Los beneficios ganan por goleada

13 Jun 2013
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Fernando Luengo
Profesor de Economía Aplicada de la Universidad Complutense y miembro del colectivo econoNuestra

Esto es lo que pone de manifiesto la evolución del Excedente Bruto de Explotación (EBE), término que hace referencia a la parte del Producto Interior Bruto (PIB) que se destina a pagar las rentas de la propiedad y de la empresa; el otro componente del PIB son los salarios.

Entre 2007 y 2009, en la mayor parte de los países de la Unión Europea (UE) —concretamente, en 20 de los 27 miembros— retrocedió la ratio EBE/PIB. La irrupción de la crisis económica afectó en mayor medida a los beneficios que a los salarios. Algunas de las razones: una parte de los ingresos de las empresas se obtenían en el segmento financiero de la economía, donde se conoció una brusca caída en las tasas de rentabilidad, la contracción de los mercados redujo las posibilidades de negocio de las empresas, y los salarios y el empleo, amparados por la negociación colectiva, pudieron resistir ese primer embate del crack. Repárese que en ese periodo España lideraba el grupo de países comunitarios donde el EBE/PIB aumentó, en cerca de 2 puntos porcentuales (gráfico).

grafico_econo

En los años siguientes el panorama ha cambiado en aspectos sustanciales. La información suministrada por Ameco para el periodo 2010-2013 (para este último año son previsiones) referida a 23 de los 27 países comunitarios da cuenta de un importante viraje: en la mayor parte de ellos (14 de 23) la ratio EBE/PIB ha aumentado. En Grecia, país que encabeza ese grupo, la mejora en los beneficios empresariales ha sido de más de 5 puntos porcentuales; y en España ha sido de 3,4. En el caso de nuestra economía, la ganancia experimentada por las rentas empresariales ha sido para el conjunto del periodo, entre 2007 y 2013, de 5,7 puntos, sólo superada por Grecia y Letonia.

La mejora en los márgenes de beneficio no está suponiendo una mejora de la actividad inversora, atrapada entre el bloqueo de los canales de crédito bancario y la incertidumbre que ensombrece la evolución de los mercados. Para más inri la degradación de los salarios (sobre todo, de los medios y bajos) repercute muy negativamente sobre la demanda agregada, dificultando todavía más la recuperación de la actividad económica. Todo ello, genera un círculo vicioso que enquista a nuestra economía en una dinámica recesiva o, en el mejor de los casos, en un crecimiento débil e inestable; eso sí, favoreciendo una distribución regresiva de la renta nacional que está alcanzado unas proporciones históricas.

En este escenario, todavía escuchamos voces, aquí y en Bruselas, que claman por una “moderación salarial” todavía mayor. Pero la voz que últimamente ha superado todos los despropósitos ha sido la propuesta del Gobernador del Banco de España de que se reduzca el salario mínimo. Además de que avanzar en esa dirección supone echar más leña al fuego, ¿ignora el señor Linde que España tiene uno de los umbrales de salario mínimo más bajo de la UE? ¿desconoce acaso que una parte muy importante de los asalariados de nuestro país perciben remuneraciones que les sitúan en la categoría de trabajadores pobres? O, simplemente, tenemos que pensar que desde su privilegiada posición de banquero -muy bien retribuida, por cierto- no tiene otra perspectiva que la del poder ni defiende otros intereses que los de los poderosos.


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