Malas ideas

02 May 2015
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Beatriz Gimeno
Escritora y Activista

Esperanza Aguirre es una de las figuras políticas del Partido Popular más netamente ideologizada. Ella es como su admirada Margaret Thatcher, alguien convencida de la superioridad de las ideas neoliberales. Por eso habla siempre de dar la batalla ideológica que muchos de sus compañeros de partido no se atreven a dar y esconden en falsos programas electorales, sabedores quizá de que la mayoría de la gente no acepta, todavía no, esas ideas en bruto. La mayoría de la gente cree que es mejor más igualdad que menos, más servicios públicos que menos. El partido Popular gana las elecciones cuando engaña. Pero Esperanza Aguirre es más partidaria de ir con la verdad por delante. Quizá porque es una mujer profundamente clasista, tan clasista que no entiende por qué la gente no ve el mundo como ella. Ella se relaciona con la gente como debe relacionarse con el servicio, llamando de tú a todo el mundo, incluso a gente mayor que la llama de usted, y lo hace desde la convicción de su superioridad moral y la absoluta falta de empatía, o siquiera comprensión, de que hay vidas que no se parecen a la suya. Ella no está ahí por dinero, como la mayoría de sus compañeros de partido, eso es cierto. Ella está en política para defender los privilegios de clase de los suyos y de esa defensa no se avergüenza, como hacen muchos de sus correligionarios. Ella lleva eso a gala.

Su propuesta acerca de la necesidad de sacar a los sin techo de la vista porque espantan al turismo le ha parecido a todo el mundo, incluidos los suyos, un error; y ella misma rectificó a las pocas horas dando estrambóticas explicaciones. Pero no se equivocó, ella siempre dice lo que quiere decir. Es verdad que por ahora esta sociedad guarda aun la suficiente decencia y empatía hacia el sufrimiento ajeno como para entender que nadie duerme en la calle sino porque es víctima de una situación injusta, pero puede que llegue el momento en que olvidemos eso. El neoliberalismo feroz tiene en la criminalización de la pobreza uno de sus pilares ideológicos. Hay muchas maneras, menos burdas, de criminalizar a los pobres y todas ellas se practican en nuestras sociedades desde hace mucho. Poco a poco, y no de golpe como pretendía Aguirre, los partidos que gobiernan por encargo de los poderes financieros, van deslizando la idea de que los pobres son criminales, son vagos, se merecen lo que les pasa etc. Muchos políticos del PP, así como muchos empresarios, vienen haciendo estas afirmaciones desde hace tiempo y poco a poco van calando. El control exhaustivo a los parados, por ejemplo, el obligarles a acudir a “fichar” en días inesperados para “cogerles” en falta; las ayudas a los más pobres que se dan siempre después de ponerles bajo sospecha, la idea de que son sucios, de que son peligrosos…Este sistema necesita disfrazar la desigualdad brutal y la injusticia estructural de manera que parezcan desgracias individuales o, mejor aún, que parezcan culpa de los mismos que las sufren.

Recordemos que hace unas décadas, en algunos países latinoamericanos, algunos empresarios llegaron un día a la conclusión de que había que sacar a los niños pobres de la calle porque ahuyentaban el turismo y el resultado fueron los escuadrones de la muerte, pagados por esos mismos empresarios, para matar a esos niños. En absoluto afirmo que hayamos llegado a la misma situación, pero no dejemos de tener en cuenta que Brasil, por nombrar a uno de estos países, no es un extraño lugar poblado por gente con un gen asesino. Seguramente, antes de que aquello pasara, a la mayoría de los brasileños y brasileñas, personas corrientes, buenas personas, les hubiera parecido inconcebible que en su país se matara a los niños pobres porque molestaban; pero ocurrió. Por la misma razón que no estoy comparando la situación, tampoco quiero decir que Esperanza Aguirre tenga ni por asomo esa idea en la cabeza que estoy segura que a ella misma le parecería, obviamente, un horror. Pero hay ideas que se ponen en el mundo y que luego parecen crecer aupadas por olas que llegado el momento no se sabe quién controla; ideas que no son criminales cuando nacen, pero que la experiencia nos demuestra que pueden acabar siéndolo.

Muchos sucesos y periodos horribles que han ocurrido en el último siglo parecían inconcebibles antes de que ocurrieran. Y todos ellos tenían algo en común y es que siempre comenzaron con el desprecio hacia personas que eran vulnerables, con su deshumanización, con su criminalización sostenida en el tiempo. Todos ellos pretendían también ocultar tremendas injusticias sociales así como enmascarar sistemas de privilegios y desigualdades causantes de mucho dolor humano. El horror nunca vino de repente, siempre comenzó con una guerra ideológica de esas que le gustan a Esperanza Aguirre. El lado de la gente decente en esta guerra es el que se esfuerza por no olvidar nunca, ni un solo momento, que los más pobres, los que no tienen nada, los sin techo, son las principales víctimas de un sistema injusto, de un sistema de desigualdad que mucha gente, como Esperanza Aguirre se esfuerza por perpetuar y que muchas otras personas combatimos. Nuestra obligación de personas decentes es ganar esa batalla. Empecemos por los votos, ni un solo voto para Esperanza Aguirre por decencia ética e higiene democrática.


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