Opinion · EconoNuestra

Una idea básica: la economía es colectiva

Pedro Fresco
Colaborador de econoNuestra

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Asistí el otro día a un debate sobre pensiones en el que uno de los debatientes, partidario de las pensiones de capitalización privada, aseguraba que ese sistema no dependía de la demografía y en cambio las pensiones públicas sí, dejando entrever que las pensiones privadas eran más seguras por eso. Sin embargo otro economista le respondió que eso no era así, que las pensiones privadas también dependían de la demografía porque ésta está íntimamente relacionada con el valor de las carteras de activos de cualquier plan de pensiones.

La verdad es que este segundo economista tenía razón y tanto las pensiones públicas como las privadas dependen de la demografía, pues ambas dependen de la productividad futura y la población y su trabajo son imprescindibles para esa productividad. El sistema público de reparto depende de la futura recaudación de impuestos, que será la que pague las pensiones del futuro, y por tanto depende de que haya pagadores de impuestos en cantidad suficiente para cubrirlas. El sistema privado de capitalización, por otro lado, depende del valor futuro de las acciones y de la rentabilidad de la deuda pública de la cartera de activos que se adquiere con el dinero aportado al plan.

Sin embargo la rentabilidad de la deuda pública y sobre todo su cobro al vencimiento también depende de los futuros pagadores de impuestos, y si una población futura no puede pagar impuestos y/o se reduce en número, pagar esa deuda pública va a ser imposible y eso eventualmente hundiría el valor de esa deuda pública, que será impagada total o parcialmente. Y las acciones también dependen de la demografía porque ante un descenso de población y por tanto de productividad total estas acciones perderán valor real. Pongo un ejemplo fácil de entender: Si compramos acciones de una empresa de suministro de agua que ahora atiende a diez millones de personas tendrá un valor determinado, pero si en el futuro la población disminuye y esa empresa en vez de atender a 10 millones de personas atiende a 8, muy probablemente el valor real de esas acciones disminuirá, afectando negativamente al valor de la pensión capitalizada futura.

Al final la diferencia entre un sistema público de reparto y uno privado de capitalización es en donde se “confía” la pensión futura, pero ambos dependen inexorablemente de las productividades futuras y del trabajo futuro.

Este ejemplo me parece muy interesante para entender por qué la economía es algo eminentemente colectivo y cualquier idea que obvie esto incide en un error de base. Quienes venden sistemas de capitalización intentan transmitir una idea que es falaz, y es que las futuras pensiones pueden depender de uno mismo sin tener que depender de los demás, llámense cotizantes, estado, sociedad o como se quiera llamar. Y eso sencillamente es falso. Hagas lo que hagas la futura pensión va a depender siempre de la colectividad, porque es la colectividad la que va a generar todos los productos y servicios que vas a necesitar en tu vejez.

Al final detrás de todas las teorías ultra-liberales de privatización de servicios públicos subyace la misma idea, depender de uno mismo y no del “estado”, y de hecho las teorías liberales económicas tienen una base dogmática que es fuertemente individualista y “segregacionista” respecto al colectivo. Si escucháis a estos “liberales” veréis como la estructura que sostiene sus ideas es que cada uno puede ser dueño de su propia vida, que con esfuerzo o talento la vida te va a sonreír, que el mercado siempre te pagará en función de tu productividad, etc, etc. Son ideas que sitúan al individuo artificialmente ajeno a la sociedad en la que vive, como si la realidad o decisiones del resto no influyesen sobre el individuo. Es una idea atractiva ¿Quién quiere ser dependiente? Nadie, todo el mundo quiere ser independiente si puede. La cuestión es que, lamentablemente, no se puede ser totalmente independiente.

Decía el economista del Banco Mundial Branko Milanovic en una entrevista en el diario ELPAIS sobre la pobreza mundial, que “sus ingresos dependen en más de un 50% de que usted haya nacido en España. Del resto, el 20%, de quién sean sus padres, y solo luego viene el esfuerzo, la suerte, la raza y el género “. La frase parece obvia pero creo que a veces la olvidamos, por una cuestión de comodidad o quizá porque nos incitan a ello. Si cualquiera de nosotros hubiese nacido en un pueblo de Bangladesh no tendríamos el nivel de riqueza que tenemos, por mucha capacidad potencial que tuviésemos ni esfuerzo que dedicásemos a prosperar.

De hecho no hace falta ir tan lejos. A pesar de que los medios y ciertas personas nos remarcan a ciertos personajes que han creado su riqueza “de la nada” (Bill Gates, Amancio Ortega) la realidad es que mayoritariamente la riqueza (y la pobreza) es hereditaria, y esto se puede comprobar en cualquiera de las estadísticas que se quiera consultar: Probabilidad de pobreza adulta cuando eres pobre de niño, porcentaje de ricos que vienen de familias ricas, diferencias salariales según familia de origen, etc, etc. Por mucho que se estrujen y descontextualicen las estadísticas no hay ninguna que pueda decir que el origen no influye en la realidad económica de alguien, de hecho es un planteamiento ridículo.

Esto del origen nos muestra hasta qué punto no controlamos verdaderamente nuestra propia realidad económica, pero volvamos a la cuestión central, que es que en economía todo depende del colectivo. En el mercado las cosas solo tienen valor si los demás les dan valor, el dinero solo sirve si otros te lo aceptan. Un hombre no puede generar mucha riqueza individualmente, siempre depende de terceros para crearla de forma masiva, de hecho técnicamente un hombre solo y aislado solamente podría crear riqueza para uno mismo pues más allá de uno mismo el concepto de riqueza depende de terceras personas.

Escribía el ex ministro griego de finanzas, Yanis Varoufakis, estas líneas: “Un mito común, promovido por los ricos, es que la riqueza se produce individualmente antes de que el estado la colectivice a través de los impuestos. En realidad, la riqueza siempre se produce colectivamente pero es privatizada por aquellos que tienen el poder para poder hacerlo: La clase propietaria. Granjas y semillas, formas pre-modernas de capital, fueron desarrolladas colectivamente por generaciones de esforzados campesinos y luego fueron apropiadas sigilosamente por propietarios. Hoy día, todos los smartphones tienen componentes desarrollados gracias a alguna subvención del gobierno o mediante ideas agrupadas de la gente común, sin que nunca se haya pagado dividendo alguno a la sociedad por esa contribución”.

Varoufakis tiene razón, la riqueza se crea siempre colectivamente. Sin embargo sabemos que hay hombres que crean más riqueza que otros y que son más productivos, la cuestión es que esto es cuestión de convenio social, de preferencias sociales y de una estructura de asignación de los beneficios de la productividad. Si Bill Gates ha sido muchas veces el más rico del mundo es porque la gente quiere tener productos de Microsoft, pero no solo por eso, también es porque el sistema económico que tenemos protege las patentes, porque Gates ha trabajado con miles de profesionales que han sacado adelante sus productos y por muchas otras razones de estructura económica e infraestructura de los EEUU y el resto del mundo.

¿Podría ser de otra manera? Por supuesto que podría, podría haber millones de maneras distintas de distribuir la riqueza y los beneficios de la productividad. Los “liberales” consideran que existe un “libre mercado” como forma óptima o natural de distribuir la riqueza, pero eso no es verdad. El “mercado” es una realidad determinada que se basa en preferencias y realidades morales, en marcos regulatorios, en posiciones de fuerza de los actores y en un sinfín de realidades coyunturales que lo definen y que perfectamente podían ser de otra forma de haber evolucionado la historia de una manera distinta. Hoy un CEO de una gran empresa puede ganar 200 veces más que el sueldo medio de un trabajador, pero eso no es una ley natural ni expresa ninguna productividad “objetiva”, simplemente es una estructura salarial que ha creado un mercado en las condiciones que tiene actualmente. En vez de 200 veces podría ser 500 o ser 5 si este mercado fuese de otra manera, y ni se cerrarían las empresas ni colapsaría la economía ni nos encontraríamos en una situación más “inadecuada” que la actual en lo que a asignaciones de productividad se refiere.

Hay que vacunarse contra aquellos que predican teorías sobre la economía con un relato individualista de fondo, vendiendo privatizaciones y un mágico control de uno mismo sobre la vida económica. No es así, las personas podemos hacer cosas para mejorar nuestra situación, podemos esforzarnos, formarnos e intentar tomar racionalmente las mejores decisiones, pero la realidad es que nuestras posibilidades individuales son limitadas.

En una realidad eminentemente colectiva donde una parte esencial de nuestra riqueza económica la marcan los demás es fundamental entender la importancia de la regulación, del estado, de las instituciones sociales y de todas aquellas cosas que pueden hacer mejorar la vida de todos. Fantasear sobre un “libre mercado” ideal a modo de entelequia metafísica, impedido y aprisionado por malvadas intervenciones estatistas solo nos llevaría de cabeza hacia la distopía.