Opinion · EconoNuestra

Troika o trato: intereses y realidades

Mercedes de Luis López
Miembro de econoNuestra y estudiante del Máster de Economía Internacional y Desarrollo de la UCM

Imaginemos un país con un 27,8% de paro y un 58,3% de desempleo juvenil, donde más de un 70% de su población llega a fin de mes con gran dificultad; un país con alta pobreza energética (más del 25% de familias no pueden mantener su hogar caliente), en el que casi una cuarta parte de la población se encuentra en riesgo de pobreza y exclusión social —después de considerar transferencias sociales—, y casi un 20% de los asalariados rayan el umbral de la pobreza (working poors).

Este país, a riesgo de lo que pueda parecer, no pertenece a los mal llamados “pobres”, sino que es considerado por los organismos internacionales (OCDE, UNDP…) como desarrollado, encontrándose en el puesto número 28 del ranking de desarrollo humano (IDH). No es, por supuesto, un país imaginario: pertenece a la Unión Europea, posee como moneda oficial el euro y se llama Grecia. Pero se encuentra asfixiado por las políticas económicas impuestas por la Troika desde el año 2010.

La crisis económica y financiera de 2008 azotó duramente a numerosos países, incluyendo a la economía helena. Una de las consecuencias de la profunda recesión, en la que sigue inmerso, es el brutal retroceso en el bienestar de la sociedad. Irónicamente, el bienestar debería ser —en sí mismo— el objetivo de la economía. Acostumbrados ya a escuchar recetas milagrosas neoliberales para alcanzar el desarrollo, nos encontramos que a ese país se le aplican recomendaciones para salir de la crisis que no hacen sino ahondar en ella. Las condiciones que han dictado los organismos internacionales a Grecia profundizarán más su recesión, impidiendo siquiera el pago de los intereses de la deuda. Y acabarán asfixiando a sus habitantes.

Los préstamos otorgados a Grecia han sido, por supuesto, condicionados a la aplicación de diversas políticas impuestas por la Troika. Al analizarlas, nos encontramos ante tres aspectos claves, por los cuales estas imposiciones no consiguen su —en teoría— objetivo de facilitar la salida de la recesión económica y la reducción del déficit público.

El primero de ellos se refiere a la devaluación salarial. El país heleno implementó como política económica una devaluación interna, consistiendo ésta en una reducción de los salarios reales, para así reducir costes de la mano de obra, aumentar la competitividad vía precios, y de esa manera aumentar las exportaciones. Las consecuencias económicas esperadas de esta medida eran un incremento del producto interior bruto real, ya que se esperaba que la producción se incrementara y el nivel general de precios se redujera. Por el contrario, lo que generó fue una espiral negativa en el consumo, incentivando a la población a aplazar consumo actual por consumo futuro.

Por el peso que tiene el consumo en el PIB griego (alrededor de un 72% en el año 2013), su caída ha sido uno de los factores más influyentes en la contracción del PIB. Con una devaluación salarial que ha generado una reducción paulatina del consumo, y ésta, a su vez, una contracción del PIB, uno de los resultados más claros ha sido una intensificación de los niveles de endeudamiento, que se reflejan en los niveles históricos alcanzados por la deuda pública: un 177,2% del PIB en 2013.

El segundo aspecto en el que se puede observar la ineficacia de las políticas implementadas en Grecia es el fiscal. Tras las medidas de austeridad exigidas por la Troika para el rescate bancario se generaron grandes recortes del presupuesto nacional. A diferencia de lo esperado con estos ajustes, la reducción del déficit público, por efecto del multiplicador fiscal, lo que produjo fue una caída del PIB, que ha contribuido a elevar el nivel de deuda pública, cuyo crecimiento ha sido constante, exceptuando la quita de finales del año 2011.

Por último, no hay que olvidar que nos encontramos en Europa ante una clara trampa de la liquidez: a pesar de las inyecciones de liquidez del BCE (notable aumento de la base monetaria) y de los tipos de interés cercanos a cero (0,15% actualmente¹), esto no se refleja en los principales agregados monetarios, como la M3, ni en la evolución del crédito al sector privado.

Gráfico 1. GRECIA: Evolución de la deuda pública (% PIB; eje izquierdo) y variaciones de gasto público (G), salarios reales (W), PIB y consumo privado (C) (en %; eje derecho), 1995-2014

 

 

Grafico-econo

Fuente: Elaboración propia con datos del Banco de Grecia, EUROSTAT y EL Stat

Estas tres trampas que operan simultáneamente son el resultado de las medidas exigidas por la Troika e implementadas en Grecia con el objetivo inicial de recuperar el crecimiento económico para generar empleo a cualquier precio. Estas políticas de austeridad y de “reformas estructurales” adolecen de errores tan graves que se han convertido en una estrategia suicida, porque no responden a los problemas reales de una economía sostenida fundamentalmente en la demanda interna. De hecho, lo que se ha conseguido es agravar los problemas existentes y expandir sus dramáticos efectos sociales y económicos.

La enorme recesión y deterioro de casi todas las variables que sufre la economía helena, junto al deterioro de la capacidad adquisitiva y de las condiciones de vida de la población, debilitan la demanda interna, al igual que no permiten elegir una solución por la vía de las ganancias reales de competitividad.

Con ello, en la actualidad Grecia parece estar “atada” por la trayectoria económica y política de la UE, debido a los modelos económicos de crecimiento denominados como “debt-led” y “export-led”² , que se necesitan mutuamente y que dan lugar a la continua reproducción de desequilibrios comerciales. Estamos ante una realidad centro-periferia, donde la economía griega ha salido gravemente perjudicada; y, con ello, el bienestar y el sustento material de su población han sufrido un enorme deterioro.

Al igual que en muchos países europeos, las circunstancias económicas y sociales actuales parece que están configurando un cambio en el panorama político. En las últimas elecciones europeas el partido de coalición de izquierdas liderado por Alexis Tsipras, Syriza, ganó con un 26,5%. Tsipras habló de un resultado “histórico” y pidió la convocatoria de elecciones anticipadas “lo antes posible”. Las próximas generales están previstas para 2016. Asimismo, el pasado mes de mayo, Syriza ganó la primera vuelta de las elecciones municipales y regionales del país.

Parece que este partido puede configurarse como primera fuerza política, lo que podemos considerar una buena noticia atendiendo a las medidas antitroika presentes en su programa. Grecia, hoy por hoy, es un país al que debemos prestar atención especial, por su situación, por su evolución potencial, por los errores cometidos por unos y otros y porque, pese a quien pese, pertenece a la Unión Europea y al euro.

Si Syriza alcanza el gobierno habrá que ver cuál es el margen de maniobra que posee para luchar contra las desastrosas políticas de la Troika, ya que no debe olvidarse que la correlación de fuerzas en Europa es claramente desfavorable. Tal vez, la voluntad política pueda cambiar en alguna medida el nefasto rumbo que la economía griega ha tomado en los últimos años.

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Datos: Banco de Grecia. EL Stat. EUROSTAT.

1) El día 4 de junio de 2014 Mario Draghi anunció una bajada de 10 puntos de los tipos de interés para “reactivar” el crédito.

2) Para más información acerca del modelo de crecimiento en la UE véanse artículos de Stockhammer y Onaran.