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Cuatro teorías de la conspiración sobre el precio del petróleo

José Bautista
Periodista y analista económico (@joseantonio_bg)

Santiago de Chile, diciembre de 2008. Voy a la sede diplomática de Marruecos donde me espera el embajador para una entrevista sobre el comercio entre su país y Chile, un tema sin chicha. A los cinco minutos saltamos a un asunto mucho más inquietante: el Sáhara Occidental. “Si el barril de Brent baja de los 40 dólares, Argelia le retira su apoyo a los saharauis”, me dijo. Según el gobierno de Marruecos, Argelia apoya a los saharauis desde hace cuatro décadas porque quiere abrir sus exportaciones de gas al Atlántico a través de la antigua colonia española. El barril de Brent –referente mundial al que me referiré en este texto- estaba a 46 dólares y en caída.

Las palabras del embajador no tenían ningún sustento, pero ilustran la estrecha relación entre el poder político-económico, el precio del petróleo y la existencia de teorías del complot incluso en las más altas instancias.

En plena explosión de la crisis financiera el barril de Brent pasó de 146 a 46 dólares entre junio y diciembre de 2008. Poco después volvió a acomodarse en torno a los 105 dólares y parecía que la volatilidad se había esfumado, pero no fue así.

En verano de 2014 el precio del crudo volvió a desplomarse y actualmente (principios de noviembre) ronda los 47 dólares. Tres factores explican este nuevo batacazo: el fracking en Estados Unidos, principal consumidor de crudo del mundo que gracias a esta técnica también se ha convertido en el principal productor mundial; la decisión de la OPEP (cártel de petroestados que fija el precio del petróleo) de mantener abierto el grifo de la producción a pesar del bajo coste del petróleo, exigencia sine qua non de Arabia Saudí, el pez más gordo de esta mafia tolerada; por último, la débil recuperación de los consumidores europeos y el enfriamiento económico de China -segundo consumidor más grande del mundo- y otras economías adictas al petróleo.

Evolución precio petróleo JAB

Esos son los motivos visibles. Ahora viene lo entretenido, el lugar oscuro y sin respuestas que da pie a teorías tan creativas como paranoicas sobre las fuerzas secretas que rigen el mundo.

Cinco pájaros de un tiro
Hay quien cree que Arabia Saudí y Estados Unidos mantienen el petróleo en precios bajos para asfixiar a los países del nuevo “eje del mal”, entre los que se incluyen Venezuela, Rusia, Irán y Siria. Los defensores de esta teoría defienden que la estrategia ya está surtiendo efecto: en julio el país de los ayatolás accedió a detener su plan de enriquecimiento de uranio, mientras que Rusia ha suavizado el tono en el conflicto ucraniano y Venezuela contempla cómo la Cuba de Raúl Castro y otros aliados le estrechan la mano a Obama.

Además, esta estrategia también estaría pensada para poner fin al estancamiento económico de Europa ya que, en teoría, el petróleo barato debería impulsar el crecimiento de los aliados europeos. Sea o no cierta esta tesis, Europa ahora tiene otro problema: la deflación favorecida por el abaratamiento de la energía en un entorno de tipos de interés a cero. Sobra mencionar que la reducción de emisiones de gases de efecto invernadero estaría fuera de toda consideración.

Aquí (también) mando yo
Las autoridades saudíes y estadounidenses posan sonrientes en las fotos oficiales. Sin embargo, no todo lo que es oro brilla. La administración Obama es consciente del rol de la monarquía saudí en la financiación de grupos yihadistas, sobre todo durante periodos en los que el crudo se vende caro. A su vez los saudíes temen perder su cuota del mercado mundial ya no solo frente a los rusos, sino también frente a los estadounidenses. Sin ir más lejos, Estados Unidos desplazó al reino saudí como principal productor de crudo en octubre de 2013.

Quienes apoyan esta tesis sostienen que saudíes y estadounidenses se enfrentan en un pulso de potencias pero mantienen la cordialidad de puertas para afuera. Del lado saudí, la monarquía suní estaría presionando a los demás miembros de la OPEP a mantener su elevada producción y así desincentivar las inversiones en fracking que realizan entes públicos y privados en Estados Unidos. Hasta hace poco los gurús del sector vaticinaban que la inversión en esta destructiva técnica de extracción cesaría si el barril de Brent caía de los 70 dólares porque a partir de ahí dejaría de ser rentable. Contra todo pronóstico, los avances tecnológicos han rebajado esa línea y Estados Unidos sigue explotando sus enormes reservas.

Por otra parte, del lado estadounidense –que no americano- el gobierno estaría intentando mostrar músculo ante los saudíes y otros productores aliados para dejar claro que sigue siendo la mayor potencia, que los vaivenes del petróleo no despeinan a su economía y que Arabia Saudí tendrá que tragarse sus decisiones, incluida la “reinserción” de Irán en el mercado (el gran competidor de los saudíes por el poder en Oriente Próximo) y su estrecha amistad con Israel (país al que los saudíes aún no reconocen).

Sayonara energías renovables
Otra de las teorías de la conspiración favoritas es la que defiende que grandes productores de crudo y multinacionales petroleras estarían empleando sus armas políticas y económicas para desincentivar la inversión en energías renovables, un sector que disfrutó de sus años dorados en la época previa a la crisis, aupado por el amenazante cambio climático y los altos precios del petróleo. Con los precios actuales resulta más caro usar sol y viento para producir energía que usar petróleo o gas.
Esta teoría tiene dos puntos débiles. Por un lado, las renovables se usan para generar electricidad mientras que el petróleo está más ligado al transporte, es decir, no compiten directamente. Además, la presión que el petróleo barato pueda ejercer sobre las renovables dará lugar a mayores esfuerzos en innovación que harán que las placas solares, los aerogeneradores y otras fuentes limpias sean mucho más competitivas cuando el crudo vuelva a encarecerse.

A romper huchas
Los grandes productores de petróleo disponen de fondos de inversión para mantener con vida los petrodólares que ingresan en épocas de precios altos. Por ejemplo, Noruega está entre los 15 mayores productores del mundo, a pesar de tener los mismos habitantes que la región de Madrid, y su famoso fondo soberano tiene activos que superan los 893.000 millones de dólares – equivalentes al PIB total de Argentina o Turquía en 2014.

Aunque pueda parecer una locura, varios analistas creen que Estados Unidos mantiene los precios del petróleo a la baja para obligar a estos fondos a deshacerse de sus suculentos activos y reducir su poder. Lo que estos conspiranoicos no tienen en cuenta es que la administración Obama no tiene control directo sobre las decenas de miles de empresas que explotan el subsuelo estadounidense en busca de gas y petróleo.

La única teoría con fundamento en el mundillo del petróleo es, paradójicamente, la que menos atención despierta entre los gobernantes: si seguimos empleando fuentes de energía fósil, el cambio climático pronto se convertirá en una pesadilla mundial de consecuencias incontrolables.