Opinion · Ecologismo de emergencia

Los ecologistas y los 100 días para un cambio en ‘verde’

Rosa M. Tristán

Si hay alguien a quien no van a echar de menos los ecologistas españoles es a Isabel García Tejerina, la ex ministra del ramo desde noviembre de 2016 hasta el pasado 1 de junio. O sí, porque han quedado tantos asuntos pendientes durante su mandato que la ‘lista’ de peticiones de las principales organizaciones ambientales de este país para los primeros 100 días de la nueva ministra, Teresa Ribera, está plagada de “urgencias”, a tenor de lo que han expresado los directores de WWF España, Greenpeace España, SEO/Birdlife, Ecologistas en Acción y Amigos de la Tierra en una rueda de prensa celebrada recientemente.

Bastan dos hojas para resumir en 10 puntos unas propuestas que, como si fueran las tablas de los ’10 Mandamientos’ para Ribera, aseguran que ayudarán a llevar nuestro país hacia la “transición ecológica” que da nombre al nuevo Ministerio.

Algunos reconocen que hubieran preferido una ‘vicepresidencia ambiental’, dada la premura de hacer cambios que afectan a varios ministerios, pero aún así los ecologistas no disimulan su satisfacción porque la elegida para el cargo, Teresa Ribera, sea alguien que conoce bien los retos y parece dispuesta a actuar en la línea adecuada. Es más, aunque saben que los presupuestos son los que son, y han venido dados, confían en que pueda realizar acciones que no requieren mucho coste, pero si tendrán un impacto importante en los primeros meses de Gobierno.

Una pista del cambio ya es que Ribera, en Bruselas, haya apoyado que para el 2030 el porcentaje de energías renovables en este país alcance un 35% como mínimo, aunque al final la UE ha aprobado un 32%. Es buena noticia, reconocen, frente a la postura anterior, pero no obstante, Mario Rodríguez, responsable de Greenpeace, recordaba que ese porcentaje es lo que es: ‘un mínimo’ insuficiente para cumplir con el Pacto de París de límite de emisiones. Y Juan Carlos del Olmo, de WWF , por su parte, verbalizaba el deseo de todos de que se apruebe una ley de Fiscalidad Ambiental que premie las buenas prácticas y penalice a quienes no cumplan, a la vez que se dejan de subvencionar combustibles contaminantes, como el carbón, o se prohíben opciones como el fracking. Equiparar el impuesto al diésel y a la gasolina y revisar el etiquetado de la DGT para los vehículos que más contaminan son otras dos propuestas en el listado de peticiones, como paso previo al control del transporte, dada la penosa calidad del aire que respiramos, sobre todo en las grandes ciudades.

Pero si hay algo que es una prioridad para los ecologistas es acabar con el llamado “impuesto al sol” , que penaliza el autoconsumo con energías limpias, así como intentar sacar adelante una Ley de Cambio Climático que el anterior Gobierno prometió y prometió y nunca llegó a esbozar públicamente (ni siquiera mostró un borrador). Claro, que una ley sobre ese tema que excluye los asuntos energéticos, como pretendía hacer García Tejerina, hubiera tenido poco impacto.

En todo caso, los cinco quisieron dejar claro que una ‘transición ecológica’ no puede ser sólo energética, porque tan importante como frenar el cambio climático es proteger nuestra espectacular biodiversidad, cuya crisis puede aumentar (y ya tenemos siete especies en riesgo de extinción) con la reforma realizada por el PP, ahora en el Senado, que va a permitir la existencia de especies invasoras, aún cuando está demostrado que son dañinas para las autóctonas. “Si no puede parar esta reforma, le pedimos que la lleve al Tribunal Constitucional, porque se ha hecho sorteando una sentencia”, recordaba Asunción Ruíz, directora de SEO/Birdlife.

Otra gran parte de los daños a la biodiversidad viene por otro lado: el indiscriminado uso de sustancias como los pesticidas. Estamos a la cabeza de su consumo en la UE, hasta el punto de que hay tomates y pimientos en los que se han encontrado hasta 37 tipos diferentes. Da repelús pensar que acaban en nuestro estómago. No se pueden seguir dando permisos para un uso ‘excepcional’ que se prolonga más de 300 día al año, como denunciaba Paco Segura, de Ecologistas en Acción, como tampoco se puede seguir permitiendo, dijo, un antiinflamatorio como el diclofenaco que se sabe que mata a nuestras aves carroñeras. Igualmente dañino para el medio ambiente es el plástico y otros residuos, que no acaban de reciclarse como se debiera. El veto a los plásticos de un solo uso, ya previsto en la UE, y promover un sistema de retorno de envases son las apuestas de los grupos ecologistas ante los retos ambientales que hay por delante.

Más a largo plazo, mencionaban también la necesidad de un ‘pacto por el agua’ que ponga fin a las estrategias de regadío y los planes de sequía, que se aprueban sin contar con una auditoría real del agua disponible. Y sumaron dos reivindicaciones históricas: el cierre de las centrales nucleares (Almaraz y Valdellós tienen que renovar permisos en esta corta legislatura) y la suspensión del almacén centralizado de residuos (ATC).

Mucha tarea pendiente para 100 días, pero el mundo ecologista confía en que ,en este ministerio de tan sugerente nombre, su papel tome fuerza porque la urgencia apremia al medio ambiente. La energía sostenible, el agua y la biodiversidad, no son todas, pero sí son claves fundamentales.