Opinion · EconoNuestra

Peces gordos de las finanzas globales contra la independencia de Cataluña

José Bautista (@joseantonio_bg)
Periodista y analista económico

Nadie sabe con certeza si Cataluña logrará la independencia. Lo que si sabemos es que una Cataluña soberana tendría que lidiar con las mismas reglas que los demás países para entrar en el juego de las finanzas globales y acceder a préstamos con los que pagar las nóminas de sus funcionarios o la construcción de carreteras, por citar dos ejemplos. Al igual que España, Cataluña gasta más de lo que ingresa.

¿Qué piensan las voces más influyentes del mundillo de las finanzas sobre la independencia catalana?

El proceso independentista va en serio y los capos de las finanzas toman nota de ello, especialmente desde las elecciones de noviembre de 2012 que auparon al poder al nacionalista liberal Artur Mas (CiU) de la mano del nacionalista de izquierdas Oriol Junqueras (ERC).

Forbes bautizó este episodio como “desastroso divorcio”. Incluso el diario más influyente del mundo se mojó al respecto: “Financial Times cree que la secesión no beneficia a Cataluña, España y la Unión Europea. Es necesario encontrar una tercera vía entre la independencia y el status quo. Madrid debe dar a Cataluña más autonomía bajo una nueva constitución nacional (…) garantizando más margen fiscal al parlamento de Barcelona”, expresó en un editorial.

Ni dentro ni fuera de España los peces gordos de las finanzas dieron relevancia a los factores culturales, políticos o históricos. Su preocupación se resumió en una simple palabra: dinero.

En la semana previa al 27-S los discursos subieron de tono dentro y fuera del país. Hasta Caixabank y el Banco Sabadell, las dos principales bancos con sede fiscal en Barcelona, amenazaron con irse si Cataluña obtuviese la independencia. No fueron los únicos en difundir su miedo: varios bancos internacionales, incluidos UBS y JP Morgan, opinaron que la secesión tendría efectos negativos.

Wall Street Journal, el diario financiero más leído de Estados Unidos, difundió las estimaciones de estos bancos internacionales, según los cuales la independencia supondría una pérdida de entre el 9% y el 14% del PIB de Cataluña y de entre el 3% y el 5% para España. El diario estadounidense fue más allá y estimó que se destruirían 350.000 empleos catalanes y una cifra similar en el resto de España si se concretase la secesión, equivalentes a una pérdida de 50.000 millones de euros, es decir, el coste aproximado que hasta ahora tuvo la crisis financiera sobre la economía española.

Fitch, una de las tres grandes agencias globales de rating, se pronunció por última vez en noviembre de 2014 y aprovechó para recomendar una mayor autonomía fiscal para Cataluña basándose en el “positivo” ejemplo del País Vasco y Navarra. En la misma nota la agencia advertía que la independencia unilateral conllevaría cuantiosas fugas de capital a corto plazo, dificultaría el acceso a financiación internacional de Cataluña y de España y desalentaría la inversión privada en el nuevo país. Moody´s y Standard & Poors, las otras dos calificadoras del cártel junto a Fitch, mostraron líneas similares al respecto, así como la calificación crediticia de “bono basura” para Cataluña, similar a la de Portugal, Hungría y Bolivia.

No es menester recordar que todas estas entidades obedecen a fines estrictamente particulares y que, en el caso de las agencias de rating, a menudo falla la puntería. Sirva de ejemplo la crisis financiera de 2008 que ninguna de las tres pudo o quiso anticipar. No es de extrañar que estas corporaciones globales y globalizadoras choquen frontalmente con la creación de una nueva frontera.

De lo que si se encargaron estas agencias es de contextualizar la economía catalana en el marco español. En sus respectivos informes publicados entre finales del año pasado y principios de este año, estos poderosos referentes internacionales subrayaron que Cataluña representa el 8% del territorio español, el 16% de la población total, en torno al 20% del PIB (200.000 millones de euros anuales), un cuarto de la recaudación fiscal y el 35% de las exportaciones, de las cuales casi la mitad están en la categoría de “alto valor añadido”. Las tres dejaron claro que preterieren una mayor autonomía y si llega la independencia, que sea negociada.

Moody´s es la única de las tres que miró la bola de cristal y anticipó que “un sistema reformado sería beneficioso para Cataluña, aunque las demandas de esta región en pro de una mayor autonomía fiscal son bastante improbables”.

Ninguna de las tres todopoderosas olvidó destacar que Cataluña recibe el 11% de la inversión estatal española y que la secesión supondrá la salida de la Unión Europea ipso facto. A ojos de estas entidades, la independencia es un escenario de “low probatility”.

A diferencia de los mandamases de las finanzas privadas, muchos ciudadanos están convencidos de que Cataluña será un estado soberano más pronto que tarde. A servidor le toca escribir estas líneas horas después de hacer una cobertura informativa en la frontera de Serbia y Croacia, donde miles de familias afganas, sirias e iraquíes que huyen de la guerra están atrapadas entre dos fronteras que no existían hace veinte años.

Son personas que comen, ríen y lloran por los mismos motivos que usted y yo. Como los serbios y los croatas, como los españoles y los catalanes. Como quienes nos definimos sencillamente como seres humanos y solo defendemos una frontera: la que existe entre el nacionalismo y el amor a la cultura y la identidad propias.