Opinion · Ecologismo de emergencia

Por la naturaleza ‘libre y salvaje’ del Manzanares en Madrid Río

Rosa M. Tristán 

Durante los últimos dos años, el parque lineal de Madrid Río ha dado un vuelco. Quien nos iba a decir a los madrileños que en el centro mismo de la ciudad, en tan poco tiempo, íbamos a tener un espectáculo de naturaleza salvaje tan único como es el río Manzanares, que por fin, tras décadas de abandono, dejaba de ser una cloaca de aguas profundas para convertirse en ese cauce serpenteante, lleno de cañaverales e isletas, en el que se veían los peces en sus aguas transparentes y llegaban miles de aves. En definitiva, más de seis kilómetros de ‘pura vida’.

De ahí el shock al comprobar cómo el lugar en el que esta primavera  se veían nacer polluelos de ánade o cómo enseñaban a remontar el cauce las madres a sus crías o cómo pescaban garzas reales, de repente se ha transformado de nuevo en parte en un canal de aguas oscuras y semi-estancadas, tras cerrarse la presa número 9, a la altura de Matadero. En total, 1,8 kms de cauce embalsado.

¿La explicación? Una escuela de remo, Remo Madrid Río, que gestiona la entidad privada Federación de Remo de Madrid, asegura que necesita ese tramo del Manzanares como canal porque tiene allí sus instalaciones, inauguradas por Ana Botella en 2012. En 2016, según su web, tenían 110 usuarios (hoy reconocen que son 40).  Precisamente ese año, con el nuevo Ayuntamiento, acordó la cesión de un kilómetro del cauce a su actividad, pero por otro lado Ecologistas en Acción promovió la renaturalización de los otros 6 kilómetros, que fue aceptada y sufragada por las autoridades municipales.

Por suerte para los madrileños que preferimos la naturaleza, la presa 9 estaba rota, no pudo cerrarse y dos años después, la naturaleza se ha hecho fuerte en todo el río, demostrándonos a los seres humanos la rapidez con la que se recupera cuando la dejamos en paz.  Quienes vivimos cerca, hemos visto día a día la fascinante transformación. Desde Matadero al Puente del Descubrimiento, miles de grandes y pequeñas aves (las mencionadas ánades reales, cormoranes, gallinetas, garzas reales, martinetes, chorlitejos, garcetas, martin pescador… ) llegaban, anidaban, crecían y habitaban entre una vegetación fluvial que se apropió del lugar. El Manzanares, libre desde el embalse de El Pardo, resucitó sin cortapisas. Para muchos miles de vecinos, grandes y chicos, se convirtió en un lujo disfrutar de escenas que difícilmente veían en otro lugar ¿Qué mejor educación ambiental?

En ese tiempo, si algo se ha echado en falta son unos carteles explicativos de esa biodiversidad, una información que diera a conocer en qué consiste, cómo funciona, las ventajas que tiene para todos compartir ese espacio con una fauna y flora que para muchos era desconocida, porque saber siempre ayuda a valorar.

Ver que de repente en un 25% del recorrido urbano se segaban los cañaverales, que en los días siguientes las crías se mantenían inestables sobre los restos vegetales flotantes y , finalmente, observar que subía el nivel más de un metro hasta convertirse en un canal, impulsó una recogida de firmas en Change.org  y otra en Decide Madrid para que los ciudadanos pudieran opinar si merecía la pena que algunos remen en este bien de uso público a costa de eliminar en un recorrido de 1,8 kilómetros el ecosistema natural, un corte entre río arriba y río abajo que rompe su conexión, el fluir continuo que decenas de miles de vecinos disfrutaban cada día. El lema de la campaña es: #EsUnRioNoUnCanal.

En apenas una semana, más de 13.000 firmas en la primera y 1.600 en la segunda –  cuando se escribe este artículo, porque aumentan por segundos- ya sirven de referencia para saber esa opinión popular. Organizaciones como Ecologistas en Acción, con Santiago Martín Barajas a la cabeza, y SEO/BirdLife también han hecho comunicados en contra de la actual cierre de la presa y otras organizaciones han apoyado la campaña. Por el contrario, el lunes fueron a Remo Madrid Río los primeros remeros en una reapertura que congregó ocho embarcaciones por la tarde, según pude comprobar antes de ser acosada por unos energúmenos tras hacer fotos del río y los pocos remeros que había.

Ante esta respuesta ciudadana, el Ayuntamiento de Madrid ya ha anunciado que iniciará una ronda de consultas para reconsiderar la decisión de embalsar el agua. Ahora queda esperar que, tras estas consultas, la presa nº 9 no tarde en volver a su estado, arreglada pero inactiva, mientras la escuela de remo busca (o le buscan) otro lugar acorde a sus necesidades, y esperemos que no suponga un cambio en un paisaje con su propia biodiversidad.

Los argumentos de  los remeros de que son un deporte minoritario y requieren apoyo pueden ser muy loables, pero no bastan para cambiar un río,  como no es posible querer remar como en otras ciudades europeas, donde tienen la suerte de tener grandes cauces o numerosos canales artificiales.  Y en todo caso, hay otros deportes minoritarios que incluso tienen más federados (buceo, espeleología o montañismo…) que tampoco se pueden practicar en esta ciudad. Perdón, el remo si: en el embalse de El Retiro, el Lago de la Casa de Campo o el canal Parque Juan Carlos I.  Por  último, considero que hay leyes, normas o acuerdos, como el de 2016, que pueden y deben ser revocados para promover una mejor defensa del maltratado medio ambiente siempre que sea posible y hay demanda social. Si no hubiera sido así en el pasado, nunca hubiéramos avanzado en su protección.

 

#EsUnRioNoUnCanal