Falacias ultraliberales: tres índices económicos para manipular a la gente

05 Jul 2016
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Pedro Fresco
Colaborador de econoNuestra

Indices economicos

Los “ultraliberales” (todo ese espectro que va desde minarquistas hasta anarcocapitalistas) son gente imaginativa. En su lucha contra el estado, las regulaciones y la redistribución de la riqueza han sido capaces de crear una serie de mitos y leyendas que siempre tienen sustento en algún caso puntual, normalmente en un país y época lejana, que parece validar su tesis, a pesar de que siempre hay decenas de casos genéricos que la niegan y a los que siempre consiguen oponer alguna excusa pueril, generalmente que es culpa de la “distorsión provocada por el estado”.

Además de la colección de casos legendarios, los “ultraliberales” han fabricado una serie de indicadores económicos hechos a medida para validar sus dogmas, indicadores que normalmente se oponen a otros indicadores universalmente aceptados y que ellos, por supuesto, rechazan.

Me gustaría presentar tres de estos indicadores para que los lectores los puedan identificar y que no les den gato por liebre.

1- El “esfuerzo fiscal”

Todos sabemos lo que es la presión fiscal, que es el porcentaje del PIB que el estado recauda mediante impuestos. Este indicador es el universalmente aceptado por los economistas y es muy usado para comparar los impuestos que se recaudan en los distintos países. El problema es que este indicador nos dice que países como España, por ejemplo, tienen una presión fiscal baja en parámetros europeos, y que países con economías mucho más productivas y con mayores estándares de vida tienen presiones fiscales altas. Como esto no interesa al dogma “ultraliberal” que nos dice que los impuestos son malos y solo crean pobreza, pues hay que inventarse un indicador nuevo.

Ese indicador es el “esfuerzo fiscal”, también conocido como índice de Frank, que es el cociente entre la presión fiscal y el PIB per cápita del país. La forma como intentan vender esto es diciendo que lo importante no es la recaudación porcentual sobre el PIB sino el “esfuerzo” que le supone a quien paga esos impuestos (si una persona tiene unos ingresos altos se supone que pagar un porcentaje X le es más llevadero que a alguien de ingresos bajos). ¿Tiene sentido? Pues no.

Básicamente lo que hacen es dividir ingresos del estado entre el PIB y luego entre el PIB per cápita, mezclando unidades y conceptos diferentes. Lo cachondo del tema es que esta gente luego va diciendo que los impuestos deben ser planos y no progresivos basándose en los más peregrinos argumentos, y en cambio aquí te intentan decir básicamente lo contrario, que una persona que gana más puede sostener mejor porcentajes altos de impuestos… ¿no es divertido?

El “esfuerzo fiscal” se puede reducir al absurdo muy fácilmente. Imaginemos un país con 10.000$ de renta per cápita (Mexico, por ejemplo) y con una presión fiscal del 50% (Mexico no la tiene ni de lejos, pero es un ejemplo). El “esfuerzo fiscal” de este México ficticio sería [50%/10.000$]*10000= 0,5. Bien, ahora imaginad un país con 100.000$ de renta per cápita (Luxemburgo) donde gobernase un estúpido que pusiese una presión fiscal del 100%. [100%/100,000$]*10000=0,1. Es decir, el mexicano tiene un “esfuerzo fiscal” cinco veces mayor que el luxemburgués, pero a final del año el mexicano mantiene 5.000$ y el luxemburgués ¡Nada porque todo lo ha pagado en impuestos! Sin embargo nuestros amigos ultraliberales nos dicen que el mexicano sufre cinco veces más esfuerzo fiscal…

El índice es, a todos los efectos, una estupidez, y lo único que hace es otorgar esfuerzos fiscales menores a los países con mayor renta per cápita, lo que sirve muy bien para la propaganda “ultraliberal” pero que, a nivel económico, no es más que una mezcla de números sin sentido.

2- El “Gini de consumo”

El coeficiente Gini es una medida estadística que muestra la desigualdad de distribución de alguna variable. El coeficiente Gini que normalmente usan los economistas y que está aceptado y estudiado es el Gini de desigualdad de ingresos, que nos da importante información de cómo se distribuyen los ingresos en una sociedad y el grado de desigualdad de la misma. Como probablemente sabréis, los países ricos y con estados del bienestar potentes suelen salir en los primeros puestos (mayor igualdad) y los países pobres suelen salir los últimos. Y claro, esto es una inconveniencia para los “ultraliberales” porque nos dice que la desigualdad es objetivamente mala.

Pero la imaginación “ultraliberal” puede con todo y al ser la distribución de Gini un parámetro matemático se puede usar con la variable que sea. Podríamos hacer la distribución de Gini con los pares de zapatos que compramos al año, con el número de parejas que hemos tenido, con las veces que cargamos el móvil a la semana o con cualquier variable que tenga una distribución desigual. Así pues los “ultraliberales”, que no se sienten a gusto con el Gini que todo el mundo acepta, suelen usar otro que se ajusta mejor a sus intereses, que es el de riqueza neta, y últimamente se han sacado de la manga un tercero, el Gini de consumo.

¿Qué mide el Gini de consumo? Mide la desigualdad de consumo entre los miembros de una población, supuestamente con el objetivo de mostrar que, independientemente de lo que se ingrese, si se tiene un consumo parecido la desigualdad “real” sería menor. Es lógico ¿verdad? Si el consumo es parecido la desigualdad realmente no es tanta…Pues no.

Hay una cosa que se llama “propensión marginal al consumo” y es menor de uno, lo que quiere decir que conforme aumenta la renta de una persona el porcentaje de ésta que se consume es menor. Esto es absolutamente lógico: Una persona con unos ingresos muy bajos tiene que gastar casi todos en los gastos básicos (alimentación, vivienda, suministros, etc) mientras que una persona que gana más gasta un porcentaje menor de su renta en consumo, y eso precisamente es lo que le permite ahorrar e invertir. Si el porcentaje de consumo no fuese decreciente con el aumento de renta todo el mundo ahorraría el mismo porcentaje de su renta, y como todo el mundo sabe eso no es así.

El Gini de consumo nos indica una desigualdad menor que en el caso del ingreso, algo absolutamente lógico por lo explicado anteriormente y que por tanto no explica nada relevante. De hecho si vemos este estudio y analizamos la desigualdad de consumo entre los países europeos (página 33) veremos que su orden no tiene ni pies ni cabeza. La desigualdad de consumo no parece tener relación ni con la riqueza, ni con el ingreso, ni siquiera con parámetros culturales (hay países muy similares como Alemania y Austria o Estonia y Lituania que tienen comportamientos muy distintos).

¿Qué nos muestra esta distribución de desigualdad de consumo? Que sepamos nada, lo que pasa es que queda bien para el dogma. Quizá un sociólogo sepa decirnos en el futuro qué información ofrece esta distribución, pero aparentemente y en clave de desigualdad no nos indica absolutamente nada útil, es tan sólo meter números en una batidora, sacar un resultado y vender que quiere decir lo que queremos que quiera decir. Puro trilerismo económico.

3- El Índice de miseria

El índice de miseria es una invención del economista norteamericano Arthur Okun en los años 60, pero quienes lo usan hoy son casi siempre los ultraliberales para combatir uno de sus monstruos: La inflación. El índice de miseria es simplemente la suma de la tasa de paro y la tasa de inflación anual, lo que básicamente es sumar peras y manzanas porque no tiene nada que ver una tasa con la otra más allá de ser un porcentaje. Es como sumar el porcentaje de jubilados con la tasa del IVA del país ¿vale para algo? No, pero así pasamos el rato y liamos a la gente.

Más allá de sumar cosas diferentes la cuestión de este índice es que equipara la inflación y la tasa de paro como si la subida de un punto de ambas cosas fuera igual de dañina para el país. Para que veáis un ejemplo claro, un país con un 100% de inflación y pleno empleo y uno con 100% de paro pero sin inflación serían igual de “miserables” para este índice… ¿Lo serían? Obviamente no, muchos países han vivido con tasas de inflación de dos dígitos durante muchos años y no pasaba “nada grave” (mirad cualquier país occidental a mediados de los 70 o la Argentina desde el año 1945), mientras que un país con el 100% de paro ya os podéis figurar cómo acabaría…

Como el índice es un absurdo desde hace ya tiempo se ha ido modificando añadiendo factores como la tasa de interés o el crecimiento económico, aunque los ultraliberales se han quedado en la definición de hace 50 años. Aun así el índice sigue teniendo el mismo problema de base, que suma cosas que no se pueden sumar linealmente, no pondera nada y además deja de contemplar factores que estarían también relacionados con la miseria (sueldos, tasas de pobreza, cobertura de servicios básicos, etc, etc).

Si veis cualquier versión de este índice veréis que no tiene ni pies ni cabeza. En los últimos años Venezuela y Argentina salen entre los primeros puestos por su alta inflación, y un poco por debajo, España y Grecia por sus altas tasas de paro. Según el índice en estos países hay más “miseria” que en los paraísos de Bangladesh, Myanmar, Sri Lanka, Kazajistán o Tailandia (según el índice Tailandia es “menos miserable” que cualquier país de Europa). Vamos, un sinsentido al que solo se le puede oponer una carcajada.

Estos no son los únicos índices a medida que usan los “ultraliberales”, hay varios más, como el índice de libertad económica que ya rebatimos aquí u otros que desmontaremos en el futuro. Es importante conocerlos e identificar que no son más que pura propaganda ideológica sin sustento real alguno y tener argumentos para rebatirlos.

Estos “ultraliberales” no son más que apóstoles de una nueva religión que casualmente beneficia a los lobbies e instituciones que la promocionan, y nosotros los paganos a convertir para conseguir así la hegemonía de sus ideas, que será lo que les permita profundizar en ellas. Lamentablemente están consiguiendo bastante más penetración de la que sería razonable a la vista de lo absurdo de sus ideas, y aunque hoy no parezcan un peligro real la aplicación de estas ideas nos llevaría a un mundo distópico donde cualquier faceta de la vida humana estaría sometida al negocio y a la ganancia. Cuidado con ellos.


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