Fortalezas y debilidades del sistema de generación de energía eléctrica en España

15 Oct 2014
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Ignacio Mártil
Catedrático de Electrónica. Universidad Complutense de Madrid

En un reciente artículo expuse con números las características del sistema de generación de energía eléctrica en nuestro país. A continuación, y sin apartar la vista de tales números, me propongo analizar las fortalezas y debilidades de dicho sistema. Recomiendo al lector que tenga a mano el artículo precedente, pues le será más fácil seguir la argumentación. Como en el caso anterior, la mayor parte de las cifras han sido extraídas del informe sobre el año 2013 elaborado por “Red Eléctrica de España” (en adelante, REE).

1. Hay instalada más del doble de la potencia que se necesita en los momentos de mayor demanda —108.200 MW para hacer frente a 40.000 MW en el momento de mayor exigencia—; por consiguiente, el sistema es muy seguro en lo que a satisfacción de la demanda respecta, pero también es caro de mantener, ya que cuando hay poca demanda muchas centrales no entran en funcionamiento, pero deben continuar operativas para cuando se necesiten. En algunos casos, como en el de las centrales de ciclo combinado, ese mantenimiento es costoso.

2. Como contrapartida, este exceso de capacidad hace que se genere durante la mayor parte del año más energía eléctrica de la que se necesita, lo que nos convierte en exportadores netos de esta clase de energía a nuestros vecinos —principalmente Portugal y Marruecos y, en menor medida, Francia y Andorra—. La gráfica siguiente ilustra esto con cierto detalle:

 

Grafico-1.1

Fuente: Red Eléctrica de España. Informe de julio de 2014

 

Como se puede apreciar, en los cuatro últimos años el sistema ha exportado entre 6.000 y 10.000 GWh, lo que representa entre el 2% y el 4% del total de la energía producida. Esa tendencia ha sido ininterrumpida en los últimos diez años. Es decir, se da la paradoja de que nuestro país es exportador de energía eléctrica, pero gran importador de energía primaria —petróleo, gas, carbón—, es decir, de energía no transformada en otra para su utilización.

3. El sistema generó el pasado año niveles de electricidad proveniente de fuentes renovables que son récord en Europa. En efecto, el 42% del total de la energía eléctrica fue de origen renovable. Como dato comparativo, en 2013 Alemania produjo un 25% de energía eléctrica a partir de fuentes renovables. Alemania es el país de la UE que más continuadamente apuesta por esta clase de energías desde hace más de una década.

No obstante, hay que ser cautos con el porcentaje señalado. No se puede olvidar que cerca del 40% de la potencia renovable instalada en España es de origen hidroeléctrico, extraordinariamente variable y dependiente del clima. El año pasado fue especialmente lluvioso, por lo que en ese porcentaje hubo una aportación muy reseñable de esa fuente de energía; de hecho, cerca del 40% de la energía renovable fue hidráulica. En cambio, el año 2005 fue muy seco y la energía hidroeléctrica generada ese año fue prácticamente la mitad de la producida en 2013. En promedio anual, y año tras año, son mucho más estables las cantidades generadas mediante las energías eólica y solar.

Es muy relevante la aportación de la energía eólica, siendo España uno de los países de Europa en el que la contribución de esta energía al total es de las más elevadas —en concreto, el 25 de diciembre de 2013 a las 2.56 horas la eólica cubrió el 68,5% de la demanda total—. Dicha aportación está creciendo año tras año en la última década, tal y como muestra la siguiente gráfica:

 

Grafico2

Fuente: Informes anuales de REE

 

4. La gran cantidad de energía de carácter renovable producida, unida a la crisis económica, han hecho que la demanda de energía eléctrica sea similar a la habida en 2005 y que el consumo de petróleo y gas esté en la actualidad en niveles similares a los de 2008. Lo cual sería una magnífica noticia si la factura por ese concepto hubiera disminuido, cosa que no ha pasado debido principalmente a dos factores: el primero es que la crisis ha hecho disminuir las importaciones de gas —con un peso en la factura claramente inferior al del petróleo—, pero apenas las de petróleo. En 2012 se importaron 58 millones de toneladas de petróleo, la misma cifra que en 2008. El segundo factor es la evolución del coste final del crudo importado, ya que desde ese año, el precio en euros por barril ha aumentado un 33%.

5. Mención especial merecen las centrales alimentadas por carbón, que aportan el 15% del total de la energía producida. Desde comienzos de este siglo, dichas centrales se han venido alimentando de manera creciente con carbón de importación, dado que el carbón nacional es bastante más caro, debido a las dificultades de extraerlo. Tras las sonoras protestas del sector de la minería en el verano de 2012 y con objeto de mantener abiertas las cuencas mineras asturianas y leonesas, se firmó el Plan del Carbón para el período 2013-2018. Producto de tal acuerdo, que incluye subvenciones y ayudas de diversa índole, la cuota de carbón nacional debe ser el 7,5% del “mix” energético total. Eso tiene beneficios sociales evidentes y no seré yo quien lo critique. Pero también cuesta dinero a los contribuyentes. Cuando se invocan los costes de otras fuentes de energía, como es el caso de las renovables, es conveniente y pedagógico recordar que todas tienen algún tipo de coste que no guarda relación directa con el proceso de producción propiamente dicho. La energía paga multitud de servidumbres y es bueno y conveniente que la ciudadanía lo sepa y las conozca.

6. Nuestro sistema tiene una gran diversidad de fuentes de generación. Así mismo, está muy diversificado en lo que a suministradores de los combustibles se refiere —ningún país desde el que importamos petróleo tiene una cuota superior al 15% del total [1]—. Pero hay una salvedad: el suministrador principal de gas es Argelia —aunque depende del año, siempre supone más del 40% del total—. El país magrebí parece gozar hoy día de una situación política estable, en fuerte contraste con alguno de sus vecinos (Libia). Pero eso no siempre ha sido así: en 1991, un partido islamista (F.I.S.) estuvo a punto de ganar las elecciones y los poderes establecidos lo impidieron, lo que dio origen a una guerra civil que devastó el país durante casi diez años. ¿Se han calmado definitivamente las aguas?

7. Como consecuencia de la diversidad, el “mix” energético de España es menos dependiente de una única clase de combustible que otros países de la UE: Francia es muy dependiente del uranio, Polonia del carbón, Holanda del petróleo, etc. De hecho, nuestro “mix” es muy similar al de Alemania, tal y como se muestra en la siguiente gráfica:

 

Grafico3

Fuente: Red Eléctrica de España. Informe de julio de 2014

 

Para finalizar, algunas preguntas: ¿hacia dónde se deben encaminar nuestras prioridades en materia energética?

¿Debemos seguir apostando por las renovables? He respondido a esta pregunta con un rotundo sí en este mismo medio hace pocas semanas. Todo lo que sea disminuir la factura de los combustibles fósiles es siempre una buena noticia. Todo lo que sea generar empleos de calidad y promover un tejido industrial propio es siempre una buena noticia. Todo lo que sea rebajar las emisiones de CO2 a la atmósfera es siempre una buena noticia.

Conviene recordar que España supera con creces el límite de emisiones de CO2 comprometido para cumplir el protocolo de Kioto, razón por la que tenemos que comprar derechos de emisión a otros países, de manera que entre 2008 y 2012 nos hemos gastado la “módica” cantidad de 800 millones de euros en este concepto. Pero no hay que olvidar que la apuesta por las energías renovables no es gratuita; de hecho es inicialmente costosa.

¿Hay que buscar un recambio para las centrales nucleares?, y, en este caso, ¿cuál debería ser? En España, todas las centrales nucleares instaladas son antiguas y tienen el fin de su ciclo de vida más o menos próximo, ya que entre 2021 y 2028 termina la licencia de operación de todas ellas —aunque el Gobierno actual está estudiando ampliar a 50 años la vida útil de las centrales nucleares, que ahora es de 40 años—.

A medida que se acerquen las fechas, habrá que decidir qué hacer con ellas: ¿prorrogar su funcionamiento?, ¿cerrarlas definitivamente? Si se opta por lo primero, las cuestiones de seguridad deberían primar sobre cualquier otra. Si se opta por lo segundo, ¿cuál o cuáles de las tecnologías de generación se harán cargo del 20% de la electricidad que producen las nucleares? La respuesta no es sencilla y cualquiera que se dé será costosa en términos económicos, políticos, sociales o una mezcla de todos.

Lo políticamente correcto en determinados ámbitos del pensamiento político es decir que se cierren todas. Confieso que, analizando pros y contras, no soy capaz de definirme.

 

[1]”Información básica de los sectores de la energía”. Comisión Nacional de la Energía, Abril 2013. http://www.cne.es/cne/doc/publicaciones/PA002_12.pdf


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