El “milagro” de la balanza comercial

22 Mar 2014
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Fernando Luengo
Profesor de Economía Aplicada en la Universidad Complutense de Madrid y miembro de la asociación econoNuestra. Coautor del libro: “Fracturas y crisis en Europa”, Clave Intelectual-Eudeba, Madrid, 2013

Los datos proporcionados por la Oficina Estadística de la Unión Europea parecen dar la razón a los partidarios de las políticas de devaluación interna como vía para mejorar la competitividad. En los gráficos siguientes, podemos apreciar que la economía española gana cuota exportadora, tanto dentro como fuera de la UE. También mejora la balanza comercial. En las transacciones intracomunitarias el déficit comercial se ha transformado en un superávit, mientras que en los intercambios con el resto del mundo el déficit, aunque persiste, se ha reducido notablemente.

Gráfico I. Cuota exportadora de la economía española, intra (izquierda) y extra (derecha) comunitaria
(porcentaje de las exportaciones totales en cada zona)

graf1-detalle

Fuente: Ameco

Grafico II. Saldo de la balanza comercia intra (izquierda) y extra (derecha) comunitaria

(euros)

graf2-detalle

Fuente: Ameco

Pero antes de sacar conclusiones aventuradas acerca de los efectos positivos de la devaluación salarial en materia de comercio exterior, conviene analizar con cautela estos datos.

En primer término, porque el auge exportador dista mucho de haberse consolidado. Así, las ventas intracomunitarias, expresadas en términos nominales, registraron un aumento insignificante en 2008, retrocediendo bruscamente el año siguiente; en 2010 y 2011 se recuperaron para volver a estancarse en 2012. Nada parecido, por lo tanto, a un  cambio de tendencia.

De otro lado, buena parte del ajuste de la balanza comercial se ha debido al desplome de la actividad importadora. Entre 2007 y 2012, el valor de las importaciones intracomunitarias, expresado en euros corrientes, se ha reducido en un 20%, aproximadamente. Es seguro que un eventual retorno al crecimiento implicaría un aumento de las compras exteriores, dada la dependencia energética y tecnológica de nuestro tejido productivo, y su imbricación en las cadenas globales de creación de valor. Desde esta perspectiva, el saneamiento de la balanza comercial por el lado de las importaciones no deja de ser un hecho efímero, muy determinado por la adversa coyuntura económica.

Por todo ello, procede una interpretación prudente del “milagro comercial”, alejada de un triunfalismo que, a la luz de las estadísticas oficiales, carece de justificación.


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