Manifestaciones de cazadores: el declive de la actividad cinegética

Theo Oberhuber

Theo Oberhuber

El pasado 15 de abril el sector cinegético organizó movilizaciones en unas 40 ciudades del Estado español con el lema “La caza, una forma de vida” alcanzando muy dispares resultados, en algunas localidades no superaron las 200 personas. Pese a ello la Real Federación Española de Caza ha valorado muy positivamente los resultados, y siguiendo la tradición ha inflado el número de participantes hasta los 100.000. Pa ra un colectivo que según ellos está compuesto por más de un millón de cazadores no parece un buen resultado.

Teniendo en cuenta que la movilización contó con el apoyo de una parte importante de los partidos políticos, PP, PSOE, Ciudadanos y Vox; que el sector cinegético consiguió hace ya mucho tiempo que las administraciones autonómicas regulen la caza adaptándose a sus reivindicaciones; y que el propio Ministerio de Agricultura, así como el PP en el Congreso de los Diputados, están poniendo en marcha casi todas las propuestas del sector; ¿Qué necesidad tenían los cazadores de manifestarse?

En realidad la caza tiene un gran problema, uno solo, pero tan importante que pone en riesgo su futuro: cada día un mayor porcentaje de la sociedad española rechaza la caza. En las últimas décadas la mayoría de la sociedad, también en el medio rural, ha desarrollado una sensibilidad hacia la conservación del medio ambiente, y muy especialmente hacia los animales, que está alterando progresivamente desde nuestra forma de relacionarnos con el entorno hasta el tipo de alimentación. También el rechazo hacia las armas de fuego, y cualquier forma de violencia está condicionando de forma importante la visión sobre la caza. Especialmente sobre ciertas modalidades de caza, las más agresivas y la caza mas artificial e intensiva. Una muestra de este cambio lo encontramos en las redes sociales, donde las personas más sensibilizadas y activas rechazan con contundencia esta actividad.

Pero las organizaciones cinegéticas se equivocan, y mucho, si piensan que con movilizaciones van a frenar este creciente rechazo de la sociedad hacia la caza. Como lo demuestra la amplia respuesta que el mismo día de las movilizaciones se generó en las redes sociales y en los medios de comunicación contra la caza. Por mucho que las organizaciones cinegéticas repitan hasta la saciedad que “la caza es motor del desarrollo económico y social del mundo rural, que favorece la conservación y la diversidad, y que, además, genera riqueza” cada vez son más los informes que demuestran que la caza no solo no es necesaria, sino que perjudica seriamente la biodiversidad, no es sostenible, y desde luego no está sirviendo para evitar el abandono rural. La caza está basada en matar animales por diversión y la mayoría de la sociedad tiene claro que no es una actividad ética.

Para evitar la presión de las personas que rechazan la caza en las redes sociales una de las principales reivindicaciones del sector en las movilizaciones fue “reclamar al gobierno del PP que tome medidas, como la reforma del Código Penal, para frenar la impunidad en las redes sociales por parte de colectivos radicales que se amparan en el anonimato y en la libertad de expresión para atacar de forma indiscriminada a todo el colectivo”. Parece que la libertad de expresión es una grave amenaza para la caza, por lo que reclaman una normativa que reduzca la libertad de opinión y que sancione las críticas a la caza. A este paso, y viendo otros precedentes, no sería de extrañar que se termine pretendiendo juzgar por terrorismo a las personas que espantan especies cinegéticas antes de una cacería para evitar que las maten.

Pese al apoyo que tiene la caza entre la aristocracia, los grandes empresarios, y muy especialmente el Partido Popular, (que tiene un gran interés en mantener cautivo el voto de los cazadores, al menos hasta que esos votos no le compensen) se enfrenta a un preocupante futuro, marcado por la progresiva prohibición de determinadas modalidades de caza, el rechazo social, y la reducción de cazadores, todo ello pese a las muchas movilizaciones que puedan convocar.