Desigualdad en España: La asignatura pendiente

17 Jun 2016
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Alvaro Rísquez Ramos
Miembro de econoNuestra

La desigualdad ha sido un importante objeto de estudio a lo largo de la historia, sin embargo, no siempre ha gozado de la misma repercusión. La crisis económica ha introducido en la agenda de debate, tanto económica como política, la problemática de la desigualdad. En este sentido, la reconocida obra “El capital en el siglo XXI”, de Thomas Piketty, ha impulsado el debate académico sobre la distribución de la renta y la riqueza en la coyuntura económica de este nuevo siglo, alertando sobre las consecuencias, no solo económicas, sino también políticas y sociales, que se derivan de sus previsiones sobre el comportamiento futuro de la desigualdad a escala internacional.

El debate sobre la distribución de la renta y la riqueza también ha llegado a nuestro país. Ahora bien, para entender la desigualdad en España durante este siglo es inevitable hacer referencia a la crisis económica, estudiando no solo las consecuencias de esta, sino analizando también los años sobre los que se gestó la burbuja inmobiliaria. De esta manera podemos esclarecer quién se benefició más en época de bonanza económica y qué grupos salen más perjudicados tras la reciente crisis.

Si atendemos a la evolución de los salarios y los beneficios empresariales bajo el contexto de crecimiento económico en los años pre-crisis, encontramos similares tasas de crecimiento en ambos elementos, en cierto modo, todos ganábamos. Sin embargo, todo cambia con el punto de inflexión que supone la crisis. A raíz de 2008 empezamos a diferenciar un cambio en las tendencias de ambos elementos, siendo los salarios los que registran una evolución más desfavorable que los beneficios empresariales, por lo que se produce una caída de los salarios en la participación sobre el PIB español.

A pesar de ello, ¿es justificable tal diferencia si atendemos al comportamiento de la productividad del trabajo? Los datos muestran lo contrario. El indicador PIB/número de horas trabajada anuales, aunque con la dificultad que supone la contabilización de las horas trabajadas, nos muestra que tras el estallido de la burbuja, la productividad del trabajado ha aumentado debido una reducción de las horas trabajadas en mayor proporción de lo que lo ha hecho el PIB. Es decir, atisbamos en cierta manera quién ha soportado las consecuencias de la crisis en cuanto a la carga de trabajo.

Si nos fijamos en la evolución de los CLU reales, tras la crisis económica y, en contraposición de la media de la ZE, España se ha vuelto más competitiva. Este ajuste vía salarios tiene una claro vínculo con el debilitamiento del poder de negociación, tanto individual como colectivo, de las relaciones que establecen trabajadores y empresarios. En definitiva, en relación con lo mencionado anteriormente, podríamos defender que no hay razones que justificasen tal diferencia entre asalariados y empresarios.

Ahora bien, para ver la evolución de la distribución de la renta podemos atender a dos indicadores, el ratio 80/20, que muestra las diferencias entre el 20% más rico y el 20% más pobre ,y el coeficiente de Gini, que indica el grado de distribución englobando a toda la población. Tanto el ratio 80/20 como el coeficiente de Gini muestran resultados poco satisfactorios. A raíz de la crisis económica se ha incrementado la diferencia entre el segmento más rico y el más pobre y la renta se ha repartido peor entre toda la población. Sin embargo, no podemos decir que esto sea una tendencia que se repita en todos los países europeos, ya que si atendemos tanto a los datos del ratio 80/20 como del coeficiente de Gini para la media de la UE, nos encontramos que los resultados son muy distintos; no ha habido una gran diferencia en la distribución de la renta desde el año en el que estalla la crisis económica hasta 2015.

Por otro lado, en relación al grupo de la población más rico, el análisis de la composición de los ingresos, tomando también como referencia el periodo de crisis económica, nos muestra lo siguiente:

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Composición de los ingresos de los distintos grupos del primer decil en España. Fuente: elaboración propia a partir de datos de “The World Top Incomes DataBase”. Datos en términos porcentuales

– A medida que nos acercamos a los grupos de población más ricos vemos como los salarios pierden peso como fuente de ingresos.
– Las ganancias de capital, que recogen la revalorización del precio de los activos de capital, han supuesto la base de enriquecimiento durante la etapa del boom inmobiliario dentro del 0,1% más rico, llegando a alcanzar un 60% de los ingresos totales en el año 2006. La crisis económica ha hecho que en el 2012 solo ocupen un 10% en este grupo de la población.
– El aumento de la participación de las ganancias de capital en la época de la burbuja inmobiliaria contrasta con la pérdida del peso de los ingresos por salarios.

Es decir, en relación con el proceso de financiarización de la economía que se viene dando en las últimas décadas, observamos cómo el sector más rico de la población, en cierto modo, no requiere de la actividad productiva como fuente de enriquecimiento. En el contexto de la crisis económica española, basaron su enriquecimiento en un cambio en la composición de los ingresos, orientando sus ingresos a las ganancias del capital en detrimento de los salarios.

En relación a esto, si nos fijamos en la composición de la riqueza, variable stock, observamos como los activos financieros ocupan un mayor peso según nos acercamos a los segmentos más ricos. Ahora bien, si introducimos la crisis económica en la ecuación, los datos arrojan que esta ha hecho que la población más rica cambie la composición en la que se basa su riqueza, perdiendo peso los activos reales en relación al total de los activos a partir de la crisis. A la hora de fijarnos en las diferencias en cuanto a la riqueza, según los datos de las Encuestas Financieras de Familias que elabora el Banco de España, la diferencia entre el 25% de la población con más riqueza y el 25% con menos se incrementó a raíz de la crisis, aumentando el ratio de 39, en 2005, a 51 en 2011

En definitiva, observamos que a pesar de que el tablero de juego es el mismo para todos, las reglas son bien distintas según el lugar que ocupes en la sociedad. No todo el mundo tiene las mismas posibilidades de beneficiarse de aquellas rentas no asociadas al trabajo. Además, en esta partida, podemos esclarecer que hay ganadores y perdedores. En cuanto al papel del Estado, la crisis económica ha puesto en el punto de mira el papel que ostenta a la hora de velar por una mejor distribución de la renta. Hay que añadir también que en relación a las políticas que se han adoptado desde la crisis económica, las relaciones de poder han cambiado en favor del capital financiero, deteriorándose el Estado de Bienestar en detrimento de las clases populares. Ante unas nuevas elecciones, ¿tendrá voluntad y capacidad el nuevo gobierno de equilibrar la balanza?


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