Reducir las emisiones de CO2 un 30% en España: actuar y no negar la realidad

24 Sep 2014
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Fernando Prieto
Ecólogo  @futursostenible

 “Ya no hay lugar para el escepticismo. Las dudas se han desvanecido.
El cambio climático es un hecho y está causado por el hombre.
Ahora toca actuar”
Yvo de Boer,
Científico del IPCC, exsecretario ejecutivo de Naciones Unidas para el Cambio Climático.

 No existe “bala de plata” para solucionar el problema del cambio climático, pero los expertos coinciden en que la solución pasa por reducir las emisiones de gases de efecto invernadero. Los científicos del IPCC (Intergovernamental Panel on Climatte Change) consideran que hay que evitar por todos los medios que la temperatura media del Planeta aumente dos grados más. Para conseguir tal objetivo es necesario que las concentraciones de CO2 no superen las 550 partes por millón, algo que, según el informe de IPCC, exige reducir un 60-80% las emisiones planetarias para el 2050. La magnitud del reto es colosal. La humanidad se enfrenta probablemente al mayor problema que nunca ha tenido. Además se están observando récord de temperaturas según la Organización Mundial de Meteorología, y los informes del IPCC alertan de que ya existen evidencias en todos los continentes del cambio climático. Naciones Unidas, el Banco Mundial, la OCDE, la Agencia Internacional de la Energía, etc., han alertado de la dimensión del desafío.

Estos últimos años se ha llegado al récord de CO2 en la atmósfera, superado la concentración de 390 ppm, con lo cual a finales de siglo es muy probable que la temperatura final de siglo supere los 2 grados centígrados; y existen escenarios que sostienen que es posible llegar hasta un aumento de 6 grados.

Los efectos serían imprevisibles y no lineales, y se manifestarán en todos los países, pero los más vulnerables estarán sin duda en los países más pobres, con menor capacidad de adaptación. La Comisión Europea calcula en hasta 20.000 millones de euros los relacionados con las pérdidas por los efectos del cambio climático. El cambio climático tiene además profundas implicaciones para la paz mundial, porque aumentará el riesgo de hambrunas y sequías que provocarán inexorablemente el éxodo de centenares de miles de personas con consecuencias impredecibles para la estabilidad política y los equilibrios sociales de las sociedades más frágiles del planeta.

España, geográficamente, es una zona vulnerable del planeta. Diversos estudios indican que los impactos del cambio climático sobre los ecosistemas y sectores productivos en España están siendo y serán principalmente negativos. El principal impacto previsto es la transformación de zonas de clima templado en zonas de clima mediterráneo, que tendrá lugar en el norte peninsular (mediterraneización), y un aumento de la aridez por la disminución de la pluviosidad. En cuanto a los sectores productivos, se prevé que el turismo y la agricultura serán los más afectados por el calentamiento global en España.

En España, la temperatura media del aire en superficie ha aumentado 0,6ºC en los últimos 75 años, valor que concuerda con el aumento de 0,74ºC a nivel global en los últimos 100 años. Los años más cálidos registrados en España en los últimos 75 años se encuentran entre los 15 más recientes, destacando 1994. La tendencia al calentamiento se inicia en los años setenta y persiste hasta el presente, siendo especialmente acusada en los primeros años de la década de los setenta y finales de los noventa.

Los modelos indican que España se verá previsiblemente afectada por el aumento de la temperatura (entre 1,8 y 4 grados centígrados a finales de siglo), por el incremento de la irregularidad de las precipitaciones, los periodos de sequía intensa se incrementarán en intensidad y frecuencia, y por la multiplicación de incendios, la subida del nivel del mar (que crecerá entre 18 y 59 centímetros), los cambios en la dirección y sentido del oleaje y de la frecuencia y magnitud de los temporales. La biodiversidad se verá afectada, ya que un 20% de las especies están abocadas a la extinción.

Soluciones

Para abordar los problemas de cambio climático no existe una solución mágica ni una respuesta única que podamos adoptar para resolver tamaño desastre. Pero debemos reducir las emisiones. Esto tan obvio parece que no lo han entendido ni nuestros gobernantes ni nuestros empresarios ni muchos responsables de los diferentes partidos políticos.

La solución es mucho más parecida a una tarta, en la que distintos actores tienen diferentes responsabilidades y cada uno debe actuar en su parte. Por ejemplo, las empresas. La mitad de las emisiones de España son de fuentes difusas (transporte, sectores de servicios, calefacciones, etc.) y el resto fijas. En la parte de fuentes fijas (energía, siderurgias, cementeras…) ya hemos dejado constancia escrita de que tan solo 10 empresas son responsables del 65% de todas las emisiones. Lo cual evidencia que es mucho más fácil incidir en estas emisiones fijas que en el resto de las emisiones difusas realizadas por los otros 45 millones de decisores. De ellos se deduce también el concepto de responsabilidad climática empresarial, donde se evidencia quién emite, cuánto, además de que los que están causando esos efectos deben asumirlos.

Asimismo, está demostrado que los instrumentos de mercado (de CO2) no han funcionado y que incluso los que contaminan cobran. Las administraciones, por otra parte, deben de asumir los planes de reducción, incentivos para cambios de tecnologías, planes de adaptación, de mitigación, de concienciación… y, sobre todo, deben evitar las políticas contradictorias y las subvenciones perversas. En efecto: por una parte, hacen planes de reducción y, por otra, fomentan la minería de carbón o el transporte por carretera.

Finalmente, los ciudadanos deben exigir planes con objetivos, a los políticos y empresas para que se pongan a actuar. La valoración de los impactos del cambio climático ha puesto de manifiesto la necesidad de tomar medidas urgentes por parte de los gobiernos a nivel mundial, regional y local. Como ejemplo, la administración Obama acaba de lanzar un plan para reducir sus emisiones un 30%, mientras presentaba los problemas que ya está teniendo el cambio climático en USA.

Resiliencia

La resiliencia, será la palabra clave para los próximos años. Incluye las actuaciones que hay que llevar a cabo en nuestras ciudades, nuestras empresas, y nuestros ecosistemas, para que la situación no se convierta en un desastre en muy pocos años. Así, deberemos empezar a trabajar en nuestras costas (alejar las zonas habitadas, dejar ecosistemas naturales, etc.), en nuestro bosques (actuaciones para favorecer masas más adaptadas al cambio climático…), agrícolas (cambio de variedades, reducir regadíos…), ciudades (revisar sistemas de captación de aguas, carriles bici, tranvías, leds en iluminación, reducir pérdidas de agua…), energía (evolucionar hacia energías renovables, aumentar el autoconsumo…), etc.

El clima es un “global common”, es decir un bien de todos, del que dependemos y del que todos somos responsables, y es evidente la insuficiencia de los instrumentos de mercado y la necesidad de avanzar hacia una gobernanza global si se desea reconducir la situación hacia un escenario sostenible. Se han iniciado negociaciones en Nueva York, que culminan el año que vienen en París y que pueden ser decisivas para el futuro de la humanidad. A la vez, están abiertos varios ciclos electorales en nuestro país, y los ciudadanos debemos examinar cuidadosamente los compromisos en este tema vital, y exigir a nuestros políticos que estén a la altura del reto.


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