre del mundo”. Yo no sé ustedes, pero a mí me suena más culto, más sincero y más justo, “La madre del mundo” que Everest.

Infinidad de especies animales vegetales tienen, en su nomenclaturas científica, el nombre de investigadores, descubridores (atención: descubrimientos para la ciencia, que para las personas que conviven con estas especies están más que descubiertas), personalidades,… Esto supone un claro ejercicio de antropocentrismo y compadreo, en el que el homenaje a los colegas expone, para los observadores externos, cierta contradicción científica ( recordemos que la ciencia nace como herramienta liberadora y universalista). Géneros de plantas de China, India, Australia,…como Darwinia, Cunninghamia, Dicksonia,… o específicos lawsoniana, menziesii, jamesonii,… invisibilizan los saberes locales y catapultan el conocimiento académico imperial como saber único y el egocentrismo como motor del saber. Pero no nos cerremos en lo británico, en nuestro país tenemos algunos ejemplos como Lacerta agilis garzoni, Iberocypris palaciosi, Lepus castroviejoi, especies o subespecies dedicadas en vida a conocidos científicos españoles, paso previo necesario para el alcance de la inmortalidad.

Ese “umbilicalismo” (ahí va una palabra inexistente que puede significar: “mirarse al ombligo”) es una manifestación práctica de la egolatría, origen del desastre. Si no “descentralizamos” a nuestra especie no habrá especie.

Esta usurpación de las entendederas y ese colonialismo egocéntrico se construyen ambos con nuestra aquiescencia. Y son ellos los que nos están haciendo continuar participando del vals en el salón de baile del crucero transatlántico Titanic mientras el barco se está escorando, con capitanes y tripulación entre los sonrientes e inconscientes danzantes.

Joyas por baratijas. Baile por supervivencia.

En efecto, la nuestra es una cuestión de supervivencia.

El barco se descompone. Paso a describirles una vía de agua más, vista desde la atalaya agro-ambiental.

Alexander von Humboldt (1769-1859) fue, entre otras cosas, un destacado geógrafo y naturalista. En una escala que efectuó en Tenerife en un viaje científico hacia América, observó, gracias a la geografía y el relieve de la isla, cómo la vegetación natural se agrupaba  en comunidades complejas de especies ecológicamente afines. Pero, además, comprobó cómo esas comunidades se iban sustituyendo por otras diferentes en función del ascenso al pico Teide. Se trataba del fenómeno de los “pisos bioclimáticos”, que muestra una regla que se repite en todo el planeta: la sucesión de comunidades vegetales por causa de la altitud. Bien, resultó que este fenómeno también se observa cuando se cambia de latitud. Así hay una sustitución de comunidades vegetales cuando se viaja a lo largo de los meridianos análoga a la derivada del cambio de altitud. Valga como grosera simplificación esta imagen: si usted camina desde la costa tinerfeña hasta la cumbre del Teide va a atravesar distintos tipos de formaciones vegetales: Laurisilva primero, pinares después, matorrales más arriba y pastos alpinos por encima, hasta llegar a la roca desnuda del pico. Un viaje desde los 0 metros sobre el nivel del mar a los 3.718 metros. Algo parecido ocurre si viajamos desde el ecuador atravesando el trópico de cáncer hacia el círculo polar ártico. Vamos a ir atravesando “pisos bioclimáticos” en los que habrá un parecido entre las comunidades vegetales del ecuador con las del borde del mar canario y se irá desplegando esa similitud hasta llegar a la ausencia vegetal que comparten el pico Teide y el círculo polar ártico. (al margen de otras peculiaridades climáticas o geográficas, como desiertos, masas de agua,…).

Este fenómeno de los pisos bioclimáticos está influido por condiciones físicas como son las temperaturas y las precipitaciones. Resulta que al aumentar la altitud de la montaña, como regla general, las temperaturas bajan, igual que ocurre cuando viajamos hacia el polo norte, (si nos encontramos en el hemisferio boreal).  Así cuanto más alto nos encontramos más frío hace y cuanto más al norte más frío también.

El asunto que nos trae aquí es que se están observando indicios de un desplazamiento de esos “pisos bioclimáticos” hacia el norte en nuestro hemisferio. Esta observación es de una importancia capital para nuestra vida. Ese desplazamiento transforma todo el sistema de relaciones con nuestro territorio e inevitablemente altera nuestro actual estilo de vida.

En la península ibérica hay datos para creer que el piso más templado (termomediterráneo) está desplazando al siguiente (mesomediterráneo), que a su vez está empezando a ocupar al supramediterráneo, y así sucesivamente. En esta dinámica, las dos grandes regiones bioclimáticas ibéricas (la mediterránea y la eurosiberiana, esta última propia del tercio norte) pueden estar sufriendo una transformación en la que la región eurosiberiana sufriría una “mediterranización” y un desplazamiento hacia el norte de sus distribución, lo que se traduciría en su paulatina desaparición, toda vez que más al norte ya está el mar cantábrico.

El diagnóstico parece acertado.

En la agricultura tenemos una herramienta excepcional que nos proporciona una luz de alarma rápida para observar estos cambios.

Recordemos que la agricultura se practica con especies vegetales que en más de un 90% no son originarias de nuestras latitudes. Entonces hubo que buscar los parajes idóneos (con climatología y suelos apropiados) para que esas especies extranjeras pudieran prosperar, o bien tuvo que ser inevitable cubrir las necesidades de cada especie con cuidados extraordinarios (por ejemplo riegos, o enriquecimiento de suelos). También con el paso del tiempo se produjo una adaptación de variedades que hoy llamamos autóctonas aunque las especies fueran foráneas ( la patata andina, el castaño caucásico o el naranjo chino son ejemplos de especies que si bien fueron importadas ahora cuentan con gran cantidad de variedades locales).

Así los cultivos “tradicionales” aunque basados originalmente, como acabamos de ver, en material genético alóctono, han acabado siendo vocacionales, esto es, adaptados a cada comarca.

Cualquier cambio bioclimático se detectaría en cuanto se apreciaran síntomas o signos de inadaptación de estas especies y variedades. Tenemos cientos de comarcas, tenemos cientos de “estaciones de detección”.

Pues bien, ya ha ocurrido, ya está ocurriendo.

El almendro ya encuentra dificultades para desarrollarse en el piso termomediterráneo, por el desplazamiento que se encuentra sometido por el inframediterráneo, cercano a las condiciones desérticas.

El roble melojo propio del meso-mediterráneo extremeño está desplazándose hacia altitudes mayores, mientras la encina va ocupando su espacio. Entre tanto que las especies cultivadas inicialmente vocacionales de este piso (cerezos y castaño) van perdiendo su óptimo ecológico.

En mi pueblo dicen “en la tardanza está el peligro”. Podemos seguir bailando, ignorando el cambio o podemos actuar, adaptándonos o moviéndonos. Nos toca elegir.

El despiste es una estratagema. No podemos permitírnoslo, es un asunto de supervivencia.

Mario Morales es biólogo y agricultor en una finca de agricultura biodinámica, “El rincón de los cerezos” en Berzocana, Cáceres

 

 

 


comments powered by Disqus