España, Corea del Sur y México: desarticulación económica e inserción internacional

02 May 2017
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 José Antonio Nieto Solís
Profesor titular de Economía Aplicada (UCM) y miembro de econoNuestra   

La industrialización orientada a la articulación, una opción para el desarrollo frente al proceso de fragmentación productiva a nivel mundial“, es una investigación realizada por Ricardo Zárate Gutiérrez  y Tania Molina del Villar, doctores en Economía por la UCM (Universidad Complutense de Madrid) e investigadores vinculados a la UNAM (Universidad Nacional Autónoma de México), que ha merecido el II Premio Internacional de Investigación en Desarrollo Económico Juan F. Noyola, concedido por la CEPAL (Comisión Económica para América Latina de las Naciones Unidas) y la UNAM.

Publicado en marzo de 2017, el trabajo aborda la fragmentación productiva como “pieza de un sistema de creciente integración internacional”, lo que incide en la “desarticulación nacional de los sectores más internacionalizados” y en la “separación entre la esfera real y financiera de las economías”, reforzando los efectos más virulentos de las crisis. Afronta también el proceso de concentración y centralización del capital, que refuerza el poder de las grandes corporaciones multinacionales, imponiendo un “cambio de visión de las empresas nacionales y de las políticas gubernamentales”, más preocupadas por mejorar la inserción en la economía mundial que por el desarrollo económico y social y el impulso de los mercados internos. La desarticulación entre sectores (específicamente, en el sector real) afecta a la destrucción de las cadenas productivas, mientras que las políticas que impulsan la “integración internacional” favorecen el rápido contagio de las crisis financieras y repercuten en el conjunto de los sistemas económicos, estén o no inmersos en esa dinámica global.

La economía ortodoxa suele subrayar las consecuencias de la fragmentación de los procesos productivos en el comercio internacional, sin profundizar en su impacto en el interior de los países. Ello reduce las propuestas de política económica, centrándolas en mejorar la integración de las empresas en las grandes cadenas globales, impulsar las oportunidades asociadas a la tecnología, promocionar la competitividad, y fomentar las ventajas estáticas relativa al acceso a materias primas baratas y bajos costes laborales.

A diferencia de esos análisis, sobre la base de los planteamientos críticos de la CEPAL, el trabajo de Zárate y Molina confirma que la fragmentación de los procesos productivos potencia la subcontratación internacional, impulsa la especialización vertical a nivel mundial, y acrecienta la importancia de las empresas multinacionales como principales promotoras y beneficiarias de los procesos de relocalización. Más aún en la actual etapa de globalización financiera que condiciona de manera creciente las economías nacionales y la economía mundial.

Lejos de contemplar sólo los aspectos parciales de la globalización, los autores proponen un desarrollo teórico integral, sobre la base del análisis estructural. Y lo realizan mediante un estudio empírico que considera la “articulación productiva” como un elemento fundamental para el desarrollo. En consecuencia, sugieren un enfoque alternativo, basado en un modelo de “industrialización orientado a la articulación” que permita identificar las causas y consecuencias del actual estilo de desarrollo y formular otras políticas.

Ese enfoque alternativo se fundamenta sobre dos premisas básica del pensamiento de la CEPAL. Primera: el desarrollo teórico debe sustentarse en el análisis empírico, contemplando las especificidades de cada situación real e identificando los cambios internos y externos que afectan a las estructuras productivas nacionales. Segunda: desde la valoración crítica de ese diagnóstico, hay que conocer los factores de mayor impacto positivo y negativo sobre el desarrollo para valorar sus consecuencias y extraer conclusiones.

El concepto de “articulación productiva” alude a las interrelaciones entre los diferentes sectores de una economía, ya que la naturaleza de los vínculos entre actividades con un alto desempeño productivo y comercial determina los efectos dinamizadores hacia los agentes económicos involucrados en esas tareas y en los flujos de información asociados a ellas. La articulación productiva garantiza que el comercio exterior genere efectos de retroalimentación dentro de las estructuras económicas y no beneficie sólo a las empresas más activas en las cadenas globales. Porque, para que pueda darse un crecimiento sostenido, en un escenario de elevada apertura económica internacional, es necesario impulsar la participación de nuevos sectores exportadores líderes, pero es imprescindible lograr una correcta articulación entre las industrias más dinámicas y aquellas otras que pueden considerarse maduras. De ese modo, se incrementa la capacidad de hacer frente a las distintas formas de dualismo que perjudican al desarrollo económico y social.

El trabajo empírico, y su base teórica, toma como referencia el estudio de tres casos singulares, cuyas estructura económicas, procesos de industrialización y mecanismos de integración internacional difieren, aunque presentan elementos comunes. Como argumentan los autores, España, Corea del Sur y México se sustentan en experiencias distintas, pero comparten el calificativo de naciones de industrialización tardía.

España, desindustrializada y con un alto nivel de actividades terciarias, mantiene un estilo de desarrollo dependiente, con una estructura productiva dominada por empresas trasnacionales que concentran gran parte del control de los mercados estratégicos. Tras un notable progreso en décadas pasadas, la desestructuración y las irregularidades del ciclo económico español han llevado en la actualidad a una grave recesión, con notorias consecuencias que se enmarcan, además, en el complejo panorama que atraviesa la UE.

Corea del Sur se caracteriza por un perfil productivo manufacturero exportador, compatible con el objetivo de vincular la mejora de sus niveles científicos y tecnológicos a la industrialización interna, sobre la base de un modelo de inserción internacional no dependiente ni subordinado, sustentado en el dinamismo de sus grandes conglomerados nacionales. Con ello, ha logrado alcanzar a los países más desarrolladas y mantener un crecimiento dinámico y sostenido. Proseguir esa tarea no es sencillo, aunque el país ha experimentado un importante progreso en educación, ciencia y tecnología, lo que facilita su inserción en la economía del conocimiento.

México, con una clara voluntad por fomentar la actividad exportadora y un mercado interno de una “dimensión potencial” muy notable, ejemplifica un modelo caracterizado por la dependencia, la subordinación y el estancamiento, lo que conlleva un desenvolvimiento económico mediocre, incierto, desigual y nada equitativo. Su futuro, vinculado fuertemente a su vecino el norte, parece augurar un crecimiento inestable, dualizado y polarizado, y un aumento de la dependencia externa. Aunque eso pueda favorecer a algunos sectores y grupos minoritarios, aumentará la inestabilidad económica en coyunturas adversas y exacerbará las tensiones internas, debidas, en gran medida, a las desigualdades sociales existentes.

Son tres países cuya evolución y modelos de desarrollo difieren, si bien todos ellos presentan un “elevado nivel de integración internacional”. Tomando como referencia las tres últimas décadas, la hipótesis guía de los autores puede resumirse del siguiente modo: aunque las nuevas tendencias de la globalización han debilitado las cadenas productivas nacionales en sectores estratégicos, aquellos países que logren mejorar su inserción exterior sin desmembrar su articulación productiva tendrán un mejor desempeño socioeconómico a largo plazo. Para conducir esa idea, proponen un marco analítico capaz de evaluar el desarrollo, considerando las especificidades nacionales a partir de un diagnóstico real, y no de abstracciones o modelos. Con ello, es posible valorar la evolución de cada economía, sus posibles transformaciones y las implicaciones que ello conlleva, sin olvidar el nexo existente entre “articulación productiva” y desarrollo.

El primer capítulo del libro plantea la definición de una propuesta teórica y metodológica, donde la noción de articulación emerge como un elemento fundamental para el desarrollo. El segundo capítulo se centra en los casos de España, Corea del Sur y México, analizando las consecuencias de “tres modelos diferentes de industrialización”. El tercer capítulo aborda la articulación productiva y los sectores de mayor relevancia, mediante una propuesta empírica que combina la herencia del pensamiento cepalino y la heterodoxia de los nuevos planteamientos sobre la internacionalización del capital. El cuarto capítulo, sirviéndose de un “análisis cualitativo que completa el estudio empírico realizado”, subraya la importancia del comercio internacional en las estructuras de los países seleccionados como casos de estudio.

Los fundamentos de la investigación se basan en el análisis insumo-producto, “como método necesario para identificar y valorar la articulación productiva y el impacto de la internacionalización”. Las diferencias en el crecimiento español, coreano y mexicano, y las manifestaciones de las crisis en cada caso, se contemplan como el resultado histórico de sus procesos de industrialización y de sus estilos de inserción internacional, si bien en los tres países emerge “un modelo que ha pregonado el liderazgo del sector manufacturero exportador como motor del crecimiento”, sin considerar la calidad ni consecuencias de ese estilo de crecimiento. La actual hegemonía de las finanzas, y la prevalencia de la doctrina neoliberal en materia de políticas económicas, abren panoramas analíticos más complejos, aunque susceptible de profundización a partir de la investigación realizada.

Para ello, es esencial identificar los sectores clave en los procesos de fragmentación productiva, determinando sus características, los cambios en el tiempo, y la base empírica que permite profundizar esos análisis, con el debido apoyo cuantitativo y cualitativo, a partir de las teorías de redes y de grafos. Los autores sugieren una visión alternativa para el estudio del desarrollo económico y proponen un modelo de “Industrialización Orientado a la Articulación”. Las características de ese modelo son esenciales para impulsar, o frenar, la dinámica económica y la distribución de los frutos del progreso. Y, como conclusión fundamental, la investigación señala que la articulación productiva “merece ser considerada como una categoría teórica dentro del análisis del desarrollo económico”, máxime cuando asistimos a un proceso creciente de internacionalización, que propicia el desmembramiento de las estructuras internas.

La Industrialización Orientada a la Articulación, y en particular a la articulación productiva, se ofrece como una alternativa para analizar los múltiples efectos propios del proceso de internacionalización del capital. Su estudio en los casos de España, Corea del Sur y México es muy ilustrativo y muestra cómo las dinámicas de “desarticulación productiva” no han sido suficientemente consideradas en los enfoques de integración vertical, o cadenas de valor, ni en los estudios convencionales del comercio internacional.

El resultado de la globalización vigente es el debilitamiento del dinamismo económico, el incremento de la dependencia exterior, y la merma de las posibles mejoras de bienestar, frente a la prevalencia de un entorno que favorece la actividad de las grandes empresas. Esto último otorga más margen de libertad a las corporaciones internacionales en materia de inversiones, asignación de beneficios, y manejo de responsabilidades tributarias, entre otros aspectos. E incrementa sus ventajas en un mundo que no tiene fronteras para las transnacionales, la financiarización, el acceso a los paraísos fiscales (aunque sólo algunos sacan provecho de ello) y el relajamiento selectivo de normas reguladoras. A cambio, la sostenibilidad económica, ecológica y social es cada vez más débil. Y las propuestas sobre cómo mejorar la gobernanza en el mundo se diluyen, al debilitarse la estabilidad, eficacia y equidad de los sistemas tributarios y las políticas públicas, en especial las de carácter social. Ese es un aspecto esencial en la disolución del Estado de Bienestar en los países que han logrado articularlo, y es un obstáculo decisivo para la modernización fiscal que debería acompañar a los procesos de desarrollo de las naciones de menor nivel de renta.

Así, la capacidad de cada formación sociopolítica y económica para hacer frente a las crisis y mejorar su inserción internacional está seriamente condicionada por su desarticulación productiva y el afán desregulador, hegemónico en las últimas décadas, lo que acrecientan los procesos de deslocalización y de pérdida de peso de las políticas públicas. Esos aspectos son decisivos para incrementar las desigualdades dentro de los países, en las áreas de integración, como la UE, y también, en términos generales, en la economía mundial.


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