Educación financiera para eliminar la protección social

21 Jun 2016
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Nuria Alonso
Profesora de Economía Aplicada en la URJC, miembro de econoNuestra

Desde el informe de PISA 2012 se evalúa la competencia financiera de los jóvenes. Una aberración más de esta especie de contubernio de los mercados, los intereses económicos y el individualismo contra los ciudadanos, el bien común y el sector público.

No quiero con esto decir que esté en contra de un planteamiento aplicado de las matemáticas –y del resto de las asignaturas- que creo que sería imprescindible como una más de las competencias de autonomía personal e independencia que el alumnado debería adquirir en los centros escolares y en las familias y que en la actualidad no tienen. Esto nos obligaría a revisar el frenesí de contenidos enciclopédicos que el alumnado debe registrar al menos hasta el momento de la evaluación (y generalmente tan sólo hasta este momento). Aunque esta reflexión es imprescindible, en este momento no me voy a desviar.

La cuestión es la inclusión de una formación y evaluación específica en educación financiera y la justificación que la propia OCDE nos da para incluir esta formación.
En este sentido, es importante leer el documento de la OCDE PISA 2012 Assessment and Analytical Framework Mathematics, Reading, Science, Problem Solving and Financial Literacy que en la traducción al español de la publicación original por la propia OCDE nos explica cuál es el estado de las cosas que vamos a vivir en el futuro. Está tan claramente expuesto que creo que sólo es necesito hacer pequeños comentarios al contenido de lo que dice textualmente:

La preocupación de los países y economías desarrolladas y emergentes por el nivel de competencia financiera de sus ciudadanos ha ido en aumento en los últimos años. Esto se ha debido, en concreto, a los recortes en los sistemas de ayudas públicas y privadas, al cambio de los perfiles demográficos, incluido el envejecimiento de la población, y a las diversas transformaciones del mercado financiero. El difícil contexto económico y financiero también ha incrementado dicha preocupación, al reconocer que la falta de competencia financiera era uno de los factores que favorecían la toma de decisiones financieras mal fundadas, las cuales, a su vez, podían tener tremendos efectos indirectos negativos (…)

Este párrafo es de gran importancia porque, por una parte, nos anuncia que el futuro que nos espera es el de un statu quo del sector público recortado, es decir, esto no ha sido la crisis sino el nuevo estado de las cosas. Por otra parte, nos está diciendo que nuestra ignorancia financiera ha sido la causa de problemas por haber adquirido productos financieros insensatamente, como las preferentes, acciones de Bankia, haber solicitado un préstamos hipotecario sin saber que los tipos de interés podían subir o quedarnos sin empleo, etc.

Estas ideas las desarrolla con más detalle en las páginas siguiente, ya que a continuación el documento explica que una serie de tendencias tangibles sustentan el creciente interés global por la competencia y cita cuatro: el desplazamiento del riesgo, la mayor responsabilidad individual, la mayor oferta de una amplia gama de productos y servicios financieros y la mayor demanda de productos y servicios financieros.

La primera “tendencia incuestionable” que plantea es el desplazamiento del riesgo, del que nos dice que ha habido una transferencia generalizada del riesgo de los gobiernos y empresarios a los individuos. Muchos gobiernos están rebajando o han rebajado las pensiones estatales y algunos están reduciendo las prestaciones sanitarias. Casi no es necesario aclarar ningún término, nos anuncia que en el futuro no hay protección social sino protección individual, lo que supone que retrocedemos unos 125 años de conquistas sociales.

Hasta ahora, los programas públicos de sustitución de rentas como las pensiones eran de carácter público, obligatorio y contributivo lo que nos garantizaba que si cumplíamos los requisitos mínimos [1] (nada laxos, por cierto y ) tendríamos una pensión que nos garantizaría la vejez o la enfermedad, ahora los planes de pensiones de aportación definida están reemplazando con rapidez a los planes de pensiones de prestación definida, trasladando a los trabajadores la responsabilidad de ahorrar para su propia seguridad financiera después de la jubilación. Los sistemas de pensiones de reparto tradicionales se complementan con nuevos sistemas en los que el individuo está sujeto tanto al riesgo de los ingresos como al de las inversiones.

La segunda cuestión es la mayor responsabilidad individual de la que nos dice que el número de decisiones financieras que los individuos deben tomar está aumentando como consecuencia de los cambios producidos en el mercado y la economía. Por ejemplo, la mayor esperanza de vida implica que las personas deben asegurarse de que reunirán ahorros para cubrir periodos de jubilación mucho más largos. Asimismo tienen que asumir más responsabilidades respecto a la financiación de las necesidades personales o familiares en materia de asistencia médica. Además, el incremento de los costes de la educación hace que para los padres sea importante planificar e invertir de forma adecuada en la educación de sus hijos. Incluso cuando los individuos utilizan los servicios de intermediarios y asesores financieros deben comprender lo que estos les ofrecen o aconsejan. El sujeto es responsable del producto financiero que decide comprar y se enfrentará a todas las consecuencias de la decisión. Los individuos de todo el mundo tienen que ser competentes desde el punto de vista financiero para tomar decisiones bien fundadas y responsables.

Ahora ya nos dice que vamos a tener que organizarnos para pagar además de las pensiones, la sanidad y la educación de nuestros hijos y que si elegimos mal el producto financiero con el vamos a financiar gastos fundamentales para nuestro futuro es nuestro problema. Sólo con términos muy poco correctos puedo calificar todo lo anterior, es realmente indecente fundamentalmente por tres razones:

• En primer lugar porque ha sido, es y será una tendencia incuestionable la permanente reducción del poder adquisitivo de los trabajadores, lo nos hace que inexistente la capacidad de ahorro para cubrir todas aquellas necesidades que antes sufragaba el sector público. La realidad es que la mayor parte de la población no tiene ningún producto financiero que comprar porque no puede.

• La segunda es la desfachatez de pretender que con un curso de educación financiera en la enseñanza secundaria se puede trasladar a los individuos la responsabilidad exclusiva de las decisiones financieras que toman cuando la sociedad está pagando miles de millones de euros por las decisiones financieras irresponsables que han tomado personas con una formación y experiencia que les sirvió para ganar 200 veces más que el salario medio de un trabajador y a las que no se les ha exigido “enfrentarse a las consecuencias de su decisión”.

• El contenido que se pretende dar a la signatura de educación financiera es absolutamente ideológico y completamente alejado de otras visiones de la realidad.

Enseñar un planteamiento crítico de la economía y del mundo en general, que permita que se hagan personas responsables, exigentes y defensoras de sus derechos sería sin duda mucho más importante.

En definitiva, nos están diciendo “sálvese quien pueda y que cada palo aguante su vela”. Eso sí, en igualdad de condiciones porque recibimos educación financiera.

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[1] Nada laxos, por cierto, y además con un importante error de salto puesto que a las personas que han cotizado pero no han llegado al mínimo no les corresponde prestación contributiva alguna


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