No necesitamos más embalses

Beatriz del Hoyo

Santiago Martín Barajas 


A causa del régimen irregular de lluvias que predomina en la mayor parte de la Península Ibérica, su pobladores, desde hace casi dos mil años, en algunos casos optaron por la construcción de embalses. De esta manera, hay dos embalses de época romana en las inmediaciones de Mérida, que por cierto siguen operativos, así como restos de otros construidos a lo largo de los siglos, en diferentes puntos del país. Sin embargo, no fue hasta el siglo XX cuando se empezaron a construir centenares de embalses a lo largo de toda nuestra geografía, con un objetivo principal y en muchos casos casi único: incrementar los recursos hídricos disponibles, con independencia de su posible utilidad posterior.

Los embalses producen en la mayoría de los casos un gran impacto medioambiental, pues todo lo que queda dentro del vaso de los mismos, desaparece para siempre. Literalmente, es como si se recortara con tijeras una porción del mapa. Supone la completa transformación del régimen fluvial, y bajo sus aguas desaparecen para siempre bosques, dehesas, pastizales, etc. Todo lo que hubiera en el interior del vaso. Fragmentan el territorio, generando un efecto barrera importante y, cuando bajan de nivel, solo queda una franja de suelo inerte, carente de vegetación, y casi de vida.

El impacto social que generan también es muy alto. De hecho, según estimación de Ecologistas en Acción, durante el siglo XX, más de 500 pueblos en nuestro país desaparecieron para siempre bajo las aguas de los embalses, habiendo supuesto el desplazamiento de al menos cincuenta mil personas, que vieron como sus casas, pueblos, cementerios, huertas, su historia, eran “engullidas” por las aguas de los pantanos, y se veían obligados a emigrar, en la mayoría de los casos a las ciudades. Es triste que te pregunten de donde eres y tener que responder que de un pueblo que ya no existe.

La incidencia de los embalses sobre el patrimonio histórico y arqueológico también ha sido muy alta, habiendo quedado sumergidos bajo sus aguas asentamientos prehistóricos, importantes ciudades romanas, poblaciones medievales, puentes y molinos de diferentes épocas, centenares iglesias y ermitas con muchos siglos en sus espaldas, cuyas torres asoman a la superficie cuando baja el nivel del agua. Finalmente, los grandes pantanos también nos han privado de valles y paisajes rurales de gran valor estético, que ya no podrán recuperarse jamás.

Por ello, podemos afirmar que los embalses son de las infraestructuras más impactantes que existen, por lo que no es admisible que se produzca ningún error. Sin embargo, la frenética y alocada construcción de embalses que se llevó a cabo durante todo el siglo XX, hizo que se construyesen unos cuantos que, después del gran impacto ambiental, social y cultural que generaron, y el gran coste económico que supusieron, no han servido para nada. Hay unos cuantos embalses que después de construirse, arrasando previamente con todo lo que había en el vaso, no se pueden llenar por deficiencias constructivas, o por situarse en lugares inadecuados, donde apenas hay aportes de agua. Hay otros que llevan décadas construidos, y todavía no se les ha dado ninguna utilidad, y no tiene pinta de que la tengan en un futuro.

Actualmente nuestro país cuenta con 1.225 “grandes embalses” (los que tienen más de 15 metros de altura del dique), siendo el quinto país del mundo con más infraestructuras de este tipo, y el primero de la Unión Europea. Además, a causa de la reducción que se está produciendo de los recursos hídricos disponibles en la Península debido al cambio climático, estimada en un 20% en los últimos 25 años, la capacidad de regulación del conjunto de los embalses existentes, se ha visto incrementada de manera simultánea (misma capacidad de almacenamiento para una menor cantidad de agua en los cauces). Por todo ello, consideramos que existen ya más embalses de los necesarios y, dados los enormes costes ambientales, sociales, culturales y económicos que conllevan, no debería construirse ni uno más en nuestro país.

 

* Santiago Martín Barajas es Ingeniero Agrónomo y Coordinador del área de Agua de Ecologistas en Acción