La universidad española: falsas creencias y erróneas soluciones (II)

09 jun 2014
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Ignacio Mártil

Catedrático de Electrónica. Universidad Complutense de Madrid

Continuando con el análisis que empecé en un artículo anterior. En este estudiaré la posición que ocupan las universidades españolas en los rankings internacionales, y esbozaré una explicación de los porqués y de las consecuencias que se derivan.

El ranking más frecuentemente citado y aceptado por la comunidad académica es el que elabora la Universidad Jiao Tong de Shanghai, aunque hay que decir que con alguna que otra controversia en dicha comunidad. Lo que analiza es largo de describir y excede por completo el objetivo de este artículo, pero merece la pena dedicarle un párrafo para describirlo a grandes rasgos. En esencia, valora a cada una de las universidades que estudia en relación principalmente con la calidad de la investigación que se realiza en sus departamentos y centros, contabilizando parámetros tales como el número de premios Nobel que forman parte de sus plantillas, número de artículos que publican sus profesores en revistas de prestigio, número de profesores dedicados a tiempo completo a su labor, etc. Se puede discutir lo acertado o no de tales criterios, pero parece obvio que una universidad que posee docentes que se dedican sólo a su tarea y en la que algunos son capaces de obtener premios Nobel, es esperable que forme magníficamente a sus estudiantes y, por consiguiente, que éstos tengan, a priori, bastantes más facilidades para acceder al mercado laboral que otros formados en instituciones con menor talento entre su profesorado. De ahí la enorme importancia que tiene dotar de los recursos necesarios a la universidad si se quiere que esta lleve a cabo una buena (nótese que no digo excelente, sino simplemente buena) labor investigadora.

El ranking de Shanghai tiene un sesgo marcadamente favorable al modelo universitario anglosajón en general y estadounidense en particular, pero no deja de ser una piedra de toque que permite valorar la calidad de una determinada universidad en relación con ese aspecto tan determinante que es la investigación que realiza. No obstante, desde el ámbito europeo se están elaborando otros rankings con criterios diferentes y más amplios, para tratar de contrarrestar la influencia del primero, aunque con resultados polémicos, por el momento.
El mencionado ranking analiza las 500 primeras instituciones del mundo -lo que supone menos del 3% del total, ya que hay contabilizadas más de 17.000-. Lo primero que se constata al consultarlo es que no hay universidades españolas en posiciones relevantes, lo que en abstracto es verdadero, pero en concreto, necesita matices. En efecto, aparecen diez universidades españolas. Hay que señalar que el ranking no da posiciones concretas para las universidades a partir del número 101. La clasificación siguiente corresponde a una interpretación que de dicho ranking hace Francesc Xavier Grau Vidal, rector de la Universidad Rovira i Virgili, que publicó recientemente el diario El País:

tabla

Como se aprecia, ninguna aparece entre las cien primeras y la mejor situada lo está en una posición (203) más bien discreta. Entre los países que analicé en el artículo anterior, Alemania tiene cuatro universidades situadas entre las 100 primeras y Francia otras cuatro. Italia, por su parte, sitúa a cuatro entre la 101 y la 200. En ésta última franja, los números de Alemania y Francia aumentan significativamente, ya que en ella se sitúan diez alemanas y cuatro francesas, pero ninguna española, como ya se ha indicado.

Cuando se entra en el detalle sectorial (Ciencias, Ingeniería, Salud…), lo que aparece cambia ligeramente la perspectiva. Dentro del ámbito de las Ciencias Naturales-Matemáticas, hay tres universidades españolas situadas entre la 101 y la 200 (Autónoma de Madrid, Valencia, Barcelona); en Ingeniería-Tecnología-Computación, otras tres en ese mismo segmento (Politécnica de Cataluña, Politécnica de Valencia, Granada); en Medicina-Farmacia, una en el rango 76-100 (Barcelona) y otra en el 151-200 (Autónoma de Barcelona); en Ciencias Sociales, dos entre la 151 y la 200 (Autónoma de Barcelona, Pompeu Fabra). Finalmente, en Ciencias de la Vida-Agricultura, otras dos (Autónoma de Madrid, Barcelona) entre la 151 y la 200. Merece la pena destacar que desde hace un par de años la fundación BBVA, en colaboración con el Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas, publica un ranking de universidades españolas que arroja unos resultados coherentes con los de Shanghai [1].

Por otra parte, dentro de la categoría de universidades “jóvenes” -entendiendo por tales las fundadas hace menos de 50 años- nos encontramos con que varias de ellas gozan de un reconocimiento internacional significativo. En efecto, otro prestigioso ranking diferente al de Shanghai, el Times Higher Education, analiza las universidades de reciente creación y sitúa a siete centros españoles entre los cien primeros del mundo (por este orden: Pompeu Fabra, Autónoma de Barcelona, Autónoma de Madrid, Rovira i Virgili, Vigo, Politécnica de Valencia y Politécnica de Cataluña). En ese mismo ranking, Alemania sitúa a seis, Francia a otras seis e Italia a tres.

Por lo que respecta a nuestro país no es para tirar cohetes, pero tratando de ser positivo, los datos aportados son un indicio de que en algunos ámbitos del conocimiento y en algunas universidades, las cosas se están haciendo razonablemente bien. Más aún si se contabilizan los recursos económicos de los que han dispuesto en comparación con los de sus homólogas alemanas, francesas y, en menor medida, italianas.

No obstante, lo que estos indicadores reflejan es que, globalmente, nuestro sistema universitario tiene un gran problema: la ausencia prácticamente total de campus especializados. Casi todas las universidades de prestigio extranjeras son de tamaño reducido y con un número de titulaciones acorde con el mismo, es decir, también reducido y orientado hacia alguna de las grandes áreas de conocimiento.

No es esa la orientación general de las universidades españolas, tendiendo todas ellas a impartir un gran número de titulaciones, sin apenas sesgo de especialización, salvo el caso de las universidades politécnicas, de las que hay únicamente cuatro. Recurriendo al viejo y sabio refranero, “quien mucho abarca, poco aprieta”, podríamos decir que falta una auténtica especialización de los campus. No es lógico que todas las universidades impartan todas las carreras o una gran mayoría. No es imprescindible tener una facultad de… -coloque el lector la titulación que desee- a la puerta de casa.

Una de las muchas y funestas consecuencias de esta mala práctica es que la cuarta parte de las titulaciones que se imparten en todas las universidades españolas tienen una incorporación de alumnos de nuevo ingreso inferior a 50 [2], con el derroche de recursos, tanto materiales como humanos que esto significa, por no hablar de la frustración personal que genera entre demasiados universitarios el hecho de no encontrar salidas profesionales acordes con la formación que obtienen, dada la escasa o nula inserción laboral de gran número de titulaciones.

Es un verdadero drama y un auténtico escándalo que titulados universitarios se ganen la vida repartiendo pizzas o sirviendo copas. No minusvaloro ninguna de estas profesiones, tan dignas como cualquier otra, simplemente señalo que para ejercerlas no es preciso emplear cuatro años de formación universitaria, con un esfuerzo personal no reconocido a la postre, además de suponer un gasto inútil para el sistema y por lo tanto, para los contribuyentes, al sufragar parcialmente una formación desperdiciada. Pero claro, a ver quién era el “guapo/a” -ya sea un Presidente/a de Comunidad o un Consejero/a de Educación- que, cuando se montaba “su” universidad, se atrevía a financiar un campus que no tuviera de todo, en especial en aquellos gloriosos buenos tiempos de vacas gordas, cuando supuestamente, aquí había dinero hasta para poner estaciones de AVE en cada capital de provincia. O tempora, o mores.

No obstante, gracias a lo mucho y en ocasiones bueno que algunos responsables universitarios y que algunas administraciones públicas han hecho en las últimas décadas, se han conseguido unos niveles de calidad muy dignos en no pocos casos. Por lo tanto, un mensaje de esperanza: disponemos de un sistema universitario muy mejorable, pero que a pesar de los pesares, en determinadas áreas de conocimiento y en algunas universidades -todavía pocas pero cada vez más- ha alcanzado unos niveles de calidad y eficiencia, tanto en la formación que ofrecen, como en la investigación que realizan y en los niveles de empleabilidad que alcanzan sus titulados, realmente muy aceptables y a la altura de un país del peso específico del nuestro. No se pueden ni se deben perder estos logros con políticas insensatas que nos conducen de vuelta a un territorio que creíamos haber abandonado hace décadas. Me refiero, naturalmente, a los enormes recortes presupuestarios que sufre el sistema universitario desde los comienzos de la crisis, especialmente en las partidas destinadas a investigación.

Sobre los grandes problemas que estos recortes acarrean y que han aplicado todos los gobiernos tanto estatales como autonómicos desde 2008 (aunque los actuales con mayor entusiasmo que los anteriores), se han escrito un buen número de informes desde diversos ámbitos. Para un análisis detallado de los recortes, recomiendo al lector interesado que consulte el publicado este mismo año por la Federación de Enseñanza de CC.OO., que puede encontrar en la referencia [3] y es de lo más exhaustivo que se puede encontrar relativo a este asunto.
¿Algún político con responsabilidades educativas se ha molestado en preguntarse qué pasaría si en vez de recortar, como única política posible, alguna de nuestras universidades recibiera la financiación, los recursos, la atención al profesorado y al alumnado que obtienen las universidades de élite?

“Si usted piensa que la educación es cara, pruebe a ver con la ignorancia”. Derek Curtis Bok, Rector de la Universidad de Harvard entre 1971 y 1991. Harvard es la primera universidad del mundo en el ranking de Shanghai.
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[1] “Rankings ISSUE 2014. Indicadores sintéticos de las universidades españolas”. Fundación BBVA – Instituto Valenciano de Investigaciones Económicas. Francisco Pérez (dir.), 2014. (Se puede descargar desde el siguiente enlace: http://www.u-ranking.es/descargas/Informe-rankings-universidades-FBBVA-Ivie-2014.pdf)
[2] “Datos y cifras del sistema universitario español. Curso 2013-2014”. Ministerio de Educación, Cultura y Deporte. Secretaría General de Universidades, 2014. (Se puede descargar desde el siguiente enlace: http://www.mecd.gob.es/prensa-mecd/dms/mecd/prensa-mecd/actualidad/2014/02/20140213-datos-univer/datos-cifras-13-14.pdf)
[3] “Evolución de los presupuestos de las Universidades públicas 2009-2013”. Federación de Enseñanza de Comisiones Obreras, 2014. (Se puede descargar desde el siguiente enlace: http://www.fe.ccoo.es/comunes/recursos/25/1813368-Informe_Evolucion_de_los_Presupuestos_de_las_Universidades_Publicas._2001-2013.pdf )


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